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Cortos relatos para gente muy adulta. Nada de menores...

18/05/2008 GMT 1

MOMENTO DE ÉXTIO

jcqt1213 @ 03:38

amor-viril.jpg

   -Ahhh… Dios, se me puso así…   

   -Papi, lo hiciste bien… -jadeó frotándose, caliente… del ejercicio. Eran compañeros de equipo por lo que ama hacer eso.  

   -Hummm… ¿qué haces? Deja tu lengua en paz…  

   -Estás saladito, calentito y rico… -y esa lengua vuelve a pasar, imprudentemente, porque ahora la escena se ponía dura de tragar y bien grande… frente a los espectadores que la miraban. Intenta alejarse.- Creo que…  

   -No, sigue, hummm… -le rodea el cuello con su robusto brazo. El otro le cae más pesado, más ardiente. Su rostro, nariz y boca se frotan de él, pero lo que más le llamaba la atención, lo que hacía que su cuerpo se agitara bajo el otro, y que sus caderas se medio mecieran, era ese enorme, cálido y palpitante… cariño que sentía en su corazón; quería...- Dame esa boquita…

……  

   No sólo el fútbol o el waterpolo ofrecen escenas cálidas de amistad masculina. Claro, el waterpolo sigue ganando cuando todos se arrojan unos sobre otros, en una pila de carrizos semidesnudos en bañadores. 

Julio César.

COSA DE COLORES

jcqt1213 @ 02:37

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   El lugar ideal para estar…   

   Cuando vi esta fotografía me quedé con la boca abierta, recuerdo que estaba con mi hermano, el menor y le dije: “mira, qué colores tan bonito. Este lugar debe ser el más hermoso del mundo”. Mirándome me respondió: “¿tú ere pendejo, no ves que es una composición? Esos colores no son reales”. Qué desilusión, pensé, y luego, bueno, y qué va a saber este. Tal vez los colores fueron reforzaos, pero es posible que semejante lugar exista. Lamentablemente la encontré en un blog de POESIA ECOLOGICA, donde al autor Rubén Sada, no explicó lo de la cromatología, ni dio la ubicación ni el nombre de las montañas. Una pena.   

  Pero me encanta, ¿saben por qué? Porque tiene detalles (que debieron hablarme de una composición, es verdad) que despiertan la imaginación. El fluir del agua, su belleza y majestad, así como ese cielo nubloso, que habla de cimas increíbles, son casi dolorosamente bellas. Pero un detalle curioso está en la formación rocosa gris, bajo las amarillentas naranja tipo fuego. Si se observa bien parece verse las cabezas y lomos de dos caballos que parecen volver la mirada al escuchar un ruido súbito. Y eso me gustó porque… imaginé a un par de jóvenes vaqueros que un día parte del lugar donde pasaron el verano trabajando, descubriendo cosas sobre sí mismos, buscando ahora otro lugar remoto, otro edén, donde pedan asentarse sin molestar a nadie.   

   Ese cielo, ese riachuelo, la vegetación, la nieve… todo es idílico. Es como debería ser un paisaje siempre, y también el mundo. Necesitamos las aguas potables y las maderas para la construcción, pero un paisaje así debería ser prohibido profanarlo o ponerlo en peligro. No sé si alguien lee estas  osas, creo que desde que inicié el blog lo han hecho doce personas, pero si alguien llega a saber el nombre o la ubicación de este lugar, me gustaría que me lo informara, en serio. Lo miro y casi no  puedo dejar de imaginar cosas. Vaya lugar… 

Julio César.

SE ESTABA AHOGANDO…

jcqt1213 @ 02:32

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   Parece que les gusta mucho, ¿verdad?   

   Mariano salió temprano a nadar quedando atrapado en una resaca. Asustado gritó y tragó agua, perdiendo el conocimiento. Mareado sintió algo sobre su pecho, y que el sol  lo acariciaba (entre otras vainas) y que no estaba en el agua. Tosiendo abrió los ojos. Caído sobre la arena miró al sujeto, el catirito salvavidas que había visto un día antes, preguntándose cómo a semejante carajo lo dejaban salir por ahí en bañadores tan chicos. Traidor miró más abajo y la prendita parecía más pequeña porque algo como una tabla parecía querer escapar.  

