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Cortos relatos para gente muy adulta. Nada de menores...

30/05/2008 GMT 1

MI EX SUEGRO SE DIVIERTE A LO GRANDE

jcqt1213 @ 04:43

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   Debilidad de fuertes…   

   Aunque ya no salía con su hija, seguía yo teniendo tratos con mi ex suegro, Gregorio, quien tenía varios depósitos de cargas a su nombre. Generalmente, cuando iba a visitarlo, no le avisaba. Llegaba callado, entraba furtivo, me movía silencioso y llegaba a su oficina, grande, con aire acondicionado y un buen sofá. No era raro oír los gemidos. Yo siempre sonreía preparaba la cámara de mi teléfono. Me asomaba y encontraba al viejo trabajando. Era hábil y versátil en unas cosas, fijo en otras. Siempre contrataba tipos negros con porte de caballos; siempre variaba en su actuar. A veces lo pillaba en cuatro patas, afincando manos y rodillas jugando a los caballitos con el negrote que lo cabalgaba dándole con su enorme y gruesa fusta. A veces estaba de espaldas, patas arriba, jugando a la gata que se defiende, mientras el otro intentaba darle de comer al ratoncito un salchichón grueso. A veces usaban juguetitos que mi ex suegro comprobaba para alguna tienda para saber si cabían en… los agujeros de la caja. O como ahora, que simplemente comía con gula un buen pedazo de carne. Era grato ver a gente divertirse haciendo algo que les gustaba. Comer lo enloquecía, y el otro parecía tan complacido que acariciaba la grupa de su futura montura, seguramente sorprendiéndose y alegrándose de encontrarla tan firme. Sabía yo que si callaba un tiempo, vería una buena montada. 

Julio César.

LA FIESTA LOCA

jcqt1213 @ 04:42

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   En la navidad de 1995, más exactamente para la noche de año viejo, se realizó en casa de mi señora madre una de las fiestas más dementes que yo recuerde, y eso que algunos detalles parecen borrosos. De hecho, de las tres veces en mi vida que he perdido el conocimiento (nada del corazón o nervios) esa fue la primera vez. Como a las diez de la noche llegué a la casa, medio borracho ya de despedirme de los conocidos y amigos, nunca como ese día uno nota que son tantos, y me encontré con la familia. Mis hermanos y cuñados toman también bastante, y ahí estábamos, cantando, oyendo música, riendo, bailando, comiendo, en un mar de botellas de cervezas, de whisky, ron y otros (esa noche creo que tomé hasta agua de floreros y kerosén). Un hermano de mi cuñado, Américo, tomó como el propio cosaco, y cantaba y bailaba bien, haciendo las delicias de las que gustaban de danzar. Éramos gente joven, aún no habían llegado ninguno de mis sobrinitos. A las doce de la noche, totalmente borracho, salí con los otros a dar el feliz año; abrace, apretuje, bailoteé y besé a un gentío increíble, aún a desconocidos. Fuimos de casa en casa, riendo y tomando, dando el feliz año, y en cada casa nos daban más licor. Como a la una y algo regresamos a casa de mis padres, y allí seguía la fiesta.   

   Estaba Armando, un amigo solterón, Leticia y su marido, quien bailaba saltando como una cabra, que en un momento dado salió de un cuarto con una corona de papel y un paño en los hombros diciendo que era una miss Venezuela. Reímos casi tanto como cuando Leticia comenzó a preguntar: pero ¿qué le pasa a mi marido? Sebastián, y su mujer, también bailaban y reían. Él estaba tan borracho, que intentando bailar a la rusa la canción romántica Natali, se fue de lado cayendo tras un sofá del que costó bastante sacarlo. En un momento dado que fui al baño, muchas cervezas, salí hablando y riendo hasta que mi mamá me dijo: ciérrate la bragueta. Como a la tres de la mañana, cosas de borrachos, nos sentamos dizque a comer, y ahí, entre toda esa gente, me manosearon bajo la mesa. Fue… increíble. Recuerdo que al otro día me dolía todo (no por la manoseada), de hecho me descompensé por tomar tanto y me desmayé sobre una cama donde me tendieron a descansar. El hermano de mi cuñado cayó también, en un sofá, y no hubo poder humano capaz de quitarle el vaso que tenía aferrado. Fue una gran fiesta que hablamos de repetir mil veces.   

