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Cortos relatos para gente muy adulta. Nada de menores...

13/07/2008 GMT 1

NADA MEJOR…

jcqt1213 @ 04:06

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   Sí besas bien, se pone dura la vaina…   

   Ah, la hermosa campiña por la mañana, acampar con tu chica y los amigos de ella, pescar, jugar, explorar… y ser despertado, muerto de hambre, por el mejor amigo de ella mientras las mujeres van por agua para el desayuno. Todo es perfecto mientras te dejas llevar y cobijar por la nueva amistad, excepto porque… las mujeres no tardarán y al pana no le da tiempo de darte el grueso bocadillo untado con esa mantequilla que trajo en las manos, todo para ti. 

Julio César.

10/07/2008 GMT 1

HOY SERÁ, JACK…

jcqt1213 @ 03:59

en-tus-brazos-la-vida.jpg

   Ahora entendía que sólo en esos momentos vivió…   

   Frente a la mesa a la cual se ha sentado durante años y años para almorzar lo mismo, granos, arroz, algo de cerdo o bistec, excepto al ir por la carretera cuando se deleitaba en las fondas para camioneros, Ennis del Mar no puede tragar, y su mirada lejana, cerrada y huidiza, a un tiempo que increíblemente infeliz, parecía más pérdida dentro de sí mismo que en el plato. Por dentro hervía de rabia, de frustración, de auto compasión. Estaba triste, muy triste por él mismo. Se tenía tanta lastima, y eso le parecía tan deprimente, un reconocimiento final del fracaso en que había convertido su vida, que no puede ni despegar los labios para fingir que come. Piensa en un hombre, un hombre con el que discutió amargamente hace poco, un hombre que toda la vida lo había amado y había esperado por él, a que hiciera tan sólo un gesto, momento cuando acudía a la carrera. Ese pensamiento hace que con rebeldía se grite para sus adentros que ya no podía más, que ya no podía continuar lejos de Jack Twist.   

   Salir a buscarlo y encontrarlo, gritándole de una vez que era su vida y que seguir sin él era imposible, eran pensamientos que lo llenaban de emoción, de excitación, pero también de miedo porque a lo largo de toda su vida, él, Ennis del Mar, había sido cobarde, no podía darse otro nombre. Lo sabía. Desde hacía veinte años vivía una mentira, una vida que no era la suya por temor al qué dirían, al qué pensarían de él; le aterraba casi hasta la asfixia que le gritaran en la calle: ‘ahí va el viejo marica de Ennis del Mar’. Pero sobretodo, el miedo que siempre sintió de sí mismo, de admitir por fin que sí, que era eso al fin y al cabo, que era un carajo que había cometido el terrible pecado, porque así le dijeron todos que era (un pecado mortal) de amar a otro hombre. Él nunca tuvo el valor para romper con el miedo, de deslastrarse de ese peso muerto que tanto lo había agobiado. No era como su Jack, quien una tarde, en lo alto de una montaña, le contó de aquel toro brioso que lo arrojó tres veces al suelo, con violencia, lastimándolo, antes de lograr sostenerse sobre él. Y sus hermosos ojos, ojos que para Ennis no tenían igual en todo el mundo, brillaban de excitación y felicidad al contarlo. Él le preguntó por qué hizo eso, por qué se arriesgó así. Y con el mismo brillo en su mirada, sonriendo como si de una pregunta tonta se tratara, le había respondido.   

   -Por que me gusta, Ennis, porque soy un hombre de rodeo. Prefiero subir a un toro y sostenerme en él aunque sean diez segundos, a riesgo de caer y romperme todos los huesos contra el suelo, a mirar la lidia desde detrás de la cerca y nunca experimentar esa sensación; porque cuando lo hago, me siento vivo, feliz. –y enseñaba todos sus dientes al decirlo, con todas esas palabras que solía usar, a diferencia de él.   

   Así era Jack. Así encaraba cada aspecto de su vida, como cuando se había enamorado de él en Brokeback Mountain y esa noche decidió jugarse el todo por el todo, arriesgándose a ser rechazado o agredido, pero imposibilitado de contenerse, porque detenerse en ese punto no era vivir. Ahora él debía ser así, se dice Ennis, sin moverse, mirando su comida. ¡Y lo sería! Abandonaría todo y correría tras él. Recogería las pocas cosas que en este mundo le pertenecían y dejaría esa vida de estrecheses del alma, de sueños mezquinos, de estar sin vivir. Sonríe levemente, con algo que sólo llega a ser una leve mueca irónica, amarga; bueno, tampoco es que fuera a cargar con mucho, todo lo que era de él cabía en una bolsa de papel, una como aquella donde cargaba lo poco que tenía frente al trailer oficina de Aguirre esa mañana cálida cuando alzó la vista, tímido, y descubrió a ese tipo joven y atractivo que lo miraba con franca curiosidad, y había entrevisto la tormenta que llegaría un día barriéndolo todo en esas pupilas, y azorado tuvo que bajar el rostro, sintiéndose desnudo y descubierto en esa mirada que parecía la de un niño juguetón, bueno y maravilloso.   

