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¡¡¡VAYA TÍOS!!!
Cortos relatos para gente muy adulta. Nada de menores...

24/05/2008 GMT 1

VAMOS, POR FAVOR.

jcqt1213 @ 04:32

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   Sol, mar y belleza…   

   -Vamos…   

   -¿Para qué? Estoy bien aquí. –le sonríe de forma algo torturante; le agradaba mirarle ese expresión intensa, esa resolución dura, cuando deseaba algo intensamente, y por eso lo provocaba.   

   -Deja la pereza y mueve el culo de esa tabla. Entremos a refrescarnos y buscar una cerveza.   

   -Podemos tomarla en la orilla, o entrar bajo el paraguas. No hay que ir a la casa para eso.   

   -Pero no podemos quitarnos esta ropa mojada, y ya quiero quitarme todo. –le responde, mirándolo fijamente.    

   El otro sonríe, eso era cierto. Sería grato despojarse de toda esa arena, agua salada y…

……   

   Se veían bien juntos, ¿verdad? Es una pena, realmente una pena. Por cierto, ¿quién habrá realizado este montaje? Se ve muy real. 

Julio César.

SIN GANAS DE ESCRIBIR

jcqt1213 @ 04:28

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   -Dijiste que podías probar que era una hernia… ¡pruébalo entonces!

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   -¿Que por qué se inscriben tantos carajos en mi gimnasio? Tengo un truco de buena suerte… no uso calzoncillos.




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  El médico le daba hasta que el paciente gemía: ay, doctor, necesito algo más…

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    -Coño, primo, sí hace calor; mete la mano y verás que estoy sudado.

   -Hummm… no te creo, déjame ver…



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   -¿El niño? En la piscina, metiéndose datos para su tesis. –comentó la mamá.


 

Julio César.

EL CODIGO DA VINCI

jcqt1213 @ 04:06

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   Cada vez que me reúno con un grupo de amigos la pregunta siempre sale a relucir a pesar de haber transcurrido ya cierto tiempo desde el éxito del libro: ¿qué opinas tú de El Código da Vinci? La verdad es que no me gusta mucho opinar sobre libros cuando estos le han gustado a tanta gente, ya que cuando uno discrepa, te caen encima. Nunca he entendido ese afán de las personas que preguntan algo, a veces con insistencia, pero que en verdad no quieren oír tu opinión real sino que esperan que coincidas con ellos. A estos siempre les digo que si no les gusta lo que otros piensan que no pregunten nada. Sin embargo, son mis amigos, y a las amistades como a la familia, uno puede decirle lo que realmente piensa sin mucho riesgo a una lesión física o mental. En dos platos, El Código da Vinci no me gustó.   

   Comencé a leerlo con muchas expectativas. Había oído sobre la dichosa polémica que encendía, pero en líneas generales me había resistido a saber mucho, así que cuando comencé a leer el libro tenía buenas perspectivas de distraerme mucho. Pero el libro, en mi modesta opinión, no tenía salvación. Creo que lo único que lo ayudó a no pasar sin pena ni gloria fue cierto ataque de la Iglesia, ¡que error cometieron! Aunque a decir verdad hay gente que cree cualquier cosa, por absurda o fantasiosa que pueda sonar, peor, sin que se les muestren pruebas reales; tal vez eso preocupó en El Vaticano, del resto no veo explicación.   

   Lo primero que me disgustó fue su planteamiento lineal, directo, sin recovecos de emoción, sin margen para la sorpresa, para lo inesperado. El libro era terriblemente predecible, antes de que terminara cada capitulo podía trazarse a grandes rasgos lo que ocurriría después. El personaje de el Maestro no pudo ser esbozado de peor manera, ni sus intensiones. Cuando en la trama aparece el erudito enemigo de la iglesia, ya uno sabe que se trata de él, ya que el autor ni siquiera introdujo una cantidad mínima de personajes que hicieran sospechar de este o aquel. Le habría bastado con hacer notar en uno que otro párrafo que el antiguo Papa, el polaco, no estaba aquí o allá en tal momento, desorientado por el parkinson, para que el lector imaginará: ¿será él el Maestro que ha enloquecido por la enfermedad? No, no se toma el trabajo de hacer nada de eso y la trama se vuelve predecible, lo peor que puede ocurrirle a un escritor. Los personajes no vienen de ninguna parte, sólo están allí de un momento a otro.   

   Lo segundo es que no se molesta en presentar ninguna prueba, aunque sea halada por los cabellos que apoyen sus teorías, aún oscuros textos que hablen sobre una posible relación entre Magdalena y Jesús de fuentes no seudo religiosas. De la figura histórica de Jesús, fuera de la Biblia, hay dos menciones que vienen claramente, una de un tal Josefo algo, historiador judío romano no partidario del Mesías aquel, que habla de “la muerte de Santiago, hermano de Jesús”. Otra es de un historiador romano que al hablar del incendio de Roma, acusa a los cristianos, “los seguidores de un tal ‘Cresto’, esclavo judío, muerto en tiempos de Tiberio”. ¿Muestra el autor algún texto que apoye su tesis, aún en la abundante bibliografía judía de los dos primeros siglos? No, no lo hace, porque, imagino yo, al principio sólo quería escribir una novela, no pensó que se vería envuelto en dudas universales movidas por personas poco reflexivas y dadas a creer cualquier cosa. Me parece que sin darse cuenta siquiera, el señor Dan Brown fue creyendo en su propio cuento, por lo que se le ve en programas de televisión defendiendo argumentaciones hechas por otros, incluso aquella de que la iglesia antigua falseó datos y destruyó el nombre de la Magdalena para no manchar el de Jesús, y, de paso, para echarles una vaina a las pobres mujeres.   

   En este punto hay que decir que la Biblia no se muestra especialmente despiadada con las mujeres, o no más que toda la antigua literatura del Medio Oriente, donde mujeres como Rut y Esther, toman estaturas casi sobrehumanas llevadas por su piedad y devoción. Por no hablar del gran amor que se le tiene a la virgen María, la gran madre de Dios. Pero volvamos a los datos falseados. El señor Brown quiere que creamos que el cristianismo fue una religión dominante desde el mismo momento de la muerte de Jesús, que sus jerarcas podían borrar y reescribir la historia toda sin que chocara con otras fuentes, la judía por ejemplo. Dos puntos conspiran contra eso. Los Rollos del Mar Muerto, que con pocas variables habla de una historia bíblica con pocos cambios en esencia, lo que dice mucho de la forma literal de transmitir sus recuerdos de esta nación; y el dominio de la jerarquía eclesiástica judía, el poderoso Sanedrín que se habría dado banquete gritando a los cuatro vientos: miren, el tal Jesús no era ningún Dios,  hijo de Dios, a menos que fuera del dios Zeus, ya que el tipo tenía una mujer y una hija que viven en tal sitio.    

   Hay que recordar que la esencia del Dios judío, inmaterial, todo poderoso, era diametralmente distinto al Zeus o su otro yo, Júpiter, quienes se encaprichaban con muchachitas y bajaban a copular y tener sus semidioses. Para acabar con la divinidad de Jesús, al Sanedrín le habría bastado simplemente presentar en sociedad a la mujer e hija. ¿Conspiró el Sanedrín para elevar a Jesús a la categoría de Dios? ¿Eran tan astuto los seguidores de Cristo que lograron ocultarla para que nada estorbara al nombre del Hijo, pero tan envidiosos que la destruyeron moralmente para que no compitiera con ellos? ¿Qué papel jugó María en todo eso, era la abuela perversa de Cuna de Lobos, la vieja del parche en el ojo capaz de todo para proteger a su hijito? Y esto me lleva al punto tres…   

   El autor lo dibuja de lado, lo trata como sin querer, sin atreverse en ningún momento a entrar en honduras, cuando ataca la divinidad de Jesús y del mismo Dios. La cuestión tiene que abordarse en un libro como este si vas a especular que Jesús y la Magdalena tenían su apartamentico en Hebrón, calle Herodes, piso dos. Un libro como este debe responder al final sólo una de dos maneras: si era el cuerpo de la Magdalena lo que protegían todos esos tontos en lugar de hacerlo saber al mundo, ¿significa eso que es real todo lo que se especuló? Sí es así, entonces Jesús de Nazareth no era el Mesías, aquel que fue profetizado a Abrahán por una Voz desde los cielos que no necesitaba un cuerpo para respirar, sentir hambre o acostarse con alguien. Y si Jesús no era el Mesías sino un hábil charlatán, ¿aún estamos esperando se cumpla la Promesa? ¿O la Promesa de la Descendencia no se cumplirá porque no hay Dios realmente?   

   Por el contrario, si no era la Magdalena, la controversia termina, como en la película El Cuerpo, argumentalmente muy superior a este panfleto aguado, cuando te mantienen en una duda dolorosa, inquietante, ¿era ese cuerpo con señas de cruxifición encontrado en una tumba anónima el de Jesús de Nazareth? ¡Vaya trama!, aunque a lo último se salen por la tangente con un final clásico. Pero el señor Dan Brown no hace ni una cosa ni otra, no dice es la Magdalena, el Jesús divino es puro cuento, o no es ella y el dichoso Código no existe. Y así como no se molesta en debatir, en presentar argumentos que puedan tomarse como algo tangible a lo que asirse para investigar (como diciéndose: ya, con esto tendrán los muy tontos), deja todo en el aire. Lo sorprendente es que hay personas para las que tales especulaciones, tibias y desabridas, les bastan para ‘dudar’.    