   Coincidí con unos y otros en otras reuniones, pero el momento para el reencuentro jamás se dio. Armando se casó y se fue para México con su mujer, en busca de otros destinos, sin trabajo como estaba. Leticia y el marido, después del ataque de la Guardia Nacional, de noche, al campo de concentración de Los Semerucos, les dio miedo por sus hijos y el destino de este pobre país, sacándose no sé que parentesco con unos gallegos y escaparon a España. Sebastián y los suyos se habían ido para Maracaibo, pero la compañía prefirió irse para Bogota, buscando lugares más seguros para invertir y vivir (¡a Colombia! Lo preferían a esto). El hermano de mi cuñado, Américo, se casó en Delta Amacuro, cosa extraña, jamás he conocido a nadie de allí. De la zona han ido emigrando muchos, ahora hay caras distintas, gente diferente. No creo que hoy pudiera darse aquella noche loca en que abracé y besé como demente. Debimos hacerlo antes, no debimos dejar que pasara tanto tiempo. Es una lástima. 

Julio César.

VIDA DE RECLUTAS

jcqt1213 @ 04:31

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Julio César.

ROXANA DÍAZ Y EL PROBLEMA AQUEL

jcqt1213 @ 04:29

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   En Venezuela la farándula, y todo el país nacional, se vio convulso cuando una noticia comenzó a correr por todos los medios, y de boca en boca: había desaparecido un video porno de dos conocidísimos artistas venezolanos. Hasta allí la cosa no es nada de echarse a morir, cosas así han ocurrido en todas partes. Tengo un conocido que pidió una cámara en su trabajo para filmar una fiesta, y luego en la memoria la gente de audiovisuales encontraron escenas aterradoras… para él, porque fueron de lo más jocosas para todos los demás. Que maña esa de sacarse fotos, y ahora grabaciones, en poses de lo más comprometedoras. En fin, recuerdo que cuando la noticia comenzó a rodar, leí en una conocida columna de farándula que se trataba de la hermosa, sensual e increíblemente bien dotada Roxana Díaz (qué mujer), y de Jorge Reyes, un buen actor, un galán joven de buena pinta. Al parecer eran pareja y se filmaron haciendo diabluras, pensé.   

   Pero no, en esa columnas se decía que la cosa era terrible, hablaban de botellas que desaparecían por el… y de mil y una cosa más que a mí me llenaron de curiosidad. Generalmente no apruebo esas vainas, si una persona desea fotografiarse recibiendo nalgadas, de rodillas penitente, o un sujeto usando las pantaletas de su mujer, eso es cosa de ellos. Es la vida privada de cada quien que debe permanecer así. Pero en este caso se trataba de ¡Roxana Díaz! Los detalles que llegaban eran cada vez mayores. La joven acusó a Jorge Reyes de ‘extraviarlo’ a propósito, se llegó a decir que él se vanagloriaba de la cinta frente a conocidos y mostrándolo, se lo robaron; que no creo por lo que allí salía. El caso fue que la eficiente y ordenada fábrica de películas clonadas y quemadas entró en funcionamiento y en cada esquina y avenida de Caracas y del resto del país se vendía el caliente video. De allí a la red fue un simple paso. La cosa fue tan intensa que yo mismo… lo confieso, lo miré (perdóname, Roxana!). Y de ese video hay tres cosas muy destacables. jorge-reyes.jpg  