   No, no tendría que cargar con mucho. Todo lo que era importante para él, podía transportarlo en el corazón, llevándolo dentro de sí. El cariño por sus hijas y su amor por Jack, lo único que daba sentido a su vida haciéndole sonreír de vez en cuando. El recuerdo de Jack, de su voz, de su sonrisa, de su mirada, de su aliento y besos, del calor de su cuerpo, de la entrega que siempre encontraba en él era lo único real, era la bendición que alegraba su existencia gris, pero también el castigo de la misma. Esa última discusión, cuando Jack le propuso que dejaran todo, nuevamente, y que escaparan al Sur, a México, donde los dejarían tranquilos, él se sintió lleno de rabia y rencor, porque entendió que Jack lo había hecho ya, cruzar a México donde podía estar sin que lo molestaran, y al imaginar a su Jack cruzando la frontera, de noche, furtivo, entre las sombras, buscando a otros, otros que lo tocarían con sus manos sucias, que recorrerían su pecho, hombros y espalda, que tal vez posarían sus bocas de putos en la suya, ¡qué lo poseían!, le hizo amenazarle, gritarle y acusarlo. La mirada dolida de Jack al decirle que ojala hubiera aprendido cómo olvidarlo hace veinte años atrás lo hirió tanto que le costó respirar o pensar, en ese instante Ennis sintió que se moría, como cuando lo vio alejare, años antes, al bajar de la montaña, cuando era joven y tonto y creyó (qué idiota fue) que terminaría olvidándolo. Por eso tuvo que gritarle que lo olvidara, que se fuera, que lo abandonara y lo dejara como estaba, sin nada. Le gritó y lo acusó, pero Jack fue a su lado a sostenerlo y consolarlo cuando cayó imposibilitado de soportar el peso de su infelicidad, lo sostuvo como siempre hizo, y el sonido de su corazón le gritaba aún en ese momento que todo estaba bien, aunque fuera mentira. Pero esa misma discusión, ahora, le hacía entender que el otro tenía razón. Que vivir sin estar juntos era absurdo.   

   Mirando su plato de comida intacto, Ennis comprende que vivir sin Jack no era vida en verdad, que siempre le había entregado muy poco. “Pero era lo único que podía dar, lo único que me atreví a darte, Jack. ¿Lo entendiste? ¿Entendiste que no podía hacer más, que no podía darte más?”, le atormenta pensar ahora. “Mis miedos, que ahora parecen idioteces, no me dejaron amarte más, aunque eres todo para mí; ni tú mismo puedes imaginar las cosas que quise darte, las que deseé decir, los besos y palabras dulces que necesitaba soltar en tu nuca en esas noches cuando sólo podía aferrarme a ti para tener algo; y eras tú, el mejor regalo que Dios podría darme nunca, aunque dicen que esas cosas las castiga”. Y siente miedo, porque la mirada se le nubla un poco. Quiere una vida con el otro. Desea estar en la habitación de una casa pequeña y tosca, y saber que Jack está en la otra, sirviéndose un café o tomando una cerveza, trayendo otra en la mano para él. Desea una vida donde puede topárselo en el pasillo, en la mesa del comedor, al salir del baño… en la cama, cada noche, donde se cobijaría en sus brazos y ya nada más importaría, el mundo podía terminarse y a él nada le afectaría porque ya estaría en la gloria. No habría ausencia, separación ni añoranzas. No despertaría en medio de la noche extrañándolo, deseando con todas sus ganas que estuviera ahí, para tocarlo simplemente, para ser feliz y no encontrar únicamente el vacío y la soledad.    

   Ennis desea todo eso, ¡e iba a obtenerlo! Iría tras Jack, aunque el miedo al ridículo, a que lo miren extraño, con asco, sigue luchando por dominarlo. Le asusta pensar en caminar al lado de Jack y que otros noten que lo adora, que otros lean en los ojos de Jack todo el amor que siente por él. Y tiene que botar aire casi molesto, Jack no sentiría esos miedos. Nunca los sentía, algo le nacía del corazón e iba tras ello. Recuerda esa noche en la montaña, cuando el maldito oso lo atacó y llegó tarde, herido, encontrando a Jack ebrio y molesto al no tener la cena hecha. Nada más verle sangrar, Jack cambió, en su mirada hubo preocupación y amor, algo que le asustó tanto que él tuvo que ser brusco y quitarle el pañuelo, pañuelo que el otro llevaba a su cuello, con el que pretendía limpiar su herida. Jack había deseado acunarlo y protegerlo, porque le salía, y quiso atenderlo con ternura, aún a pesar de sus reticencias.   

   Por él debía abandonar todo esto. Dejar atrás los días sin sentidos que pasaban uno tras otro, sin significado, sin metas, mientras él sólo pensaba en Jack, preguntándose cómo estaría, qué estaría haciendo… y celándolo, porque a veces lo imaginaba cansándose de él, de buscarlo y entregársele con desinterés, de esperarlo, e iba a buscar otra vida en otros brazos que tal vez cobijarían con más desición y franqueza, sin miedos. Los días vacíos que nada decían pesaban demasiado en su alma en esos momentos. Con pesar entiende todo el alcance de su culpa, durante veinte años no había sabido hacer feliz a nadie. Ni a Alma, ni a Jack, ni a él mismo. Los años fueron pasando, el tiempo robaba sueños, fuerzas y juventudes y él no se había decidido, no había sabido cómo atender a la única persona que había amado nunca.   

   La verdad de esa revelación le lastima horriblemente. Jack no había sido nunca feliz porque él no había dicho las palabras que hacían falta (está bien, vámonos juntos), aún las más evidentes (te amo, Jack, te amé desde que bajaste de esa vieja camioneta hace veinte años atrás). Había intentado contentarse con la vida que llevaban todos, con lo que todos esperaban que hubiera hecho, casarse, tener hijos, una casa donde iría envejeciendo, tal vez amargado. Así el mundo sería feliz, así otros dirían que había cumplido; pero para él nunca bastó, nunca llenó sus noches cuando al lado de Alma, o a solas, pensaba en Jack, en su mirada que tantas cosas decía, en su sonrisa, a veces alegre y vital, otras triste y de aceptación, pero siempre cargada de ternura, de ternura hacia él, un maldito cobarde; y el dolor que sentía le indicaba que se había equivocado amargamente muchos años atrás.   

