HORA LOCA A TODA MÁQUINA

Las vicisitudes sufridas por el señor Max Mosley, pueden parecerle a muchos, a mí por ejemplo, alegremente divertidas. Seguramente para él es una desgracia, y para su familia una verdadera tragedia griega. Los enemigos de la FIA (Federación Internacional de Automovilismo) se han arrojado sobre el caso con una fiereza que no guardan para mejores causas; personalmente no tomo partido. Pero de lo que no quedan dudas es que está mal que un sujeto sea grabado y, peor, mostrado así delante de todo el mundo. Hay cosas que son privadas, desde ir al baño hasta meterse un dedo en… la nariz, y nadie debería ser expuesto haciéndolo como en un acto de feria. Claro, esto tiene el aditamento del sexo, que gusta, encadena y vende. A todo el mudo le gusta un escándalo, y sazonado con sexo ‘pervertido’ mucho mejor. Pero el punto es que se trataba de algo íntimo, un sujeto que se reúne con unas ‘damas’ para pasar un rato haciendo cosas a las que no obligaría a su mujer… (con cinco, cinco ‘señoritas’, Dios, lo que es tener plata) y ese encuentro fue filmado y enviado a la red. Eso estuvo mal. Muy mal. Todo el mundo tiene derecho a su vida privada, eso de que la gente pública no tiene derecho a eso es simplemente una coartada bastarda de quienes viven del escándalo. Que un hombre contrate a una ramera (o a cinco) es algo que sólo le importa a su mujer, y si ella paga para vigilarlo, está bien, porque ese es su derecho, o sí la trabajadora es menor, o forzada; pero entre adultos nadie tiene derecho a meterse.
La gente lo señala como “mira que bandido tan sucio”, como si de una cosa extraña e insólita se tratara. ¿No ocurre eso a todas horas? (no con cinco, claro, este ‘detalle’ me tiene impresionado). Se le ataca por lo que de ‘enfermizo’ tuvo la fantasía, y sí, recrear el mundo nazi para mí es una aberración terrible, como lo es esa enfermiza tendencia, un cáncer que ataca de tanto en tanto a Europa, lamentablemente una izquierda irresponsable y una derecha extraviada están empujando al continente hacia el fortalecimiento de un ultra nacionalismo peligroso. Pero, por otro lado, se trataba únicamente de una fantasía.
¿Qué hombre no a fantaseado con estar en el Metro y ver a una hermosa joven en faldas, sola en ese vagón e ir hacia ella, rudo, casi sádico y abrazarla, besarla, alzarle la falda y meter la mano en…? ¿Será extraño el tipo que fantasea con ser el entrenador de un equipo de básquet y someter a los chicos irrespetuosos montándoselos en las piernas, bajándoles los shorts y darles unas buenas nalgadas? ¿Y el que imagina estar con unas hermanas gemelas? Esas vainas pasan, son las fantasías, el mundo interno. En una pagina Web encontré una vez una serie de cuentos así, sobre jóvenes chicos judíos sometidos sexualmente por nazis, de norteamericanos que atrapaban a un iraquí, o estos a un marine… y se desataba la otra guerra, donde no se daba cuartel ni se permitía escapar como no fuera en un mar de…
Es el poder de la mente, de imaginar otras cosas más elaboradas o escabrosas (oír gemidos, lloriqueos, ver lágrimas), por no hablar de las facetas más oscuras, el tipo que mira a su madre con fiebre; o las aberrantes, el sujeto que abre su cochera y mira a un niño pasar en bicicleta, pensando en… Pero mientras estén en la imaginación todavía hay un dique. Sin embargo aquí entra a jugar esa doble moral que tanto nos gusta, y al parecer ataca en todos lados, gritamos atacando lo que posiblemente disfrutamos en privado. A este tipo, Mosley, se le acosa, se le desea destruir porque llevó a la ‘realidad’ una fantasía, algo que lo pone a millón; estuviera bien o estuviera mal, tenía derecho. Era algo íntimo, en un hotel, encerrado, entre gente adulta, algo consentido… no debió jamás trascender. Por mi parte no lo juzgo, fuera del añadido nazi, mientras no dañe a nadie (y aquí hay que considerar la vida familiar que sí salió perjudicada) cada quien hace de su vida un saco y se mete en él; qué le vaya bien.
Julio César.

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