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Cortos relatos para gente muy adulta. Nada de menores...

Categoría: SE DESEÓ HACER...

30/05/2008 GMT 1

LA FIESTA LOCA

jcqt1213 @ 04:42

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   En la navidad de 1995, más exactamente para la noche de año viejo, se realizó en casa de mi señora madre una de las fiestas más dementes que yo recuerde, y eso que algunos detalles parecen borrosos. De hecho, de las tres veces en mi vida que he perdido el conocimiento (nada del corazón o nervios) esa fue la primera vez. Como a las diez de la noche llegué a la casa, medio borracho ya de despedirme de los conocidos y amigos, nunca como ese día uno nota que son tantos, y me encontré con la familia. Mis hermanos y cuñados toman también bastante, y ahí estábamos, cantando, oyendo música, riendo, bailando, comiendo, en un mar de botellas de cervezas, de whisky, ron y otros (esa noche creo que tomé hasta agua de floreros y kerosén). Un hermano de mi cuñado, Américo, tomó como el propio cosaco, y cantaba y bailaba bien, haciendo las delicias de las que gustaban de danzar. Éramos gente joven, aún no habían llegado ninguno de mis sobrinitos. A las doce de la noche, totalmente borracho, salí con los otros a dar el feliz año; abrace, apretuje, bailoteé y besé a un gentío increíble, aún a desconocidos. Fuimos de casa en casa, riendo y tomando, dando el feliz año, y en cada casa nos daban más licor. Como a la una y algo regresamos a casa de mis padres, y allí seguía la fiesta.   

   Estaba Armando, un amigo solterón, Leticia y su marido, quien bailaba saltando como una cabra, que en un momento dado salió de un cuarto con una corona de papel y un paño en los hombros diciendo que era una miss Venezuela. Reímos casi tanto como cuando Leticia comenzó a preguntar: pero ¿qué le pasa a mi marido? Sebastián, y su mujer, también bailaban y reían. Él estaba tan borracho, que intentando bailar a la rusa la canción romántica Natali, se fue de lado cayendo tras un sofá del que costó bastante sacarlo. En un momento dado que fui al baño, muchas cervezas, salí hablando y riendo hasta que mi mamá me dijo: ciérrate la bragueta. Como a la tres de la mañana, cosas de borrachos, nos sentamos dizque a comer, y ahí, entre toda esa gente, me manosearon bajo la mesa. Fue… increíble. Recuerdo que al otro día me dolía todo (no por la manoseada), de hecho me descompensé por tomar tanto y me desmayé sobre una cama donde me tendieron a descansar. El hermano de mi cuñado cayó también, en un sofá, y no hubo poder humano capaz de quitarle el vaso que tenía aferrado. Fue una gran fiesta que hablamos de repetir mil veces.   

   Coincidí con unos y otros en otras reuniones, pero el momento para el reencuentro jamás se dio. Armando se casó y se fue para México con su mujer, en busca de otros destinos, sin trabajo como estaba. Leticia y el marido, después del ataque de la Guardia Nacional, de noche, al campo de concentración de Los Semerucos, les dio miedo por sus hijos y el destino de este pobre país, sacándose no sé que parentesco con unos gallegos y escaparon a España. Sebastián y los suyos se habían ido para Maracaibo, pero la compañía prefirió irse para Bogota, buscando lugares más seguros para invertir y vivir (¡a Colombia! Lo preferían a esto). El hermano de mi cuñado, Américo, se casó en Delta Amacuro, cosa extraña, jamás he conocido a nadie de allí. De la zona han ido emigrando muchos, ahora hay caras distintas, gente diferente. No creo que hoy pudiera darse aquella noche loca en que abracé y besé como demente. Debimos hacerlo antes, no debimos dejar que pasara tanto tiempo. Es una lástima. 

Julio César.

16/04/2008 GMT 1

EL BOXEO

jcqt1213 @ 04:12

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   Perdí, consuélame con un masajito…   

   Jamás he sido un hombre particularmente mano suelta. No soy violento. Soy de los borrachos que se ríen mucho, y hasta me pongo amistoso, hablador y tolerante. No lo entiendo. Bueno y sobrio no lo soy. No lo creerán, pero a la gente le agrada que asista a sus fiestas. Sin embargo, me encanta el boxeo. Para mí el CLUB DE LA PELEA, la cinta, fue energizante, casi estimulante. Las escenas de lucha estaban muy bien hechas. Desde muchacho me interesó. Mi señor padre nos despertaba, a mi hermano menor y a mí, a las cuatro de la mañana para que viéramos con él una pelea en el quinto infierno que transmitían a esa hora en vivo. Y me gustaba. En una navidad nos regaló unos guantes, y nos encantaba darnos con ellos. No por violentos, sino porque era… agradable.   

