MI EX SUEGRO SE DIVIERTE A LO GRANDE
Debilidad de fuertes…
Aunque ya no salía con su hija, seguía yo teniendo tratos con mi ex suegro, Gregorio, quien tenía varios depósitos de cargas a su nombre. Generalmente, cuando iba a visitarlo, no le avisaba. Llegaba callado, entraba furtivo, me movía silencioso y llegaba a su oficina, grande, con aire acondicionado y un buen sofá. No era raro oír los gemidos. Yo siempre sonreía preparaba la cámara de mi teléfono. Me asomaba y encontraba al viejo trabajando. Era hábil y versátil en unas cosas, fijo en otras. Siempre contrataba tipos negros con porte de caballos; siempre variaba en su actuar. A veces lo pillaba en cuatro patas, afincando manos y rodillas jugando a los caballitos con el negrote que lo cabalgaba dándole con su enorme y gruesa fusta. A veces estaba de espaldas, patas arriba, jugando a la gata que se defiende, mientras el otro intentaba darle de comer al ratoncito un salchichón grueso. A veces usaban juguetitos que mi ex suegro comprobaba para alguna tienda para saber si cabían en… los agujeros de la caja. O como ahora, que simplemente comía con gula un buen pedazo de carne. Era grato ver a gente divertirse haciendo algo que les gustaba. Comer lo enloquecía, y el otro parecía tan complacido que acariciaba la grupa de su futura montura, seguramente sorprendiéndose y alegrándose de encontrarla tan firme. Sabía yo que si callaba un tiempo, vería una buena montada.
Julio César.

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