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Cortos relatos para gente muy adulta. Nada de menores...

02/05/2008 GMT 1

CARRERA IMPOSITIVA

jcqt1213 @ 03:19

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   La meada impositiva…   

   El Capitán Cobrador de Impuestos, altivo, de rostro que intenta sea la del tribuno espartano, pero que sólo logra conjurar el rictus del soberbio que sabe infunde temor, encara al periodista, otro más que intenta comprometerlo sacándole alguna reacción contraria a la decisión tomada por el comandante Takín, de cerrar aquel medio de comunicación (perdón, no renovar la concesión, rectifica mentalmente, temeroso de ser captado por los telépatas cubanos). El joven periodista insiste e insiste en que diga algo, pero él era demasiado inteligente, demasiado para este pobre país tercermundista y de mierda que jamás había visto tanta eficiencia como la suya, pensaba con modestia.   

   -Mire, amigo, no va a cazarme en un contra sentido. –dice metálico.- A ese canal de televisión no se le renovará la concesión para trasmitir porque ya llevan más de cincuenta años en eso. Nadie debe poseer jamás privilegios de por vida, y muchos menos legados de padres a hijos como si esto fuera la colonia, y los derechos divinos. –Dios, ¡que bien me salió!, piensa. ¡Me la comí!   

   -Pero Superintendente… -jadea el joven con la boca muy abierta.- …si yo no le estaba preguntando sobre Fidel Castro y sus cincuenta años en el poder, ni el que se lo entregue a su hermano, o lo que pasa en Corea del Norte, o lo que intenta el Comandante aquí... ¿Se siente bien, señor? Hablar de eso es delicado y…   

   -Maldito conspirador, maldito agente de la CIA. –gritó el Capitán de los Impuestos, aterrado de haber criticar al tirano sin darse cuenta. Y mirando en todas direcciones, con ojos desorbitados, buscando las cámaras y micrófonos, grita nuevamente.- Que viva Fidel… Que viva Fidel…   

   La patética figura del todopoderoso Cobrador de Impuestos, se aleja a la carrera, dejando cierta mancha sospechosa de ser orine en la acera. El joven reportero lo mira, entre asombrado y asustado, sabía lo peligroso que era criticar al desalmado y sanguinario asesino cubano. Traicionado por los nervios, echa a correr también, en dirección contraria a la del Capitán Meado. Así estaba Venezuela… 

Julio César.

30/04/2008 GMT 1

FIZGONEANDO

jcqt1213 @ 02:14

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   Benditos pantalones cinturas anchas…   

   -¿Dónde están?, no veo nada. –gemía Gabriel agitado, asomándose por la dichosa ventanita que daba al baño de las chicas, inclinándose más, con un llamativo y atractivo rubor cubriendo sus mejillas tersas y adorables.  

   -Están ahí. Asómate bien. –jadeaba estrangulado de excitación, por ver a las chicas, claro, Mateo, acercándosele más, dándole indicaciones con la vista clavada.- Inclínate algo más hacia atrás. Así…  

   -A estas horas se cambian las pantaleticas usadas en gimnasia. –arguye Román, rojito, con los ojos clavados también, algo sudoroso y eso que no practicó gimnasia.- Mira con atención… pero ten cuidado y te caes.  

   -Epa…  

   -Sólo estoy ayudándote. Mira bien. –jadeo Román. Con su manota abierta sosteniéndolo por un cachete durito, tan duro como su propio… ánimo.  

   Desde que se supo que Gabriel usaba suspensorios con esos pantalones que se le bajaban tanto, era el amigo preferido a la hora de fisgonear a las chicas. A sus amigos parecía no importarle que fuera el único que miraba. Ellos se conformaban con verlo excitado, a veces mucho, como se notaba al bajar bastante ese pantalón, todo rojito y caliente. Eran sus amigos y su felicidad era algo que los llenaba de gusto, de placer. Muchas veces, encerrados en sus baños, sin pensar, o en sus camas de noche o de mañanita, lo recordaban con afecto y lo tenían en mente mientras se ocupaban de sus propios y duros asuntos.  

   -Oigan… ¿no sienten una brisita caliente? –se alarma Gabriel.  

   -Aquí entra mucho aire… -grazna Mateo, dejando de soplar para verle titilar el ojito. 

Julio César.

29/04/2008 GMT 1

DURANTE EL RECREO

jcqt1213 @ 02:18

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Julio César. 

NOTA: Lo siento, no noté el detalle del color del texto hasta que terminé… y no iba a repetirlo.