   La primera es que Roxana Díaz es un mujerón en verdad, verla en televisión es nada a verla en ropitas… atrevidas, haciendo lo que hacía. Lo segundo es que Jorge Reyes también tiene lo suyo para hacer películas de ese tipo, tenía un enorme, realmente enorme… ego levantado (el muy maldito). Lo tercero es que ese video se veía raro, parecía preparado para la comercialización, no era la típica grabación unicámara, había ángulos, acercamientos, cortes. Se cuidaron detalles como gemidos y expresiones (se veían bien), y fue en varios cuartos o locaciones. No fue la vaina aberrante que decían en las columnas de chismes, pero era bien estudiado, no parecía algo improvisado. Parecía que el ‘director’ sabía lo que hacía. El escándalo fue mayúsculo, donde Roxana lloró, fue a tribunales, pataleó y finalmente apeló a lo bueno de la gente. Todo terminó agotándose por su propia cuenta. La gente se aburrió, y la mujer continuó adelante, siendo incluso más famosa (y cómo no), más querida, y convirtiéndose en una especie de diosa sexual de mil fantasías. La gente entendió que fue víctima de las circunstancias, y de la cámara. A Jorgito no le fue tan bien de entrada, porque en una candente escena donde está en una cama echadote, y Roxana usa su boca para… darse a entender, un dedo traviesillo de la niña le practica un examen rectal, bien hecho y a conciencia. Y en un país como este, eso fue un escándalo dentro del escándalo. Ah, pobre Jorge, las de imbecilidades que debió enfrentar de gente necia. Recuerdo que en una conocida revista de farándula, donde cada diciembre hacen la lista infame del regalo que cada actor o actriz necesita pedirle al niño Jesús, alguien puso: Roxana Díaz, otra uña acrílica porque perdió una y no sabe dónde.   

   Para serles sincero, siempre me he sentido entre avergonzado y divertido por todo ese escándalo, claro, ¡cómo no me pasó a mí! Pero sí, vi el video… y no una vez. Pero eso no justifica el robo que se hizo de algo que era privado, muy privado de esos dos. No sé si al ladrón, porque eso es, un vil y maldito ladrón, lo detuvieron. Imagino que no, hay tantos crímenes terribles que jamás se resuelven que no creo se aplicaran mucho a este, pero debieron. Si fue un conocido, un ‘amigo’, quien lo robó y echó esa lavativa, todo el mundo debiera saberlo, gente así es peligrosa y debe estar cercada, para que el día de mañana no vuelvan a echarle una vaina a otro. 

Julio César.

