Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

¡¡¡VAYA TÍOS!!!
Cortos relatos para gente muy adulta. Nada de menores...

10/05/2008 GMT 1

CONFESIONES DE MACHOS

jcqt1213 @ 02:15

el-buen-amigo.JPG

Julio César.

08/05/2008 GMT 1

FÓRZALO

jcqt1213 @ 04:05

sol-y-belleza.jpg

   -Tú si tiene bolas, cuñado, botando esa leche viéndome. Dámela a mí…

Julio César.

06/05/2008 GMT 1

ESPERANDO LAS OLIMPIADAS

jcqt1213 @ 03:46

fan-de-los-deportes-artisticos.jpg

   -Estoy como… acalambrado…   

   -Oye, ¿qué haces? –le pregunté a mi mejor amigo, Nelson.- ¡Eres repugnante! –acusé, aunque debía admitir que no era cierto. ¡Qué facha!  

   -Hummm… pana, mirar el voleibol femenino siempre me pone mal. –y su mano se cerraba con mimos, adorándose a sí mismo.  

   -Pero ya terminó. ¡Esto es lucha olímpica masculina! –aclaré, mirando la pantalla de televisión, pasando saliva; por alguna razón tenía la lengua seca, tal vez necesitaba un buen trago…  

   -Sabes que me encantan los deportes; me gusta estar durito. Hummm…  

   -Conozco una llave de lucha. –caí sentado a su lado, sorprendiéndolo.  

   -¿Si?  

   -Si. –y actué.  

   -¡Hey! Saca esa mano de ahí. –lo sorprendí.  

   -¡Oye, sí estás durito! –gemí con la mirada fija, apretando y apretando, desenvolviéndolo… del misterio. Seguí tocando ese enorme y ardiente… cuerpo, mientras Nelson sonría mirando la televisión, quieto; creo que deseaba un poco más porque atrapándome la nuca me haló acercándome mucho, ¿desearía decirme algo? No lo sé, pero abrí mucho mi boca y saqué mi lengua, con el corazón palpitándome, para… preguntarle. 

Julio César.

02/05/2008 GMT 1

HAY CARTAS QUE NO LLEGAN…

jcqt1213 @ 03:49

   En el blog de ELPUTOJACKTWIS, del que ya he hablado, no sólo el dueño del lugar escribe bonito, también la gente que se comunica con él. Recuerdo que en un hermoso relato, no retuve el nombre exacto, si era una Carta a Aguirre o a Ennis del Mar por el Día de San Valentín, alguien que escribe bajo el nombre de PON, hizo un relato igual de bello. De ese cuento quiero hablar ahora. Que no se moleste PON por este uso indebido de su historia, creo que así le dicen los abogados. Me gustan los cuentos donde Ennis piensa en todo lo que ama a Jack, porque me parecen justos, porque nunca le dijo que lo quería.  

  CARTA DE ENNIS DEL MAR AL SEÑOR JACK TWIST

dias-buenos-dias-de-amor.jpg

   Sólo ahora llegan los días buenos…   

   Querido Jack:   

   Te escribo esta carta, pero tú sabes que jamás te la enviaré, no podría ponerla por escrito y mandarla sin sentir que muero de vergüenza. Discúlpame pero no tengo tu valor, ese que siempre muestras cuando me miras, diciendo tanto sin palabras, así que sólo puedo pulirla y llevarla en mi mente, recreándome horas enteras en las cosas que te diría, si pudiera, para verte sonreír de sorpresa, de felicidad y de amor, como sé que harías si te dijera que sin ti… Bueno, tú lo sabes aunque nunca te lo haya dicho.   

   Sí, puedo imaginar tu rostro si hablara, si te leyera algo como esto. En mi cerebro veo esa cara que encuentro en cada rincón cuando dejo flotar mi mente, sin sentido, sin propósito, momentos en los que mis pensamientos siempre vuelan a tu lado; sé que ese rostro brillaría más hermoso aún. Nunca te he dicho lo hermoso que eres, ¿verdad? Tampoco lo haré, no puedo, perdóname. Imaginar que llegaré junto a ti y te lo diré, me hace sonreír mientras subo con el camión de los caballos por este apestoso camino de mierda. Y este camino de porquerías que recorro para verte me trae a la realidad, y no puedo soñar ya con gritarte que te amo, porque aquí voy en pleno invierno, sabiendo que te resfrías cada vez, angustiándome, lo más lejos posible de todo el mundo, donde no podamos encontrarnos con nadie, como si fuéramos unos delincuentes, unos sucios, unos enfermos. Y tú no eres eso, Jack. En ti no hay maldad ni mal. Tú eres… la vida. Mi vida.   

