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Cortos relatos para gente muy adulta. Nada de menores...

10/11/2007 GMT 1

FORMAS DE MIRAR LA VIDA

jcqt1213 @ 21:56

nicolas-y-cecilia.jpg   Hace poco leí una noticia sobre el presidente francés, Nicolás Zarkozy, el cual estaba separándose de su mujer, Cecilia, aparentemente de mutuo acuerdo. Aunque, ¿qué otra cosa iban a decir ahora que uno manda y la otra es Primera Dama? No pueden gritarse que ella es una ramera y él un alcahuete, ni caer en La Guerra de los Roses, aunque ella lo odie tanto como Kathleen Turner a Micheal Douglas en esa película. Aparentemente muchos de los que se separan en esta vida, aunque se hallan amado con locura durante años, cuando terminan sólo desean verse las vísceras afuera en medio de un charco de sangre.   

   Claro, en este caso parecen personas no sólo adultas sino responsables, están concientes que por encima de ellos, está el deber hacia el país, Francia por encima de todo y todos; por ello se acallan rumores de amantes de lado y lado, que los hubo (rumores y amantes también). El público francés, aunque gusta de divertirse oyendo cuentos de viejas sobre el buen salvaje que sofoca democracias en países pequeños del tercer mundo pero para bien de sus pueblos, a vista de la separación, y aún de los rumores, se comporta con esa seriedad y sensato punto de vista cosmopólitan sobre esos asuntos, que son privados y punto.   

   En este aspecto, los franceses se mueven según su manera de encarar la vida. Generalmente tenemos una idea frívola y mundana sobre los amoríos y pasiones francesas. A las francesas se les consideran apasionada y hasta medio pillas, como a las italianas sensuales. Al pueblo francés se le atribuye el dicho que suena más o menos: el matrimonio es un asunto tan serio que hay que sobrellevarlo entre tres; filosofía que suena de lo más excitante. Ahora parecen caber cuatro, y cuando la cosa no marcha, se deja, sin dramas. En este punto, hay que notar la diferencia con el pueblo norteamericano, o al menos de sus esferas conservadoras y de poder. Cuando Bill Clinton tuvo su asunto de tragos derramados con Mónica Lewinsky, o sobre ella para ser más exactos, la prensa y hasta la Fiscalía en manos de la oposición se le lanzaron encima. Aparentemente Clinton no fue un mal presidente, según las cuentas y balances presentados, pero todo pudo naufragar, incluso ser enjuiciado por ‘supuestamente’ haber cometido perjurio al negar en principio su relación con la joven, por el desliz en el vestido (de todo se aprende, seguro que ahora lleva más pañuelos). Parecía una cacería de brujas como en una mala película.   

   ¿Cómo puede la vida sexual de un hombre ser motivo de disputa, discusión e incluso condenarlo a ser sancionado cuando las cosa es entre adultos? Se dijo algo como que era una inmoralidad, y aquí entra en juego esa doble moral a la que los empuja la necesidad de aparentar el código puritano mientras lo que desean, y hacen, es pecar de lo lindo. Estados Unidos es la mayor, casi la única, proveedora de todo tipo de pornografía audiovisual a nivel mundial, la que satisface toda la gama de vicio sexual y de mercadeo de carnes. Hay lugares del mundo, como Cuba con sus jineteras y los menorcitos tan preciados por el turismo sexual europeo e intelectual, o el sudeste asiático, que hacen la delicia de tantos dizque liberales que corresponden defendiendo esos sistemas de vida (agradecidos son, por lo menos).   

   Lamentable es decirlo, pero es así, ese tipo de turismo que encanta a tantos ciudadanos del viejo continente es de carne. Pero fuera de esos paisillos donde el Estado se beneficia de forma directa de la prostitución de su población, la gran putana es Estados Unidos, con su mercado, su industria, sus sindicatos, sus estudios y grandes fortunas montadas sobre un mar de… alegría sexual. Entonces, ¿cómo pueden renegar a la luz del día en comités y en la prensa lo que permiten, disfrutan y practican en lo oscuro? Eso les ha restado claridad, enviándole señales confusas y peligrosas a cada nueva generación de muchachos que se levanta en el suelo de la Unión.   

   Y que conste que no estoy bogando en contra de la pornografía en este caso; Dios no permita que me de por ahí. Fuera de la pedofilia (no creo en la regeneración, generalmente lo dice aquel que atrapan, jamás acuden por cuenta propia a pedir ayuda), todo lo demás no me parece mal, aunque no lo practique o me guste. Claro que tampoco hablo de cosas aberrantes que algún demente pueda considerar sexual, como una violación, o vainas como Hostal. Que película más horrible, mala como cinta y fea como posibilidad. 

Julio César.

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