27/04/2008 GMT 1

TAN SÓLO TRES MESES

jcqt1213 @ 03:33

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   A veces te extraño tanto que no puedo soportarlo. 

Julio César.

EL ASCENSOR

jcqt1213 @ 03:24

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   Haré lo que diga, señor…   

   Coño, voy llegando tarde otra vez. La recepción de la firma está vacía, todo el mundo está en su cubículo trabajando, como abeja en panal, cada quien en su mundo. Es frustrante sentirse así. Me miro de pasada al espejo de puerta entera y me agrada lo que veo, un tipo joven, fornido, no muy alto pero atlético, de rostro cuadrado, cabello negro algo alzado en cepillo y una sombra perenne de barba en mi mentón cuadrado. El traje, azul oscuro, me sienta bien. Me veo poderoso y próspero. Voy ascendiendo dentro de la firma, aunque el jefe es un coño’e madre que me la tiene dedicada. Pero guardo silencio, ese cuarentón alto, fibroso, de rostro duro y hosco, de cabello ralo y mirada penetrante y dura, con algo de canas en su mentón que aunque limpio en la mañana ya muestra cañones en la tarde, era tan peligroso como enemigo, como lo parecía.   

   Iba retrazado, seguro me formaba un peo, pienso inquieto, pero no tanto, llegar tarde era casi una cuestión cultural en Venezuela. Oprimo el botón del último de los ascensores, ya que todos los otros andan como por el piso veinte, cuando noto la señal de dañado, maldita sea, siempre era igual. Pero, para mi sorpresa, las puertas se abren, y lo que encuentro casi me mata de la impresión. Allí estaba el señor Morean, mi jefe, con su serio traje oscuro, camisa azul y corbata vino tinto, masculino y viril, de pie, con el pantalón abierto y un increíblemente largo y grueso güevo rojizo emergiendo, poco, ya que la boca de Jonás, el chico del ascensor se lo tragaba con gemidos de hambre y gusto, como si nunca en su vida hubiera probado una vaina tan sabrosa. El güevo brillaba de saliva y mamadas cuando esos labios rojos lo tragaban y soltaban, apretándolo, logrando que Morean bufara por lo bajo, medio inclinado sobre el muchacho catirito que está de rodillas, acariciándole las nalgas metiendo su manota bajo una telita mínima, amarilla intensa, barata como sintética, y putona que usa como calzoncillo. Impresionado miré como esa mano tocaba, ávida, avarienta, y como parecía que uno de los dedos frotaba y se metía dentro del culito aun cubierto.   

   -¡Jefe…! -grazné.- ¿Qué haces? –demandé saber lo que ya sabía, sintiendo como mi corazón latía más de prisa, ¡y como mi güevo endurecía por segundos! Vaina que jamás me esperé.   

   -Jonás deseaba un aumento y lo estamos discutiendo, Gutiérrez, y  debo decir que sabe usar buenos argumentos. –sonrió, sin ninguna pena o incomodidad ese tipo tan… macho, mientras la boca tragaba con gemidos su güevo y su mano tocaba con más descaro esas nalgas y ese culito.- Aún estoy considerando su grado de compromiso para con la firma… debo saber qué es capaz de hacer por nosotros. Acérquese, Gutiérrez, y saque ese güevo que ya lo tiene mojándole el pantalón. –ordenó, como siempre hace, altanero.   

   Ese maldito maricón ¡qué se creía!, pensé molesto, agitado… mientras bajaba mi cierre y abría los botones de pantalón, ¡acercándome a ellos! Al librar mi verga, dejándola bamboleándose en el aire, casi tan larga y gruesa como la del jefe, boté aire, feliz, excitado al límite.   

   Algo vanidoso acepté la mirada de aprobación del jefe sobre mi dura barra, mientras la tomaba masajeándola duro, era extraño y rico sentirla apretada así, por la mano de otro tipo, alguien fuerte y viril. Tomándole la nuca a Jonás, el jefe libró su tranca, que parecía una lanza, babeado saliva y jugos, y lo obligó a tragarse la mía. Grité contenido cuando ese carajito bonito abrió su boca golosa y lo tragó, apretándolo, lamiendo y chupándolo con su cálida cavidad. Era una mamada increíble, y con ojos nublados miré al jefe que se abría la camisa, mostrando su tórax fornido, de grandes pectorales cubiertos de pelos ralos, muy bronceado, casi oscuro. Hice lo mismo, y cuando pellizcó mis tetillas, grité otra vez, mientras mi barra estaba en lo más hondo de la garganta del chico del ascensor, que mamando parecía bueno. Yo estaba totalmente loco, fuera de mí, sintiendo mis pezones apretados y mi güevo comido como nunca, soltando ya juguitos de macho.   

