EL VIEJO COGEDOR DEL OESTE
Nada le gustaba más al Comisario que cabalgar…
-Ahhh, Comisario, no lo hago más. –mintió el ayudante del hombre de leyes, mientras apretaba todo. El otro lo sabía.
-Siempre dices lo mismo y siempre te encuentro en cuatro con dos indios en la pradera. Sabes que no puedo permitirte eso. Baja la moral dentro del poblado. –le gruñó, empujando hondo.- Eres un calentorro y debo corregirte.
-¿Qué piensa hacer, Comisario? –gimió, meciéndose de adelante atrás.
-Te voy a dar la mayor atención de tu vida, y todos los días, ya no vas a sentir ganas de salir a buscar nada por ahí. –amenazó, aplastando su pelvis del otro.
-¿Usted sólo se encargará de mi, Comisario? –dudó.
-No te preocupes, muchacho goloso, Los Siete Magníficos ya están por llegar, entre todos te daremos lo tuyo, así que prepárate.
-¿Por qué les dicen Los Siente Magníficos, Comisario?
-Ya lo verás cuando se bajen los pantalones.
-Ahhh… -bramó con ojos brillantes de felicidad.
Julio César.

Meneame
del.icio.us