   -Tragaste mucha agua y debí darte respiración artificial. Creo que te falta todavía. –le sonrió amigable.  

   Mariano jadeó, pero ahogado, cuando esa boca volvió a su trabajo, lenta, cálida y moviendo un tato la lengua. Debía ser una técnica nueva de salvamento, pero buena, ya que su propia lengua parecía querer aprenderla. Entre lamidas y chupadas pasó un rato, así como de manos que acariciaban para… quitar los nervios; hasta que el tipo se puso de pie y él lo miró a los ojos… y luego al babeante ojete que sobresalía de la prenda.  

   -¿Puedo hacer algo más por ti? –le sonrió y Mariano se estremeció.  

   -El agua me dejo un mal sabor de boca, ¿cómo me lo quito? –y abrió su boquita, al tiempo que una ruda manota atrapa su nuca.  

   Sonriendo, el otro desenvolvió su pote de leche, haciéndolo tragar repetidamente, con rudeza, a fondo, de él. Lo malo era que ahora el chico parecía querer más, ¡hambre de juventud!, y el salvavidas iba a tener que darle también carne de la buena… 

Julio César.

13/05/2008 GMT 1

UNICAMENTE UN JUEGO

jcqt1213 @ 05:13

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   Ahora no podía quitarle las manos de encima…   

   -Deja la vaina que Michelle, tu mujer, está viendo.   

   -Ella sabe que somos amigos del alma…   

   -Entonces quita la mano y deja de…   

   -Es que esa bicicleta te tiene durito.   

   -Para ya, coño…   

   -Sonríe, disimula y quédate quieto. Tenía tiempo sin verte, o tenerte a mano… 

Julio César. 

NOTA: Mientras eliminaba tantas cosas que ya no interesan, notando que me he apartado mucho de lo que deseaba al iniciar esta página, encontré este corto escrito hace mucho. No lo recordaba. Era una de esas fotografías con las que pensaba jugar a la ambigüedad entre los protagonistas de esa película que tanto me gustó; de hecho la usé durante aquellos tristes días de finales de enero. Me hizo reír mucho cuando lo escribí, al releerlo me preció demasiado atrevido (sobretodo las partes que cambié). Pensé en borrarlo, se los juro, estuve tentado, la envié a la papelera y todo; pero no pude hacerlo. No puedo simplemente eliminar sus fotografías aunque ya las haya usado más de una vez. No es falta de respeto, es… no lo sé.

AL CALOR DE LA AMISTAD

jcqt1213 @ 05:01

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   Amistades de juventud.   

   Aquel grupo de chicos y chicas que deseaban verse y sonar diferentes, habían decidido saludarse de besos en las bocas cuando se encontraran, donde se encontraran así escandalizaran (que era lo buscado). Pero entre Gary y Román comenzó un juego nuevo. Para molestarse, luego de risitas vergonzosas, se retaban con sus besos. O así comenzó, ahora los otros notaban que cuando se acercaban se miraban a los ojos, que cuando Gary acercaba su rostro el otro abría los labios, rojos y húmedos por alguna razón. Que cada boca buscaba y encajaba con la otra, que sonidos ahogados escapaban de allí mientras cerraban sus ojos. Les parecía que en esa unión había movimientos extraños, como lenguas que se buscaban, se ataban, se lamían y halaban, mientras tragaban algo de forma copiosa (¿tal vez saliva?). La cosa llegaba a tanto que las manos de Gary rodeaban ahora la cintura de Román, y este le rodeaba el cuello. Y esos besos, de “prueba” duraban sus buenos y largos minutos. 

Julio César. 