ROXANA DÍAZ: PORNOVIDEO VENEZOLANO

jcqt1213 @ 04:26

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   En Venezuela la farándula, y todo el país nacional, se vio convulso cuando una noticia comenzó a correr por todos los medios, y de boca en boca: había desaparecido un video porno de dos conocidísimos artistas venezolanos. Hasta allí la cosa no es nada de echarse a morir, cosas así han ocurrido en todas partes. Tengo un conocido que pidió una cámara en su trabajo para filmar una fiesta, y luego en la memoria la gente de audiovisuales encontraron escenas aterradoras… para él, porque fueron de lo más jocosas para todos los demás. Que maña esa de sacarse fotos, y ahora grabaciones, en poses de lo más comprometedoras. En fin, recuerdo que cuando la noticia comenzó a rodar, leí en una conocida columna de farándula que se trataba de la hermosa, sensual e increíblemente bien dotada Roxana Díaz (qué mujer), y de Jorge Reyes, un buen actor, un galán joven de buena pinta. Al parecer eran pareja y se filmaron haciendo diabluras, pensé.    Pero no, en esa columnas se decía que la cosa era terrible, hablaban de botellas que desaparecían por el… y de mil y una cosa más que a mí me llenaron de curiosidad. Generalmente no apruebo esas vainas, si una persona desea fotografiarse recibiendo nalgadas, de rodillas penitente, o un sujeto usando las pantaletas de su mujer, eso es cosa de ellos. Es la vida privada de cada quien que debe permanecer así. Pero en este caso se trataba de ¡Roxana Díaz! Los detalles que llegaban eran cada vez mayores. La joven acusó a Jorge Reyes de ‘extraviarlo’ a propósito, se llegó a decir que él se vanagloriaba de la cinta frente a conocidos y mostrándolo, se lo robaron; que no creo por lo que allí salía. El caso fue que la eficiente y ordenada fábrica de películas clonadas y quemadas entró en funcionamiento y en cada esquina y avenida de Caracas y del resto del país se vendía el caliente video. De allí a la red fue un simple paso. La cosa fue tan intensa que yo mismo… lo confieso, lo miré (perdóname, Roxana!). Y de ese video hay tres cosas muy destacables. jorge-reyes.jpg   La primera es que Roxana Díaz es un mujerón en verdad, verla en televisión es nada a verla en ropitas… atrevidas, haciendo lo que hacía. Lo segundo es que Jorge Reyes también tiene lo suyo para hacer películas de ese tipo, tenía un enorme, realmente enorme… ego levantado (el muy maldito). Lo tercero es que ese video se veía raro, parecía preparado para la comercialización, no era la típica grabación unicámara, había ángulos, acercamientos, cortes. Se cuidaron detalles como gemidos y expresiones (se veían bien), y fue en varios cuartos o locaciones. No fue la vaina aberrante que decían en las columnas de chismes, pero era bien estudiado, no parecía algo improvisado. Parecía que el ‘director’ sabía lo que hacía. El escándalo fue mayúsculo, donde Roxana lloró, fue a tribunales, pataleó y finalmente apeló a lo bueno de la gente. Todo terminó agotándose por su propia cuenta. La gente se aburrió, y la mujer continuó adelante, siendo incluso más famosa (y cómo no), más querida, y convirtiéndose en una especie de diosa sexual de mil fantasías. La gente entendió que fue víctima de las circunstancias, y de la cámara. A Jorgito no le fue tan bien de entrada, porque en una candente escena donde está en una cama echadote, y Roxana usa su boca para… darse a entender, un dedo traviesillo de la niña le practica un examen rectal, bien hecho y a conciencia. Y en un país como este, eso fue un escándalo dentro del escándalo. Ah, pobre Jorge, las de imbecilidades que debió enfrentar de gente necia. Recuerdo que en una conocida revista de farándula, donde cada diciembre hacen la lista infame del regalo que cada actor o actriz necesita pedirle al niño Jesús, alguien puso: Roxana Díaz, otra uña acrílica porque perdió una y no sabe dónde.    Para serles sincero, siempre me he sentido entre avergonzado y divertido por todo ese escándalo, claro, ¡cómo no me pasó a mí! Pero sí, vi el video… y no una vez. Pero eso no justifica el robo que se hizo de algo que era privado, muy privado de esos dos. No sé si al ladrón, porque eso es, un vil y maldito ladrón, lo detuvieron. Imagino que no, hay tantos crímenes terribles que jamás se resuelven que no creo se aplicaran mucho a este, pero debieron. Si fue un conocido, un ‘amigo’, quien lo robó y echó esa lavativa, todo el mundo debiera saberlo, gente así es peligrosa y debe estar cercada, para que el día de mañana no vuelvan a echarle una vaina a otro. 

Julio César.

COMO ME GUSTAN

jcqt1213 @ 04:18

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   -No tengo cervezas, panita, ¿no quieres un poco de leche?

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   Ese tipo no le quitaba los ojos de encima… ojala lo ayudara a sacarse esa vainita del culo… con los dientes.

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   El policía gustaba, por alguna razón, de revisarlo a cada rato… 

Julio César.

CONVENCIÓN

jcqt1213 @ 04:09

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   Sospechan que de dos así, salió él…   

   El hotel Hilton, con toda su pompa y fama, se vio desbordado por el ejército de singulares y llamativas mujeres que coparon todas sus instalaciones. Era la gran convención de putas llegadas de los cuatro rincones del país. Las había de todas las clases, las serias, las reilonas, las inteligentes y sensatas, las loquitas que se regalaban a los botones (las muy tontas). El gran salón de conferencias se vio copado hasta los techos con las tipitas. Muchas eran sexy y hermosas, emanando sensualidad; otras se parecían a las mamás no muy bien conservadas de los amigos, eran de las que regañaban a los clientes, como si de sus muchachos se trataran (susto).   

   En las filas principales estaban las sofisticadas, las que se cotizaban bien en el mercado de la carne rica. Un puesto más atrás estaban las gafitas, las que mantenían a sus chulos por amor porque ‘eran buenos pero con mala suerte’. Algo más alejadas de los reflectores, estaban las feitas, y luego las muertas de hambre, que lo hacían por ‘necesidad’ (las de carteles como: la doy por una arepa). Acorralada por un periodista, una hermosa mujer confesó ser casada y con hijos en edad escolar. Intrigado el hombre le preguntó qué hacía ahí.   