   Obligado a salir del pantalón y la tanguita amarilla, Jonás quedó desnudo a excepción de los zapatos negros brillantes y la casaca roja, así como el tonto gorrito que lo obligaban a llevar.  Teniéndolo en cuatro patas, con nuestros trajes puestos pero las camisas abiertas, le cogí duro esa boca mientras el jefe le enterraba el cobrizo güevo, grueso, como mucho para ese botoncito redondo y liso que había resultado el culito del muchacho, macheteándolo duro. Lo enculaba fuerte, embistiéndolo con tal poder que lo estremecía, haciéndolo gemir de puro placer. Su boca resollaba sobre mi tranca, antes de apretar, mamar y tragarlo todo. Era excitante ver a ese tipote atraparle las redondas nalgas, clavando esos dedos fuertes, embistiéndole el chiquito con su porra enorme, clavándolo todo, hasta los pelos crespos de su pubis.   

   La locura se desató dentro de ese ascensor, y a pesar del aire frío del acondicionador del clima, sudo un poco con la espalda apoyada contra las puertas cerradas del ascensor, chocando mis piernas con las del jefe, que está frente a mí, y entre los dos, gritando como una puta loca, sin reparos, apoyándose en nuestros muslos donde caía quedando sentado y por mis manos bajo sus rodillas, el catirito Jonás sube y baja sobre nuestros dos güevos tiesos, gruesos y enormes que queman como el infierno. Lo cogíamos a dúo, y el muchacho luego de adaptarse, parecía estarlo gozando increíblemente, pues gemía, sudaba y babeaba abrazado a mi cuello, pegándose de mí, aullando que se moría, que qué vaina tan rica, que no aguantaba más. Su güevo chocaba de mi panza, su tórax contra el mío era rico, y el jefe estaba allí, pegado a su espalda. Los dos de saco, con el chico desnudo a excepción de zapatos, gorra y casaca, que subía y bajaba más, totalmente fuera de sí, transportado a otro mundo de sensaciones y placer cuando su dilatado, y vicioso culito, subía y bajaba apretando nuestros güevos; mientras nosotros agitábamos como podíamos nuestros muslos, cogiéndolo también, para mí era raro y rico sentir ese culo chupando, pero también la barra tiesa del jefe contra el mío. Fue cuando el jefe me miró directo a los ojos.   

   -Gutiérrez, ¿usted no quería un aumento? Venga esta tarde, al final del día, a mi oficina… y depíleselo antes. –ordenó.   

   -Si, señor Morean… -gemí casi al borde del desmayo.   

   -¿Qué haces, Germán…? -me vuelve a la realidad la voz de Sonia, mi mujer, quien me mira en la entrada del cuarto.- Tienes ese bicho como pata de perro envenenado.   

   -Te esperaba, mi amor. –mentí, teniendo la delicadeza de enrojecer de vergüenza al verme pillado soñando despierto con las ganas que tenía de que el jefe me atendiera... 

Julio César. 

NOTA: Pequeña historia de mi otro blog.

ÉL ENTENDÍA A LOS JÓVENES

jcqt1213 @ 03:18

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   Un carajo acostumbrado a que cada rato le pase eso…   

   Rigoberto, distanciándose de la mujer y los hijos, fue a tomar algo de sol alejado de la orilla de la playa. Le encanta sentir el sol de Barlovento sobre su cuerpo, pero también la leve presión de su hilo dental contra el bulto y la raja, era tan suavecita… la tela y la raja. Medio adormilado repara en que unos muchachos, con pintas de liceístas, llevan como media hora viéndolo, babeando todos, y seguro les babeaba también más abajo. ¡Coño!, piensa.  

   -Está bien muchachos. –dice llamándolos, alzando las piernas, con el hilo bien metido en la raja y tocándose el bulto.- Vengan y usen esas lenguas por todas partes… Les doy media hora.  

   Le cayeron como zamuros y cada boca quería lo suyo…  

   -Hummm… -que rico era bajar a la playa, piensa con una de esas lenguas metiéndosele hondo en… la tirita metida, aunque apartada ahora. 

Julio César.