NOTA. Todas las fotografías han sido tomadas de portales gratuitos; que nadie se moleste, por favor…

10/05/2008 GMT 1

CABALGATA

jcqt1213 @ 02:39

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   Otean en la distancia buscando un destino junto…   

   El cielo hiere de lo hermoso y claro que está mientras los dos vaqueros se mecen al compás del trote de los caballos. Es un cielo despejado y amplio, libre de nubes, de un azul que corta la respiración; de un celeste que a Ennis del Mar le recuerda noches frente a una hoguera, o de rodillas dentro de un tienda de campaña, cuando miró el amor y la entrega en lo más profundo de los ojos del sujeto que cabalga a su lado. Sujeto que va hablando mucho, como siempre, risueño, alegre y optimista, tal vez como si temiera callar y que en medio del silencio la cruda realidad los alcanzara. Pero no, la vida no los alcanzaría nunca porque nunca se detendrían, eso lo habían decidido ya. Y el rostro hosco y delgado del catire se suaviza un poco al pensar, mariconamente, que él sólo se detendría, tal vez, para mirar en los ojos de su compañero y ver en ellos todas esas promesas que le parecían absurdas, fantásticas e imposibles en la voz de otro hombre, pero que emergían fácilmente en esas pupilas. Esa mirada le decía que todo saldría bien, y él lo creía en esos instantes cuando lo eterno se detenía.   

   Los dos jóvenes, con sus casi veinte años a cuesta, otean el horizonte, buscan un punto exacto, buscan una vida juntos desde que descendieron de aquella montaña alta y fría, azarosa y algo cruel, pero donde aquellos hombres habían encontrado lo que nunca habían tenido, aquello que ni siquiera se habían dado cuenta no poseer. A Ennis le asusta un poco, teme que vayan donde vayan los vean con burlas, con asco, que los juzguen, que le griten maricas, y muera de rabia o vergüenza: “miren al marica”. Le aterra que sea alguien a quien conoce el que lo grite, entre el desprecio y las risas crueles. Pero calla ese miedo, no tenía derecho a sentirlo cuando cabalgaba junto a Jack, el valiente y hermoso Jack. No quiere expresarlo porque sabe que vencerá al maldito miedo al final, lo sabe desde que emprendió la jornada con ese hombre en busca de su felicidad.   

   No sólo buscan un lugar donde asentarse, donde posar los pies y luego los cuerpos mientras se aman, cuando sus manos recorrerían nuevamente el cuerpo del otro, como incrédulo, como no convencido aún de que realmente lo tiene, de que Jack es suyo. Buscan ese lugar donde no hay temores, risas, burlas, desprecio ni agresiones. Jack le dijo que si seguían hacia el Sur, siempre al Sur, llegarían a una tierra sin prejuicios, sin el odio de aquellos que se sienten amenazados en lo que son porque les parece que dos hombres se miran demasiado, como con ternura, como con afectación, como con amor. Jack dice que esa tierra existe, y Ennis quiere creerlo, como creyó a pie juntillas la mirada larga que esa segunda noche Jack le lanzó cuando él entró a gatas en la tienda: te amo, Ennis del Mar, eres mi vida y ya no soy nada sin ti. Eso fue lo que leyó, y lo creyó, casi llorando ante la inmensidad del regalo.   

   Ennis vuelve un poco el rostro y mira a Jack sonreír, no a él, sino al camino, al paraje que está frente a ellos, seguro como está que llegaran pronto a la tierra de promisión. Las mejillas de Jack enrojecen poco a poco por el sol, pero parece no notarlo. Y Ennis nada dice, no quiere distraerlo, no quiere desviarlo de su camino de esperanzas, de sueños, de deseos. A él no le parece algo tan seguro, aunque sigue adelante, sin cansarse, oyéndole decir con vehemencia, con esperanzas: “más al Sur, Ennis, más al Sur estará bien, es por allá”. A él le basta con cabalgar junto a Jack, y si continuaran así, eternamente, estaría bien, hasta que muriera de viejo, a su lado, y cuando Dios le preguntara qué había hecho con su vida, que sí entendía la gravedad de su pecado, él con la vista baja respondería que si, que corrió tras su destino, rumbo al Sur; y después esperaría lo que llegara, pero si en esos momentos lograra recordar el tiempo vivido con el otro, ni el Infierno estaría mal.   