   “Pero Jack no se conformaba con lo simple, lo fácil. Nunca lo hizo”. Cuando se cansó de comer algo que no le gustaba, se lo dijo claramente y prefirió salir a matar un alce a continuar igual. “Él nunca se conformó, sólo mi dejación lo frenó un poco, porque con otra persona, o si yo nunca hubiera estado, Jack habría continuado cabalgando para siempre tras el sol, sin detenerse, seguro de que algún día alcanzaría sus sueños, buscando un lugar que no sabía dónde quedaba, pero que intuía; cabalgando sonriente, con su sombrero, con sus gritos de muchacho fanfarrón. Jack habría continuado intentando encontrar la felicidad, si yo no hubiera existido”, se recrimina. Sentado frente a la mesa de mantel plástico a cuadros, el hombre siente que se ahoga de culpa, de arrepentimiento, pero también de esperanzas, de emoción, tal vez de eso que llamaban redención, no lo sabía.   

   “Pero ahora yo te cumpliré, Jack, aunque tú nunca me exigiste que prometiera nada. Seré el hombre que debí ser. Me iré contigo. Mis hijas son mayorcitas ya y un día entenderán a su padre. Y tal vez lo perdonen. Un día les diré, si me alcanza el valor, que su viejo padre ya no podía seguir así, sin nada real en su vida. Sin felicidad, sintiéndose vacío y muerto por dentro. Un día, si me atrevo, aunque me odien y me escupan al rostro, les diré que no podía continuar sin la persona a la que siempre he amado. Y diré tu nombre, Jack; y lo gritaré hasta que comprendan que es mágico”. Debía ser valiente, se dice, como lo fue Jack cuando al año siguiente volvió a la oficina de Aguirre, preguntando por trabajo, aún sabiendo que aquel sujeto lo sabía todo. No le importaba ser señalado, tal vez ofendido o agredido; él había vuelto para preguntar si alguien sabía el paradero de un tal Ennis del Mar, un rastro que no se cansaría de buscar en el viento, en el cielo, en la distancia; porque el otro prefería ser insultado a olvidar simplemente la cosa más importante, grande y hermosa que había pasado por su vida.   

   Ese recuerdo le da fuerzas para desechar de una vez sus miedos, sus traumas, la culpa que siempre había sentido por amar a otro hombre, por cometer el pecado nefasto del que los viejos hablaban cuando no era más que un niño impresionable y solitario. Por Jack dejaría atrás el temor al que dirán, al que lo señalen en la calle y rían por lo alto, ofensivos. Estaba cansado de sus silencios, de no poder decirle me gusta tu sonrisa, me gustan tus ojos, o me has hecho tan feliz que no imagino mi vida sin ti. Quiere dejar ese mundo de sombras, quiere sol, quiere ver a Jack sonriendo de dicha cuando le diga todo lo que siente. Ennis quería borrar todo lo que había sido hasta ahora, borrar toda su vida, excepto el recuerdo de Jack. Quería comenzar de nuevo, partir de cero, sin pesares, sin desengaños, sin frustraciones. Quiere discutir con Jack por mil pequeñeces bajo un mismo techo, como esos matrimonios que envejecen aparentemente antagónicos pero que en verdad se aman con locura, cada día un poquito más. Quiere ser generoso, ser abnegado, ser decidido como Jack, quien prefería mil veces pasar catorce o quince horas seguidas en su camioneta por esas carreteras que los habían separado siempre, a quedarse sentado en un sofá, pensando en él, sólo soñando y deseando sin hacer nada al respecto.   

   Con manos torpes aleja el plato y sacando la cartera deja unos arrugados billetes sobre la mesa, poniéndose de pie, como si estuviera mareado. Así se sentía ante la enormidad del paso que iba a dar. Deseaba comenzar una vida nueva, una con Jack. Tenía casi cuarenta años pero podía hacerlo, se dice sonriendo leve, con ojos brillantes. Jack no lo encontraría tan atractivo ni joven como antes, pero él se daría mañas para que no lo notara. Le enviaría una postal como siempre, citándolo, se dice agitado, luego le haría una llamada telefónica, una como nunca antes había hecho otra, con los ojos cerrados y hablando rápido para dejarlo salir todo. Una donde diría que quería comenzar una vida nueva, una junto a él, que le dijera cuándo y dónde se encontrarían e iría. Sonríe leve mientras va saliendo, imaginando la sorpresa de Jack, que sería grande si se parecía a la cálida y poderosa sensación de felicidad y temor que sentía en esos momentos. Estaría con Jack hasta que se le acabara la vida, sin esperar agostos ni noviembres. Estarían juntos cada mañana, cada tarde y cada noche, y abrazado a su espalda, con la nariz enterrada en su nuca, sabía que descansaría al fin cada noche, que estaría completo y sería feliz, sin los miedos que atormentaron toda su vida, miedos que Jack jamás comprendió ni compartió, como le dijo un noche, en esa carpa, en otro agosto.   

   -Prefiero mil veces morir apaleado a vivir toda una vida sólo de sueños o ilusiones, Ennis; de esperar por eso que no hago nada por alcanzar…

……   

   Este es un cuento versionado de ANÓNIMO, quien escribió en el blog del PUTOJACKTWIST, o creo que todos son en el puto Jack porque me gusta mucho ese sitio; lamentablemente no recuerdo mayores detalles del autor. 

Julio César. 