   -Cuando termino de servir el almuerzo, y ya tengo lista la cena, y los muchachos se van para la escuela no tengo nada mejor que hacer. –confesó elevando los hombros.- Y en algo tengo que entretenerme, ¿no?   

   Comienza la gran convención y todos los mirones, y cómo los había, son sacados del salón. Una hora después, con la sala en silencio, con la directiva de las Putas Asociadas en el podio, las mujeres acceden, por necesidad, a dar una rueda de prensa internacional. Será la casada aburrida la que llevará la voz cantante.   

   -Queremos aclarar ante la opinión pública nacional e internacional, que ninguna de las putas aquí presentes, es la madre del Comandante, así que dejen de joder… 

Julio César.

28/05/2008 GMT 1

SENTIMIENTOS

jcqt1213 @ 03:30

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   -Muévelo, so puto… -le ordenaba, ronco y rudo.   

   -Ahhh… sí, métemelo todo, papi, destrózame el culo con tu güevote… -gritaba, como siempre, imprudentemente, Ricardo, mientras Gregorio lo cabalgaba en el baño del bufete.   

   -Cállate, cabrón, que alguien puede entrar. –le gruñe, metiéndoselo todo, dejándole ese tolete bien adentro y empujando más, únicamente logrando con eso que gritara pidiendo más, que le metiera hasta los pelos.   

   Ambos se habían conocido en la universidad, Ricardo venía de una buena familia que le pagaba el carro, el celular, los estudios y los viajes. Gregorio había labrado su futuro con sus manos, trabajando duro. Nunca fueron amigos, el grupito de Ricardo asediaba al de Gregorio, y a este. Pero la vida cambia, ahora Ricardo debía valerse por sus medios y como principiante había llegado a aquella firma donde Gregorio ya litigaba. Gregorio intentó sabotearlo desde el principio, y Ricardo lo encaró altanero como antes.   

   -Hummm… -chillaba Ricardo, gimiendo, sintiendo la sedosa corbata amordazándolo en un vano intento del otro por silenciarlo, restregando sus nalgas de ese pubis, apretando de lo lindo aquel güevo palpitante, caliente, grueso y largo que lo cepillaba una y otra vez, haciéndolo ver estrellas y arder todo el cuerpo. Sus tetillas casi le duelen, pero sabe que pronto Gregorio, fingiéndose arrecho, se las apretaría, torcería y lo medio ladearía para morderlas y chupar de ellas, haciéndolo gritar más de puro gusto animal y sensual.   

   -Maldito mariquito, te encanta un güevo en tu culo, ¿verdad? Te encanta cuando un hombre de verdad te trata como la hembra caliente y lujuriosa pidiendo vergas babeantes que eres, ¿no es cierto, puta? –es ofensivo, rudo, mientras su tolete va y viene con ritmo increíble, mirando esa carita, esos ojos, ese gesto en un espejo de los baños. Y sus dedos van a las tetillas, logrando que el otro se cimbre, y que su culo apriete todavía más.   

   Ricardo intentó imponerse en aquella entrevista, se dijeron vainas, Ricardo lo llamó resentido social y otras lindezas, estaban cara a cara, jóvenes y llenos de adrenalinas y testosteronas. Molesto Gregorio lo abofeteo. Ricardo sorprendido dio un paso atrás, choco de la mesita y cayó de rodillas. Incapaz de detenerse a pensar, Gregorio le atrapó la nuca, encontrando ese cabello suave, y le frotó la cara allí, llamándolo sucia perra inútil. Fue rico frotarlo así, su güevo tenía rato duro y no sabía en que momento, pero esa carita, esos labios rojos le daban placer. Alarmado entendió lo que hacía y lo soltó, asustado, ahora Ricardo podía joderlo.   

   -Llénamelo de leche, quieto toda tu leche dentro de mi culo… -jadeaba el catire, medio volviéndose, hablando entrecortado por la corbata, mirándolo a los ojos, recorriendo ese torso joven y caliente que disfrutaba acariciar.   