   Ahora iban a buen paso, y sus temores iban quedando a las espaldas, rezagados, refunfuñando al ir quedando muy atrás. Jack no ha sido muy específico sobre el sitio a donde marchan, pero a Ennis no le importa porque más o menos imagina también ese lugar, aunque le cuesta más, no es un alegre charlatán como el otro. Será un sitio alto, con montañas de suaves pendientes, de verdor, con arroyos claros y fríos, como dicen que una vez fue el Paraíso. Allí levantarán la cabaña, de madera sólida, con los pocos y necesarios muebles para vivir. Sonríe con cierto embarazo pensando en la cama grande y fuerte, resistente, que constituirán, y puede imaginar la mueca libidinosa y atractiva de Jack mientras lo hacen. De noche podrán salir bajo las estrellas, y se sentarán alrededor de una fogata en el porche rústico, que parecerá parte del paisaje, una que jamás se apagará. Fumando y tomando whisky barato hablaran y hablaran, de todo lo que nunca le han contado a nadie, de las cosas que desearon sentir, decir y hacer durante toda una vida, y de las que esperaban realizar todavía. No se cansarían de hablar, y cerrando los ojos, él sonreirá oyendo a Jack contar sus cuentos exagerados sobre el rodeo o las chicas que se habían enamorado de él. Y cuando la noche avanzara, y el whisky menguara entumeciéndolos dulcemente, Jack tocará su horrible armónica, y a él le parecerán las melodías más hermosas de todo el mundo, y pensará que nunca hubo un portento musical igual a su Jack.   

   Y seguirían así hasta que adivinara en el silencio de Jack ese deseo tan grande que ya no lo dejaba moverse. Y él, Ennis del Mar, se pondría de pie tendiéndole una mano y ayudándolo a levantarse, para mirarlo a los ojos en las penumbras, abrazándolo y finalmente besándolo, como no podía dejar de hacer desde esa segunda noche en aquella tienda de campaña. Su boca lo cubriría y se apoderaría de la suya, hasta que Jack gimiera contra él. Y sabe que Jack haría esa vaina que lo enloquecía cada vez, abrazándose a él, le rodearía la cintura con sus piernas, y él tendría que llevarlo en peso a la cabaña, ¡y cómo pesaba!, a la gran cama donde caerían uno en brazos del otro, y la noche no alcanzará para hacer todo lo que deseaban, para calmar tantas ganas, para explorar tanto, para cansar sus cuerpos. Y despertarán con el ensordecedor gorgojear de los pájaros, abrazados, cada uno sintiendo el cuerpo tibio y firme del otro, y por un instante se quedarían quietos, disfrutando eso y pensando, tal vez, que todo lo habrían perdido y desperdiciado si al bajar de Brokeback Mountain no hubieran montado en los caballos y escapado juntos a la carrera. Jack se estremecería ante tan terrible idea, y Ennis no podría ni imaginar lo que habría sido de su vida si no hubiera aceptado la oferta que vio brillar en los ojos del otro.   

   A media mañana irían hasta el pequeño río y gritando como niños se arrojarían en él, abrazándose. El agua, el cielo y las montañas solo reflejarían esas ganas de vivir, esa felicidad de estar juntos, el gran amor que esos dos carajos habían descubierto el uno por el otro, cuando ya estaban más allá de toda censura. Sí, se había enamorado de ese otro carajo, ¿qué podía hacer? ¿Arrancarse el corazón? Nada importaba ya, sólo eso, únicamente Jack, y lo demás que se fuera al demonio. Y mientras cabalgan, todavía no lo suficientemente adentrados en el Sur, Jack sonríe todavía más, lleno de optimismo; y a su lado Ennis no quiere dejar espacio para las inquietudes. Marchan hacia el Sur, no saben exactamente a dónde, pero lo intuyen: una tierra de buenas personas, de gente que habla con todos y de todos pero sin juzgar, sin condenar, sin odiar.   

   -Aún hay que seguir más al Sur, Ennis; pero me parece que ya estamos cerca. –le sonríe Jack, echando su sombrero hacia atrás, estudiando el horizonte, forzando su azulada mirada, esperando en cualquier momento que sus sueños se materialicen en forma de montañas, unas montañas amigas, que brindarán apoyo y seguridad. Unas montañas que sabemos que no estarán porque sólo existen en las esperanzas y en los anhelos del joven.   