   Entando al liceo quise practicar box, como le dicen. Era adrenérgico quedarse en calzón, con los guantes puestos, mordiendo con furia el protector, lleno de expectación, de ganas, con deseos de machacar. Mirar a tu oponente, estudiarlo, adivinar sus saltos, su postura, el alerta en sus ojos, e ir contra él, lanzar golpes, agacharte, alejarte; dar y recibir. Todo es parte del juego: competencia entre carajos. Por un momento tienes frente a ti a un rival, un enemigo y cargas contra él, sin analizarlo ni cuestionarte. Solo golpear, empujar contra las cuerdas, y darle, darle y darle. El chiste es resistir, evitar un carajazo que te tumbe, y vencer… Ganar una pelea es algo que te llena de orgullo, de una satisfacción casi sexual.   

   El boxeo tiene muchos enemigos, hablan de salvajadas, de brutalidad, creo que hasta hubo movimientos que quisieron impedirlo como competencia deportiva, tanto escolar como a nivel de olimpiadas y eso. Que dos carajos, consistes de sí, se moten para darse con todo, no debería molestar a alguien que va a sentarse a mirarlos. Si no te gusta, no vayas. Si te parece de salvajes, no te juntes con boxeadores o no permitas que tu hijo, marido o novio lo sea. Lo demás, deja vivir. Hay quienes hablan de sentimientos homo eróticos subyacentes en quienes concurren a mirar a dos hombres atados, sangrando y sudando uno contra el otro, jadeando, dándose carajazos, amarrándose de pronto. No sé si eso halla, pero a mí me parece que algo en la naturaleza del hombre lo obliga a competir, tal vez sea un recuerdo atávico de cuando el simio andaba en la selva y debía joder a sus rivales para tener acceso a las hembras. No lo sé, pero sentarse una tarde, entre cervezas y gritos, a presenciar una pelea de campeonato, es algo que deja un buen sabor de boca. Pelear tú mismo, unos minutos, darte golpes, competir y ver si vences, es mejor. Por cierto, me molesta el boxeo femenino. No sé por qué, pero así es. 

Julio César.

28/12/2007 GMT 1

ISA DOBLE... ¿NO LES HA PASADO?

jcqt1213 @ 01:35

7-isa-doble.jpg    Venezuela es un país donde cierta forma de hacer radio, televisión o periodismo siempre levanta ronchas y enemigos mortales, sin embargo siempre está ese, y que me perdonen la expresión, ‘perro guardián’, ese alguien que enfrenta con responsabilidad su deber, ya sea denunciar los desmanes de una barragana presidencial que quieren mandar más que el marido, a un negocio sobre facturado para repotenciar unas fragatas, o como ahora cuando los revolucionarios bolivarianos compran alimentos no directamente sino a través de los contactos en Cuba, en inútiles triangulaciones con escandalosos cobros de comisiones. Dicen que así son las revoluciones, yo creo que el problema es que son de la izquierda.   

   En fin, una de las representantes del periodismo a la venezolana, feroz y sin dar tregua a la hora de informar como lo siente, es, fue y será por mucho tiempo, Isa Doble. Esta mujer, menuda ya, algo madura pero bonita como siempre, con su mente clara, inteligente, de voz suave, despierta y crítica como lo es desde hace más de treinta años, continúa en la trinchera por la defensa de su manera de ver la vida. Como hija de políticos, de esos que combatieron la anterior dictadura, la de Pérez Jiménez, que creció en medio de gente valiente, clara y decente como lo fueron doña Menca de Leoni y su esposo, Raúl Leoni, o el eterno orientador, el maestro Prieto Figueroa, tuvo toda la enseñanza y buen ejemplo que le hizo falta. Sin embargo, muy joven, con la naciente democracia, también aprendió que quien no se sometiera a los dictados del ‘partido político’, o que si mencionaba por su nombre a este o aquel, o que no se cuadrara con ese aunque planeara una traición, era echado a los lobos, silenciado, perseguido y presionado. Ella, honra decirlo, siempre prefirió enfrentar a los lobos.   

