ALGO POR ALGO…

-No se moleste conmigo, patrón, estoy para servirlo…
Aquel maldito carajo ya me tenía molesto. Debí escuchar cuando me advirtieron que no hiciera negocios con los vecinos, porque te quedaban mal y luego tenias que calártelos; pero aquel taxista tenía algo… en su momento no supe explicar, que me cayó muy bien. Tal vez era el shortcito y la camisetica que traía el día que me pidió terminar de enyesar el techo del garaje. ¡Pero ya llevaba dos semanas en esa vaina! Así que decidí correrlo. Llego y no lo veo en su puesto, vaya cabrón, pero cuando entró lo encuentro sobre mi cama, todo tiernito, medio meciendo su cuerpo de bebezote adorable.
-Lo siento, vecino, no he terminado y sé que anda molesto, pero es día de paga y yo… creo que debo pagarle tantas molestias. –y mirándome sonrió, abriendo juguetonamente sus piernas; ya andaba yo perdido.
-Lo entiendo, vecino. Sé que ser esmera. Creo que el cemento y el yeso no son para usted, ¿verdad? Tiene la piel algo reseca, déjeme aplicarle este aceitito… -y con el pote en la mano fui hacia él, que sonreía más. Qué tipo tan agradable, ¿no lo creen? Por cierto, lo bañé todo y abundantemente con mi… aceitito. Y le encantó.
Julio César.

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