LA LARGA NOCHE

jcqt1213 @ 03:15

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   Los conocidos se han extrañado que no halla contado a mi manera (suena a prejuiciado, ¿verdad? ¡Qué calumnia!) lo ocurrido en el país el pasado diciembre cuando el Gobierno intentó una reforma de la constitución que era de facto cambiarla por otra, una donde se legalizaba una dictadura, y entregaba poderes plenipotenciarios al Ejecutivo, es decir, a Hugo Chávez. Aquí reproduzco lo que recuerdo, fue un día agotador, muchas cosas se olvidan, otras se rememoran con cierta visión, en fin, y aunque no les interese, aquí lo dejo.   

   En la Biblia cuentan de un día cuando el ejército israelita libraba una gran batalla y el caudillo militar, creo que Josué, notó angustiado que la tarde iba cayendo y que al amparo de la noche el enemigo escaparía y se reorganizara. Para impedirlo, Dios hizo detener el Sol y la Tierra en su marcha alargando el día. No entraré en detalles sobre sí Dios pudo o no hacer tal cosa, pero las simbología para mí es lo importante. Hay días que exceden, aparentemente, el largo de veinticuatro horas. O será que la implacable ley de la relatividad nos atrapa a todos. Una hora bebiendo caña y hablando paja con gente a la que se quiere, parecen segundos; y una espera en un pasillo médico, expectante por el final de una intervención quirúrgica parecen días.   

   La República de Venezuela vivió uno de esos días el pasado domingo 2 de diciembre del año pasado. El jornada comenzó horriblemente temprano cuando me arrancaron de un sueño no muy profundo fanfarrias y cornetas del tipo que se oye en los cuarteles, del Comando Zamora llamando a sus partidarios a despertar e ir a tomar los centros de votación para ser todos primeros en las filas, maniobra destinada a llenar todo hueco que quedaran vacante en la conformación de las mesas electorales y copar el cupo de testigos independientes. Por alguna razón (lo atribuyo a simple maldad) el dichoso camión con la fanfarria se estacionó cerca de mi edificio y sonó y sonó de forma continua y horrible. Creo que se había accidentado o algo así. Mucha gente, entre ellos yo, les gritamos los que podían hacer con su camión y un pote de mantequilla, somos gente exquisita.   

   A las siete de la mañana me dirigí a mi centro de votación para luego recorrer todos los de la zona y verificar que las mesas se hubieran instalados. No lo habían hecho y ya había gente esperando en las colas. Pero no eran muchos. Del primer café que llevamos a nuestros testigos, supimos que la gente no estaba acudiendo, que algunos centros marchaban rapidito después del atasco inicial cuando ya había más de cuarenta personas en fila esperando la apertura. Eso me asustó, coño, ¿dónde estaban todos? Siguiendo las cosas por la radio, escuché a la profesora Marta Colomina con una queja parecía, que ella se angustió al ir a votar tempranito, y ver muy poca de la gente que ella estaba acostumbrada a ver allí. ¿Acaso no entendían qué nos jugábamos ese día?   

   De regreso en el ‘comando’, desde las diez de la mañana nos comunicamos con los distintos grupos. Me dieron una lista (en este país todos estamos en una lista), y me tocó llamar a gente que se sabía estaba en contra del Presidente, los del llamado antichavismo medio o suave. La operación era siempre igual: hola, soy fulano, llamo de tal sitio, por esto y esto, ¿ya votó? Y comenzaba el escarceo entre quienes no veían ya salida por la vía electoral, desencantados de tantos desengaños; los abstencionistas grupo al que pertenezco de corazón aunque deba salir a votar; y los que se habían sido convenciendo de que lo mejor era dejar a Chávez en paz o haría las cosas peores (el avestruz y la arena). Me gustaría pensar que convencí a algunos, pero Dios, qué amarga es la impotencia cuando intentas explicar la gravedad o transcendencia de algo.   

   Los nervios no me dejaban comer, tan sólo tomar café y aspirinas. Salí a visitar a los conocidos cuando me sustituyeron al teléfono, y les formé peos a los que yo sabía que eran antis, que odiaban lisamente a Chávez, o los que temían por el futuro de su gente, pero seguían en sus casas. Azucé a muchos a que fueron a votar, creo que regañadientes y hasta molestos conmigo. Un cuñado que amaneció enratonado de tanto tomar el día anterior, no fue, y discutí con él, diciéndole que esperaba nunca más oírlo hablar paja del Gobierno. A lo que respondió que Chávez no llegó gracias a él, que él votó la primera vez por Irene. Con eso me dejó sin argumentos, un día les hablare de mi mea culpa. Aunque, en mi favor, también yo caí en la trampa que adecos y copeyanos montaron y ejecutaron cuando pactaron su supervivencia con Chávez y sacrificaron a sus candidatos. Pero eso lo dejaré para otro día.   