   Mi Jack, no sabes hasta qué punto te extraño a cada instante de mi vida. Paso las noches y los días pensando únicamente en ti, en tu sonrisa, en tu mirada de cobalto, brillante y llena de vida. Te veo debajo de cada sombrero negro, detrás de cada camisa azul que cruza una calle. A veces, a la distancia, veo que alguien se acerca con una camisa de esas, con un sombrero de esos, y percibo que el corazón me palpita con fuerza y siento deseos de correr, y pienso: eres tú, Jack, llegas de sorpresa para hacerme dichoso. Hasta que está más cerca y compruebo que es otra persona, que a veces me mira con extrañeza, porque temo que en ocasiones mis ojos no pueden ocultar lo que siento cuando la aparición es repentina.   

   Como sabes, ya no vivo con Alma y las niñas, por lo que paso largas horas en los bares, sentado a la barra, con una cerveza en las manos, sin mirar a nadie, sin hablar, ganándome fama de tipo callado. Pero lo que no saben todos esos sujetos es que oigo con avidez todas sus conversaciones sobre rodeos. Porque cuando escucho de potros broncos y de toros briosos, no puedo dejar de imaginarte a ti, gritando alegre, joven, lleno de vida, con tu sombrero en lo alto en tu mano, domándolos, sosteniéndote sobre ellos, porque recuerdo que eso te hacía dichoso, que te hacía sentir vivo años atrás. Me gusta imaginarte así, cuando eras feliz haciendo algo que amabas… como espero que me ames a mí. Me has enloquecido de tal manera que a veces paso horas viendo los tractores trabajando, porque en mi cabeza eres tú quien los conduce, quien los moviliza, y estás allí muy cerca de mí. Y eso me pone contento.   

   Joder Jack, por muchos años que pasen, cada vez que recibo una postal tuya el corazón me late con violencia y siento ganas  a veces hasta de besarlas, porque la emoción que me embarga es tan grande que jadeo por lo bajo. Quienes me conocen me miran extrañados, porque la tonta sonrisa de felicidad infinita y secreta que tu postal desata no se borra de mi cara durante días enteros. Y comienzo a hacer planes como nunca, machacando cada detalle, porque todo tiene que salir bien, porque es tan poco lo que te tengo que debo procurar que sea perfecto. Planifico lo que llevaré de comer y guardo para el whisky del que te gusta, distinto a aquel que tomábamos en Brokeback Mountain cuando éramos unos muchachos que sólo teníamos lo que llevábamos encima, de lo que nos despojábamos con pasión en esa tienda de campaña cada noche y donde comprobé que el Cielo existía, que se podía alcanzar y tocar con las manos... ¿Puedes creer que tardo horas enteras, angustiosas horas, pensando en qué ropas llevaré, para verme bien a tus ojos, para que no notes que los años pasan por mí como no lo hacen por ti?   

   Vaya sorpresa que te daré hoy: compré un saco nuevo, uno acolchonado, para que no pases tanto frío en estos inviernos de mierda, cuando tu nariz enrojece y tienes que sorber a cada momento, sonido que he llegado a amar en ti. También llevaré unas sillas plegables nuevas para que estés más cómodo. Recuerdo aún como te quejabas la última vez por el leve dolor de espalda que sufrías producto de tantos rodeos. Sí, he pensado en todo, y aunque creo que lo he cubierto bien, me atormenta pensar que olvidé algo, que no traje alguna cosa que te será necesaria. Es que contigo siempre estoy así, al borde de la duda. No puedes imaginar cómo me tiembla la mano cuando contesto tus postales, diciéndote si, amigo, vamos a vernos en tal fecha. A veces tengo que repetir la respuesta tres o cuatro veces, para que no sean garabatos sin sentido que vayas a malinterpretar y no acudas a la cita.   

