REPARTIENDO… VIVERES

Sacaba sus buenas entradas… en propinas.
¿Qué se hace cuando se es joven, con cuerpo de un calentorro travieso y con deseos de ganar un dinerillo en un empleo de medio tiempo? ¡Conviértete en el chico de las bolsas en un mercado!, como Tomás. El chico había descubierto que siendo amable, sonriente, y llevando un corto short, podía ganar muchos encargos a domicilio. Iba con las bolsas, hablaba un poco, pedía un vaso de agua y consejos sobre qué estudiar más adelante, e iba a la cocina con el dueño de casa si estaba solo; y mientras se lo servían se inclinaba sobre el mesón, meciendo su trasero enfundado en la clara tela que dejaba notar sus bikinis oscuros. Una mano siempre se extendía, tocándolo duro, apretando… para darle el vaso de agua. Más tarde, en confianza, el chico dejaba salir todo, o entrar en este caso, confiándose al adulto serio y responsable, que en forma cumplida, consentida, cómo debía ser, le daba una y otra vez, duro, casi estremeciéndolo con la fuerza de sus… palabras, los consejos para que le fuera bien en la vida. Y a esos tipos, agotados, exhausto ante el goloso chico que parecía no querer terminar nunca de saltar riente mientras… oía consejos, les parecía un regalo de la vida poder ayudarlo, por lo que eran generosos en propinas, pidiéndole siempre al despedirlo: volverás, ¿verdad?
Julio César.

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