   Mis hermanos, amigos y conocidos me enviaban mil y un mensajitos de texto por celular, todos en sus colas diciendo que marchaba rápido. Ellos cumplían. En las colas vi a gente que yo sabía chavista, como a la señora Ángela, bedel de la oficina donde laboro, y al verme vinieron esos saludos de gente que no tienen igual rango de trabajo, pero que en Venezuela no impide que uno hable y se cuente sus cosas. Bajito ella me dijo algo que me dejó pensativo y hasta esperanzado: que iba a votar por el NO, porque aunque amaba a Chávez, no era bueno darle más poder, que ya tenía bastante. Así, con una simpleza y una claridad que gente más preparada, estudiada y con más que perder si la cubanización llegaba, no veían o no querían enfrentar. Sin embargo no había suficientes personas movilizadas, ¿qué pasaba Dios mío?   

   Ya para la una de la tarde comenzó a hacerse evidente cierta tendencia. Una hermana que vive en La Silsa, zona populosa y chavista, mientras esperaba su turno para votar, allí donde todos la saben antichavista, escuchó a dos coordinadores de centros, vestidos ilegalmente con las franelas rojas, cuando uno, muy preocupado le decía al otro: chamo, está ganando el NO. Inmediatamente ella trasmitió la información que otros se encargaron de regar, corrió la noticia de que en Miranda, la gran Caracas y Carabobo, la cosa parecía, increíblemente, favorable a nuestra causa, aún en regiones muy afectas al presidente, como las cercanas poblaciones de Guarenas, Guatire, Araira y la zona de Barlovento. Pero ni así la cosa era tranquilizante, ¿dónde estaba la gente de la oposición? Por experiencias pasadas sabíamos que el Gobierno en los últimos momentos acarrearía gente en la llamada Operación Galope, cuando los autobuses gobierneros irían a las parroquias a llevar gente casi a rastras a votar.   

   La estrategia se hizo visible pasada las dos y medias de la tarde: los estudiantes, en sus diferentes centros se habían puesto de acuerdo para asistir todos en cambote a las mismas horas, votar y quedarse en el mismo para copar el espacio y presenciar los escrutinios, ya que para endulzar a la gente para que fueran a sufragar, el Consejo Nacional Electoral había prometido que se contaría manualmente el 54% de todas las papeletas electorales depositadas (en el referéndum presidencial se contó el 1%, y al Centro Carter y a la OEA le pareció mucho). La mayoría de las mesas contó con esa fiscalización, fuera de la actuación más respetuosa del Plan República en manos de los militares, atribuido al pronunciamiento que días antes había hecho el ex ministro de la defensa, y ex compañero del alma del presidente Chávez, el general Raúl Isaías Baduel, recordándole a sus hermanos de armas cuál era su deber y el peligro de incumplirlo.    

   Todo el mundo estaba en ascuas; en los grandes centros, Caracas, Valencia, la misma Maracay, por no hablar de Maracaibo y las pequeñas ciudades mirandinas, se corría ya el rumor del triunfo del NO, pero una cosa era tener esos exit pool, pocos fiables ya que un país que vio como un grupo de venezolanos fueron perseguidos, acosados y destruidos por firmar pidiendo un referéndum, la tristemente celebre Lista Tascón (estoy en esa), no iban a responder realmente por cuál opción se decidieron. Dentro de los Comandos la gente andaba como autómatas, esperanzados; nos decíamos unos a otros que sí, que habíamos ganado, que la reforma sería parada. Luego comenzaron a llegar otros rumores: que se estaba concentrado un gentío a las puertas de Miraflores y ya estaban tomando caña y festejando, que se levantaba una tarima con un muñeco inflable gigante del Presidente desde donde este anunciaría el triunfo del SI, flanqueado por los militares. Dentro de la dirigencia se inició un forcejeo, la gente del Comando de la Resistencia, con Antonio Ledesma, Oscar Pérez y Andrés Velásquez a la cabeza, eran partidarios de romper el pacto de silencio y anunciar las cifras, ya que agencias tarifadas, como REUTER, hacía rato que había violado dicha confidencialidad exponiendo cifras interesadas.   