   Como te dije ya no puedo mantenerte mucho tiempo lejos de mi pensamiento. No puedo sacarte, y no quiero hacerlo tampoco. Soy feliz cuando pienso en ti, recordándote reír o contando uno de tus cuentos exagerados y fanfarrones. Recordar tus besos, saborear el recuerdo de tu aliento, de tu boca, me quita la respiración y debo jadear otra vez, lamentando en mi piel el que no estés ahí para sentirte otra vez. Evocar tus manos recorriendo mi cuerpo, siempre con ganas, como si no te cansaras nunca del viejo Ennis, o el calor de tu cuerpo junto al mío, cuando nos fundimos en un abrazo, o cuando dormimos simplemente uno en brazos del otro, con toda las ropas puesta por culpa del maldito frío, me deja mal, indefenso, consiente de cuánto te necesito para continuar viviendo. ¡Y tu mirada, Jack! Pensar en tus ojos, donde puede leerse la alegría y la tristeza, el amor y el dolor, aún ahora, después de tantos años, me llena de ternura, de algo que me debilita. Y que muchas veces me ha lastimado, cuando noto en ellos tu dolor por algo que dije o hice, o que no dije ni hice. ¿Por qué tienes que mirar así, viejo muchacho de rodeos, mostrando sin tapujos ni hipocresías tu alma, tus sentimientos?   

   Coño, lo extraño todo de ti, aún tus gritos de demente, de vaquero de comiquitas, o ese ruido infernal que haces con tu armónica y que tú llamas música, como si realmente creyeras que lo haces bien. ¿Pero sabes qué es lo extraño?: cuando no estás, deseo oír tu armónica, y ya me parece realmente algo melodioso, parte de ti, de todo lo que te hace único y maravilloso. ¿Eres realmente un tipo genial e increíble, o me lo pareces sólo a mí? A veces me lo he preguntado, pero cuando cruzamos una poblada, noto que hay momentos en los que alguien te mira, algún tipo silencioso y distante, y me pregunto si no te habrá encontrado tan hermoso como lo hice yo años atrás. Y, no te molestes conmigo, me lleno de rabia contra ti, y me parece que eres un coqueto, un maldito puto, y que un día lo echarás todo a perder, perdiéndonos a los dos en alguna desgracia.   

   De todas formas no puedo pensar en eso mucho tiempo, porque nada en mi vida tiene sentido sin ti. Salvo mis hijas, así como tu hijo es tan importante para ti. Siempre noto como tus ojos brillan al hablar de él, aunque siempre intentas hacerlo ver como algo corriente. El mismo amor siento yo por mis niñas ya grandecitas. No pude sacrificarlas por nuestro amor, Jack, ¿alguna vez lo entendiste? ¿Me perdonaste también por eso, como me perdonaste tantas cosas? Te amo, pero también a ellas, y estar así, dividido, me está matando hoy como hace años. Recuerdo que la primera vez que te dije esto, callaste y miraste al cielo, y en tus ojos leí lo que pensabas, que nada de eso habría pasado si yo me hubiera ido contigo ese día al bajar de Brokeback Mountain. Maldita sea, ¿crees que no lo he pensado mil veces en mis momentos de más amarga soledad? Pero no me atreví, dejé que mi tren rumbo a la felicidad pasara y ahora están ellas. Y estás tú. Y debo callar lo que siento, sin entregarme de corazón a lo que en verdad quiero, despertar abrazado a ti cada mañana de mi existencia, abrir los ojos y que seas tú lo primero que vea cada día. Debo callar lo que es mi vida, lo que deseo con todas mis fuerzas, y eso me quema y me duele.   

   Pero no lo hago sólo por mí, Jack. No soy tan egoísta como imagino que muchas veces has pensado, aunque al segundo siguiente ya me has disculpado y has olvidado. No, no es sólo miedo a que alguien me grite en la calle… Bueno, tú sabes. Debo mantenerte a distancia, con los pies en la tierra para protegerte, porque me asusta que alguien te vea distinto y busque hacerte daño. A veces creo que no mides el riesgo, que no ves el peligro que nos rodea; yo, de noche, tengo pesadillas ocasionales donde te veo sonriente, joven y fuerte, emboscado de repente en un callejón por tipos que gritan “marica, marica” y se arrojan sobre ti con odio irracional para lastimarte, y que aunque corres y luchas, no puedes hacer nada. Y caes, y gritas, y hasta imagino que tal vez me llamas pidiendo ayuda. Esas noches no puedo volver a dormir, porque siento miedo por ti, Jack, miedo de que te expongas, de que te señalen y te agredan.   