   Por último están los errores tontos de argumentación. Primero lo del monje del Opus Deis, organización semifascista y hasta nazi en su concepción, es verdad, pero que no sostiene monasterios ni conventos, por lo que no cuenta con monjes. Lo del anciano curador en el museo, a pesar de estar herido de muerte, ¡sabe que morirá!, le da tiempo de montar toda una elaborada escenografía, con claves secretas y todo, pero no se le ocurre decir me mató Teodoro. Lo otro son detalles como la fuga del museo, o cuando en Inglaterra bajan del avión aunque las autoridades tenían expresas ordenes de detener a todos en ese aparato, máxime si llevaban un prisionero.   

   De verdad no ataco este libro por prejuicioso, por religioso (válgame), ni por envidioso como dicen algunos. Lo que pasa es que el libro me pareció… aburrido. Era lineal, predecible, falto de credibilidad y mal dibujado. Hace ya como veinte años leí una novela de Robert Ludlum, una novela, él no tenía pretensiones de historiador, o de ‘conocedor de la verdad’: El Enigma de Parsifal. Ese libro era increíble, absorbente, sorprendente, casi desconcertante. Mientras uno leía de los ataques, violencia o crímenes de grupos como la CIA o la KGB en Atenas, Roma, Paris, la cosa parecía verosímil. Los personajes estaban dolorosamente demarcados. Todo el libro era bueno, sin pretensiones de ‘verdad’, y sin embargo resultaba creíble. Un libro debe ser así para ser ‘bueno’.   

   En fin, imagino que a cada punto que rebatí, habrá quince que opinen y hasta puedan argumentar lo contrario, no soy docto en religión ni en documentos secretos; como a muchos me gusta especular sobre sí existe Nessie, o los hombres de las nieves, o los vampiros, pero lo dudo. Sin embargo habrá quienes lo crean a pie juntillas. Pero esto es lo que pienso y, en fin, quienes tienen más de treinta ya deben tener la capacidad mental suficiente para ‘saber’ qué les gusta, o en qué creerán. Sólo a los quince o dieciocho se permite que un joven crea hoy al ver luces sobre un río en marcianos aterrizando, y mañana en viajes astrales a otras dimensiones que se abren allí, para creer luego que son trucos de superpotencias que quieren dominar al mundo y tienen una base en el río. O creer en todo. Es sólo un joven y puede creer muchas cosas.   

   Con el paso del tiempo me gusta pensar que llega algo de cordura, aunque viendo un canal retro del cable, disfruté en estos días de la película Las Siete Caras del Doctor Lao (una visión realmente ofensiva de los chinos, pero eso es cosa aparte). En la escena de la feria, cuando la mujer entra con el adivino, este sólo le dice cosas deprimentes, y no olvido cuando ella le pregunta si volverá a casarse. Con voz ausente le respondió: no, el amor ya no llegará a su vida, morirá y nadie la recordará, envejecerá sola, cada vez más vieja pero no más sabia… más viejo pero no más listo. ¿Verdad que suena horrible? 

Julio César.

BRINDANDO UNA MANO, O UNA…

jcqt1213 @ 04:02

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   Si uno tiene carne caliente, y el otro hambre…   

   La amistad era así. Roberto había estado preparándose para recibir a una novia que veía de tarde en tarde, pero todo le reventó cuando ella encontró un sostén bajo la cama. Él gritó y suplicó, todo tieso y caliente… de rabia. Néstor subió a ver qué pasaba y se compadeció de su enorme e inflamada… tensión nerviosa, por lo que con esa humildad de siempre, cayó frente a él con… concejos. Su boca se abría una y otra vez para… confortar cálidamente, y lo hacía cuando su lengua húmeda y roja recorría… sus argumentos. Pero Roberto, molesto, sólo respondía con rudas, rápidas, profundas y duras… precisiones. Y así continuaron, hasta que al catirito le estalló en la cara toda su ayuda, saliendo de allí casi una hora después todo vergajeado… Muy bien vergajeado. 

Julio César.

CELULARES Y REVOLUCIÓN

jcqt1213 @ 03:59

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   En el periódico EL NUEVO PAÍS, venezolano, chiquito, tratando sobre análisis y política, siempre se encuentra algo interesante. Siempre hay un tema, un artículo, una columna que parece ligera y hasta irreverente, pero que encierra dentro de sí una realidad hasta patética. Hace poco leí una de esas columnas, más optimista, de Eduardo Riveros, señor que firmaba hasta hace pocos sus articulo como TERCERA EDAD, ahora lo hace como LA ARRECHERA COTIDIANA. Y de eso los venezolanos tenemos bastante. Quiero reproducir aquí dicha columna, con su permiso. Es totalmente de su autoría, ¿okay?:

……   

   Olvídense de Miami o Panamá; con perdón de Rubén Blades. El futuro está en Cuba. Allí es donde se debe invertir en comprar propiedades, terrenos. Así sea un edificio arruinado o un rancho. Los cambios ya no los para nadie. Raúl, con visión o ignorancia le dio apertura a la telefonía celular y, ahí mismo, con perdón de la expresión: se jodió. Una vez que los cubanos accedieron a esos adminículos no hay vuelta atrás. Idiotiza, anula la familia, amistades, todo. Incluso crea un nuevo vocabulario, algo de Morse o Braille, en el que se comunican los muchachos.   

   Si antaño el peligro lo encarnaban las grandes empresas petroleras, ahora ese conflicto, desgracia, lo simbolizan las telefónicas. Con todos sus atractivos. Las conversaciones a larga distancia, los mensajitos, escuchar música, ver videos, sacar fotos. ¿Acaso no se hacen ya, a las niñas en los colegios, tomas pornográficas? pero la basura no termina allí. El perjuicio mayor es el que se le estafa a la convivencia. ¿Quién, hoy día, conversa? Nadie. Hasta en los moteles, otrora lugares sagrados, ya no se escuchan los jadeos, suspiros, alabanzas, gemidos de satisfacción. Lo que se oye es la melodía, pito, entrada que, cada quien, tenga en su celular. En los restaurantes, igual. Cada quien habla por su lado; se acabaron las miradas, el tocarse las manos, los brindis románticos.   

   ¿Qué joven cubano va a estar, ahora, soportando las estupideces de Fidel si, mientras, puede mandarle recados a su novia? ¿Dónde encontrar un hogar cubano que, repito, se cale las majaderías de Fidel, si, entre tanto, puede hablar con su gente en la Florida o Madrid? Y como si no fuera suficiente, Raúl aprobó que los cubanos pudieran usar los hoteles cubanos, bañarse en las playas cubanas, ver series norteamericanas. ¡Cosa más grande! Comprar, libremente, electrodomésticos, alquilar carros, hasta adquirir DVD. Algunos jalabolas sostienen que es el Ceratosauros de Fidel el que propicia estas transformaciones. Mentira, no hace una semana que el asesino escribió criticando la llegada de estas innovaciones a la isla. Lo que ocurre es que Raúl, o tiene mayor visión o es más inteligente de lo que se pensaba. El caso es que, lo dicho, trate de comprar, así sea por allá lejos, algo de tierras en cuba. Ahí está el porvenir.

……   

   Por el tono notarán varias cosas: que es un señor mayor, y es un ‘opositor’ como dicen aquí. Estoy entre quienes sostienen que Venezuela es una tierra de barraganato. Las mujeres de los presidentes pasados tuvieron demasiada influencia en las políticas de estos. Y Chávez quedó, para desgracia de mi país, bajo el influjo de un mal amor, una pasión tortuosa y enferma. A quien quiso entregarle todo. De lo cual se desprende que buena parte de todo lo malo que aquí ha ocurrido, incluso la inmolación de un hombre que encarnó la esperanza de un cambio, que comenzó a gobernar con los buenos deseos de la iglesia, los empresarios, los medios de comunicación e incluso de buena parte de los tenaces y terribles periodistas con los que contamos, fuera de un mar de dólares producto de un prolongado alza de precios petroleros, lo botó todo, dejando a Venezuela arruinada físicamente, desmoralizada, endeudada hasta lo inconcebible. Nada más hoy se supo que la deuda de PDVSA, que hasta ayer daba ganancias, llega a los 17 mil millones de dólares.   

   Me alegra saber que vientos de cambios soplan para los cubanos. Intento no ilusionarme pero este señor, Raúl Castro, parece más decente, o más centrado. Bueno, basta con que no sea un sádico asesino como el hermano para que se note la diferencia. Muchos dicen que hace muy poco por cambiar el modelo antillano, tampoco puede desbaratar un sistema que lleva más de cuarenta años, hay muchos que saben que no tienen para dónde agarrar si comienzan a perseguirlos por sus crímenes, y Raúl debe cuidarse de ellos. Por otro lado, me alegra saber que la esperada muerte de Fidel aún se retrasará un poco (la fiesta deberá esperar). Verlo cascado, ojeroso, tembloroso, oliendo a… eso que sale por la manguerita que lleva en su barriga, me gusta. Que viva, que su mente continúe funcionando en ese cuerpo decadente y ruin, que se note y sepa acabado. Que mire como todo el reino de muerte que edificó; cae, espero que le alcance la vida para oír a los primeros cubanos, en cualquier plaza, maldecir a gritos su nombre y sus crímenes.   

   Por cierto, contra los celulares sólo tengo que muchos chóferes insisten en conducir y usarlos al mismo tiempo, y está comprobado que hay quienes no pueden hacer dos cosas al mismo tiempo y deben detenerse para tomar aire y respirar. 

Julio César.

