MAL CUÑADO

Los liceístas eran tan egoístas…
-No, no lo hagas, Joaquín… ahhh… duele… -gritó Rósmel.
-Te dije que no te acercaras a mi hermanita o ibas a lamentarlo. Ella es mucho para ti, ratón. Ahora lo lamentarás… ¡Mira, Gregorio, entra todo…!
-Noooo… duele…
-Usa dos. –rió Gregorio, cruel, atrapándole el cabello y halándoselo.
-Voy a usar otra vaina, una más grande, gruesa y dura.
-¿Y que escupe también? –terminó Gregorio, riendo como un sádico.
-¿Qué… qué tramas? –lloriqueó Rósmel, sintiendo su próstata masajeada a pesar de todo.
-Voy a apartarte de mi hermana para siempre. Cuando Gregorio y yo terminemos de atenderte, no te van a gustar las mujeres y vas a estar persiguiendo marineros en la calle… -y dos dedos penetraron en la mantequilla que ya iba calentándose a pesar de todo, mientras Rósmel lloraba y gritaba que no, que lo dejaran en paz, y pedía ayuda a la nada…
Julio César.

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