   En mis pesadillas te he visto tirado en una cañada que vi de niño, cuando mi padre quiso enseñarme a ser un hombrecito y me llevó a ver al tipo brutalmente asesinado porque era distinto y su sola existencia asustaba a muchos. Callo para mantenerte prudente; pero el miedo a veces es más grande, y hay noches en las que el imprudente quiero ser yo y deseo tomar el teléfono, llamar a tu casa y preguntar simplemente: ¿todo bien, Jack? Lógicamente también tengo miedo por mí, a que mis hijas un día me vean con asco, de detectar repulsa en sus caritas. Miedo de que Alma un día las llame y les cuente… Pero no, Alma es una buena mujer y jamás haría eso, aunque me odie y esté lastimada. Eso me atrajo un día a ella, antes de entender lo que era realmente el amor, en tus brazos, sintiendo tus besos, tu entrega y aún tus lágrimas.   

   No, no quiero pensar en temores, lágrimas o muerte en este momento. No ahora, porque ya estoy llegando y me parece que es tu camioneta nueva la que está allí. El corazón me bombea con fuerza, locamente, queriendo salírseme del pecho. Sí, eres tú, veo tu sonrisa franca, hermosa y luminosa aún antes de ver los contornos de tu rostro, y no puedo dejar de pensar en pendejadas como que es el rostro del amor. Nuevamente estoy deseando que ya caiga la noche para que entremos en la tienda y que seas mío como yo soy tuyo. Carajo, te deseo tanto que las manos ya me queman por las ganas que tengo de tocarte, de recorrer tus hombros y atrapar tu rostro para apoderarme de tu boca. La mía se seca al imaginarme hundiéndome en ti, saboreando tu aliento, tu saliva, y pegar mi frente de la tuya y que nos quedemos así un rato, como si habláramos de todas las pequeñas tonterías que hemos hecho o dicho en todos estos meses de no vernos. La piel se me eriza al imaginar el momento de separarme de ti y poder mirar al fin en tus ojos, esos ojos dulces, hermosos y brillantes que me dirán sin palabras cuánto me has extrañado y cuánto me amas en este momento, y yo sentiré que vivo nuevamente, feliz.   

   Vienes hacia mí y siento que las piernas me tiemblan, me cuesta hasta respirar. No puedo evitar sonreír como un idiota, estrechándote entre mis brazos, sintiendo la fuerza con la que me atas a ti. Y puedo al fin hundir mi cara en tu cuello, sintiendo tu piel rasposa con la sombra de tu barba, caliente contra mis labios, tu olor masculino y dulce inunda mi nariz. Pero aún nos contenemos, porque es de día, porque alguien podría vernos, porque somos dos hombres y los hombres no se miran a los ojos con entrega o ternura, ni se besan con anhelo mientras se dicen cuánto se han extrañado o se juran amor; no sin exponerse a la burla, al odio. Pero no importa, ¿verdad, Jack? Aún estos momentos que la vida nos roba y niega no tienen importancia, porque estamos aquí, juntos. Y estos son los días buenos, los días de la felicidad. Por unos días podremos soñar que esto es lo único real, lo verdadero. Que estamos juntos en el Paraíso. Sé que tú sabes todas estas cosas, aunque no te las diga. Yo sé que tú sabes muy bien hasta qué punto te amo, Jack Twist, mi vida, el único ser humano en todo este mundo al que he amado. Perdóname que no te escriba esta carta entonces… Perdóname como siempre…   

   Por cierto, Jack, traigo judías no frijoles, y voy a cocinar otra vez para ti como en los viejos buenos tiempos. Ven a mi lado, vaquero, nota que paz se siente, mira que sereno está el lago y que hermoso está el cielo… El cielo azul e infinito siempre me ha parecido bello desde que me vi reflejado una noche en tus ojos grandes y llenos de amor. Abrázame, Jack, aunque aún es de día y hay luz, abrázame un momento más… 

Julio César.

SALVAJE OESTE

jcqt1213 @ 03:39

upa-vaquero.jpg

   Tiempos cuando los hombres eran hombres… que se querían.   

