EL BOXEO

Perdí, consuélame con un masajito…
Jamás he sido un hombre particularmente mano suelta. No soy violento. Soy de los borrachos que se ríen mucho, y hasta me pongo amistoso, hablador y tolerante. No lo entiendo. Bueno y sobrio no lo soy. No lo creerán, pero a la gente le agrada que asista a sus fiestas. Sin embargo, me encanta el boxeo. Para mí el CLUB DE LA PELEA, la cinta, fue energizante, casi estimulante. Las escenas de lucha estaban muy bien hechas. Desde muchacho me interesó. Mi señor padre nos despertaba, a mi hermano menor y a mí, a las cuatro de la mañana para que viéramos con él una pelea en el quinto infierno que transmitían a esa hora en vivo. Y me gustaba. En una navidad nos regaló unos guantes, y nos encantaba darnos con ellos. No por violentos, sino porque era… agradable.
Entando al liceo quise practicar box, como le dicen. Era adrenérgico quedarse en calzón, con los guantes puestos, mordiendo con furia el protector, lleno de expectación, de ganas, con deseos de machacar. Mirar a tu oponente, estudiarlo, adivinar sus saltos, su postura, el alerta en sus ojos, e ir contra él, lanzar golpes, agacharte, alejarte; dar y recibir. Todo es parte del juego: competencia entre carajos. Por un momento tienes frente a ti a un rival, un enemigo y cargas contra él, sin analizarlo ni cuestionarte. Solo golpear, empujar contra las cuerdas, y darle, darle y darle. El chiste es resistir, evitar un carajazo que te tumbe, y vencer… Ganar una pelea es algo que te llena de orgullo, de una satisfacción casi sexual.
El boxeo tiene muchos enemigos, hablan de salvajadas, de brutalidad, creo que hasta hubo movimientos que quisieron impedirlo como competencia deportiva, tanto escolar como a nivel de olimpiadas y eso. Que dos carajos, consistes de sí, se moten para darse con todo, no debería molestar a alguien que va a sentarse a mirarlos. Si no te gusta, no vayas. Si te parece de salvajes, no te juntes con boxeadores o no permitas que tu hijo, marido o novio lo sea. Lo demás, deja vivir. Hay quienes hablan de sentimientos homo eróticos subyacentes en quienes concurren a mirar a dos hombres atados, sangrando y sudando uno contra el otro, jadeando, dándose carajazos, amarrándose de pronto. No sé si eso halla, pero a mí me parece que algo en la naturaleza del hombre lo obliga a competir, tal vez sea un recuerdo atávico de cuando el simio andaba en la selva y debía joder a sus rivales para tener acceso a las hembras. No lo sé, pero sentarse una tarde, entre cervezas y gritos, a presenciar una pelea de campeonato, es algo que deja un buen sabor de boca. Pelear tú mismo, unos minutos, darte golpes, competir y ver si vences, es mejor. Por cierto, me molesta el boxeo femenino. No sé por qué, pero así es.
Julio César.

Meneame
del.icio.us