   Como único defecto, hubo un tiempo cuando Isa Doble no sólo creyó en la izquierda, peor, fue a Cuba y lo creyó un paraíso; pero los años, los perseguidos, presos, muertos y la miseria de todo un pueblo mientras sus líderes ‘populares’ vivían bien, la desengañaron; cosa que no le ocurre a todo el mundo, hay quienes llegan a viejos pero no se hacen más sabio. Esta mujer escribió un libro, APUNTES QUE APUNTAN, hace años. Fue directo, coloquial, sencillo y bastante fiero, casi escurría amargura también; habló de sus recuerdos, de lo que fue su vida, de sus afectos y sus odios, con simpleza. Fue implacable con tres ex presidentes de Venezuela, a quienes acusaba de la caída moral que luego traería todo lo demás (casi profetizaba a Chávez); dijo cosas que si alguien las dijera de mí, no saldría más a la calle. Yo compré, leí y disfrute ese libro, y un día ocurrió lo increíble: Isa Doble iba a visitar el pueblo de Guatire, un 31 de octubre, fecha natal de Ali Primera, el cantautor del pueblo, un hombre de innegable talento, de voz increíble, que cantaba a la protesta, a la inconformidad y a la revolución, su único error fue creer que en el ‘pueblo’ había algo como grandeza de forma generalizada.    

   Yo estaba feliz, ¡Isa Doble en Guatire!, yo vivía para esa época en Guarenas, muy cerca de allí. Tenía mi libro, puse buena cara y esperaba el momento de la parranda; esas cosas siempre comienzan igual, todo seriedad y terminan en un relajo donde uno habla con todo el mundo de cualquier cosa. Yo deseaba que me echara más cuentos sobre los jerarcas de la época de oro de ACCIÓN DEMOCRÁTICA, esa cueva llena de pillos donde la gente entraba agarrando con fuerza la cartera no fueran a robártela de un tirón, hasta la llegada de la gente de Chávez… Y ¿qué creen?: me enfermé. Fue una virosis horrible que me tuvo mal, nadie me visitaba por temor de atrapar una igual de fea. De verdad quise ir, quería verla, conocerla, darle la mano, oírla. Era increíble, tanto esperar ese momento y todo se echaba a perder por una gripe vulgar de lo más inconveniente. Me valí de una hermana mía, Luisa, que pasó por la casa, creí que porque la conciencia le remordía pero sólo aprovechaba de verme mientras iba rumbo al bonche, para pedirle un favor, no me quedó más remedio; le di el libro y le dije que hablara con Isa para que me lo autografiara. A los dos días vi a mi hermana y me contó todo, ¡para arrechera mía!   

   Isa Doble firmó mi libro con una bonita dedicatoria, me agradeció el que lo comparara. Habló con mi hermana de forma amena e íntima y le confió que no estaba segura, pero temía que ese libro le había quedado como muy crudo. La muy falsa, que no lo había leído, le dijo que no, que estaba muy bien (lo leyó después, y sí, quedó fuerte). Y hablaron de eso, de la Venezuela de esos años azarosos de luchas, de las pequeñas historias secretas, de las anécdotas y mil detallitos que no puso por escrito (un día contaré lo que recuerdo), cosas realmente escandalosas.   

   Luisa me contó que aquello estaba lleno, que entonaron (feamente, seguro) canciones de Ali Primera, todos muy emocionados, que se bailó tambor, que comieron sánguches y tomaron bebidas nada espirituosas. Una rochela, pues, y que la pasaron muy bien. Que Isa estaba feliz, repartió besitos y todo. ¡Y yo me lo perdí! Que mala suerte, ¿no? Y nunca jamás, aunque durante el dos mil dos fui a mil marchas de protesta contra el Gobierno, me la tropecé, aunque sabía que andaba por ahí, pero es que era demasiada la gente y muchas veces uno no podía moverse del mismo lugar.    Aún conservo mi libro y por supuesto continuo admirando a Isa, como a Patricia Poleo, a Marta Colomina y a tantos otros que siempre dicen las cosas como lo piensan, como lo sienten. Gente que habla y vive en libertad. 

Julio César.

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