21/05/2008 GMT 1

LUCHA LIBRE

jcqt1213 @ 03:23

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   -Ahora me las pagas todas…   

   -Jorge no es más que un güevón que gana siempre en la lucha libre porque ustedes son unos mamagüevos. –replica insolente Renato en los vestuarios, cuando le advierten que deje de molestar tanto al otro, brusco, riente, desvistiéndose, mostrando el suspensorio blanco que ya usa, antes de ponerse, con esfuerzo, el chico y ajustado traje rojo, que parece atorarse en sus muslos musculosos. Tiene veinticinco años, es alto, de piel blanca cobriza, de cabellos negros y ojos amarillentos. Un tipo guapo, de buen cuerpo, siendo su tórax bien formado, de llamativos pectorales. Es un creído, un seductor y un echador de vaina. Es bueno en la lucha y no cree que nadie sea mejor.- Ese marico tiene que mamarse uno si se enfrenta a mí… -dice en el colmo del desafío, antes de notar el silencio de los otros; volviéndose se topa con la seca mirada de un tipo un poco más alto y fornido, de rostro cuadrado, con sombra de barba, cabello corto y tono moreno de piel: Jorge.    

   -Tú si hablas pajas, marico. Te espero esta tarde, cuando todos se vayan, y vemos quién gana. –lo señala con un dedo, duro, alejándose, viéndose grande y poderoso dentro de su traje azul.   

   Esa tarde, algo oscuro ya, un poco sudado por una tarde de ejercicios de  prácticas, el sonriente y confiado Renato espera ya de pie sobre la lona. Todo es silencio y soledad. La puerta se abre, violenta, y entra un mal encarado Jorge, sudado también. Se miran. Jorge serio, Renato dando saltitos, sonriendo con cierta burla, tenía movimientos que lo sorprenderían sacándolo de onda. Iba a ganarle, era más chico pero con mejor técnica. Se medio ladea y alza las manos, pero el otro sólo lo mira, con cierto fastidio.   

   -Me tienes arrecho con tus perradas, Renato. Entonces es hora de que te trate como la perra que eres. –gruñe, con voz ronca, profunda, desconcertando al otro por un instante.   

   Momento que aprovecha Jorge para darle un sonoro y poderoso bofetón. La cosa es tan insólita, es un ataque tan ilegal, que Renato se paraliza, tiempo en el cual Jorge se le va encima, como un oso, atrapándolo por debajo de los brazos, rodeándole el torso en el abrazo del oso, alzándolo con facilidad y derribándolo de espaldas, pero no es una simple caída. Jorge va sobre él, quien cae de espaldas, con fuerza, soltando un bufido, quedándose sin resuello. El bofetón, el golpe de espaldas y el peso del otro que le sacan el aire, lo marean, quiere gritar que no vale, que así no, pero ya Jorge se medio arrodilla, viéndolo sonriendo cruel, atrapando, de forma desconcertante, los tirantes de su traje, que hala, rasgándolo con facilidad. Hala y rasga a pesar de que Renato gime y se medio revuelve, hasta desudarlo casi todo, dejándole las mangas del traje en los muslos y el blanco y sudado suspensorio.   

   Ahora si que Renato se asusta e intenta pararse, sólo para recibir, de rodillas como estaba, otro bofetón en la cara, con el dorso de la manota del otro que lo derriba nuevamente, para ser testigo, sin aliento para gritar, de cómo Jorge se deja caer, transversal a él, con el antebrazo en su plexo, dejándolo ahora casi asfixiado. No puede moverse, sin aire, adolorido, y todavía tiene que ver la sonrisa del otro, quien atrapa con los dedos sus tetillas erectas, jóvenes y desafiantes apretándolas de forma ruda, haciéndolo gritar bajito, y revolverse un poco. Esos dedos aprietan, soban, aprietan fuerte, duele, luego acarician y Renato chilla, aterrado, mirando como una erección espantosa se levanta del entrepiernas del otro. Una mano de Jorge le atrapa la nuca, obligándolo a ir a restregar su cara de esa vaina grande, dura, caliente, que lo quemaba tras el pantaloncillo.   

   Renato no esta seguro de qué sigue, pero no quiere saberlo, intenta golpearlo en las bolas, pero Jorge le atrapa el puño y aprieta, haciéndolo gritar, y la silueta de la tranca se frota de sus labios. Jorge le gruñe que si lo muerde le fractura los dedos, y aprieta. Renato chilla y esa vainota sigue frotándose. Pero Jorge quiere divertirse, lo atrapa por la axila derecha y la rodilla del mismo lado y lo alza un poco, dejándolo caer, brusco, de panza. Renato gime, todo le duele, no puede respirar, su cuerpo brilla de sudor, sus nalgas rojizas, altivas y redondas llaman la atención del otro que sonríe pasándose codicioso la lengua por los labios, le daría una buena lección. Se mete entre sus piernas, dándole golpecitos en los muslos que le provocan dolor y el otro se abre a lo que daba los faldones del traje, poco antes de que se lo saquen. Sus nalgas dejan abierta la roja abertura. Metido todavía allí, Jorge le atrapa y dobla, casi a punto de fracturárselo, el brazo derecho sobre su espalda, con rudeza.    

   El joven charlatán grita y aprieta los dientes, inmovilizado, cuando la otra manota soba sus nalgas, los dedos palpan la carne dura, turgente. A Jorge le encantan esos glúteos musculosos de machito. Lo nalguea, lo ve estremecerse, lo oye quejarse bajito, mira la mancha roja, le gustó. Azota una y otra vez, de una a otra, con rudeza, la palma le arde, pero es sabroso, piensa mientras sonríe y da palmadas sonoras. Y Renato grita lloroso que lo deje ir, que se disculpa. Pero a Jorge eso le encanta. Su manota soba y recorre con codicia esas nalgas de hombre. Le gusta poseer y someter a esos carajitos arrechos. Baja el rostro y besa de una a otra, luego muerde, suave, luego fuerte. Y más fuerte. Y Renato solloza mal. La lengua titila sobre el rojizo y lampiño ojete del culo, le gusta saborear un culito virgen, sometido, que sabe será suyo. La lengua recorre, se mete, y Renato gime ante tan extraño y horrible ritual, nunca antes le habían pasado la lengua así, jamás la cálida y viciosa lengua de otro carajo se había metido en su esfínter.   

   Jorge se endereza, no quiere darle placer. Pasa sus dedos, dos, por la espalda mojada, recogiendo sudor, y enfila hacia el culo y los mete, sin ceremonias. Los mete hondo y Renato grita, siente que se rompe. Duele y quema. Los dedos van y  vienen, cogen, Renato llora y se estremece todo, y eso encanta más al sádico, mete tres dedos, hondo, lo ve combarse, llorando a lágrimas vivas, suplicándole que lo suelte. Los agita, ese culito aprieta, calienta y hala sus dedos. No puede más, saca los dedos, con una mano baja su traje, no usa calzoncillo. Su barra titánica, cobriza oscura se enfila contra el abierto culito y aprieta. Renato grita, eso entra, rápido, al fondo, y casi se desmaya. Ahora Jorge lo suelta, semi recostado sobre él, semi arrodillado, con sus pelos pegados a esas nalgas. Retira el güevo, lo mete, saca y mete, cogiendo unas veces lentas, otras rápidas. Lo coge una y otra vez.   

   Renato chilla, lloriquea, pero siente un calor grande y poderoso; cuando esa vaina va y viene le provoca gemir, alzar el culo y que se lo cepillen bien, había algo que lo llenaba de ganas, de paz, de gozo, que lo hacía olvidar todo el dolor. Su culo va y viene ahora, abierto como una ‘o’, tragándose el grueso tolete, nervudo, largo. Las manotas de Jorge le atenazan las nalgas, lo coge con un ritmo frenético y le gruñe que sé que te gusta, mira como meneas el culo, eres una perra, mi perra. Lo echa de espaldas, lo mira, Renato parece sin fuerzas, los ojos bañados en lágrimas mientras ese carajo le tiene las piernas montada sobre sus hombros y sigue cabalgándolo, cogiéndolo duro, metiéndole esa vainota hasta el fondo de unas entrañas calientes, mojadas, que maman ese güevote. Le duele y le gusta, y eso lo adivina el otro que grita eres mi puta… y le llena el culo de leche bien caliente, es tanta que Renato siente la ardiente lava subiéndole al estómago, corriéndose también dentro del suspensorio.   

   -¿Satisfecho, puta barata? –pregunta Jorge parándose.   

   -¡Coño’e madre! Esto lo vas a pagar. –gimotea, sentadote.   

   -¿Qué, vas a decir que te cogí bien cogido y te corriste? –es cruel.- No digas idioteces. Ahora debes cuidarte de que yo no hable de cómo te meneabas, ni de tu tatuaje en la nalga o los dos lunares sobre el hueco de tu culo. Y puedo hablar, y tú no quieres eso, ¿verdad? Te gusta hacerte pasar por macho, pero ahora sabes que eres una perra caliente. ¡Mi perra! Abre la boca, quiero mear… -ordena, tajante. Renato se llena de odio, de rabia, las mejillas le enrojecen… y abre la boca. 

Julio César. 

NOTA: Es de mi otro blog.

18/05/2008 GMT 1

JAKE

jcqt1213 @ 04:19

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   Aquí, esperándote…   

   ¿No se ve muy lindo? La verdad es que lo de esta película y este muchachón ha pegado fuerte, y eso revertirá también en su vida. Hay papeles que marcan a las personas. A mí me encanta Uma Thurman desde siempre, pero desde Kill Bill, la primera, que no fue precisamente una maravilla, es una de mis amadas. Igual pasa con Milla Jovovich y sus cintas de acción, las del Residente Diabólico o Ultravioleta me encantaron. Lucy Lawless y su Xena, Princesa Guerrera, es una mujer que hace fantasear y soñar a cualquiera. En el caso de los hombres desde Harrison Ford, con su inolvidable Han Solo, para rematar con el gran Indiana Jones, o Matthew Broderick, con esa cara tan expresiva, justa para papeles dramáticos aunque actuara en cosas ligeras, no me pasaba esto con otro actor.   

