SALVAJE OESTE

Tiempos cuando los hombres eran hombres… que se querían.
-Vamos, muchacho, apúrate o esos dos se terminaran toda el agua recolectada de la lluvia de ayer. –dice el capataz, mirando de forma aprobatoria al joven, recordaba lo grato que era ser así de joven, firme y vigoroso, aunque él mismo se sentía bien duro todavía, y se le notaba bajo el jeans
-Si, señor… -le sonríe el vaquero, inocente, mirándolo con afecto.
Mientras se quita las botas, observa a sus compañeros de brega, que se enjuagan y ríen bajo la regadera, con la poca agua jabonosa rodando por sus cuerpos. Se mojan, las manos recorren cada piel, mientras, repara, Thomas mira al otro, comentándole algo bajito. Los oye reír. Las manos de Thomas ayudan al otro a enjabonarse, y este le corresponde. Era extraño, generalmente los hombres no actuarían así, pero en esas soledades se permitían ser menos… machos. El joven lo entendía, aunque la mano de Thomas, decidida, bajando por la espalda del otro, recorriendo una nalga y metiéndose resuelta, lenta y juguetona en… todo él, le parecía extraño.
-¿Comiste? –le pregunta el capataz, sonriendo más, entendiendo algo.
-No, señor…
-¿No quieres picar un bocado caliente ahora…? -se vuelve hacia él, mirándolo a la cara, reparando en los ojos confusos y la boquita que se abre…
Julio César.

Meneame
del.icio.us