   -Te voy a preñar de tanta leche, mamagüevo. –gruñía brutal el otro, con odio, pero atrapándole a barbilla y hundiendo su lengua en esa cálida y húmeda boca ajena, dándole un beso mordelón, lengüeteado, chupado, mientras no dejaba ni un sólo momento de cepillarle bien ese culo sedoso, que palpitaba rico, que halaba que daba gusto su güevo tieso como una barra de acero, duro como nunca antes se le ponía.   

   De rodillas, sintiéndose extrañamente excitado, Ricardo lo miró, con la boca abierta por lo que había hecho. Nadie le había hablado así nunca. Y su boca cayó sobre esa silueta bajo el pantalón, apretándolo, mordiéndolo. Gregorio chilló, dando medio paso atrás, pero Ricardo lo retuvo por las caderas, mordiéndolo. Que eso saliera y se clavara en la boca fue la misma cosa. O que luego terminara aquella primera vez en su culo chico, apretadito y virgen que fue duramente cabalgado. No entendía por qué, pero le excitaba oírlo denigrarlo, llamándolo basura y otras vainas. Y Gregorio gozaba sometiéndolo y pegándoselo, clavárselo hasta las pelotas. Teniéndolo bajo su control. Era el macho alfa, rudo y ruin que controlaba al otro.   

   Mientras sigue cogiéndolo con fuerza, estremeciéndolo todo con las embestidas, con ese güevote que se mete, cilíndrico, grueso y bronceado dentro del rojo, lampiño y redondo agujerito, en donde sólo sobresale un centímetro de tranca; besándolo profundamente, lamiéndole la lengua y tomándose su saliva; pellizcándole las duras tetillas que le encanta morder para oírlo chillar, Gregorio siente que la mente se le pone en blanco, que se tensa, se estremece, se muere y vive, goza y un instante de blanco, puro y poderoso placer lo recorre, mientras llena ese culito de esperma caliente. Es cuando gime aquella vaina, apartando su boca, que lo lleva al desastre y lo hace perder el control de la situación para siempre.   

   -Te quiero… -se le sale, susurrado, casi al rostro del otro que abre mucho los ojos, dichoso, riente como un niño. 

Julio César.

26/05/2008 GMT 1

PENSANDO EN VERDURAS

jcqt1213 @ 02:10

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   El tamaño contaba algo…   

   Martina agradecía los momentos en que dejaba la casa para hacer sus compras, lo que tal vez explicara porque iba tanto a ese mercado. O tal vez no. En su casa siempre había trabajo, el polvo era terrible, igual que las telarañas, sacudía, y cuando se volvía aparecían nuevamente. Mil veces se había preguntando dónde estaban esas arañas tan laboriosas. Y los muchachos, aunque grandecitos ya, no parecían poder valerse para nada por sí mismos. “Mamá, ¿donde están mis zapatos?”. “Mamá, ¿y mi camiseta roja?”. “Mamá, ¿y mis libros?”. “Mamá ¿y mi cuaderno?”. “Mamá, ¿bajaste de Internet el trabajo sobre Gómez?”. Fuera de que debía batallar para que comieran sus vegetales, sopas y carnes guisadas. De ser por ello sólo tragarían papas fritas y pollo asado. Además estaba el lavar cerros y cerros de ropas, plancharlas, guardarla. Lavar los baños, limpiar las baldosas del lavadero, dejar brillante las ventanas. Todas esas cosas que los miembros de su familia daban por sentado que se hacían solas, que siempre era así sin que mediara ningún poder humano. Por lo tanto no era necesario notarlo o agradecerlo.   

   Mientras recorre el pasillo de los enlatados y pastas, entiende que así la veían. Era… mamá. Y le gustaba, su casa, su marido, sus hijos… pero ¿no podían ser más atentos? Mira su reflejo en el cristal de la heladería, sonriendo algo nerviosa, sintiéndose tonta, una mujer cuarentona algo ridícula. Se veía bien con su suéter negro, algo ajustado, cosa que resaltaba su busto, reconoce con el rostro encendido. Había notado más de una mirada levemente interesada de hombres que iban por allí y topándosela se decían: nada mal, mami, te conservas bien a pesar de todo; si quieres yo podría hacerte el favorcito en los baños, ¿qué te parece? Pero a ella no le interesaba. Ninguno de esos sujetos. Con paso trémulo va hacia la sección de las verduras.   

