MAYO SE FUE
El problema de los demócratas, lograr la nominación del candidato presidencial, estaba tomando ribetes de tragedia. Esa lucha tan prolongada va a terminar agotando al ganador, quien tendrá que lidiar con la reparación de rabias, rencores y malestares. El señor Barack Obama será el abanderado. No es un secreto para nadie que yo prefería a la Hilary Clinton, pero en fin, no soy yo quien vota allá. Lo mejor sería resolver resquemores, limar asperezas y alinearse todos alrededor del candidato, que tiene carisma y juventud. Lo primero es bueno porque atrae gente, lo segundo también, no carga sobre sí ni fantasmas ni reconcomios de otras eras. Últimamente ha hecho las declaraciones, tal vez sólo sean eso, necesarias para aplacar tantos temores sobre su visión de Latinoamérica y el peligro que ronda toda la cuadra. Sin embargo, ahí están los republicanos, todos corriendo tras un único carretón. Espero que el señor Obama entusiasme suficientemente a los jóvenes y a los nuevos votantes, esos que se expresan bien de él, y que por jóvenes esperan cambios reales, aún generacionales. Aunque la experiencia dice que estos son los grupos que el día de las elecciones siente dolor de pies y no acuden. Esperemos, para que termine de una vez la era de los Bush, que asistan.
No ha sido este el año de las FARC, tres miembros del Secretariado ya han caído, Raúl Reyes, Iván Ríos (a quién le tocó una bien fea) y ahora Marulanda; quedan los otros. Pero lo experimentado por la señora Karina (¡qué mujer!, su vida bien vale una película aunque esté en el bando malo), hace suponer que el próximo en caer será el distinguido señor Mono Jojoy. Doña Karina cuenta que se acogió a la entrega porque dentro de su círculo íntimo se manejaba la información de que sus propios hombres tramaban asesinarla para cobrar la recompensa, como pasó con Iván Ríos. Es que la oportunidad de cobrar esa plata, dejar de una vez el monte (ufff, mosquitos y jejenes, ir al baño, qué infierno), ser perdonado y huir de ese infierno, tenta a cualquiera. Ese Uribe es un demonio; seguro que en esta última cumbre en Brasil, Chávez no le aceptó ni café. Sin embargo en Venezuela, el Partido Comunista habló del pesar ante la muerte de Marulanda, querido por el pueblo colombiano, destruido, según ellos, por la oligarquía conservadora (es que no renuevan ni el discurso ni los cortes de pelos). Será en sus mentes extraviada en los setenta, porque hasta donde logré ver, nadie lo ha llorado en el vecino país, y si no fuera porque ‘se ve feo’ habrían salido a celebrar.
Una noticia dolorosa nos ha tocado a los magallaneros, y a los venezolanos en general, la muerte del pelotero, nuestro grandes ligas, Géremi Gonzáles, un destacado pitcher, quien muere de una forma extrañísima: alcanzado por un rayo mientras manipulaba una lancha sky acuática. ¿Cuántas probabilidades existen de que algo así ocurra? Uno lo entiende en China donde hay tanta gente que si un rayo cae mata a tres o cuatro, ¿pero aquí? Y sin embargo pasó, y le pasó a él. Hay quienes suponen que pasó bajo el famoso rayo del Catatumbo, el cual es una fija en cuanto a hora y lugar. Una pérdida, una verdadera lástima. Era un tipo joven y agradable. Cuentan los diarios deportivos que cuando su equipo iba perdiendo, saltaba en la cueva, aplaudiendo y gritando para levantar la moral. Era capaz de bañar con crema de afeitar a todo el mundo, usar una peluca, lanzar patadas de kárate, todo para animar a la gente. Ahora se ha ido, como tanta gente buena en lo que va de año. Paz a su gente, y a recordarlo con cariño.
Ya ha transcurrido un año entero desde que el canal de televisión RCTV fue obligado a dejar de transmitir en señal libre, señal que llegaba a todas partes, desde las casotas en las urbanizaciones, a las casitas humildes, donde podían sentir simpatías por Chávez, pero que veían este canal y no el del Estado (nadie se cala esos cuentos, sobretodo si se sale luego a la calle y se choca con la realidad real). Fue una pérdida para la doñita en el cerro y para las señoronas que seguían sus novelas en la sala, así como la cachifa en su cuarto. Hasta el último momento Venezuela esperó que aquella amenaza no se cumpliera, pero Chávez reía y se burlaba, cerraba la señal porque le daba la gana. La cerraba y acallaría por temor a las otras televisoras. La cerraría y nadie discutiría ni denunciaría tropelías, y él y su gente continuarían haciendo lo que les diera la gana sin que esa molesta voz los incomodara. La cerraron, es verdad, se robaron los equipos de transmisión, aunque le dieron mil nombres al asunto, como si entrar en un lugar y cogerse lo que no es de uno, por la fuerza, cotando con gente armada, no fuera un simple robo. Pero les costó, a Chávez le costó su nueva constitución ese diciembre, y la posibilidad de meter una enmienda para una presidencia vitalicia que sería certificada luego por su CNE, elección tras elección, como pasa en Cuba, Birmania y lo era en Irak; porque aparecieran los estudiantes y jóvenes en el espectro político, frescos, valientes. Cerró RCTV, pero les salió bien caro. Y todavía nos debe.
Julio César.

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