   -Que bien, jack. Ojalá lleguemos antes de que anochezca. –responde Ennis, mirándolo con ese afecto tosco, volviendo la vista al horizonte, donde sólo hay valles y más llanuras, esperando que su deseo, su amor y fe sea igual al de Jack, y tenga la fuerza suficiente para levantar las dichosas montañas. Y repara en que el otro frunce un poco el ceño, con la boca abierta.   

   -Mira, creo que hay como una sombra a la distancia, ¿será allí…?   

   -No lo sé, Jack, tu vista debe ser mejor que la mía… 

Julio César.

FUERA DE LA CANCHA ERA MEJOR

jcqt1213 @ 02:35

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   Estar en el equipo le parecía excitante…   

   Néstor tenía verdaderos problemas desde que dirigía el joven equipo de fútbol del colegio, los muchachos eran muy precoces. Jugueteaban a toda hora dentro de las duchas, en los privados, o simplemente en la cancha donde se daban sus besitos de amistad, según ellos. Los chicos llegaban a su oficina y le decían que tenían un problema, abrían mucho sus piernas, viéndose realmente lindos y calientes, la juventud es así, atractiva de por sí.  

   -Me duele por aquí, entrenador… -susurraba el joven de turno.  

   Y él, todo envarado, duro, ¡tenía que ver y atender, ¿no?! Mirando al chico preguntando, “¿es aquí, es aquí?”, metía la mano, buscando lo que no se le había perdido, todo estaba muy caliente. Tocaba y masajeaba para ver, encontrando lo duro, seguramente una hernia, quemándole la mano. Para hacerlo mejor, el short bajaba, las manos también, así como su rostro. El chico gemía viéndolo abrir la boca para… explicarle qué tiene. Al entrenador le preocupaban tantas dolencias en el equipo, pero entendía que eran chicos mimados acostumbrados a llamar la atención; y probar esa vida era agradable, él la probaba muchas veces a la semana, llenándose el paladar de ello. Lo probaba de forma repetida, subiendo y bajando sobre el posible problema, que estaba todo crecido y rojito. Si esa oficina hablara, contaría como a veces el hombre debía atender a varios chicos adoloridos el mismo día, saliendo uno y entrándole el otro… en materia; y de tarde en tarde atendía a dos, o hasta tres y cuatro. Pero se daba maña para darle a cada uno lo suyo. 

Julio César.

ABRIL-MAYO

jcqt1213 @ 02:30

   Definitivamente voy a tener que reconsiderar mi punto de vista sobre el cambio de gobierno en Estados Unidos. Hace poco, cuando hice mención a un posible desastre que dejaría a los republicanos en el poder si se elegía al señor Obama para la candidatura demócrata, mucha gente me acusó de cierto tinte racista, y de que hablaba necedades sin sentido. Intenté explicar en qué me basaba para hablar, pero no convencí a muchos; pero hace poco, en GLOBOVISIÓN vi al internacionalista Alfredo Salgueiro, un señor nada agradable, comentar que la manera torpe de comportarse de los demócratas casi había conseguido un empate técnico entre estos y los republicanos, que como estaban las cosas él prefería al republicano. Y lo decía con disgusto. Pero es que los demócratas no dan pie con bola; entre ellos ya sólo quedan personas gritonas, aparentemente no subsiste un estadista, ni un solo hombre o mujer de estado que sepa mirar por encima del borde del vaso. A la fiebre de izquierdas retrogradas y trasnochadas que recorren Latinoamérica, con su odio visceral hacia el Norte, responden dándole la espalda a uno de los pocos socios confiables que tienen, Colombia, con lo del tratado de libre comercio. Aducen que es imposible ayudarlos por las denuncias de represión, de paramilitarismo y de violación de los derechos humanos. Claro, esta recua de bichos se lo hace a Colombia, a China, con sus mil y un pico de millones de habitantes, de gente que puede comprar cuanta baratija se produzca en el mercado, ni se les ocurre ponerle peros porque, ¿y si se molestan y dejan de comprar? No, China es un bocado demasiado grande para sus boquitas chillonas, podrían atragantarse, Colombia es más fácil, y que eso cierre la puerta de un gobierno serio, de derecha, es lo de menos, después de todo cuentan con que si se arman gobiernos peligrosos y delirantes que se asocien a extremismos de otros lare, ya habrán marines pendejos que vayan a morir en playas extrañas para reparar sus imbecilidades. De lo que también podrán acusar al gobierno de turno. La verdad es que los demócratas ya hasta parecen peligrosos.   