NOTA: En mi otro blog he recibido algunos comentarios que escuetamente dicen: deja ya estos cuentos, aburren. Extrañamente, contrario a cuando me medio llaman  la atención sobre cualquier otro tema, que me molesta, estos me hicieron reír; claro que sé que tres lo hicieron amigos míos, ¡uno hasta usó mi computadora! Lo siento, pero con este título de página, ¿qué más puedo escribir? Pensar dejar de hacerlo me parece inconcebible. Lo que puedo intentar es, tal vez, reducir el número de sus cuentos, pero Brokeback Mountain, Ennis y Jack siempre estarán aquí, para eso inicié este sitio. Lamento fastidiar un poco pero así es. Chao…

REPARTIENDO… VIVERES

jcqt1213 @ 03:52

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   Sacaba sus buenas entradas… en propinas.   

   ¿Qué se hace cuando se es joven, con cuerpo de un calentorro travieso y con deseos de ganar un dinerillo en un empleo de medio tiempo? ¡Conviértete en el chico de las bolsas en un mercado!, como Tomás. El chico había descubierto que siendo amable, sonriente, y llevando un corto short, podía ganar muchos encargos a domicilio. Iba con las bolsas, hablaba un poco, pedía un vaso de agua y consejos sobre qué estudiar más adelante, e iba a la cocina con el dueño de casa si estaba solo; y mientras se lo servían se inclinaba sobre el mesón, meciendo su trasero enfundado en la clara tela que dejaba notar sus bikinis oscuros. Una mano siempre se extendía, tocándolo duro, apretando… para darle el vaso de agua. Más tarde, en confianza, el chico dejaba salir todo, o entrar en este caso, confiándose al adulto serio y responsable, que en forma cumplida, consentida, cómo debía ser, le daba una y otra vez, duro, casi estremeciéndolo con la fuerza de sus… palabras, los consejos para que le fuera bien en la vida. Y a esos tipos, agotados, exhausto ante el goloso chico que parecía no querer terminar nunca de saltar riente mientras… oía consejos, les parecía un regalo de la vida poder ayudarlo, por lo que eran generosos en propinas, pidiéndole siempre al despedirlo: volverás, ¿verdad? 

Julio César.

FORZY

jcqt1213 @ 03:48

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   -Bueno, primo, ¿la quieres agarrar o no? A mí me parece que te mueres por tenerla en tus manos, apretándola… Aquí está para ti. Anímate… 

Julio César.

PAISES MACHISTAS

jcqt1213 @ 03:45

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   Luis Posadas Carriles es un anciano cubano que hace como cien años estuvo involucrado en la voladura de un avión. Pasó hace tanto que ni yo que tengo memoria de rencoroso recuerdo exactamente cuándo. Una acción horrible, reprobable e infame como lo es siempre el ataque mediante el terror o la violencia contra gente inocente; como los juicios sumarios y los fusilamientos que hay en regimenes tiránicos, o los asesinos que se cobijan bajo la defensa de una dizque revolución donde son elevados a la categoría de héroes cuando todos los vieron matar gente a mansalva, montados en un puente, desde las alturas, porque ni para dar la cara sirven. La violencia, el crimen y la monstruosidad es siempre igual, únicamente los que la ejercen le cambian el nombre, o ven lo malo de aquella acera y no lo que hay en esta. Después de todo la frase “cada quién habla de la feria según le va en ella”, es bien conocida por todos nuestros pueblos.   

   En fin, esa voladura ocurrió en un tiempo que nadie recuerda ya, excepto que la cosa había sido juzgada en Venezuela hace una pila de años y había quedado resuelta. Ah, pero a la llegada de un régimen títere de la dictadura cubana a Venezuela comenzó la persecución nuevamente, como una prueba de amor del Presidente de lo que antes era la República, hacia su viejo mentor, el siniestro emperador. Hasta este punto, todo sería hasta… normal: un amante inseguro quiere satisfacer los caprichos de su amor (¿de quién es esta boquita?), para que le agradezca, para que lo mire con cariño, para sentir que aún es ‘el amado’, merecedor de ese afecto (una cabuya de la que los cubanos ya tienen una madeja. A Venezuela le habría salido más barato un barraganato del presidente con una mujer, como en casos anteriores, a esta pasión insana). Todo se complicó cuando el viejo inepto de Posada Carriles se dejó atrapar entrando ilegalmente a Estados Unidos, a pesar de la edad como que aún se cree el Pingüino o algo así. Fue allí cuando saltaron el presidente de esto que antes era una República, y el viejo antillano asesino de su pueblo; cacareando a dúo como gallinas desesperadas que quieren poner un huevo, pero no pueden.   

   Ante el escándalo armado, Estados Unidos intentó salirse del paquete mandando a Posada Carriles a otro país, pero eso era casi imposible, ¿quién iba a querer caer en la boca del basilisco?, y México, por eso días iba a elecciones y una acción así habría favorecido al señor Obrador (¡de la que se salvaron los mexicanos!, casi me parece injusto). El resto de los países soberanos se lavó las manos con esa forma cobardona con la que ahora se hace política, con volteadas de caras para no ver a los que sufren. Sin poder hacer nada con Posada Carriles, e incapacitados para enviarlo a un país satélite de Cuba como es Venezuela, Inmigración envió al viejo tonto a los tribunales, para que lo juzgaran por entrada ilegal. Y allí comenzó un sainete, que en mi opinión, dolorosamente debo reconocer, retrata de cuerpo entero el cómo es mi país, y el por qué nos va como nos va. Y en buena parte a toda América Latina. Imagino que si alguien ha leído algo escrito antes por mí, y le agradaba, eso durará hasta ahora.   