   Para las seis y media de la tarde todo era nervios, y fue cuando el líder estudiantil, Yon Goicoechea, casi se mete en un problemón; este muchacho enorme, de rostro redondo de luna y sonrisa extraña por un problema dental, llamaba a los jóvenes a permanecer alerta, que pronto se darían los resultados y felicitaba a todos por la tarea realizada, que todos habían cumplido. ¡Prácticamente anunciaba el triunfo del NO!, cosa que aún o se podía hacer legalmente; cosa que fue duramente atacada por la gente del régimen, con Jorge Rodríguez, el desequilibrado y delirante general de la derrota, a la cabeza. Pero las horas pasaban, los rumores hablaban de reuniones en Miraflores y en Fuerte Tiuna, de llamadas a la presidenta del CNE, Tibisay Lucena de parte de la vicepresidencia para que se invirtieran cifras, que los militares habían sido informados de que no se aceptarían esos resultados y que había comenzado un enfrentamiento feo entre civiles y militares que deseaban se respetaran los comicios.   

   El retardo inexplicable e inexcusable para dar los resultados cuatro horas después de finalizados los comicios, con un sistema automatizado que se nos vendió como seguro, fiable, y rápido (fuera de caro, ahora hay más ricos), estaba asustando a todo el mundo. La gente del Comando de la Resistencia llegó al CNE y se quedaron allí, sin importar las malas caras y los chillidos de los seguidores del régimen; cuando intentaron desalojarlos se resistieron con entereza, Andrés Velásquez, chiquito de estatura se enfrentaba con energía a un gorila que lo empujaba. Ismael García, líder del grupo PODEMOS, ese hombre detestable pero valiente, qué dudas caben, se presentó también, a fiscalizar, a prestar más ojos atentos en la defensa del NO, haciendo un llamado a la calma pero a permanece alertas, exigiendo que se dieran los resultados que manejaban todos.   

   Llegaron las ocho de la noche, las nueve, las once; se decía que el Alto Mando había sido llamado nuevamente por el Presidente, fue cuando Raúl Isaías Baduel hizo una nueva aparición pública, recordándole a los uniformados cuál era su deber: acatar la voluntad de las mayorías. Poco después se dijo que el general que coordinaba el plan republica, González Gonzáles, había puesto su cargo a la orden, y que gente relacionada con Baduel dentro del mundo militar dejaron saber claramente que no se anotaban en un golpe contra la voluntad expresada. Se habló de una discusión a gritos, con insultos y groserías incluidas, entre Jorge Rodríguez y Tibisay Lucena, quien hasta lloró, apoyada por Sandra Oblitas, otra rectora del CNE, a quien llamó como testigo y tal vez como apoyo moral para enfrentar al cínico ex vice presidente. A la mujer se le exigía dar ciertos resultados, y por alguna razón, tal vez temor ante lo que pudiera suceder si se violaba el resultado (no todos pueden aceptar que corra sangre sin sentirse moralmente responsable) ésta se negó. Era lo que corría de boca en boca y a través de las mensajerías de textos de los celulares.   

   Para el momento cuando un enérgico Antonio Ledesma hizo su aparición por televisión, exigiendo que se dieran ya los resultados, un sonoro cacerolazo se hacía oír de Este a Oeste en toda Caracas, la gente estaba arrecha, el día había sido largo, la tensión grande, se quería descansar ya, pero no se podía. No había resultados y uno no podía ni considerar el cerrar los ojos y dormir sin saber. Para las doce de la noche, nuevos y feroces comentarios comenzaron a circular, que sí Lina Ron, líder popular chavista, estaba llamando a gritos a su gente para ir hasta la plaza Altamira para desbaratar una concentración opositora allí, pero que nadie le hizo caso. Luego el rumor más sorprendente e inquietante de todos: estaban desmontando la tarima frente a Miraflores. Ese era el grito del triunfo del NO, pero ni así podíamos estar tranquilos, esta gente había demostrado en el pasado tal desprecio por la voluntad popular, apadrinados por el Centro Carter y la OEA, que nadie quería hacerse ilusiones. Y mientras llegaba la una de la madrugada el temor, la depresión y el desencanto comenzó a aflorar: no se daban los resultados porque se estaban maquillando las cifras, no reconocerían el triunfo que se sabía desde tempranas horas de la noche. Y nuevamente el cruce de mensajes de textos comenzó, llamando a los distintos grupos a esperar la señal para salir a la calle. Se esperaba sólo una chispa, y con cierto fatalismo se habló de que no podían matarnos a todos, que en algún momento se detendrían y el Gobierno entraría en crisis.   

