ACLARANDO

-Te voy a mostrar que no tengo nada malo…
Ricardo trabajaba en el depósito como asistente de Alexander, un tipo casi de su edad pero con más responsabilidad que lo trataba de ‘lento’ y medio ‘tonto’. Ricardo soportaba todo lo que podía, sus malas caras cuando llegaba, los chistes ácidos que hacia a su costa, las insinuaciones frente a otros de que era algo lerdo (y lo era, ¡pero tenía un cuerpo!). El caso es que fue convenciéndose de que Alexander le tenía arrechera, asco o lo creía tuyido. Un día molesto, lo encaró.
-¿Me tienes asco?
-¿Qué? No, claro que no. –se desconcertó el otro.
-Pero siempre andas con una vaina. Yo no tengo ningún problema físico. –dijo molesto comenzando a subirse la franela y desatando su correa, iba a demostrar que estaba bien.
Alarmado Alexander quiso huir al verlo sin camisa, pero el otro lo atrapó por una mano, lucharon, resbalaron y cayeron. Ahora la lengua de Alexander sube y baja lentamente, saboreando lo bueno, metiéndose en el ombligo, haciendo reír al otro, quien lo disfruta pero también se alegra de saber que el otro no lo desprecia. Su alivio lo hace cerrar los ojos y sonreír cuando el pantalón baja y la lengua de Alexander pasea más abajo, antes de tragarlo todo aunque lo que debía cubrir era grande. ¡Vaya, quién lo habría pensando!, con hablar todo se resuelve, piensa en gimiente muchacho mientras el otro parece saciar un hambre vieja en él.
Julio César.

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