MEDIDAS A TOMAR
Anda, compruébalo midiéndolo en lengua…
En el taller mecánico a donde acudo parecen tener una política muy osada para atraer clientela. Hay unos tipos con unos físicos increíbles, y embraguetados… se les notaba unas vainotas ahí. Ayer, en horas del medio día, llegué encontrándolo cerrado aunque la puertica lateral estaba abierta. Entre a preguntar por mi carro (la belleza de los tipos es inversamente proporcional a su destreza, qué torpes); fue cuando oí, bajito, con tonos urgentes y convincentes.
-Ande, doctor Gutiérrez. Mírelo de cerca, más cerca… -y asomándome vi a dos de los muchachos, con sus palancas afuera, ¡y qué palancas!, ayudando a uno de los clientes, Gutiérrez, un banquero que conozco, a acercarse a comprobar el grosor y tamaño de las bichas.
-Muchachos, son unas palancas enormes, y están tan calientes…
-Si, pero ¿cuál es más grande? –insiste uno, sonriéndole, agitando cerca de su rostro la palancota.
-Las dos se ven hermosas… -jadea tragando saliva, mirando las lisas superficies a centímetros escasos de su boca.
-Ah, no, así no sirve. Mídalas. –ordena uno, atrapándole la nuca para acercarlo más. Y Gutiérrez, gimiendo y cerrando los ojos, choca sus labios de la palanca, mientras la otra se le frota de la frente y las mejillas.- Aquí medimos en lenguas… -y esa boca se abre para contestar, momento que el otro aprovecha, lento, a conciencia, metiéndolo en el asunto.
Yo tenía la boca abierta también, así como mi bragueta (odio admitirlo), cuando comenzaron las mediciones en serio, profundas, al ritmo de “Uggg… hummm…” y “Así, toda…”. Presintiendo que no me creerían, tomé esta fotita con mi celular. Qué momento, ¿verdad?
Julio César.

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