UN CUÑADO AMADO

Provoca apretarle los cachetotes…
Román es un carajo que se cuida porque le encanta gustar. Ahora salía con Sofía, una tipa echadora de vaina, alegre y parrandera. Esa noche comieron, bebieron bastante, hubo sexo en la sala y agotado cayó sobre el sofá. Ella fue a dormir, y cuando llegó su hermanito, un mocetón de dieciséis años, pero tremendillo, casi se le paró el corazón al encontrarlo así… entre otras vainas. Lo llamó, lo zarandeó, pero Román nada. Qué vaina, pensó sonriendo. Sus manos delgadas subieron y bajaron, tocaron, acariciaron y adoraron cada centímetro de cuñado. Mientras mordía un hombro, las manos bajaban por esa espaldota para subir a esas redondas y firmes lomas. Estaban calientes, ricas y sensuales. La lengua chupaba ya el hombro cuando los dedos entraron, acariciaron y exploraron. Casi rió cuando el otro gimió dormido, meciendo un poco el trasero. ¡La vaina no le desagradaba! Ahora un pote de mantequilla está abierto, un anillo chico está muy untando del cremoso lácteo y una lengua lucha contra las mejillas para entrar y limpiar el reguero que provocó. Y casi se moría de gusto. La lengua iba y venia, subía y bajaba, lamía y azotaba. Y el carajote gemía dormido. ¿Se atrevería a meterse hasta el fondo en ese peo?, se puso de pie el joven, atacado por ese problema moral, mientras bajaba su pantalón…
Julio César.

Meneame
del.icio.us