   -Le queda bonito el cabello cuando lo tiene suelto, señora. –le había dicho el muchacho, un mocetón veinteañero, de cuerpo trabajado, eso lo sabía, nadie normal era así, con esos bíceps y esos pectorales, por no hablar de la cintura estrecha.    

   Se lo dijo un día, hace tres semanas, de pasada, como quien comenta que hace calor después de haber hecho frío hasta el día anterior. Y ella, tomada por sorpresa, enrojeció, sonrió y no supo qué decir. Pareció una colegiala pillada fuera de base en clases cuando miraba una novela romántica en lugar de prestar atención a las ecuaciones. Llevaba el cabello alto ensortijado porque en verdad no se lo había lavado y no quiso atarlo esa mañana. Y el muchacho lo había notado, sonriéndole con desparpajo e indiferencia, como un jovencito cualquiera hablando de cualquier cosa.   

   Continuó con su carrito, esa primera vez, pero tuvo que volverse a mirarlo, mientras fingía revisar los precios de la charcutería envasada, tipo salchichas y tocinetas. El corazón había latido demasiado rápido, extrañándola, asustándola… agradándole, y quiso saber por qué. Era delgado pero alto, de nuca casi rapada excepto por un cabello en cepillo en lo alto. ¿Habrá estado en el cuartel?, se preguntó, sorprendiéndose imaginándolo de traje verde, marchando, saltando, luchando cuerpo a cuerpo con alguien, poderoso, vencido bajo su cuerpo. Sus manos eran grandes, eso lo había notado. Fuerza, debía tener la fuerza y el vigor de la juventud.   

   Después de esa primera vez el joven no le volvió a hablar, sólo la miraba sonriente, y ella no sabía si se burlaba de su cabello suelto, desrizado, algo… lujurioso sobre sus hombros. Casi no se animó a llevarlo así después del comentario. Pero un impulso la obligó. Lo miró sonreír, amigable,  tal vez creído en su poder que la obligaba a actuar así. No lo sabía. Pidió dos kilos de tomates, concentrándose con todas sus fuerzas en la forma de los vegetales, pero pendiente de sus manos grandes, que debían saber tocar con ternura recorriendo una piel, cálidas, firmes, o apretar con violencia, como… atrapando a una mujer por sus axilas, alzándola violento, obligándola a mirarlo a los ojos, sometiéndola, metiéndose entre sus piernas, y ella cayendo allí, sobre su cintura, conciente de su fuerza, de sus ganas. Sí, eran manos enormes, reconoció estremeciéndose con fuerza. Y cuando flexionaba el brazo, los bíceps también destacaban, y ella se preguntó qué se sentiría recorrerlos con sus manos, apretando, acercando sus labios a ellos, tal vez mordiendo un poco esa carne firme. Debía ser puro músculo, músculo de hombre… no, de muchacho, de alguien que estaría, según los sexólogos en la cima de sus deseos sexuales.   

   -¿Desea algo más? –preguntó él, sereno, como si no se diera cuenta de nada. O tal vez no lo hacía.   

   Si, déjame recorrer tus hombros con mis manos por un momento, te juro que no deseo nada malo, no quiero arrastrarte de aquí, aunque mirarte sin esa franela seguro que sería todo un espectáculo, y tú allí, esperando que otras manos bajen tu pantalón, ¿usas bóxer o calzoncillos? ¿Manga larga o bikinis? Pero no debo. Amo a mi marido, ¿sabes? Y sin embargo quiero tocarte, saber si tus pectorales son tan firmes como parecen, con esos pezones destacando bajo la tela, ¿alguna mujer te los ha pellizcado? Imagino que si, que manos ansiosas han recorrido tu piel, adorándote, diciéndote que eres hermoso, y habrás sonreído, ¿verdad?, sabiendo que es cierto; esperando que esas bocas que te adulan caigan y laman, mordiéndote, haciéndote gemir. Y eso no me gusta, no quiero imaginar otras manos sobre ti. Yo quisiera hacerlo. Yo deseo bajar mi mano y tocar sobre tu pantalón…   