   Jake Gyllenhaal (bueno, y Heath Ledger, QEPD) es ahora otro de esos astros que brillan en mi firmamento personal. Pero el más grande, el mejor de todos. Ah, ahora uno hasta descubre detalles que lo hacen especial y maravilloso en sus otras películas. La fama le llegó, y fuerte, lamentablemente fue con un característico muy duro, ojala sepa sobrellevarlo y no le pase como al pobre de Mark Hamill (a quien quise mucho también) o a la misma Carrie Fisher (la eterna princesa de la Galaxia). Aunque Jake parece más sensato, más serio y centrado. Tiene en su haber películas interesantes, algunas muy buenas en verdad que hablan de un carácter firme.   

   Sin embargo esa fama tiene sus zonas oscuras. Ahora va a estar bajo las lupas y microscopios de todos, de la gente que hurga en la basura de Britney para ver qué botó, y lo que encuentren es noticia seguida por todos. Su vida será excarvada, expuesta y hasta especulada. Por allí ruedan las fotografías donde anda con un amigo y se insinúa una relación homosexual, y sí lo fuera, ¿qué? Para mi modesto modo de ver, eso sería aún mejor, lo haría hasta más interesante al estar ‘disponible’ para todos (y aunque no parezca, lo digo en el buen sentido). Imagino que en esas miles de páginas de ‘literatura erótica’ en la red, ya debe ser protagonista de mil historias de todos los calibres, como pasa con tantos, desde Beckham a Tom Welling, el de SMALLVILLE.   

   Pero es su vida, tal vez se le comete una injusticia y eso lo lastime, porque afecta a sus familiares y amigos, y nos guste o no, rumores así pueden limitar una vida aún en esta época. Lo otro, que leí en un blog, era sobre un opinante que se disgustaba del cariño que se sentía por él en dicha página, de quien dijo que era homófobo, ya que en unas declaraciones había dicho que lo más duro, y lo que más le disgustó de firmar Brokeback Mountain, fue la escena donde tuvo que besar a otro hombre. ¿Lo dijo o no? Todo dependerá del contexto, y de la presión que sintiera. Aunque de este comentario también se dijo que fue expresado por Heath Ledger, el querido chico australiano.   

   Ay, Jake, ojalá sepas sobrellevar todo esto. Por mi parte, estoy de tu lado, aún contra aquellos que dicen que te quedó mal no asistir a los funerales del chico con Corazón de Caballero (gente entrépita), quién sabe qué sentías en esos momentos. 

Julio César.

TARDE DE ESCUELA… (2)

jcqt1213 @ 04:14

   En todas esas cintas pornos, los muchachotes parecen encontrar sexo del fácil. Se quitan las ropas y comienzan a gozar; y el usar esas lenguas en sitios recónditos es algo que hace pelar… los ojos con sorpresa.

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Julio César.

LUCHAS INTERNAS… (10)

jcqt1213 @ 04:07

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    ¿Es difícil entender por qué fantaseaba con él?   

   La biblioteca era un salón angosto, de paredes altas. Todas cubiertas de libreros. Sentado en un cómodo butacón, Germán lee un diario. Eric lo mira al entrar y siente emociones encontradas. Su padre nunca ha sido un hombre cariñoso, pero tampoco un ser cruel. Sin embargo, ahora lo veía bajo una luz nueva.  

   -Buenas tardes, papá. -le dice fingiendo animación.  

   -Eric, ¿dónde estabas? Hace casi una hora que Jaime me dijo que habías llegado.  

   -Yo... hablaba algo con Sam por teléfono. Y me encontré con Pedro. ¿Sabías que se va de la mansión? -suena algo culpable por mentirle. Siempre ha tenido la sensación de que sus padres podían adivinarle el pensamiento.  

   -Si. Tu madre me lo dijo. Es una pena. Pensé que estaba contento aquí. Pero parece que encontró algo mejor. Espero que le vaya bien. -le indica un sillón frente a él.- ¿Muy difícil la junta? Imagino que ahora Frank es copresidente, ¿no es así? -Eric toma asiento.  

   -¿Sabías que lo harían?  

   -Era lógico. Era eso o... defenestrarte. Y nunca creí que se atrevieran a tanto.    

   -Casi. -dice molesto. Lo mira fijamente.- Papá, ¿por qué siempre te opusiste a que Ricardo Gotta fuera socio? Recuerdo que casi alentaste a Aníbal López para que comprara acciones de La Torre cuando decidieron fraccionarla, pero no a Ricardo. -el otro hace una mueca.  

   -Nunca me gustó Ricardo. Es un hombre que te sonríe y te da la mano mientras piensa cómo apuñalarte por la espalda. Él... tiene sus propios planes. Intenté salir de él hace tiempo, pero ni Aníbal, Norma o los socios minoritarios me creyeron cuando les dije que ese tipo nos traería problemas. No me gustaba la gente que llevaba al bufete. -Eric lo mira duro.  

   -Sin embargo, antes de irte, dejaste que la firma se llenara de basura. -lo acusa.  

   -¿De qué hablas? -se molesta, encarándolo.  

  -Del diputado Guzmán Rojas y del general Bittar. Son poco menos que delincuentes y tú lo sabes bien. Sin embargo son los grandes clientes preferenciales de la firma. Y están ahí desde tus días al frente de todo.  

   -Son negocios, Eric. La firma siempre los ha hecho con el gobierno de turno. Siempre ha habido gente acusada de manejos ilícitos, de corrupción. El deber de una firma de abogados es prestar asistencia legal a la gente que los solicita.  

   -Papá, hablamos de un traficante de armas. De alguien que... entrega pistolas y fusiles a criminales que ahora están armados. -casi alza la voz. Germán lo contiene levantando una mano.  

   -Un presunto traficante de armas. No lo olvides, hijo, un hombre es inocente hasta que se demuestra la contrario. -Eric lo mira impactado.  

   -¡Armas, papá! Con eso matan gente. ¿Quieres a La Torre mezclada en eso?  

   -Es sólo un rumor. Una denuncia. Algo de política. -suena angustiado y exasperado.- Por Dios, no me extraña que los socios te peleen. No estás dirigiendo un té canasta de la Iglesia. Es un bufete de abogados. Debes tener en cuenta tus prioridades. -se inclina hacia él.- Debes moverte con cuidado o Frank Caracciolo te sacará de allí, con el beneplácito de todos. No dejes que Frank te acorrale. Abre los ojos...                    

                                                     ....................   

   Las sombras caen sobre Caracas. Todo el que quiere vivir la noche, sale lo más arregladito que puede. Es una noche muy cálida, vibrante. Embriagadora. Hombres y mujeres buscan un escape en un país tenso, cercado de problemas, con un Gobierno que desgobierna, amenazando, gritándoles a todos, retando al mundo, y sin resolver un sólo problema real. La gente vivía con cierta urgencia, con desesperación, como sí cumplieran la máxima aquella de: a tirar, a tirar, que el mundo se va a acabar.  

   En un botiquincillo íntimo, no feo o vulgar, Eric (con cara de dolor de muelas), Sam, Lucas, Néstor, Alirio y Renato, toman cerveza alrededor de una mesa. Discuten sobre el negocio que tienen y que iniciaron hace dos años, una constructora. Las cosas no iban muy bien que digamos, toda la rama de la construcción atravesaba una crisis. Sin embargo Lucas  pensaba en un proyecto propuesto por la gobernación del estado Miranda para la construcción de unas casas en zonas rurales. No todos parecían convencidos aunque Lucas insistía.  

   -Debemos hacerlo. La compañía necesita activos. -dice el hombre a la defensiva.  

   -Desde que te conozco, la compañía está al borde del desastre y necesita activos. -se queja, no muy hostil, Néstor Lobo, tomando su cerveza.- Parece que no te sabes otra letra.  

   -Escúchalo, él y tú dirigen igualito. -bromea Sam con Eric, quien hace una leve mueca.  

   -¿Y a ti qué te pasa? Tienes una cara de dolor de bolas desde que llegaste. ¿Irene no quiso dártela antes de salir? -se burla Alirio, riendo como conejo.  

   -¿Por qué será que los que nunca encuentran una mujer ni para que les deje darle una güelida de cuca siempre hablan así? -lo reprende Lucas. Todos ríen.  

   -Tú ni te imaginas cuantas me la dan. -bromea.  

   -Si fuera así, no tendrías ese callo en la mano de hacerte la paja. -dice con voz lenta, Renato, guiñándole un ojo a Sam que ríe, pero que también piensa furiosamente para sus adentro mientras lo mira intrigado: ¿sería pato? Siempre lo desconcertaba.  

   -Estoy bien. Al menos mejor que la compañía esta. -dice Eric, tomando su cerveza. Sam lo mira fijamente.  

   -Entonces, ¿qué hacemos? ¿Trabajamos con la gobernación de Miranda o no? Ese Meléndez no es un mal gobernador. Por lo menos trabaja.  

   Después de discutirlo un buen rato, todos aceptaron a regañadientes el tratar con la gobernación mirandina, aunque con reservas, ¡era tan difícil cobrarle a la gente en el poder!, para dedicarse a hablar sobre perdidas y ganancias, así como de la inversión que debían aportar para encarar a los contadores de la gobernación.  

