…EN EL EXTRANJERO

-Oye, loco, la arena… se me metió la arena…
En un pequeño alto de la guerra, Steve baja a una de las playas con sus camaradas de armas. Mientras estos tomaban algo de licor, el joven, quitándose su equipo, se metió de cabeza en las aguas tibias y acariciantes. Cuando estos lo vieron, se quedaron helados bajo el sol. Era realmente una belleza indómita, muy sensual y excitante que los llamaba; esos ojos lo recorrieron todo, mientras comenzaban a quitarse sus uniformes de faena como en trance, pensando en caerle con fuerza, entrarle con todo, metérsele para lo hondo. Sí, era realmente una playa muy hermosa, se dijeron. Steve sonreía (viéndose realmente genial).
-Apúrense, que los estoy esperando… Los quiero a todos aquí.
-¿Cómo usas eso bajo el uniforme? No se notaba en tu trasero. –comenta uno.
-Te lo pasas mirándomelo, ¿verdad? Lo había notado. –ríe más, ladeándose y cayendo de panza, logrando miradas incrédulas.- Está toda metida aquí…
-¡¡¡Dios…!!! –jadearon en grupo.
Ahora si que le cayeron con fuerza… a las olas.
Julio César.

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