CALOR Y PISCINA...

Simplemente que existan… ya es un regalo de la vida…
-Ahhh, pana, ¿qué fue eso? –jadea, sonriente y agotado, cómodamente recostado, pensando que nunca se había sentido mejor, mientras su mano recorre acariciante el corpachón del amigo del alma.
-¿Te gustó? –pregunta sonreído el otro, pasándose aún la lengua por los labios, relamiéndose hasta la última gota de néctar.
-Fue… hummm… Ya tú habías hecho esto, ¿verdad?
-No, pero tenía tiempo pensándolo cada vez que te cambiabas de ropas en el taller. –lo mira con afecto.- No pienses mal de mi, no creo que yo sea un…
-Lo sé. A veces se ve algo que provoca y se quiere probar, ¿no? Hummm, ¡me siento tan bien! –y cerró los ojos sin desear pensar en nada, en todo lo que había terminado entre su pana y él, y en todo lo que había comenzado. La leve cosquilla lo recorre todo.- Oye, ¿no te animas a otra probadita…?
-¡Eres un coño’e madre! –rió el otro, aliviado de que lo tomara así, encarando la dura y rojiza realidad que había ahora, antes de abrir la boca goloso, la cual la tiene hecha agua ya, y no por la piscina o los líquidos raros que manan del geiser, que eran cálidos, pero ricos…
Julio César.

Meneame
del.icio.us