   Pasadas la una de la madrugada, Tibisay Lucena, presidenta del CNE, hizo su aparición acompañada del resto de los rectores. Comenzó a leer los formulismos, lentamente, de forma desesperante, con voz tartajeante. En el Comando todo eran nervios, había un silencio de angustia, de esperanzas y de temor. Habían hombres y mujeres, muchachos y no tan muchachos, que miraban como hipnotizados la pantalla, con ojos intensos, deseando, esperando, tal vez rezando, parecían tener esperanzas, aún con los ojos aguados mientras oraban por lo bajo. Otros caminábamos de aquí para allá. Yo, lo confieso, me preparaba para lo peor, para otra bofetada, otra burla. Tibisay seguía, nadie la escuchaba en realidad, a mí, el corazón, mi corazón, no me dejaba oír nada. Comenzaron las cifras: “la opción del NO”, y dijo números que no escuché, “para un total…”. Y allí hubo como un gemido contenido, yo no quería oír, diría que habíamos perdido. Pero terminó: “del cincuenta coma…”. No había terminado de expresarla y  ya gritábamos, saltábamos, la gente se abrazaba, reían, otros lloraban. Yo todavía no podía creerlo, no sé como el corazón no se me detuvo (se me acusó, desde mucho antes, de ser hombre de poca fe). no-no-no-senor.jpg   

   Pero había felicidad, más que eso, alivio. Ese mamotreto de reforma constitucional, que era el cambio por otra, una donde se legalizaban abusos y desplantes, desmanes, arbitrariedades, dejando la puerta franca para confiscaciones, adoctrinamientos y persecuciones, había sido derrotada. El trabajo estaba hecho, la gente había cumplido. Es difícil olvidar la intensidad del llanto de tantos, creo que en el fondo eran personas como yo, que aunque abrigaban esperanzas, y rogaban a Dios, aún sentían miedo, dudas, no del triunfo del NO, sino de que no fuera reconocido. Lo demás fueron las boberías de Hugo Chávez reconociendo su derrota, una ‘pírrica’ derrota que él no habría aceptado, olvidando convenientemente que su Asamblea Nacional había sido electa con el doce por ciento de todos los votantes inscritos y con un tres por ciento de votos nulos. Eso no lo recordó en ese momento ni los adulantes de turno. Luego vino la farsa de las felicitaciones al Presidente de gobiernos extranjeros por aceptar la derrota. Cuánta hipocresía y complicidad criminal de estos gobiernos, ¿acaso no era su deber acatar lo que dijeran las urnas? ¿O pensaban en verdad que estamos en manos de un mandamás que reina y decide por todos y hay que agradecerle portarse bien una vez?   

   En verdad estaban aliviados de que Chávez aceptara su derrota y que no la desconociera y sacara luego el ejército a las calles a cargar contra los manifestantes, porque eso habría sido feo, pero nada habrían dicho o hecho tampoco. Es fácil hablar cuando no hay consecuencias. Yo, como el gobierno español, no habría desperdiciado la oportunidad de quedarme callado. Felicitar al Gobierno, por aceptar un resultado real, es como imaginar que pudo no hacerlo, entonces ¿de qué clase de gobierno hablamos? La tercera imbecilidad que se dijo fue que se había demostrado confianza en el CNE y la independencia de poderes, como si el mismo Chávez no hubiera dicho de su propia boca (no que los venezolanos eran una mierda, eso vendría después), que él había ordenado al CNE no dar ningún resultado hasta que él tuviera todos los cómputos. Él no quería que se conocieran y el resto de Venezuela tuvo que calársela pero aún así, hay independencia. Esa noche se ganó bastante, más de lo que muchos imaginan, pero todavía falta.   

   Hoy el régimen no cuenta con la desidia complicidad del gobierno español en sus delitos, ni con el silencio cómplice y alcahueta del régimen en Colombia, quienes no desearon ver que de este lado el chacal estaba enloquecido de rabia y podía saltar la verja hacia su patio. Hoy, Venezuela está más sola, pero es mejor así para su lucha a tener que enfrentar a tantos gobiernos extranjeros que no hacen más que apadrinar regimenes criminales, como muchos hacen desde hace más de cuarenta años con el de Fidel Castro en la sufrida isla de Cuba. Pero en fin, esa noche celebramos, hubo que hacerlo aunque ya voces agoreras, como Baduel, la Colomina y Rafael poleo alertaban que sin importar lo que expresara la gente, el régimen intentaría introducir los cambios constitucionales, así actúan estas satrapías. Y así está ocurriendo; y desconcierta ver que Bolivia, Ecuador y Argentina van por el mismo camino. 