   -Tú me sacas más plata que mi mujer. -se queja, amargamente, Néstor.  

   -También te da más que tu mujer. -ríe Renato.  

   -¿Qué te pasa? Tienes una cara de caligüeva... -le pregunta Lucas a Eric, tomando más cerveza.  

   -Los negocios. Sam tiene razón. Yo estoy con La Torre como tú con la constructora. Necesito más y más plata. -no nota que Sam le hace una seña como para que no hable. Alirio sí la nota. Sam piensa que no es bueno hablar tanto de las cosas internas de la firma.- La gente no está contenta conmigo. Dicen que filtro muchos casos y perdemos real. Pero es que esa gente a la que boto son unas ratas y yo no quiero... -calla como notando que habló de más.  

   -Si no te gusta tratar con ratas y ratones, no debiste ser abogado. -sentencia Néstor.- Aunque a veces uno queda atrapado en sus pesadillas. Mírame a mi, urólogo. Y con el asco que me dan los carajos chinos. Si ellos supieran con cuanto desprecio los toco. -pone cara de asco y se estremece teatral. Algunos ríen.  

   -¿Has ido a un urólogo? -le pregunta Sam a Renato a su lado, sin saber por qué.  

   -Una vez. Ya conocía a Néstor, pero ni loco hubiera ido con él. -baja la voz acercándosele.- ¿Te imaginas todo lo que habría contado de mí en cuanto yo me fuera? -ríen escandalosos.  

   -Y para colmo, la junta nombró a otro jefe. Un cojefe... -ríe.- Eso sonó a grosería, ¿verdad?  

   -Como a coge jefe. -ríe Alirio, chillón.  

   -Todo lo tuyo son cogidas, estás como obsesionado con eso. ¿Hay algo que no nos has dicho, Alirio? -le pregunta Néstor, tomando un buche de cerveza como para enjuagársela, tragándosela luego.- Habla con confianza, somos tus amigos y ya muchos te creemos maricón.  

   -¡Güevón! -casi le grita, cuando una joven pasaba, mirándolos feos.  

   -Dejen las groserías, pila de coños’e madres cogidos. -se burla Renato.  

   -No te pongas así, papá. En el país todo va mal. -le dice Lucas a Eric, indiferente a la conversación de los otros.  

   -¿Han visto las interpelaciones? -pregunta Alirio.- Eso da dolor de culo verlo. -se refiere a la pantomima montada por el Gobierno para interrogar a un grupo de personas ligadas o no a los eventos de abril que terminaron en la masacre, la caída del régimen y su resurgimiento, todo en ese desastroso año del dosmil dos.  

   -Son unas ratas. -sentencia Sam.- Ahí lo que se debería estar buscando es quién disparó y mató a esa gente. El crimen fue asesinar a esa pobre gente desarmada. No marchar. -ataja duro. Eric lo mira, sintiéndose mal.  

   -Es lo que yo digo. Que busquen a quienes dispararon, pero también a quien los contrató. Al que les dijo suban ahí que nadie los va a molestar, ni helicópteros ni Guardia Nacional. A quien le dio las armas y los entrenó. Alguien tiene que haber traído esas armas y entregársela a esos asesinos. En alguna parte debe haber un papel que diga tal día, tal sujeto compró tales pistolas o metralletas. Es a esos  coños’e madre a los que hay que atrapar y mandarlos a El Rodeo. -dice Lucas, mientras Sam nota que Eric se pone más y más tristón.  

   Poco después, todos se despiden y se van. Sam se las arregla para retrasar a Eric...  

...... 

   Las sombras solitarias de la construcción podían resultar alarmantes o deprimentes para algunos. No para Lucas. Él sabe de esas cosas. Él sabe qué de ese desorden, de ese caos, surgirá algo sólido, hermoso y funcional. Es su vida. Es lo que hace desde niño y le gusta. Es algo que él fabrica con sus manos, con su esfuerzo, con el día a día. Detiene el carro cerca del remolque que funciona como oficina en trabajos de campo. Es tarde, pero tiene que hacer esa llamada tan importante. Sonríe al recordar la última vez que llamó. ¡Como se alegrará cuando le cuente lo que había averiguado esa noche!  

   Mira en todas direcciones. ¿Dónde estaba Pepito? Ese carajito no servía para guachimán. Lo contrató porque conocía a su papá desde hace tiempo. Bebían cerveza juntos de vez en cuando. Y ahora porque el muchachito había resultado caliente. Con un estremecimiento lujurioso recuerda los besos de esa tarde y las sobadas. Hacía tiempo que ningún carajito así, lo había excitado tanto. Pensó que ya no pasaría más. A pesar de su fuerza, de su porte vigoroso, ya estaba en los cuarenta y tantos. Tenía una vida hecha y debía enderezarla del todo. No quería que Socorro, su mujer, volviera a formarle un peo y plantearle la separación como cuando supo de Lupita. Y si sabía de Pepito, lo mataba.  

   Entra al trailer, diciéndose que mañana hablaría con él. Debía ser más cuidadoso con la propiedad. Para eso le pagaba, no para que le diera el culo, aunque también se agradecía. La oficina está a oscuras, enciende una lamparita de mesa, un toque coqueto que desconcertaba a todo el que venía. No podía decirles que fue cosa de Lolita (otra más), Socorro podría saberlo. Toma el teléfono y marca una serie de números que parecen el de dos cédulas de identidad juntas, por la cantidad que son. Espera y más tarde relata lentamente los acontecimientos del bar a alguien. Calla. Oye. Responde. Aclara un punto o dos. Después de diez minutos, cuelga. Le sienta un poco mal hacer eso, hacérselo a sus amigos, pero...  

   Bota aire, cansado. Nota que algo se mueve tras él, cuando se abre la otra puerta del trailer, por lo que gira con brusquedad en su silla, el hacer esa llamada lo llenaba de algo de culpa y cuando la conciencia no está tranquila, todo alarma. Se trata de Pepito, que le sonríe recostado en el marco de la puerta. El trailer está en penumbras y como del patio penetra la luz de una potente lámpara, Lucas ve que el joven, delgado y sonriente, viste únicamente una franelota blanca que le llega un poco por debajo de los muslos. Y que está desnudo debajo de eso.  

   -¿No deberías estar de guardia? - le pregunta ronco, mirando la joven silueta, sintiendo como su güevo se endurecía bajo el pantalón. El cachorrito se veía bien caliente.  

   -Eso hacía; vigilaba su regreso. -le sonríe traviesamente.  

   -Mejor déjalo así, Pepito. Anda a ver televisión o a masturbarte... -intenta resistirse, pero sintiendo que el tolete le duele un poco de lo erecto que está dentro del pantalón. No puede olvidar que es hijo de un amigo. El chico sonríe, alcanza a notar la erección.  

   -Lo que necesito, no puedo dármelo yo solo, aunque quisiera. -dice ronco, apoyando la espalda del marco con un aire de abandono, mirándolo lascivamente. Al coño, pensó Lucas.  

   El hombre se para y va hacia él, que sonríe excitado y temeroso. Le nota le enorme tranca contra la tela del pantalón caqui. El hombre quiere decirle que es un error, que se vaya, o algo, pero lo recorre con la mirada, lo atrapa por un brazo y con rudeza lo atrae hacia sí. El joven con un leve jadeo de excitación, responde. Los dos se trenzan en un abrazo apasionado, caliente. Sus bocas se unen anhelantes. Lucas besaba con rudeza, con fuerza, experto. Su lengua invadía, lamía y atrapaba, mientras tragaba la saliva del otro.  

   Pepe, con la boca intervenida, sólo podía jadear, sintiéndose débil ante esa tibia lengua que lo acariciaba tan íntimamente. Sin abandonar esa boca dulce, las manotas del macho recorrían la espalda del joven, sobándola, palpándola, clavándole los dedos. Finalmente cayeron sobre sus nalgas, aferrándolas con furia, intentando abrírselas, separarlas debajo de la franela. El joven chilla y eleva el rostro cuando el otro, dejando su boca, le atrapa el lóbulo de su oreja izquierda, mordisqueándola, provocándole oleadas de excitación. Los dos güevos erectos se frotaban uno contra el otro a pesar de la ropa.  

   Cada uno sentía que la leche ya se le iba a salir de lo cachondo que estaban. Las manos del joven recorrían con ganas, con deseo de sobar y explorar, los pectorales recios del otro, aplastándolas contra sus tetillas graníticas, sintiendo el loco palpitar de su corazón. Mientras esas bocas desesperadas y hambrientas de placer y lujuria vuelven a unirse, Pepe se dice que este si es un machazo. Un carajo grande y viril. Ya tenía tiempo experimentando con amigos y compañeros de clases, pero eran sólo muchachos comparados con este tipo. Siempre le gustó; cuando iba con su padre y jugaban al béisbol y cosas así, él no podía apartar sus ojos de él, de sus entrepiernas, de su torso sudado. Si se quitaba la camisa o la franela, era una locura. Cuanto lo deseaba...  