   Mientras Estados Unidos lanzaba la llamada campaña contra el terrorismo internacional, los principales voceros del régimen venezolano: parlamentarios, jueces, ministros, y (Dios nos libre) intelectuales comenzaron a gritar que el señor Bush hijo era un hipócrita que decía luchar contra el terrorismo mientras defendía al viejo inepto; que él debía entregarlo ya. Y creo, en honor a estos señores, que lo decían en verdad, que no era simplemente hipocresía o competir por ver quién le halaba más mecate al presidente de la otrora República. De verdad creían en los argumentos que esgrimían. Pero eso sólo habla del nivel mental al que hemos descendido, o al que jamás hemos llegado en estas latitudes. Déjenme que les diga cómo lo veo (sólo una opinión, no soy el Ayatolá Jomeini, señor último de la verdad; que no se me confunda con el presidente Chávez).   

   Hace tiempo, no recuerdos si dos o tres años atrás, en Estados Unidos estaba en boga la controversia sobre una mujer que llevaba muchos años en estado vegetativo mantenida viva con aparatos, y el marido había iniciado un largo juicio para lograr que la Corte decretara que debía ser desconectada y que finalmente muriera. Eso dividió a ese país, y seguramente a muchas otras personas alrededor del mundo. Unos decían que era inhumano mantenerla así, otros sostenían que era un homicidio, sin justificativos o atenuantes el desconectarla. El señor George W. Bush, a través del departamento legal de la Casa Blanca intervino, ofreciéndose a cargar con todos los gastos de mantenimiento de la mujer para que continuara en ese estado bajo la protección del Ejecutivo. Pero el marido no quería eso (imagino que el calamar ya le pesaba demasiado, aunque suene feo decirlo), y al insistir la Casa Blanca, la Corte Suprema les paró el trote diciéndoles que no podían intervenir en una dedición tomada por un tribunal.   

   Y el señor George W. Bush, supuestamente el hombre más poderoso del mundo, tuvo que meterse la lengua en la cartera, resintiendo el regaño (uno puede imaginarlo mal encarado, bajando las orejas como burro regañado), y no se pudo hacer más. La mujer fue desconectada. Aquí debo acotar que yo estaba, y estoy, de parte del marido. ¡Tantos años así no es vida! Sin embargo (ah, malvados medios de comunicación) cuando en una toma televisiva vi a la mujer, con aire extraviado como una niña, sentí no sé que vaina por dentro. Pero la vida tiene que continuar. Y esto nos lleva nuevamente a Venezuela y al viejo tonto, digo Posada Carriles, y al por qué Estados Unidos, sus tribunales, jamás lo entregarán a un país que sabe lo condenará a muerte enviándolo a Cuba en una bandeja de plata para satisfacer los apetitos pedestres de un anciano senil.   

   En un país como el mío, la gente no entiende que un presidente de la República no pueda hacer lo que le da la gana, su real gana, así sea inmiscuirse en las actuaciones de otros poderes. Venezuela es un país donde el presidente llama plasta al Tribunal Supremo por una dedición que no le gusta, y los jueces se quedan calladitos y regañados (si’ñor), y muchos le aplauden ese gesto de machura. El presidente, arrecho todavía, le ordena a la Asamblea Nacional el reformar una ley de forma ilegal para que una cosa ya juzgada, pueda volver a ser juzgada, y no pasa nada (y el mundo continúa girando, y la OEA se pasea con cara grave de importancia y el señor Insulsa sonríe comprensivo). ¿Se queja algún alto parlamentario con aires de docto constitucionalista como don Carlos Escarrá? No, porque le aterra que le griten (poechito), lo humillen y lo echen de la teta del Estado, y a su edad y con su falta de ética, vergüenza y moral ¿para dónde iría? Un diputado comienza a investigar los negocios de una azucarera manejada por los cubanos que iban a resolver todos nuestros problemas, y el presidente grita ‘liquídenlo’ y todos salen corriendo a hacerlo, así fuera un antiguo compañero de bancada. Que el presidente se queje por televisión de un humorista que lo molesta es suficiente para que la Fiscalía se mueva y promueva un juicio, donde una juez que no dictamina lo que se espera, es separada de su cargo e investigada a su vez. ¿Que al presidente le gusta la finca tal pero esta tiene dueño? ¿Qué importa? ¡Que lo saquen con el ejército y que los tribunales lo despojen legalmente! Así vemos y entendemos el Estado y el Poder en republiquitas como estas.   

   Y en buena medida, esa forma caudillezca de ser conducidos, es muy común  a toda la América Latina. Nuestra cultura se destaca por su fuerte tendencia y admiración al machismo. Pero no a la del tipo que tiene tres mujeres, o al que le pega a la que ya tiene (debe ser porque extraña a las otras dos), no. Es, y sé que me odiarán por decirlo y no estarán de acuerdo, que rendimos culto al gritón, somos (aunque no me incluyo) machistas porque amamos a un macho (qué horrible suena). El pueblo llano ama al que lo escupe mientras vocifera, que lo humilla, que lo vergajea, mientras piensa para sus adentros: que macho, este es mi macho. Estos países siempre caen seducidos ante el gritón, el grosero, el que atropella. Mientras más humilla un mandatario, con gritos, muchos más se le someten, porque ese es el macho que les pone preparo, sean industriales, militares o intelectuales (dígame estos, son pura pérdida, aquí y en Europa).   