   -Vamos, muchacho, apúrate o esos dos se terminaran toda el agua recolectada de la lluvia de ayer. –dice el capataz, mirando de forma aprobatoria al joven, recordaba lo grato que era ser así de joven, firme y vigoroso, aunque él mismo se sentía bien duro todavía, y se le notaba bajo el jeans  

   -Si, señor… -le sonríe el vaquero, inocente, mirándolo con afecto.  

   Mientras se quita las botas, observa a sus compañeros de brega, que se enjuagan y ríen bajo la regadera, con la poca agua jabonosa rodando por sus cuerpos. Se mojan, las manos recorren cada piel, mientras, repara, Thomas mira al otro, comentándole algo bajito. Los oye reír. Las manos de Thomas ayudan al otro a enjabonarse, y este le corresponde. Era extraño, generalmente los hombres no actuarían así, pero en esas soledades se permitían ser menos… machos. El joven lo entendía, aunque la mano de Thomas, decidida, bajando por la espalda del otro, recorriendo una nalga y metiéndose resuelta, lenta y juguetona en… todo él, le parecía extraño.  

   -¿Comiste? –le pregunta el capataz, sonriendo más, entendiendo algo.  

   -No, señor…  

   -¿No quieres picar un bocado caliente ahora…? -se vuelve hacia él, mirándolo a la cara, reparando en los ojos confusos y la boquita que se abre… 

Julio César.

BELLO...

jcqt1213 @ 03:34

bello-y-mojado.jpg

   -Hummm… estoy todo mojado… Sécame, panita… 

Julio César.

DALAI LAMA, TERRORISTA…

jcqt1213 @ 03:31

dalai-lama.jpg

   Ahora sí que se subió la gata a la batea. Ante el negoción que resultan las olimpiadas, y el dineral invertido ya individualmente por cada país, nociones como dignidad de los pueblos, soberanía, libertad o derechos humanos tienen que ser condenados y callados. Mientras los juegos se realizan que no protesten esos tibetanos del carrizo, que esperen que no vayamos y comienzan con su vaina otra vez; palabras más, palabras menos ha dicho el Comité Olímpico Internacional. Así, sin penas, sin vergüenzas, las cifras son demasiado altas para detenerse en detalles como las apariencias. Así China está facultada para continuar con su política de pasar los tanques sobre quién sea sin que sean molestados, importunados o sancionados. ¿Quién osará meterse con el gigante asiático cuyo mercado le hace agua la boca a tanta gente, desde Bush y los congresistas demócratas a Hugo Chávez? Nadie. Nadie es tan loco. Que ahora los tanques sean propagandísticos, es lo de menos.   

   Del desastre de represión, violencia y muertos en el Tíbet, el culpable ha aparecido. No, no es China (qué ingenuidad esperarlo), quien mantiene sojuzgado un territorio ajeno, y el cual no debe soltar en opinión de la Asamblea Nacional venezolana aunque a esta le parece que, quiera o no, Puerto Rico debe separarse de Estados Unidos. Repito, la culpa no es de China y su monstruoso sistema de vida, sino de ese peligrosísimo agitador internacional, con tropas, armas, dinero, satélites en órbita, ese genio criminal semejante al Doctor No… el Dalai Lama. Y a la campaña se prestan desde el Comité Olímpico Internacional, a buena parte de la prensa. Aún aquí, en Venezuela, patéticos comentarios al respecto se han dejado oír: que no se debe mezclar una cosa con la otra, que China brille en sus juegos y luego revuelque a es gente cuando nos vayamos; repito, palabras casi textuales. Cómo me gustaría que a todos esos sátrapas de la llamada prensa de izquierda los encerraran en ese infierno que es el pueblo de Linfen para que conocieran en carne propia lo que es el horror, aunque esos vividores que chulearon de la Unión Soviética en Francia, Italia y España para atacar salvajemente a los perseguidos de ese régimen, siempre se las arreglan para quedar de pie.represion-en-el-tibet.jpg   

   La campaña tendenciosa ha sido tan desaforada que el Dalai Lama ha tenido que salir a decir que él no dijo nada contra los juegos, ni fomenta disturbios en el Tíbet, casi reculando de forma patética ante una oportunidad histórica como esta. A mí este señor y su filosofía me parecen algo… absurdas, nunca he creído en un pacifismo a troche y moche, si uno ve que alguien viene a matar al que está a tu lado y no alzas tu mano para impedirlo, al menos para intentarlo, eres tan culpable como el asesino, tanta paz parece cobardía individual. Pero ahora debo, porque de conciencia es, estar del lado de este señor, de esta gente. Ver a mujeres golpeadas, sangrado, pateadas, a monjes chorreando sangre por sus rostro, en batolas, mientras gritan y corren de un esbirro que los persiguen macanas en mano, es algo que hace revolver  la bilis. Las palabras se repiten siempre en estos casos: si se pudiera, si se pudiera hacer algo contra esos animales…   