   Casi tan degradante como eso, es tener que ver a un señor que molesta por sus políticas de pacifismo a troche y moche, defendiéndose a todo gañote, negando ser el culpable de la represión, violencia y muertos en el Tíbet. Porque el responsable de todo eso es él, no es China con su ocupación y su aparato de terror. No, es el Dalai Lama, ese peligrosísimo hampón que tuvo el tupe de alzar a los monjes. ¡Pobre China!, por suerte el Comité Olímpico Internacional se ha puesto decididamente de su parte, igual que los demócratas norteamericanos, Bush y Chávez, todos ayudándolos para que sometan al peligrosísimo sujeto. Y de tanto repetirlo esa gente, y de tanto oírlo, uno va a terminar creyendo que es verdad, que los juegos deben ir por encima de cualquier cosa, después de todo representan mucho dinero… digo ideales. Cuando uno mira las escenas en el Tíbet, oye las explicaciones de las autoridades chinas y las reacciones de una mayoría cómplices, casi parece verse esos antiguos documentales de la BBC de Londres cuando se denunciaban los crímenes nazi contra los judíos, cuando muchos decidieron dejar de ver, hacerse los locos y hasta simpatizar con el régimen.   

   El regreso del señor Silvio Berlusconi al poder en Italia, me resultó algo sorpresivo, jamás esperé que ese hombre temperamental y odioso repitiera, pero el pueblo italiano, acosado de problemas, decidió retirarle a apoyo a una izquierda inútil como no sea para criticar desde la oposición, entregándole nuevamente el poder. Así lo habrán hecho de mal, porque ese señor es venenoso. Pero igual ocurre en Francia, Nicolás Sarkozy ya aburre con su farandulerismo fatua, sus poses y payasadas sin abocarse a resolver problemas. De ese señor pensé muy mal cuando se inventó un test para que sus ministros fueran evaluados y echados según su desempeño, ¿acaso los ministros no obedecen a una línea de gobierno dictada por él?, ¿o cada quien hace lo que le da la gana para ver cómo le va? Ah, gente incompetente, no entiendo para qué buscan el poder si no saben qué hacer.  pico-bolivar-merida.jpg  

   Hace poco se supo que el pico Bolívar, el punto más alto de Venezuela, de nieves eternas, está deshelándose. Se derrite y mucho se teme que se pierda toda esa belleza natural. Ya se habla de una tendencia irreversible. Casi simultáneamente llegó la noticia de que en Los Alpes, Los Pirineos, zona de vacaciones y deportes invernales, se observa y padece el mismo problema. El ecosistema invernal ya no se sostiene, el hielo y la nieve van desapareciendo. Y no es porque estemos pasando por alguna casa mala del zodiaco, o este sea un año malo chino (que los hay) sino por un fenómeno climático. Seguro no han oído de él, casi nadie, muchos lo creen un simple mito: el calentamiento global, la subida de la temperatura. Será un día triste cuando las cumbres andinas dejen de reflejar el sol, con destellos de plata, al desaparecer sus casquetes. Fuera de que eso marcará el fin de los ríos que riegan la zona con agua dulce; me pregunto cuánto aguantará el mundo cuando uno a uno vaya secándose todos los afluentes de agua tierra adentro. 

Julio César.

DEPORTE DE HOMBRES

jcqt1213 @ 02:26

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   Sudor y jadeos, pero los socios deseaban trusas más chicas…   

   Los musculosos y oleosos cuerpos se frotan, pegan y luchan. Germán tiene sus pómulos rojos, por el esfuerzo, pero también por el peso y calor de Vicente a sus espaldas. Cuando el evidente y cálido bulto pegó en su mejilla, gimió contenido, sintiéndose alebrestado… cosa que Vicente notó mientras atenazaba su muslo arriba, antes de variar de objetivo, como al descuido, dándole un apretón que lo estremeció todo a ambos. Parecen congelarse así, con Vicente de cabeza tocando y apretando leve, mientras atenaza una tetilla del otro. Germán siente que se muere (¿tal vez vencido? No parece) y descansa su rostro en la pelvis del otro, sintiendo el caliente y agradable alivio. El publico, con ojos ávidos, deseaba más, y gritaba: atrápaselo con la boca; métele la mano; lo tienes ya, cógelo bien… 

Julio César.

