MAÑAS A VIGILAR

Sonríe con la inocencia de su juventud…
Al viejo Adán, profesor de oficio y aberrado de corazón, le sorprendía siempre la ingenuidad de los jóvenes. Siempre pillaba a uno dándose puño en un salón solitario o en una de las seccionales de materias, y se ofrecía a dar ‘una mano’, que el chico tonto aceptaba, curioso, gimiendo ante la nueva atención, muchos ni imaginaban hasta ese momento que otra mano podía hacerlo mejor y hacerle ver estrellas. Sabe que en cuanto le resollara encima, el chico se cimbraría, la lengua, dándole un toque técnico, lo hará saltar de la silla. Cuando la usara más tarde, no para hablar sino probar, y tragara, el chico gritaría, se agitaría y no pensaría en nada como no fuera que eso era lo mejor del mundo, ¡que lo era!, y tan perdido estaría que no vigilaría el roce de dedos en su gruta que llevaba al pasaje secreto, ni se alarmaría cuando el dedo toqueteara, para luego toquetear y medio entrar el lapicero, ni el juguetito delgado que se iba ensanchando en la base, oculto en su portafolio, que haría al chico gemir que se moría, momento en que estaría listo para el asalto final a sus murallas, entregando el fuerte… y el chiquito. Ah, viejo mañoso…
Julio César.
NOTA: Todas las fotografías de este estilo han sido tomadas de portales donde aseguran que todos los modelos son mayores de edad. A los pedófilos deberían agarrarlo, tomar un bisturí y…

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