   Lucas se separa un poco, mirándolo lujurioso, sus manotas caen sobre el cuello de la franela y la hala, rasgándola con una facilidad abismal. El chico queda desnudo, jadeante, rojo y con el güevo erecto. El otro se lo mira y hace una mueca aprobatoria. Con un movimiento brusco, lo alza en brazos, llevándolo hacia el sofá. El joven lo mira respirando agitado, totalmente subyugado por él. Lucas lo deposita boca arriba en el sofá y cae sobre él, besándolo. Su lengua lo lame por los labios, la barbilla y las mejillas, saboreándolo con ganas. Se para y se quita lentamente la ropa. Su torso se ve agitado, subiendo y bajando, se quita los zapatos y pantalones. El bóxer muestra la gran erección. Se lo quita y nuevamente el joven mira el increíblemente enorme tronco. El hombre se agacha a su lado, le atrapa el güevo con una manota y su pulgar se frota de la roja cabeza. El chico jadea y gime, siente ganas de revolcarse. Cada paso de ese dedo despierta más deseos, más ganas. El hombre sonríe, ¡que caliente estaba ese muchacho!; bueno, era la edad, a sus años siempre se estaba caliente, siempre se quería amar y gozar del sexo, no tenía nada de malo.  

   Saca la lengua y como quien lame una chupeta, la posa en la base, entre las bolas, El joven grita contenido. Las bolas se contraen dentro del saco. El güevo palpita, y mientras lo recorre muy lentamente, Lucas lo siente endurecerse y calentarse más. Lo siente rico contra su lengua, tiene la boca llena de saliva. Su lengua lame la roja cabeza y le da leves lengüetazos. El joven gime, sus piernas se tensan. La boca de labios gruesos rodea la punta de la cabeza y le da leves besos, lame lenta y profundamente. Y Pepe le parece que la vida se le va por ahí, una gota espesa de jugo sexual escapa, y Lucas la paladea, agridulce, salina, en su boca. Ese chico no va a aguantar mucho, pronto se correrá, se dice Lucas, estimulado al máximo.  

   -Pepe, no soy un muchacho. Soy un hombre adulto, si te cojo... puede ser doloroso. -le dice Lucas mirándolo. El joven le sonríe.  

   -Cógeme, papi...  

   Lucas sonríe más, eso es todo lo que necesitaba oír. Se pone de pie y la tranca le resalta como una lanza. Negra. Nervuda. Enorme. Pepe contiene un jadeo de deseo, y su culo sufre un involuntario espasmo de anticipación. El hombre le atrapa con las manos los tobillos, abriéndolo, inmovilizándolo. Dominándolo. Mira al joven sonriente, mira su güevo blanco, sus bolas, la hendidura del culo; y el tolete se le vuelve de acero, mirándole el titilante agujero. Lo hala y las caderas vienen hacia él, hacia el borde del sofá. Se tiende algo sobre el joven y sus caderas suben y el culito queda viendo hacia arriba. Monta el tobillo derecho en su hombro, con la mano aferra su tolete y mira fascinado como la morada cabezota se frota contra la sonrosada raja, como se aprieta contra el lampiño y rojo culito. Pepe jadea sintiendo la suave, dura y tibia masa contra su entrada secreta.  

   El carajo se calienta como nunca, le parece que no ha visto otro culo más bonito y deseoso de ser llenado, saciado. La negra mole se frota, empujando. Pepe jadea entre dientes. El tolete va clavándose lentamente. La cabeza se incrusta, caliente. El joven gime, eso quema y desgarra, duele un poco, pero lo enciende todo. Lucas gruñe; ese joven culito apretado, que se resiste, ahora comienza a apretarle y soltarle el tolete. Lo clava más. Pepe lanza un alarido, de deseo. Debajo de las piernas del negro, se ven sus dos bolas enormes, su tolete largo, grueso, tieso y nervudo, semimetido dentro del rosado culo de aquel muchacho que tiene las piernas muy abiertas. El hombre jadea, sonríe y apretando los dientes empuja más y más, clavándoselo con ganas. Pepe chilla, sus caderas se tensan ante el asalto, su culo aprieta más el güevo, queriendo pararlo, pero deseándolo también.  

   Centímetro a centímetro, Lucas se lo clava  todo, hasta los pelos, sus bolas descansan sobre el nacimiento de la raja interglútea del otro. Pepe grita, sudando, revolviéndose sobre el sofá. El negro sonríe, lo ve hermoso así, caliente y deseoso de sexo duro. Echa el rostro hacia atrás y lanza un gemido, sintiendo como ese culito lo amasa, lo soba, lo chupa. Ese culo cálido quiere comérselo todo. Lo saca unos centímetros y se lo clava. Lo saca un poco más y vuelve a enterrárselo, agitándolo con la fuerza de sus embestidas que lo aplastan contra el sofá. Pepe chilla, agudo, con una voz de falsete, agarrándose el güevo, que teme le vaya a estallar por todas las deliciosas sensaciones que lo recorren, excitándolo más aún. Ese monstruo clavado en su culo lo hace casi sollozar cuando entra poderoso, quedándose allí, palpitándole adentro, calentándolo con su fuego mágico. Lucas, con un bramido, alza más los tobillos de Pepe, alzándole algo más las caderas, mientras su güevote va y viene contra el rico agujero. El güevo sale casi todo para luego clavarse con ganas, con deseos de aplastarlo y machucarlo contra el mueble. Sale y entra, enorme y vigoroso. El güevote brota del rojo culo como si fuera demasiado grande para él, es cuando Pepe gime, agudo, para luego volver a enterrarse todo, hasta que los crespos pelos púbicos del hombre se pegan del bajo bolas del joven. Lucas lo deja enterrado, mirando como las bolas del muchacho se agitan contra su cadera.  

   Con esa tranca en sus entrañas, Pepe chilla, sintiendo como crece más, como palpita, como suelta algo caliente que le sube, llenándolo de lujuria, de más ganas. Su culito echa candela ante la invasión de esa tranca. Lucas le monta los tobillos en sus recios hombros, sus manotas bajan hacia sus nalgas, atrapándolas. Lo alza un poco, lo agita. Lo mueve. Pepe chilla, así siente que el tolete lo taladra más, moviéndosele adentro como una barra de candela. Sólo puede jadear, gemir y sudar, débil, dominado por ese macho que lo cabalga hacia la gloria.   

   No pasa mucho tiempo antes de que Lucas repose boca arriba sobre el sofá. Pepe está sobre él, montado a hojarasca sobre sus caderas. Mira al hombre con deseo, sumiso, ardiente. El enorme tolete, erecto como un mástil, choca contra las blancas nalgas. Pepe eleva las caderas, sus nalgas están muy abiertas, el culito se ve cerrado, pero se frota contra la negra cabezota. Lentamente se lo va metiendo todo, jadeando feo, apretando los dientes. El culo baja y baja sobre la dura tranca. El otro pasa saliva, con deseo. Pepe jadea y termina de caer sobre el güevo, enculándose, empalándose hondo. El culo esta totalmente invadido con esa barra caliente. El hombre chilla bajo, apretando los dientes, siente ese peso rico sobre sus caderas; Pepe pesa, y su cuerpo tibio se siente delicioso, pero lo mejor era el culo que amasa, aprieta y chupa su güevo. Pepe sube un poco y vuelve a caer. Sube y baja, lentamente; pero luego con más fuerza, rítmicamente. Los dos jadean. El tolete sale y entra dentro del ardiente culo. La gorda tranca aparece y desaparece cuando el culito de Pepe sube y baja, viéndose pequeño para ese garrote.  

   Vistos por una ventana, se habría notado las tensas piernas de Lucas, con sus dos bolas colgando, con las nalgotas abiertas del joven que sube y baja sobre la dura tranca. Cuando se lo mete todo, y Pepe chilla, sólo un pedacito de güevo se ve. La blanca y sudada espalda del joven se agita, subiendo y bajando. Pepe baja el rostro hacia el otro, sus manos caen a los lados de su rostro, echando el cuerpo hacia adelante. El culo sube y baja, con ganas, con fuerza. Frenéticamente. Parece un vaquero cabalgando sobre un potro, y a cada sacudida de su cuerpo, el güevo entraba y salía de sus entrañas hambrientas, pero bien atendidas ahora. Lucas jadea, medio levantándose atrapa el rostro del muchacho y sus bocas se unen en un beso húmedo y mordelón. Las caderas del macho  suben y bajan ahora, clavando al muchacho, cogiéndolo con rudeza. Ese culito caliente ya está más dilatado. Mientras salta y suda sobre sus caderas y su güevo, el hombre le atrapa las erectas tetillas y las soba, las aprieta, dándole más gozo al muchacho. El güevo del joven cae y se frota contra el vientre del macho una y otra vez, golpeándolo, masajeándoselo así.  

   -¿Te gusta? ¿Te gusta...? -ruge bajito Lucas.  

   -Hummm, sí... ahhh... ahhh... -gime el joven, sudando a mares.  

   Lucas, caliente como el infierno, se medio sienta y atrapando al muchacho entre sus brazos recios, lo besa ardiente, con ganas, con lujuria. Lo deja clavado contra su tranca, que queda muy dentro del ardiente joven. El güevo palpita y se estremece, corriéndose dentro de Pepe en un estallido de vida, de sexo, de pasión. Pepe grita, sin ambages, sintiendo como esa cálida explosión lo inunda, haciéndolo casi desmayarse en los brazos del hombre. Lucas sonríe ante el chicuelo, jadeando, intentando respirar de nuevo, pero sintiendo una nueva oleada de semen que escapa de él. ¡Vaya chico!, tendría que atenderlo aún mientras se corría...   

......

   Sam y Eric toman a solas sus whiskys. Eric amargado habla de que tiene ganas de mandarlo todo al coño desde que Aníbal y Ricardo lo citaron a aquella junta para decirle que reprobaban su gestión, para recibir luego a Frank y convocar a la nueva reunión donde casi lo echan. Comenta lo que habló con Germán sobre Guzmán Rojas y el general Bittar. Y que oír lo que dijo Lucas sobre la gente que disparó y los que les dieron las armas, lo deprimió.  