AY, ESA ROPITA INTERIOR…

jcqt1213 @ 02:21

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   -¿Qué, no te gusta así?   

   Como habrá  notado cualquiera que halla leído alguno de mis relatos, e incluso halla visto las fotografías (imagino que pocos, la gente seria sólo va por los artículos como quien lee la PLAYBOY), siento cierta preferencia a la hora de imaginar ropa interior. Más específicamente a hombres en ropa interior. No es complicado, me fascina ver fotografías de sujetos en bikinis, tangas y suspensorios. ¿Qué se le hace?, son imágenes que me llenan de calorcito. Casi puedo rastrear esa fijación hasta mi última niñez, ya a los doce, cuando la primera revistica verde cayó en mis manos, una de PENTHOUSE, donde una hermosa chica, con una diminuta pantaletica roja, se exhibía. Desde ese momento me quedó el amor, como imagino que le ocurre a la mayoría de los hombres, héteros u homos, por semejantes prendas, sobre el cuerpo correspondiente.   

   ¿Quién no ojeó una revista de culturistas con aire docto y señor fruncido, pero con los ojos en los bikincitos, o de deportes simplemente, deteniéndose en esos cuerpos mazacotudos? Pocos. Esas prendas mínimas son lo más grande. De hecho hay sujetos, héteros, aunque jamás lo dirían así, que se quedan mirando a carajos bien formaditos en una piscina si llevan un bañador chico, tal vez para criticar o algo, pero de que miran, miran. Imagino que todo el mundo lo nota aunque se hacen los locos. Esto me lleva al punto: en la vida real, cotidiana, eso no es tan bueno. A menos que se tenga un cuerpo del carajo. Un sujeto obeso, peludo y con aire de rascarse las metras cuando no lo miran (y aún cuando lo miran) no es nada sugestivo en tales vestimentas. Igual que aquellos que parecen peleados con el agua y el jabón. La tanga no le queda bien a todo el mundo, lamentablemente hay que admitirlo.   

   Ahora, con los bóxer, realmente hemos venido a descubrir lo que es comodidad al vestir, o bajo las ropas. Son prendas tan placenteras, tan funcionales, que uno se pregunta cómo no las usaba antes. Como hombre que de niño usé los tipos ovejitas, mi mamá me los compraba, al ir creciendo compré mi propia ropa y usé los más chicos, porque eran prácticos para llevar la camisa por dentro y para sujetar con cierto grado de seguridad… el bojote, sobretodo en esos años cuando no podía acariciarnos una brisa sin que despertara con ruido. Pero ahora me parece más cómodo, y hasta elegante, el bóxer. Sí, lo sé, no es una prenda tan fantástica, erótica, evocadora, que caliente… como ver a uno de estos modelitos que coloco por aquí con esas tiritas que provocan arrancar con los dientes. Pero en la vida real, el bóxer es mejor.    

   Personalmente no los uso de media manga, son incómodos, uno se sienta y cuando el muslo se retrae, molestan. También se notan a veces con cierto tipo de telas. Prefiero el bóxer corto, ese que termina en el bajo paquete. He notado, modestia aparte, que se ve bien cuando uno se quita las ropas, quedando en medias, camiseta corta y uno de ellos, algo recogido por los costados, enmarcando todo el paquete. En otras miradas se nota también que agrada. Los de algodón son increíblemente buenos, suaves y funcionales. Tengo unos que me trajo una amiga de Colombia y parece que jamás van a acabarse, aunque son blancos, color poco práctico para el hombre. Ese color está bien para un modelito guapo que se quita las ropas para una película; en uno, después de todo un día en la calle, lo más probable es que se note cierta mancha al frente, amarillo pollito, y no de virilidad. Los colores grises, azules y negros son representativos, elegantes, y te cubren por si hay ese problemita. Y esto no tiene nada que ver con la edad. Ya lo dijo Stephen King en una de sus mejores novelas, cuando unos chicos meaban unos al lado de otros y cada uno se sacudía al terminar pero veían que se mojaban; fue cuando uno declamó: lo dijo Aristóteles, ya lo sabía Platón, el hombre cuando orina guarda las últimas gotas para el pantalón. En este caso sería para el calzoncillo.   

