CUANDO TE CLAVAN… LOS IMPUESTOS

El precio a pagar, aunque grande… y grueso, era tolerable.
Venezuela es un país donde siempre se dejan las cosas para el último día, no importa que se diga que se debe hacer algo entre tal y cual fecha, todo el mundo lo deja todo para el último momento. A mi amigo Jasón le pasó, tiene una mueblería de la que nunca había declarado impuestos, y aunque pensaba presentar unas cuentas chimbas, jamás lo hizo. Lo pillaron, lo iban a multar con bastante; me dijo que iba a entrevistarse con el tipo en su mueblería y quiso que fuera su testigo culto por si le exigía plata para denunciarlo después. Todo alarmado, temiendo cárcel, cierre o una multa mil millonaria recibió al tipo, se le acercó y con voz asustada le preguntó si no se podría solucionar esto de otra manera que no fuera denunciándolo. El carajo lo miró frío y le habló de darle más tiempo si ‘le daba algo’. Mi amigo iba a sacarse la chequera, pero el carajo le dijo que no, que se sacara los pantalones. Jasón dudó y se asustó, pero más lo asustaba lo otro y se avino a pagar. El carajo era bueno, reconozco yo que los miraba, cobraba y cobraba, duro, rítmicamente, sin decaer, gruñéndole bajito que era un infractor y merecía castigo, que toma y toma, haciéndolo gritar y sudar ante... el ‘abusivo’ cobro, que parecía dolerle cuando arrugaba la frente, chillaba bufando por la boca, sudando a mares. El escritorio se tambaleaba ante la fuerza de… los compromisos firmados con el grueso marcador. Desde la otra oficina tome esta fotita para ustedes. Y para mí; cuando me venga con cuentos de su sacrificio, le mostraré la foto donde parece chillar más, cobra más, te debo más, cóbramelo todo… hummm, todo, hasta el fondo. Pero también porque quedó de lujo. El sujeto no le perdonó la deuda, sólo le dio tiempo. Dos semanas después llenaba los formularios ante otro inspector, quien por cuestiones de tiempos vencidos, se lo cobró también, con un equipo que parecía formidable; pero ahora Jasón sonreía, contento de que saldría de eso, aunque también se le metía, dándole la espalda altivo mientras el otro casi lo abrazaba, empujando sus cobros, felicitándolo por ser un buen ciudadano al final. Esa no la vi, pero me la contó, como también la del tercer y cuarto fiscal que fueron a llevarle las licencias, quienes le cobraron al mismo tiempo durante toda una tarde; eso me dejó pensando en que él me debía un favorcito, y con la otra foto pienso cobrarle estos días haber sido su testigo.
Julio César.

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