Julio César.

FAVORITAS

jcqt1213 @ 03:07

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   Me encanta porque parecen muchachotes vigorosos y sanotes que gozan lo que hacen. Retratan bien. 

Julio César.

23/04/2008 GMT 1

ESA PISCINA…

jcqt1213 @ 02:18

abriendo-puertas-nuevas.JPG

   -Ufff… -si soplo le tiembla el ojito…   

   -Toma, toma, puta cabrona… -graznó Sebastián mientras azotaba esas nalgotas firmes, haciendo gemir de gusto al catire, ahogadamente porque su boca estaba muy ocupada con el grueso y tieso güevo de Ricardito.   

   -Mira como mama… -jadeaba uno de los asistentes, congelado en el agua a pesar del increíble calor, mirando la boca roja subiendo, dejándolo ver brillante de saliva, y bajando sobre el rojizo tolete que era amasado por esas mejillas.   

   -Dale, Sebastián. Dale nalgadas, enséñale a esa perra que eres un hombre… -invitaba uno, riendo, excitadísimo   

   -Métele un dedo… ábrele ese culito con tus dedos. Cógelo con tres…  

   Sebastián estaba como hipnotizados, esas nalgas calientes lo tenían mareado, y abriéndolas, miraba el rojizo botón, chico, cerrado… invitador. Su pulgar va hacia él, apoyando la yema, quemándose. Y el catire gimió cerrando los ojos saboreando el güevo que le llegaba a la garganta, tenía tanto tiempo deseado eso, saborear la  porra de un buen macho caliente, y aquella era inmensa. Le costaba tragarla, pero lo hacía, sus labios delgados bajaban y subían mientras lamía, mamaba y halaba. Si, lo que las mujeres temieron desde que los maridos comenzaron a festejar los sábados en la tarde después de sus juegos de fútbol y béisbol, tomando caña, había pasado: relajo. Ninguna deseba mirar para allá, lo que era mejor.   

   El dedo de Sebastián frota ese culito, empuja sin meterse, lo mueve circularmente, masajeando la entrada, y el catire parecía enloquecer, subiendo y bajando sus nalgas. Incapaz de soportar más, Sebastián bajó el rostro y sopló un poco, viéndolo titilar, deseoso. Y su lengua caliente cayó sobre él, electrizando a todos que se quedaron con la boca abierta. Eso era más sorprendente que ver a Ricardito, sentado en la orilla de la piscina con su calzoncillo tanguita jugar con la cara del catire, halándolo hacia su barra gruesa hasta que esta emergió y con un jadeo de gusto increíble, de quien mucho lo quería, la bonita cara del catire se enterró allí, mamando. Pero esto… ver esa lengua azotar el ojete, lamerlo, chuparlo, ver como Sebastián iba excitándose más y más, atrapándole las nalgas, enterrando el rostro entre ellas, soltando su aliento en la raja, mamando sin reparos, deseando meterle esa lengua bien hondo, los enloqueció a todos.   

   Mientras el catire saboreaba el cálido y tembloroso güevo que se deslizaba sobre su lengua ávida y golosa que recogía con gemidos ahogados de gusto las gotas acres que deja caer, la lengua de Sebastián bucea dentro de él, excitado como nunca, sintiendo al otro temblar, agitarse, contraer el esfínter y… aguarse todo. Ese culo se abría y cerraba, y su güevo le ardía también. Con un jadeo abandona el rico orificio y se endereza, y la gente queda shock. Su glande, liso y amoratado, se enfila hacia el ojete, se frota, y todos gritan. El catire quiere decir algo verlo, tal vez negarse, pero la manota de Ricardito le atrapa la nuca y lo obliga a seguir tomando de su bebieron que pronto lo dejaría ahíto de leche caliente y espesa. El glande se frota, empuja, hay resistencia, pero un empellón leve lo hunde. Y los tres gritan, como conectados (y lo estaban), y sus mentes quedan en blanco, no piensan. Solo sienten. Y lo que siente es bien rico… 

Julio César.

18/04/2008 GMT 1

ATRACO EN EL ÁVILA

jcqt1213 @ 04:44

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Julio César.

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