   ¿Por qué hablo de ropa interior representativa y de agua y jabón? Fue algo que aprendí cuando comencé a trabajar como inspector sanitario en hospitales. En una de mis primeras observaciones de campo me tocó estar en el servicio de radiología del hospital Pérez de León, en Petare, la zona más oeste de la gran Caracas. Allí llegaban las emergencias, y eran como las ocho y media de la mañana cuando llegó un tipo cuarentón, barbudo, sucio de ropas, gordo, y cuando le quitaron los pantalones para practicarle una radiografía de abdomen y pelvis, llevaba uno de esos bikinis de licra, rojo para ñapa, roto por la liga de la cintura, metido casi todo entre las nalgas, enrollado en todo lo demás. Y olía a rayos. La médico de turno, una muchacha bonita, me parecía muy joven, dijo algo lapidario: son el colmo estos hombres que salen a la calle sin lavarse el culo y las bolas, y vistiendo esa mariquerías. Desde ese momento tomé por costumbre asearme muy bien y llevar ropa interior más o menos, que aunque fuera algo chica en esa época, fuera de buena tela.   

   Mis amigos, los más jóvenes sí están ahí, jamás salgan de sus casas sin bañarse y lavarse muy bien bolas y culo, como decía esa doctora. Ese olor, sobretodo si se ha tenido actividad y huele a huevos podridos, no es nada grato, y lo peor es que parece percibirlo todo el mundo, y lo digo en serio, no es para enorgullecerse de eso. Hay que formarse esos hábitos. Bastante agua y jabón, y hasta talquito, y sobre todo eso, un bóxer que quede del carajo… Quien sabe, tal vez tengas que entrar en el baño de una discoteca, un cine, un mercado o algo y un muchachón se quede mirándote. ¿Puedes imaginarte la escena, el tipo sonriéndote y dando vueltas y tú ya como todo acerado? Pero ¿te imaginas que realmente se acerque y diga algo como: fo, pana, hueles a chivo?   

   Créanme, muchas veces un olorcillo, o una ropa con pinta de desaseo o descuido, enfría el guarapo. Imagino que si se es muy joven y se tiene muchas testosteronas dando vueltas, eso no parará a nadie, pero siempre he creído que quien no se cuida de lavar ni su miembro, quién sabe que más es capaz de dejar de hacer, y eso siempre es un riesgo. Así que, aseo. Lo del talquito tiene sus otras ventajas, evita rozones, humedades incomodas entre el muslo y la cadera, y casi todos conserva cierto aroma, y como dije una vez, nunca se sabe cuando un carajo bien plantado del trabajo tiene que agacharse bajo tu escritorio a buscar algo que se le cayó, olfateando y diciendo algo como: verga, qué bien huele. Eso siempre da pies a más: ¿quieres olerlo mejor?   

   Busca, pregunta, tal vez encuentres el tipo de talco o crema que mejor te acomode y que termine agradándote. Igual que los bóxer. Hay variedad, cantidad y colores, así como modelos, algo habrá que te guste y que te sirva. Esos detalles que hablan de cuidado, de aseo, de… elegancia, siempre son bien captados, y apreciados… por otros, que es lo que buscamos, ¿no?   

   Para finalizar, un cuento que me echaron una vez: estaban dos indigentes haciendo el amor con pasión, cuando la mujer le dice al hombre: mi amor, tienes ese pájaro como un palo de yuca. El hombre, todo pomposo, le pregunta: ¿por qué lo dices, por lo grueso y nervudo? Y ella replica: no, porque está todo lleno de tierra. 

Julio César.

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