   Estos pueblos creen, porque quieren engañarse, que quien grita que multiplicará los panes, sin decir cómo o cuándo, y eso aunque todo el mundo sebe que no es más que un charlatán, es al que hay seguir como salvador de la patria; generalmente estos nunca resuelven nada y al verse acogotado de problemas, hasta los vigilan mientras saquean los erarios públicos, terminan gritándole y golpeando al pueblo incauto (o pendejo). Esta gente se comporta como esas mujeres que mientras más les pega el marido, más lo quieren porque les demuestra que es muy macho, su macho, y los golpes le dicen que la ama. Y allí está la clave del abuso, del incumplimiento y la infelicidad de nuestros pueblos. Ese pueblo que no tiene vergüenza ni dignidad, que cae una y otra vez en manos de quien lo golpea y vergajea, sufre el mismo destino de esa mujer encerrada en la miseria, con ocho muchachos, cuando el tipo que se cansa de tenerla por mujer, al verla tan regalada, tan arrastrada, soportando engaños, golpizas y hasta encubriendo que el tipo abuse de los hijos. Gente así da tanto asco que a la larga el mismo abusador se siente enfermo y tiene que dejarla. O someterla a más y mayores humillaciones, porque siente que ella ‘se lo merece’.   

   Nuestros países están condenados a repetir una y otra vez los mismos errores que vienen desde las distintas independencias, caer en manos de enfermos de poder, no porque seamos incapaces de pensar o aprender, sino porque somos países machistas; en cada rincón, campo o ciudad de nuestros pueblos, hombres y mujeres  (chóferes, estudiantes, campesinos, uniformados) sueñan con el macho que venga a darles palo (nada sexual) y los haga sentirse queridos, representados y satisfechos, y hasta vengados en sus celos o frustraciones. Y nunca se cumplen las expectativas porque el macho goza la juventud, la comida y los bienes de la tipa mientras la golpea, pero luego se va con otra que no sea tan… masoquista o barata. Eso está en la naturaleza humana.   

   ¿Qué un presidente de la República no pueda condenar a un enemigo personal porque un fiscal o un juez se lo impiden? ¿Qué un presidente no pueda cerrar un canal de televisión opositor por que es ilegal? ¿Qué la Constitución de un país no se pueda reformar por un decreto (o capricho) presidencial porque es inconstitucional? ¡Qué mundo insensato es ese!, dirán sorprendidos y aterrados los adoradores del macho que les pega, que les grita que tienen que andar desnudos para que él y su camarilla vistan, que tienen que pasar hambre mientras ellos andas gordos como cochinos, o que tienen que pasar frío mientras ellos viajan, visten, comen y beben sabroso. Es algo que va más allá de cualquier razonamiento ordinario. Lo que hace falta son psiquiatras y drogas.   

   Lamentablemente esa puede ser la explicación, o una de ellas, de por qué un país como Estados Unidos funciona y les va bien, con todo y sus grandes problemas internos, y a nosotros nos va mal. El presidente de Estados Unidos no puede contravenir la decisión de un tribunal ordinario, no digamos ya de la Corte Suprema. Aquí, cualquier mamarracho se permite sacar de un Congreso a diputados elegidos como él mismo, en elecciones libres, y meter a los que le da la gana, bendecido todo por un organismo electoral sumiso y una Corte entregada. George Washington, el considerado padre de la patria del Norte, al terminar su presidencia se retiró a su granja, donde murió de una afección respiratoria contraída por hacer mejoras en el rancho donde siempre vivió en invierno. En nuestras latitudes, los mandatarios quieren estar para siempre y sólo la muerte nos salva a veces de ellos. Y amenazan una y otra vez con volver, y cuando se van, porque se cansan de joder, hay que darle gracias a Dios de que al menos dejaron el cascaron del país y no se lo llevaron en una maleta. O lo regalaron a un viejo amor.    

   En Latinoamérica se ven pocos ejemplos totales de democracias, salvo tal vez Costa Rica, antaño refugio de venezolanos que escapaban de las garras de la intolerancia política, ahora coto cerrado gracias a los grandes chorros de petrodólares que de aquí salen. Y Colombia: ¡ah, la odiada Colombia! Aunque su presidente actual parece la copia en negativo del nuestro, por lo menos es un hombre sensato, no creído tocado por el rayo que transformó a Saulo camino a Damasco. La diferencia con otros países es que Colombia tiene la suerte de contar con una clase media y oligarca responsable y perseverante, que sabe que lo que es bueno para ellos, lo es para Colombia, y lo que es bueno para Colombia lo es para ellos; grupo social que en otras partes no fue capaz ni de educar a sus hijos en el cuidado de sus libertades, y su destino es estar condenada a padecer y posiblemente desaparecer. Sin embargo, no todo podía ser bueno para los hermanos del vecino país (ja, ja, ja); intentan no darse por enterados de qué clase de vecino tienen y en qué puede terminar todo, como no quisieron enfrentar y ver en todo su horror y en su en su momento a la narcoguerrilla, o como los vascos cuando no quisieron ver en qué terminaría la ETA años atrás.   

   Para serles totalmente sincero, cuando el señor Morales ganó en Bolivia, Correa en Ecuador y Noriega en Nicaragua, a mí me entró un fresquito. Me alegró, de una forma despreciable y ruin, a decir verdad. Aquí en Venezuela mucha gente andaba preocupada y angustiada por la suerte de esos países, pero ellos eligieron solitos sus destinos a pesar de todo lo que veían en Venezuela. Sé que es malo, pero en el fondo pienso que si mi país se jodió, bienhecho que a ellos también les pasará. Es justo. Es de Dios, por estar tan necesitados de un macho. Por ser tan machistas. Perú se salvó porque ya venían de pasar el horror de Fujimori. A México lo salvó que sé yo, la Guadalupe. Queda Brasil, quien piensa que pueden convivir con un chacal enloquecido en su patio; y Chile de quien tanto se esperaba, pero la señora Bachelett (quien resultó como muchas mujeres la mayor admiradora del machista) parece sentir debilidad por los regímenes que atropellan, encarcelan y persiguen, tal vez extrañando al señor Pinochet. También es la tierra del señor Insulsa y su desvergüenza, la tierra de la que dicen algo que me suena feo: cuídate del pago de Santiago. Quienes lo dicen sabrán por qué; pero en general, los chilenos parecen gente culta y responsable, ojala un día se apiaden de los que sufren y padecen bajo estas tiranías disfrazadas.   

