CONVENCIÓN
Sospechan que de dos así, salió él…
El hotel Hilton, con toda su pompa y fama, se vio desbordado por el ejército de singulares y llamativas mujeres que coparon todas sus instalaciones. Era la gran convención de putas llegadas de los cuatro rincones del país. Las había de todas las clases, las serias, las reilonas, las inteligentes y sensatas, las loquitas que se regalaban a los botones (las muy tontas). El gran salón de conferencias se vio copado hasta los techos con las tipitas. Muchas eran sexy y hermosas, emanando sensualidad; otras se parecían a las mamás no muy bien conservadas de los amigos, eran de las que regañaban a los clientes, como si de sus muchachos se trataran (susto).
En las filas principales estaban las sofisticadas, las que se cotizaban bien en el mercado de la carne rica. Un puesto más atrás estaban las gafitas, las que mantenían a sus chulos por amor porque ‘eran buenos pero con mala suerte’. Algo más alejadas de los reflectores, estaban las feitas, y luego las muertas de hambre, que lo hacían por ‘necesidad’ (las de carteles como: la doy por una arepa). Acorralada por un periodista, una hermosa mujer confesó ser casada y con hijos en edad escolar. Intrigado el hombre le preguntó qué hacía ahí.
-Cuando termino de servir el almuerzo, y ya tengo lista la cena, y los muchachos se van para la escuela no tengo nada mejor que hacer. –confesó elevando los hombros.- Y en algo tengo que entretenerme, ¿no?
Comienza la gran convención y todos los mirones, y cómo los había, son sacados del salón. Una hora después, con la sala en silencio, con la directiva de las Putas Asociadas en el podio, las mujeres acceden, por necesidad, a dar una rueda de prensa internacional. Será la casada aburrida la que llevará la voz cantante.
-Queremos aclarar ante la opinión pública nacional e internacional, que ninguna de las putas aquí presentes, es la madre del Comandante, así que dejen de joder…
Julio César.

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