FUERA DE LA CANCHA ERA MEJOR
Estar en el equipo le parecía excitante…
Néstor tenía verdaderos problemas desde que dirigía el joven equipo de fútbol del colegio, los muchachos eran muy precoces. Jugueteaban a toda hora dentro de las duchas, en los privados, o simplemente en la cancha donde se daban sus besitos de amistad, según ellos. Los chicos llegaban a su oficina y le decían que tenían un problema, abrían mucho sus piernas, viéndose realmente lindos y calientes, la juventud es así, atractiva de por sí.
-Me duele por aquí, entrenador… -susurraba el joven de turno.
Y él, todo envarado, duro, ¡tenía que ver y atender, ¿no?! Mirando al chico preguntando, “¿es aquí, es aquí?”, metía la mano, buscando lo que no se le había perdido, todo estaba muy caliente. Tocaba y masajeaba para ver, encontrando lo duro, seguramente una hernia, quemándole la mano. Para hacerlo mejor, el short bajaba, las manos también, así como su rostro. El chico gemía viéndolo abrir la boca para… explicarle qué tiene. Al entrenador le preocupaban tantas dolencias en el equipo, pero entendía que eran chicos mimados acostumbrados a llamar la atención; y probar esa vida era agradable, él la probaba muchas veces a la semana, llenándose el paladar de ello. Lo probaba de forma repetida, subiendo y bajando sobre el posible problema, que estaba todo crecido y rojito. Si esa oficina hablara, contaría como a veces el hombre debía atender a varios chicos adoloridos el mismo día, saliendo uno y entrándole el otro… en materia; y de tarde en tarde atendía a dos, o hasta tres y cuatro. Pero se daba maña para darle a cada uno lo suyo.
Julio César.

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