   Sin embargo, algo de dignidad queda a pesar de la campaña mediática de la Izquierda, del gobierno norteamericanos y los demócratas que entorpecen tratados con Colombia pero aplauden el de China, el Comité Olímpico Internacional (esa gentuza), Hugo Chávez y otros; en Francia la gente gritó y se arrojó contra esa representación de la vergüenza; en Estados Unidos se les atacó también; en Buenos Aires se  gritó y se les persiguió, y en muchos territorios han tenido que pasar agachados, cubiertos, escondidos como los delincuentes. Todavía queda sangre en las venas, todavía hay gente que siente como suyo el dolor de otros, de gente a la que no ha visto pero a las que sabe cautivas, sometidas, humilladas y agredidas. Secuestradas en su propio país.   

   Esperemos no ver mañana al Dalai Lama encadenado, con CNN gritando que al fin detuvieron al peligroso hampón, llevado como un animal por tropas norteamericanas y entregado a China para ser juzgado por ‘criminal’. Esperemos, aunque a estas alturas nada debería sorprender ya… 

Julio César.

GUIA

jcqt1213 @ 03:27

instrucciones-de-boca.jpg

   Le sabía bien la juventud…   

   Efraín era un carajo consiente, sabía que los muchachos del equipo de básquet, proveniente muchos de hogares donde los padres competían por la supervivencia y superación, cuando no solamente por llevar la arepa del día, muchas veces se sentían inquietos, faltos de afectos y de figuras paternas. Temerosos ante la vida y el futuro. Y él atendía muchas veces esas inquietudes. Después de una práctica, notando el aire ausente de alguno, lo retrazaba en las duchas, le hablaba, lo escuchaba, lo acunaba y terminaba metiéndole mano dentro de los chicos calzones que muchos usaban y que a él le producían una dolorosa y dura… ternura. Su boca, siempre presta para dar respuesta, comenzaba a trabajar con avidez, ocultando la nariz muchas veces, por obligación, dentro de pelos sudados y olorosos por la práctica, cosa que no le desagradaba… claro, cuando les daba un abracito. Su boca no dejaba de actuar jamás, hasta que el otro, entre gemidos, sintiéndose realmente bien, acababa… de contar sus vainas. A veces, tan triste andaban, que con la lengua les hacia cosquillas en sus intimidades, pero en eso se cuidaba. Este sádico sabía hasta dónde llegar en su abuso de confianza, así que sólo la lengua aleteaba sobre el cerrado y rojizo coto púber, aunque más de un dedo había querido meterse… en problemas más profundos. 

Julio César.

HORA LOCA A TODA MÁQUINA

jcqt1213 @ 03:25

max-mosley.jpg

   Las vicisitudes sufridas por el señor Max Mosley, pueden parecerle a muchos, a mí por ejemplo, alegremente divertidas. Seguramente para él es una desgracia, y para su familia una verdadera tragedia griega. Los enemigos de la FIA (Federación Internacional de Automovilismo) se han arrojado sobre el caso con una fiereza que no guardan para mejores causas; personalmente no tomo partido. Pero de lo que no quedan dudas es que está mal que un sujeto sea grabado y, peor, mostrado así delante de todo el mundo. Hay cosas que son privadas, desde ir al baño hasta meterse un dedo en… la nariz, y nadie debería ser expuesto haciéndolo como en un acto de feria. Claro, esto tiene el aditamento del sexo, que gusta, encadena y vende. A todo el mudo le gusta un escándalo, y sazonado con sexo ‘pervertido’ mucho mejor. Pero el punto es que se trataba de algo íntimo, un sujeto que se reúne con unas ‘damas’ para pasar un rato haciendo cosas a las que no obligaría a su mujer… (con cinco, cinco ‘señoritas’, Dios, lo que es tener plata) y ese encuentro fue filmado y enviado a la red. Eso estuvo mal. Muy mal. Todo el mundo tiene derecho a su vida privada, eso de que la gente pública no tiene derecho a eso es simplemente una coartada bastarda de quienes viven del escándalo. Que un hombre contrate a una ramera (o a cinco) es algo que sólo le importa a su mujer, y si ella paga para vigilarlo, está bien, porque ese es su derecho, o sí la trabajadora es menor, o forzada; pero entre adultos nadie tiene derecho a meterse.   