   -Te dejas afectar muy fácilmente. -lo reprende Sam, palmeándole con rudeza, la espalda.  

   -Ya hablas como papá. Estamos hablando de armas, de gente que dispara con esas armas y de gente que muere por esas armas. -suena dolido y amargo. Sam bota aire.  

   -Entonces, lo que hay que hacer es sencillo: saber sí la firma tiene algo que ver con eso, ¿no? Tampoco a mí me agrada la idea de ser cómplice de asesinos, porque eso es lo que son en definitiva los que dispararon contra esa gente ese día, y quienes los mandaron allí. Creo que un buen inicio sería ir tras William Bandre.  

   -Si... es lo que hay que hacer. -se dice como poco convencido. ¿Y sí La Torre...?, menea la cabeza. No quiere pensar en eso.- Y yo puedo intentar algo, por mi cuenta... -sonríe leve.- Te sorprendería saber a quién me presentaron hace cinco días en una cena. Pero no, no te lo voy a decir todavía. Voy a concertar una entrevista primero. -suena animado. Sam pone cara de preocupación. Algo lo inquieta.- ¿Pasa algo más? Tienes cara como de dolor de vientre. –se burla.- ¿Linda te los pegó?  

   -Eric... se supone que ustedes tienen algo así como un maricarradar, ¿no?...   -¡Sam!   -... ¿Tú crees que Renato... es pato? -se ve chismosamente interesado, casi burlón.  

   -¿Qué? ¿Lo quieres encular? 

CONTINUARÁ… 

Julio César.

CARARABO

jcqt1213 @ 03:43

   Hace algún tiempo oyendo las declaraciones del canciller colombiano Fernando Araújo, dadas en algún punto de Estados Unidos a un reportero, le oí una historia que me dejó pensativo durante un rato. Hablaba el buen hombre del tiempo que estuvo secuestrado por la guerrilla criminal que ha mancado la vida de Colombia durante tantos años. De hecho hizo dos comentarios que a mí me parecieron relevantes: uno era que la guerrilla escuchaba al presidente Chávez, de mi país, como quien oye hablar a un profeta. En seguida se comenzó una polémica sobre si el hombre quería implicar o no al Presidente con esos grupos. Creo que se trató de una rara ingenuidad del colombiano (¡cosa que es tan extraña, como un Secretario General de la OEA defendiendo la Carta Democrática!), y algo tomado fuera de contexto ya que él no insinuó nada. De todas formas es nuestro propio Presidente quien se pone en la picota cada vez que abre la boca, llamándose amigos de grupos criminales; lamentablemente no hay nadie con suficiente personalidad para recordárselo cuando vocifera como gorila bajando de un árbol contra quienes lo nombran, y eso que se mete con todo el mundo, contando con la poca hombría de tanta gente y la total inoperancia de tantos Organismos Internacionales que de verdad no sirven para nada como no sea para gastar dinero en su mantenimiento.   

   El segundo comentario que hizo el colombiano fue sobre el horror que vivió como rehén de esos maleantes. Un segmento me fue particularmente escalofriante, comentaba que al estar en uno de los campamentos en pleno monte, oyeron rumores de que las fuerzas armadas colombianas estaban acercándose y la guerrilla se disponía a abandonar el punto, corriéndose la conseja de que matarían a los prisioneros dejándolos abandonados en la espesura. El hombre cuenta que él, y otros, tomaron objetos filosos y cortantes, y cada uno escribió en sus carnes su nombre, por si los mataban y botaban (como basura, así siempre ven estos criminales mesiánicos a los demás) por ahí. Así, si alguien los encontraba, supieran quiénes eran y fueran remitidos a sus familias. Dijo que lo hacía porque no quería terminar como un muerto sin nombre, en una fosa en la selva, olvidado, o dejar a su familia con la eterna angustia de saber si vivía o no. Para uno que se pincha a veces con una aguja y es tan desagradable, imaginarse el mutilar la carne para escribir algo legible le suena extraño. ¿Qué pensamientos cruzaban por esas cabezas mientras se dedicaban a identificar sus posibles cadáveres? Es difícil entender en toda su magnitud una acción como esa así como estoy yo, cómodamente sentado en mi casa. Su historia, marcar su carne prisionero de asesinos violentos, me recordó cuentos de los campos de concentraciones nazi durante la Segunda Guerra Mundial, de cómo hubo personas que se dedicaron a cazar luego a los criminales, y en los juicios subían las mangas de sus ropas para mostrarle a la Ley, y al mundo, que sí habían sido prisioneros y que fueron marcados como animales.   

   Todo eso me llevó a recordar la masacre de Cararabo, algo que hoy parece olvidado en un país sacudido por delitos de Lesa Humanidad cada uno peor que el otro. La noche del 26 de marzo de 1994, en el puesto fronterizo fluvial de Cararabo, a pata de mingo de la frontera con Colombia, un destacamento de la Armada fue atacado por un grupo de irregulares colombianos, de los que se hacen llamar ejércitos de esto o aquello, pero en la práctica son brazos armados del narcotráfico. El ataque había sido bien montado y estudiado. Sabían cuántos eran en el puesto, qué armamento tenían y hasta con cuáles medios de comunicación contaban. Los puntos de posible ayuda también habían sido cubiertos, sabían que les sería difícil recibir ayuda. Toda esa información había sido dada por venezolanos enemigos de la paz del país en esa época. La mesa estaba servida para un sensacional ataque en territorio venezolano. Los irregulares querían mostrar garras y colmillos.   

   Poco después de las diez de la noche de tan álgido día, un grupo cercano al centenar rodearon el lugar. El primer disparo de FAL se produjo menos de un cuarto de hora después, y el centinela, atrincherado en uno de los nidos de ametralladora murió sin darse cuenta de nada (eso espero), con el rostro destrozado, como dice la canción de Rubén Blade que murió Andrés al lado de padre Antonio. Con el arma disponible, volviéndola contra las instalaciones, desde el nido comenzó el ataque en serio contra los infantes venezolanos.   

   Los nacionales se defendieron con razonable eficacia, tal vez más movidos por la desesperación, o el miedo mondo y lirondo, ese que siente la rata acosada en una esquina que viéndose incapacitada de escapar se lanza al ataque con furia suicida. Rodeados, atacados desde los nidos de ametralladoras y destruidos los pocos medios de comunicación, imposibilitando la pedida de ayuda, los infantes estaban a merced de sus salvajes atacantes. Sólo podía contar con ellos mismos, librados a sus fuerzas… y a su suerte. Los pocos más de treinta hombres que defendían el fuerte apache estaban distribuidos a todo lo largo del puesto, por lo que los irregulares lograron separar pequeños grupos, a los que atacaban con singular poderío de fuego. Y sin embargo los muchachos se defendieron bien, como gatos patas arribas, como hombres, al menos mientras duraron las municiones. ¿Qué habrán pensado o sentido en ese momento? Tal vez algunos estudiaron la posibilidad de rendirse, y que con eso terminara todo. Dios, pobres muchachos…   

   Los detalles dantescos y grotescos de las salvajadas cometidas por este grupo de mal vivientes, con prácticas aberrantes (y con lo mucho que sus representantes y aliados en la lucha contra la gente decente gustan de acusar a los Estados Unidos de genocidas), fueron de tal gravedad que la sangre de todos lo venezolanos hirvió de indignación. Porque ese ataque había sido el producto de la debilidad de Venezuela y Colombia en el enfrentamiento total y definitivo de este grupo de hampones a los que se les dejaba hacer, decir y existir. Los cadáveres de los infantes, colocados en filas, fueron profanados, porque más allá de la muerte debían continuar enviando un mensaje: no se les quería por ahí, el dinero de las drogas hablaba claro y con fuerza. A algunos se le cercenó la garganta y por ahí les sacaron las lenguas, en el llamado ‘corte de corbata’, práctica que parece común de la mafia en sus ejecuciones. A otros le costaron los testículos y se los colocaron en la boca. Y estuvo el caso del joven, quien aún vivo y suplicando por su vida, le metieron una granada fragmentaria dentro del pantalón. Cómo debieron reír al verlo chillar y revolcarse dentro de sí intentando sacar la granada. Qué momento. Qué cómico debió parecerles, eso debió ser lo mejor de la noche para esos valientes guerreros. Uno se imagina al joven gritando, totalmente enajenado de miedo manoteando por sacar la granada y entiende la risa de esa gente, de esos dignos luchadores sociales, ¿verdad? Al estallar debieron vomitar de tanto reír.   

   Así, esos jóvenes venezolanos, sacados de calles tal vez como las de Caracas o Maracay (por esos tiempos aún existía la recluta obligatoria, donde agarraban al más bolsa y lo enviaban al peor de los punto fronterizo) encontraron la muerte. Los reclamos no se hicieron esperar, la gente andaba molesta con los colombianos, como si ellos fueran los únicos culpables de que la frontera, del lado venezolano, no estuviera bien resguardada, o los puntos de control mejor organizados, o la Inteligencia Militar mejor informada, o que los equipos de radio no fueran los idóneos. Porque en medio de todo ese horror, los marinos no pudieron ni pedir ayuda porque los equipos de comunicación no funcionaban. No eran los adecuados para la zona; porque en Venezuela todo es negocio, y los contratos militares siempre dan ganancias, ¿qué tal vez mueran unos pobres idiotas como resultados del negocito? Bueno, ellos (los traficantes de contratos) están dispuestos a correr ese riesgo, como ahora se hace con países como Rusia o España. El mundo gira y se mueve… para caer siempre en el mismo punto.   