   A veces yo también odio a Norteamérica, pero es inútil entregarse a esos vicios que no llevan a nada. Hay que recordar todos los días ese letrero que hay en tantos carritos por puestos: si quieres lo que yo tengo, no envidies, trabaja. Al menos también ellos cargan con sus escaparates de errores y problemas, del que Posadas Carriles es sólo una partecita. 

Julio César.

COSAS EN FAMILIA

jcqt1213 @ 03:39

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Julio César.

CUIDADO, PARRANDERO

jcqt1213 @ 03:37

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   -Sígueme y tendrás lo que mereces…    

   Recio y altivo, el llanero se echa el sombrero atrás en la nuca mientras recorre el oscuro camino, controlando con su mano firme las riendas del caballo que corcovea y resopla, inquieto, con ojos muy abiertos, como deseando adivinar qué hay más adelante. Frente a él encuentra, en la entrada de un rancho oscuro y miserable de madera a una mujer joven, hermosa, vestida con una larga batola blanca, de cabellos negros como la noche que descienden lujuriosamente hasta su corva. La sangre le arde al macho con tan sólo mirarla, se yergue en su montura y le pregunta qué pasa, qué hace ahí en medio de la noche ‘tan solita’. Ella responde, señalando el rancho, que tiene miedo pues está sola y le pareció oír ruidos. Él la recorre toda, como hombre al fin, y dice que puede acompañarla hasta que llegue su marido. Ella contesta que no tiene marido. Bajando de la montura, convencido de que aprovechará bien el momento, va hacia ella y hablan. Ella, coqueta, lo invita a entrar. Él la sigue. Una vez adentro deja caer su batola, dejando al descubierto sus carnes bellas; el hombre salta sobre ella, se besan y cae sobre un sucio camastro; y mientras se amanceba el hombre, las manos de la hembra le atrapan los hombros reteniéndolo con gran fuerza, cuando un grito atronador escapa de sus labios. Mirándola, con el corazón estallándole en el pecho por la sorpresa, el hombre la mira transformase, sus ojos color fuego, sus colmillos de fiera, y en su cara, con un espantoso aliento caliente golpeándole la nariz, el espanto vuelve a lanzar sus gritos… y quedó muerto en el acto, el hombre que en mala hora, sin tener conocimientos ni trato, intentó amar a la Sayona.   

   Este es el corrido que se  canta de uno de los espantos más conocidos que recorre los llanos venezolanos, que sale en pos de los hombres parranderos que gustan de estar de fiesta en fiesta y para quienes ninguna mujer deben dejarse ‘escapar’. Hay variedad de cuentos sobre su origen, el más aceptado es aquel que habla de una casi niña que tiene amores con un soldado quedando embarazada y siendo abandonada por este, cayendo en un estado profundo de depresión y angustia (no te digo, la vieja historia que todavía se repite como una maldición). Da a luz a una niña a la que no sabe cómo cuidar; está sola, y durante un ataque de llanto de la infante, llevada por la  desesperación, la mata con sus propias manos. Pero al percatarse en verdad de lo que ha hecho, comienza a llorar y a gritar de forma alarmante, lo que atrajo a vecinos y familiares, quienes al ver lo sucedido intentaron ajusticiarla, maldiciéndola todos. Logrando escapar, la joven se interna en el llano, convirtiéndose en el aterrador espanto.   

   Siempre llora en forma de alaridos, algunos que aseguran haberla oído hablar con una de sus víctimas, aseguran que se presenta como una mujer sin marido o preguntando si no han visto a su hija. El peligroso espanto, al parecer, roba niños cuando están solos, tanto en sus casas como a orillas de ríos y quebradas, algo parecido a los fulanos duendes de ríos que también se llevan a los incautos. Generalmente se le siente en tiempos de Semana Santa. Otro relato habla de una mujer joven que se embarazaba muy seguido por su vida licenciosa con hombres casados, matando a los niños al nacer sin sentir remordimientos, pero a uno le dio de tomar teta, matándolo luego, y este si le parecido más real, llenándola de culpa, vagando desde ese momento por los campos, llorando su dolor y su culpa, buscando a sus hijos, lamentándose a gritos por ellos. Un tercer relato, muy cantado en nuestros llanos, habla de una también joven mujer que recién parida, es visitada por alguien que le mete en la cabeza la idea de que mientras ella está ahí, amamantando, el marido se acuesta con su propia madre. La joven enloquece, y cuando la mamá va a visitarla, encuentra que la mujer mató a su hijo y se le lanza encima hiriéndola de muerte. Con  hilo de voz le dijo: has matado, a tu madre y a tu hijo, y por este crimen Dios te castigará, y te maldecirá pa’ siempre. Fue allí cuando la joven sufrió la fea transformación convirtiéndose en la Sayona; a sus gritos la gente corrió a ver qué sucedía y entendieron, por lo que comenzaron a rezar para alejarla del lugar.   

