COSAS DE FIESTAS
Dios, sabe tan… hummm…
Estas fiestas de muchachos siempre terminan igual: bailes, risas, tragos y relajo. Como prueba de intrepidez comenzaron con el juego de quién se atreve a… A Tomás le tocó pegarle la lengua a Simón en la barriga. Entre risas el resto de los chicos lo vieron bajar. A Tomás le parecía, para sus adentros, una barriguita bonita, estaba caliente, olía a limpio, a joven, y pegó su lengua. Lo quemó y se estremeció violentamente con las ganas de lamer de abajo arriba. La punta aleteó, no pudo evitarlo, y Simón lo miró sonriente. Ahora, en una esquina oscura, Tomás, con ansiedad, pasa su lengua ávida, baja el mono y mira el abultamiento salvaje más abajo. Cada centímetro de piel ardiente, salobre y deliciosa que paladeaba lo llevaba al calzón donde ya no podía esperar para caer, sabiendo que cuando la pegara de allí enloquecería. Tenían la edad y podían probar, y Tomás iba a probarlo todo, bajando hasta el fondo, atragantado, asfixiado, pero gozoso.
Julio César.

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