   De esos días recuerdo al periodista José Vicente Rangel, quien tenía un programa de opinión en el canal de televisión Televén, que era impelable. Se le debía ver cada domingo de forma casi obligatoria, de lo contrario uno se sentía mal, José Vicente Hoy era el programa del momento. Recuerdo que al hombre, ya viejo, el bigote blanco le temblaba de indignación, arrecho por aquella barbaridad. Se le veía casi al punto de soponcio ante tanta bestialidad innecesaria. El hombre denunciaba que las fronteras eran zonas libres, tierras de nadie para criminales, que la guerrilla y los narcotraficantes, trabajando de la mano, aterraban a los residentes de la región obligándolos a irse para hacerse con haciendas y terrenos. Gritaba que eso no podía ser, que era un peligro nacional y violaba la soberanía. Lamentablemente el señor José Vicente Rangel era un hombre sano y la vida le dio tiempo de llegar a ser vicepresidente de esta morisqueta de república de quinta. Y para asombro de todo el mundo, o al menos para los que no le conocíamos esa vena ruin, se le vio aceptando y defendiendo a estos grupos criminales. Lo que ese tipo había sido ayer, hoy no más. La vida lo castigó dándole más tiempo para permitirle al mundo verlo convertido en una piltrafa, en un aguantador, un tenedor, un traidor. Y lo hizo a conciencia, saboreando a cada momento sus delitos.   

   Y así, de asesinos de venezolanos, de enemigos jurados de Venezuela y su sistema de vida medio vivible al que siempre quisieron destruir, esa gentuza se convertía en aliados, en hermanos de lucha, en ejemplo de dignidad y decencia, y los muertos venezolanos, muertos debían quedar, y si se les olvidaba, mucho mejor. ¿Se dejó de secuestrar, torturar, chantajear o asesinar venezolanos por esa alianza traidora a los intereses del país? No, porque ni eso fueron capaces de conseguir los muy inútiles, pero eso no importaba, un secuestro aquí, un muerto allá, ¿eso a quién le interesa? De lo único a preocuparse era de acallarlo en la prensa, que no se hable y todo resuelto. En la mente del cogollo ruin que maneja al país hay una sola idea: que la frontera se hunda y se cojan todo eso, mientras el ejército esté en Caracas, Maracay y Valencia para contener a los ciudadanos a los que se les ocurra salir a gritar basta ya de tantos delitos. Sin embargo, y debo decirlo en forma totalmente egoísta, como ciudadano de un pobre país que antes fue una República que ni instinto de supervivencia o soberanía tuvo, uno debe verle la utilidad a la guerrilla colombiana y todo su aparato de terror y muerte.

   ¿Quién, dentro de todo el espectro sudamericano puede dudar de que si Colombia fuera un país en paz y cohesionado ya no controlaría la mitad del subcontinente? Nadie. Esa gente tiene la tenacidad y laboriosidad, la responsabilidad y disciplina para convertirse en una superpotencia, algo mayor que Brasil, tal vez del tipo de Canadá. Tienen recursos naturales, pero sobretodo una clase media racional y una oligarquía responsable que sabe que por encima de todo está Colombia, su paz, su crecimiento y su defensa. De estar unidos, ¿quién podría pararles el trote, sobretodo paisillos que cada tres años tumban y cambian el gobierno porque no transforma el agua en vino o las piedras en oro, o esperan que el Mesías los lleve a la tierra de promisión? ¿Que puede un país desmoralizado, desgarrado y decadente como la pobre Venezuela en estos momentos contra una ofensiva diplomática colombiana en toda la regla y un ejercito rearmado y dirigido por altos mandos graduados en la lucha contra delincuentes peligrosos y enloquecidos, y no vendiendo verduras o golpeando mujeres en manifestaciones? Nada, sólo llorar como mujeres lo que no sabrían defender como hombre (y que me perdonen las mujeres por tal figura literaria, pero es para ilustrar la falta de cojones).   

   Lo único que nos salva de todo eso, a pesar de que violan una y otra vez la soberanía de nuestros países, es la guerrilla criminal que lleva tantos años sembrando muerte allí, como Fidel en Cuba; su sola existencia amarra y retraza el crecimiento neogranadino. Y si a ver vamos, ¿puede creer alguien con dos dedos de frente que un grupo que lleva cuarenta años armado, matando campesinos, secuestrando mujeres, robando niños para adiestrarlos en sus odios y vicios, y protegiendo ahora al narcotráfico, puede traer paz y prosperidad? ¿Puede alguien imaginar que de ese pozo de vicios y muerte saldrá una sociedad mejor, más justa? ¿Se puede creer que ellos harán una Colombia superior? Eso sólo pueden creerlo los que desean engañarse… o los que tengan una fuga cerebral (esas cosas pasan, con una fiebre o un mal golpe). Hace treinta años era posible creer en sueños de gloria y romanticismo, de creer en un mundo más justo alcanzado por esos grupos abnegados. Pero luego de la caída del Bloque Soviético, con sus gulags y muertos por carretadas, así como sus vicios capitalistas que no alcanzaban a otros; o la buena vida que se da Fidel Castro y la recua de delincuentes que se hacen llamar cancilleres, artistas e intelectuales cubanos que viven sabrosos mientras toda una poblada vive entre la prostitución y el hambre, únicamente los muy necios pueden engañarse. A menos que a uno le den dinero, así uno dice compartir o creer cualquier cosa.   

   Esos aires románticos y casi míticos que alcanzan algunos personajes siempre me han intrigado, pero yo debo ser del tipo de Santo Tomás: ver para creer. Casi nunca puedo creer en bondades como apariciones de vírgenes, curaciones con piedras o imposiciones de manos, o en milagros. Cosa que no es tan sabrosa tampoco. A veces uno quiere ilusionarse con algo, pero no puede. Hace tiempo viendo un documental de History Channel, o Discovery o National Geographic, no recuerdo dónde, un gringuito, un joven catire, visitaba Bolivia y decía que en esas montañas había muerto el Che Guevara, entregado por los campesinos de la zona, y que ahora los nietos de esos campesinos lo idolatraban, y de ser ellos los de antes, el guerrillero estaría vivo. Lo decía convencido, pero a mí me vino una idea en seguida a la cabeza: ah, pero ni tú ni los hijos o nietos de esos campesinos lo conocieron y tuvieron que tratar o lidiar con él. Aquellos campesinos sí, y tal vez por eso tuvieron que entregarlo para salir de eso; porque hasta donde se han oído relatos de gente que escapó de Cuba en los primeros años, al Che le encantaba mucho interrogar prisioneros personalmente, ya que la tortura y los gritos (de otros) le gustaban demasiado. Pero así es la realidad, muchas veces no se investiga, se prefiere vivir del mito, del cuento, del: el mundo no es como es, ni la realidad, sino como me gustaría a mí que fuera o como yo creo que es. ¿Qué eso es irracional? Claro, pero ¿quién se los explica? La guerrilla colombiana y la revolución cubana fueron buenas… sólo en la imaginación de quienes soñaban con utopías. La realidad para quienes tienen que padecerla, es el infierno.   

   En fin, los muertos de Cararabo allí quedan. Casi nadie puede recordar todos sus nombres, sólo una imagen borrosa de los cadáveres, tendidos, tan muertos, tan feamente muertos, no era algo fácil de soportar ver los signos de mutilación. Sus madres, novias o mujeres los recordaran, y tal vez prendan una vela por el descanso de sus almas de vez en cuando. Y de tarde en tarde soltarán una lágrima por muchos años que hallan pasado. Sus muertos les duelen, así pase el tiempo que pase, sobretodo en el caso de las madres. Esa sangre no es importante para nadie aunque se derramó en medio de la noche y el miedo, del ruido de disparos, de explosiones y tal vez de gritos de compañeros que caían heridos, demandando una ayuda que no llegaría, o simplemente tenían pavor, donde unos a otros se decían que iban a matarlos a todos, repito, pensando tal vez en rendirse y con eso salvarse (los ilusos), temblando en un rincón, pero sobretodo deseando que la noche se acabara (en lo oscuro los terrores son mayores), que los asesinos se fueran o la ayuda llegara, defendiéndose contra un enemigo superior, protegiendo la abstracta idea de soberanía, concepto en el cual se ensucian tantos ahora al entregar el país pedazo a pedazo para satisfacer la vanidad enferma de un hombrecillo delirante.   

   Nadie recuerda ya a esos muchachos, nadie los llora, como no sean ellas, sus mujeres. Tal vez, como piensan ahora en estos tiempos de revolución de quinta, no eran gente importante, y más bien eran delincuentes imperialistas rechazando a la noble guerrilla. Después de todo no se trataban de un Ricaurte haciendo estallar el polvorín en San Mateo en una acción solitaria y suicida para impedir que cayera en manos de Boves, defendiendo la idea de una nación libre que nacía. Sin embargo parece injusto que tantos generalotes y oficiales de charreteras llenas de chapitas no los recuerden tampoco, ocupados como están en someter a la población con las armas de la República, ahora a las órdenes de un tiranillo antillano. Al menos están ellas, las mujeres de sus vidas. No recuerdo donde leí: maldito el hombre que no tiene al menos una mujer que llore su muerte. Que en paz descansen, ojalá recordara todos sus nombres, pero también yo he olvidado, como lo hizo José Vicente y los hombres que una vez creímos de honor dentro de sus uniformes. Que en paz descansen: José Orlando Colmenares Zambrano, Jorge Armada Aponte, Hernán Eloy Graterol Tovar, Nelson Gregorio Contreras, Félix Ramón Guarenas Silva, Cándido Arenas Mendoza, Jacinto Viloria Pereira y José Ascanio Aponte.  

Julio César.