   Aunque muy similar en su historia, a la Sayona no debe cofundársele con la Llorona, quien como grito de guerra lanza su aterrador: mis hijos… mis hijos… La Sayona lanza gritos destemplados y horribles, pero no llama a nadie. Al parecer, la Sayoma sólo persigue, asusta o mata a los hombres parranderos o infieles (no te digo), no como la Llorona, que mata al que se e cruce en el camino. Sus males vienen de hombres que no dieron la talla, de ellos quiere vengarse. Así que si un buen día, por los caminos de Portuguesa te encuentra de noche, avizora la mirada, vigila  tus flancos, cuidado con la hermosa maja de piel clara, cabello largo y oscuro, rostro sensual e insinuante, que está sola en la entrada de una casa o al lado de un paraje tranquilo y solitario, sobretodo si alza sus manos y los extiende seductora, sonriéndote con lujuria, como una invitación del infierno, tras esa fachada pueden ocultarse ojos rojos como la sangre, y enormes colmillos de fiera, de fiera herida y peligrosa. Que en medio de la pasión no vayas a escuchar, como último sonido en tu vida, un grito mitad llanto lanzado por el espanto… 

Julio César.

VAYA TIPO…

jcqt1213 @ 03:34

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   -Se siente rico metida allí…   

   ¿Saben qué? En la fábrica nos pidieron a todos unas fotos para hacer un almanaque de tipos rudos para viejas solteronas. Pero el fotógrafo insistió tanto en sacarme una un poco más atrevida, con tanta urgencia que me dio vaina no complacerlo; creo que tenía fiebre por tener un modelo ya que sudaba a mares y las manos le temblaban mucho mientras yo posaba. Lo hice y ahora me entero de que todos los carajos en la fábrica quieren copias de esta foto. Imagino que debe haberles encantado mucho esta vainita metida entra las nalgas, la tanga, porque ayer el jefe, con voz algo ronca y jadeante me pidió que se la diera para verla. Le dije que aún no la lavaban en mi casa, que estaba en el casillero y casi se desmaya; gimió que la quería ya. Se la di, pero creo que estaba hedionda porque lo vi olfateándola, con toda la cara enterrada en ella. ¡Yo le dije que estaba usada! 

Julio César.

A ÁLVARO URIBE VÉLEZ LO PROTESTA EL PCV VENEZOLANO

jcqt1213 @ 03:30

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   Como él no va, yo tampoco…   

   Sin ningún sentido del ridículo, lo perdieron hace tanto tiempo como la vergüenza, el Partido Comunista de Venezuela (da hasta risa decirlo), piensa montar una multitudinaria manifestación de rechazo al próximo viaje de Uribe Vélez, presidente de Colombia, a Venezuela. Uno imagina las cincuenta personas, sesenta si ofrecen guarapita, que colapsarán esas calles. Ah, pobre Partido Comunista, ya ni el color rojo les pertenece, no son dueños de nada; yo en verdad no debería tenerles lástima, se han llenado de plata en bruto como nunca antes con la destrucción del país y sólo tuvieron que ca… erse a muela sobre la tumba de ese hombre decente y combativo, Gustavo Machado, fundador de esa cosa que ahora devino en pedigüeños del poder. Pero dan pena en sus manifestaciones, seguramente Hugo Chávez, a quien intentan halarle bolas con la concentración, pronto los llamará para regañarlos.   

   ¡Es que no piensan!, y nadie les hace el favor de hacerlo por ellos. Mientras Chávez siente que lo van envolviendo en la red de denuncias y sospechas de colaboración con el terrorismo internacional, e intenta deslastrarse de eso como sea, dejando guindado a Correa en Ecuador y abandonada la guerrilla en la selva, el Partido Comunista pretende sabotearle el acto donde intenta abrazarse con Uribe, y llamarlo su hermano del alma, como para sembrar  la duda en la mente de todos: ah, entonces lo de las computadoras como que no es tan verdad. Al PCV no le alcanza la inteligencia para tanto, la maniobra, vital para el Presidente, se les escapa. Sólo saben del ñemeo y la argucia del momento. Seguro que tras la maniobra de la foto con Uribe, está la mano del Monje Rojo, el único que medio piensa allí.   

   Algo que estos cuatro gatos no parecen ver, o entender, o no les intriga, es que en Colombia no ha habido marchas de protesta contra Uribe, ni de llanto por los narco terroristas; pero eso no les dice nada. O tal vez piensan que todos esos millones de colombianos están equivocados, y ellos, quince o veinte comunistas, tienen la razón y la verdad. ¿Por qué no protestan en Colombia los colombianos? ¿Dónde están los que lloran por la muerte de los guerrilleros en Colombia? ¿Por qué nadie los llora, los defiende, o los extraña? ¿No será que… los combinaos los ven como un problema, como delincuentes, como un cáncer al que hay que  extirpar? No, debe ser que están desinformados, seguro no ven noticieros y no se han enterado, como sostienen los medios controlados por el chavismo en Venezuela. Sea como sea, el Partido Comunista de Venezuela marchará (si no los regañan otra vez y les dicen que ¡no!), lamentablemente por el número que asistirá seguramente todos pensarán que van a hacer alguna cola para comprar leche o pollo. Ojala les llueva por pajuos, hala mecate y necios. 

Julio César. 

NOTA: Esto, en mi otro blog, cae bajo el nombre de: GOTITAS DE ÁCIDO… Adivinen por qué.

07/07/2008 GMT 1

SECRETOS DE CASADOS

jcqt1213 @ 02:23

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Julio César. 

NOTA: Todas las fotografías han sido tomadas de portales gratuitos; que nadie se moleste, por favor…

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