PIDE Y RECIBIRÁS

-Adivina qué quiero de ti…
Molesto Daniel llegó a su casa después de un día mierdoso en la oficina, sabiendo que su mujer y la hermana de esta estarían hablando vainas en una sala desordenara. La mujer vivía con ellos, igual que el concuñado, un tipo que por alguna razón le caía muy mal. Abre la puerta de su dormitorio… y se encuentra al tipito así, con mirada somnolienta.
-Las chicas salieron, y no lo tomes a mal, ni pienses mal, pero a mí me gustan más las entradas… -medio jadeó el tipo, meciendo un poco las nalgas.
-Pues a mí, las metidas… -gruñó Daniel, todo envarado ya y bajo su pantalón.
Era un tipo de acción, como debe ser todo macho, y pronto dos dedos separaron y expusieron el ardiente punto a tratar, los metió ru7do, afiebrado, facilitando el camino; y esa cama donde intentaba preñar a su mujer cada noche, sirvió nuevamente a su propósito. Y cumplidor al fin, hizo los tres intentos reglamentarios que cada noche hacía con ella cada noche, gozando una bola y parte de la otra, hasta caer desfallecido de espaldas, dejando el botoncito cubierto de líquidos.
-Ahhh… mañana trae una prestobarba, trabajo en una oficina seria, nada de pelos… -le indicó al otro, que aún jadeaba bajito.
Julio César.

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