   -Si, un kilo de cebollas. Que no sean muy grandes…   

   Con voz temblorosa pidió algo de ajo después, y cuando él le dio la espalda, inclinándose a buscarlos, ella casi sintió desfallecer. Se veía tan… bien. Era una mujer madura, seria, no una carajita loca, no andaba buscando una aventura por calentorra o para pegarle cachos a su marido por venganzas inventadas, pero se vio acercándose a él, montando su mano en esa espalda, recia, seguramente caliente con el fuego de la juventud. Al hacerlo, él se volvería y entendería que era una pobre mujer casada con un marido de primera juventud con quien tenía sexo cinco veces a mes, si había suerte, y que a veces ni ella lo deseaba en serio, siendo más grato estar juntos en una cama, hablando de los problemas, de los muchachos y de mil vainas, sin interés físico.    

   Pero sabiendo que esos asuntos eran gratos, que debían tratarse; el muchacho, Jacinto, ese era su nombre, lo entendería, y con una sonrisa la atraparía por los hombros, empujándola, cayendo sobre ese colchón rojizo de tomates fríos, redondos, y sin quitarle los ojos de encima, sus manos se meterían por debajo del suéter, acariciando su vientre,  y ella gemiría. Las manos atraparían sus senos, apretándolos, antes de que cayera sobre ella, besándola. Se resistiría, pero sólo un poquito, un beso era algo serio, pero ¿cómo detener a ese mocetón vigoroso, caliente, de manos traviesas, de labios firmes y rientes, de lengua ardiente, de deseo duro en la carne? Y sería grato, ardiente, poderoso; ella no pensaría en nada, o tal vez lloraría un poco, su marido no lo merecía, pero…   

   Sonriendo, sabiendo que ese calorcito en sus entrañas no eran simplemente nervios (los nervios de siempre cuando lo buscaba), rodea el pasillo… y encuentra a una muchacha delgada, de rostro aburrido, atendiendo en las verduras. Sintió un ramalazo extraño de inquietud, de miedo. Era como cuando sonaba un teléfono a las doce y media de la noche, sonido que decía ‘atiende, y prepárate, es grave’. Se le acercó.    

   -Buenas, ¿y Jacinto? –pregunta ronca. La muchacha la mira sin interés.   

   -Se fue para el coño. –y a mí me ponen a atender esta vaina, parece decir.   

   No hay palabras para describir su desazón, su desencanto, su… pérdida. Aquel ritual que alegraba sus mañanas, que despertaba una tonta fantasía para todo el día, inocente, idiota, de llegar y verlo, de imaginar, de soñar, se había terminado. Tentada estuvo de abandonar el carrito y marcharse, incapaz de atender o entender sobre cuentas, números de tarjetas de crédito y esas cosas. Esa noche su marido la encontró muy callada.   

   -Pareces triste, Martina.   

   -No es nada, cariño. –sonríe trémula.   

   -Algo debe ser. –es algo impaciente, como siempre cuando ella cae en esos estados de ánimos.- No importa, ¿adivina? –le sonríe.- La firma tiene entradas para una función de media noche mañana, será la premier en Venezuela de la película de los vaqueros maricones eso. Sé que no suena muy bien, pero será grato salir de casa. Seguro que viendo la tal Brokeback Mountain te diviertes un montón…   

   -Si, seguro será divertida y me distraerá. –concede, lejana, y tal vez por eso no repara en la cara de su marido.   

   La voz del hombre se había quebrado un poco, desazonado. Decir maricón le recordó, con desagrado culpable, el extraño momento cuando entró esa tarde en Contabilidad y tropezó a ese tipo, quien casi lo derriba y le sonrió amistoso luego, que se veía tan bien en su traje de aprendiz, con la camisa ajustada y el pantalón que parecía abombarse en su pelvis… el tal Jacinto. 

Julio César. 

NOTA: Habrán algunos relatos más de este tipo y para no enredarme buscando imágenes usaré esta que me encanta. La miro y me digo… sí, hay historias interesantes todavía. Y gente sortaria, lo digo por el sujeto este.

FORZA FORZA

jcqt1213 @ 02:03

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   A los panas les gusta verle el corpachón… luego bajan lo otro para verlo en vivo, directo… en grande y duro. Después les daba hambre… 

Julio César.

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