PHIL REGAN, EL BUITRE…
Continuando una vieja tradición, los Navegantes del Magallanes, mi equipo favorito de béisbol, se quedó en navidad, eliminado en la ronda regular. Los caraquistas siempre dicen eso, que somos como el pan de jamón, hasta diciembre llegamos. Si, nos liquidaron, pero con lo mal que estaba el equipo, fue lo mejor. Para estar guindando mejor es caer. Por suerte los caraquistas murieron con nosotros. Así el dolor es más tolerable. A pesar de la doble matanza, no faltó el caraquista que quisieron echar bromas sobre la eliminación del Magallanes, de donde salió aquello de que el buque de Los Navegantes del Magallanes se fue a pique sin saber que Los Leones del Caracas iban ocultos en su sótano a ver si llegaban a algo, y también perecieron, ahogados.
De los que pasaron a la semi final, los más sorpresivos fueron Los Tiburones de la Guaira, de la mano de Carlos Subero (botado feamente por el Caracas hace tiempo) ya que nadie daba medio por ellos, y Los Bravos de Margarita. Este equipo cuenta actualmente con la dirección de un viejo veterano en las lidias del béisbol venezolano, Phil Reagan, el buitre. Dicen que lo llaman así por su mirada atenta, fija, casi hipnótica, que intimida, aunque suena bastante mal, ¿no había otra ave rapaz para describirlo? El caso es que este viejo de mirada seca, rostro severo, con pinta de envenenador profesional (uno lo imagina de villano en una cinta negra), aunque quienes lo conocen dicen que es amable y agradable (pero realmente lo disimula bien), ha sido manager de casi todos los equipos en este país. Estuvo muchos años con Los Leones del Caracas, en buenos y malos momentos, hasta que acabó la relación no en muy buenos términos (un chiste que corrió mucho a finales de este diciembre era que Reagan y Subero habían hundido al Caracas mientras reían a dúo), y allí comenzó a recorrer toda la liga. Siempre destacando, siempre luchando.
El viejo Reagan está lleno de trucos y mañas, sabe cuando sacar a un designado, cuando darle un voto de crianza a un picher y cuando ordenar el toque de bolas y cosas así. De él, Mary Montes, la gran narradora de noticias deportivas, dijo algo muy meritorio, que lo describe bien aunque uno no lo captara en todo su sentido en el momento. Estando ella hablando de la situación del Caracas, que en verdad trajo un tronco de equipo pero sólo para dar la cómica, ella defendió al manager, al que conoce de amistad, Carlos Hernández. Fue cuando dijo que Carlos era muy conservador, muy apegado al librito: “le falta algo, la maña, la picardía. No juega Caribe, como sí lo hace Phil Reagan, que sabe lo que tiene qué hacer y cómo hacerlo”. Y es verdad. El viejo Reagan, como le dice todo el mundo en este país, ya es una figura más de los estadium, un componente más de cada temporada, como lo era hasta hace poco Musulungo Herrera, el árbitro, un hombre de ojo severo a quien se le escapaban pocas cosas y no admitía rebeldías ni faltas de respeto. La verdad que sería extraño una temporada en la que no estuviera presente Phil Reagan.
Ahí está nuevamente, con su conducción Los Bravos de Margarita, en su primer año como divisa, pasó a las semifinales, y si sabe moverse, llegará lejos… aunque ahí están los cuartos bates como Cardenales y Tigres. De manera personal, siempre he admirado y estimado a este señor, en verdad no se le tiene el cariño que se le tuvo a jugadores que sin ser estrellas se le quiso, como Clemente Hernández, el eterno cachet del Magallanes, Dimas Gutiérrez, un carajo que no era una maravilla pero siempre respondía con el bate y sus jugadas, o Luís Raven, quien durante temporadas completas, cuando el Magallanes pasaba por su peor momento, sólo él bateaba y cargaba con el peso de todo el buque manteniéndolo a flote. La personalidad de el Buitre no es así como muy dada a considerarlo un ‘compinche’. Sin embargo, se le respeta. Hubo un año, no recuerdo bien cuál ni con quién, espero no fuera el Magallanes, que dicho equipo andaba mal, y en un viaje que el viejo hizo a su casa en el Norte, lo llamaron para decirle que no regresara. Eso me molestó. Fue una falta grande de respeto para con este caballero, de quien todos dicen que donde se para habla maravillas del béisbol venezolano, del calor de la gente que va a sus estadium, de la pasión que sentimos por este deporte, y de Venezuela en general. Es tan raro ese aprecio de una personalidad aparentemente tan severa, más en estos días en los cuales el nombre de Venezuela va asociado a la locura, al ridículo y a la necedad.
Suerte, señor Reagan, y esperamos seguir viéndolo por aquí durante mucho, mucho tiempo más. Llegará el momento en que se diga, como se decía hace tiempo por lo reincidente y cotidiano, una temporada de béisbol sin Phil Reagan, es como unas elecciones presidenciales sin Rafael caldera. Good-bye, por ahora, mister Reagan…
Julio César.

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