   La gente lo señala como “mira que bandido tan sucio”, como si de una cosa extraña e insólita se tratara. ¿No ocurre eso a todas horas? (no con cinco, claro, este ‘detalle’ me tiene impresionado). Se le ataca por lo que de ‘enfermizo’ tuvo la fantasía, y sí, recrear el mundo nazi para mí es una aberración terrible, como lo es esa enfermiza tendencia, un cáncer que ataca de tanto en tanto a Europa, lamentablemente una izquierda irresponsable  y una derecha extraviada están empujando al continente hacia el fortalecimiento de un ultra nacionalismo peligroso. Pero, por otro lado, se trataba únicamente de una fantasía.   

   ¿Qué hombre no a fantaseado con estar en el Metro y ver a una hermosa joven en faldas, sola en ese vagón e ir hacia ella, rudo, casi sádico y abrazarla, besarla, alzarle la falda y meter la mano en…? ¿Será extraño el tipo que fantasea con ser el entrenador de un equipo de básquet y someter a los chicos irrespetuosos montándoselos en las piernas, bajándoles los shorts y darles unas buenas nalgadas? ¿Y el que imagina estar con unas hermanas gemelas? Esas vainas pasan, son las fantasías, el mundo interno. En una pagina Web encontré una vez una serie de cuentos así, sobre jóvenes chicos judíos sometidos sexualmente por nazis, de norteamericanos que atrapaban a un iraquí, o estos a un marine… y se desataba la otra guerra, donde no se daba cuartel ni se permitía escapar como no fuera en un mar de…   

   Es el poder de la mente, de imaginar otras cosas más elaboradas o escabrosas (oír gemidos, lloriqueos, ver lágrimas), por no hablar de las facetas más oscuras, el tipo que mira a su madre con fiebre; o las aberrantes, el sujeto que abre su cochera y mira a un niño pasar en bicicleta, pensando en… Pero mientras estén en la imaginación todavía hay un dique. Sin embargo aquí entra a jugar esa doble moral que tanto nos gusta, y al parecer ataca en todos lados, gritamos atacando lo que posiblemente disfrutamos en privado. A este tipo, Mosley, se le acosa, se le desea destruir porque llevó a la ‘realidad’ una fantasía, algo que lo pone a millón; estuviera bien o estuviera mal, tenía derecho. Era algo íntimo, en un hotel, encerrado, entre gente adulta, algo consentido… no debió jamás trascender. Por mi parte no lo juzgo, fuera del añadido nazi, mientras no dañe a nadie (y aquí hay que considerar la vida familiar que sí salió perjudicada) cada quien hace de su vida un saco y se mete en él; qué le vaya bien. 

Julio César.

MOJADO

jcqt1213 @ 03:22

lindo-chico.JPG

   ¿Una sonrisa bella?: con un hilo bien metido atrás…   

   -Verga, Rafael, ¿cómo sales con ese hilo dental clavado en el culo en público? Van a hablar paja de ti en la comandancia, un policía no debe… -comienza Gabriel, pero el otro sonríe.  

   -Ah, ¿no me quitas los ojos de las nalgas desde que salimos en el paseo porque estás preocupado?  

   -¡No te miraba las nalgas…! –gimió enrojeciendo, mirando en todas direcciones para ver si los escuchaban, pero todos iban para el bar. También le miraba el bultote… donde trajo sus cosas.  

   -Si, claro; mira, se me mojó la tanga…  

   -¿De qué si nos has entrado al agua? Sólo te tiraste en la arena y abriste las piernas.  

   -Porque me estabas mirando, eso me mojó… -y le atrapó la nuca, sonriendo bello, halándolo un poco.- Anda, averigua qué es si no es agua de playa; meado no es. –aclara y hala más y Gabriel jadea, abre la boca y cae con voracidad. Hummm… no era agua de mar pero estaba saladito y era delicioso. 

Julio César.

Contactar con la autora o autor | Archivo | ¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis