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¡¡¡VAYA TÍOS!!!
Cortos relatos para gente muy adulta. Nada de menores...

Categoría: ACTION MEN

18/05/2008 GMT 1

SE ESTABA AHOGANDO…

jcqt1213 @ 02:32

salvame-mi-salvavidas.jpg

   Parece que les gusta mucho, ¿verdad?   

   Mariano salió temprano a nadar quedando atrapado en una resaca. Asustado gritó y tragó agua, perdiendo el conocimiento. Mareado sintió algo sobre su pecho, y que el sol  lo acariciaba (entre otras vainas) y que no estaba en el agua. Tosiendo abrió los ojos. Caído sobre la arena miró al sujeto, el catirito salvavidas que había visto un día antes, preguntándose cómo a semejante carajo lo dejaban salir por ahí en bañadores tan chicos. Traidor miró más abajo y la prendita parecía más pequeña porque algo como una tabla parecía querer escapar.  

   -Tragaste mucha agua y debí darte respiración artificial. Creo que te falta todavía. –le sonrió amigable.  

   Mariano jadeó, pero ahogado, cuando esa boca volvió a su trabajo, lenta, cálida y moviendo un tato la lengua. Debía ser una técnica nueva de salvamento, pero buena, ya que su propia lengua parecía querer aprenderla. Entre lamidas y chupadas pasó un rato, así como de manos que acariciaban para… quitar los nervios; hasta que el tipo se puso de pie y él lo miró a los ojos… y luego al babeante ojete que sobresalía de la prenda.  

   -¿Puedo hacer algo más por ti? –le sonrió y Mariano se estremeció.  

   -El agua me dejo un mal sabor de boca, ¿cómo me lo quito? –y abrió su boquita, al tiempo que una ruda manota atrapa su nuca.  

   Sonriendo, el otro desenvolvió su pote de leche, haciéndolo tragar repetidamente, con rudeza, a fondo, de él. Lo malo era que ahora el chico parecía querer más, ¡hambre de juventud!, y el salvavidas iba a tener que darle también carne de la buena… 

Julio César.

10/05/2008 GMT 1

FUERA DE LA CANCHA ERA MEJOR

jcqt1213 @ 02:35

ayudame-me-pica-por-aqui.JPG

   Estar en el equipo le parecía excitante…   

   Néstor tenía verdaderos problemas desde que dirigía el joven equipo de fútbol del colegio, los muchachos eran muy precoces. Jugueteaban a toda hora dentro de las duchas, en los privados, o simplemente en la cancha donde se daban sus besitos de amistad, según ellos. Los chicos llegaban a su oficina y le decían que tenían un problema, abrían mucho sus piernas, viéndose realmente lindos y calientes, la juventud es así, atractiva de por sí.  

   -Me duele por aquí, entrenador… -susurraba el joven de turno.  

   Y él, todo envarado, duro, ¡tenía que ver y atender, ¿no?! Mirando al chico preguntando, “¿es aquí, es aquí?”, metía la mano, buscando lo que no se le había perdido, todo estaba muy caliente. Tocaba y masajeaba para ver, encontrando lo duro, seguramente una hernia, quemándole la mano. Para hacerlo mejor, el short bajaba, las manos también, así como su rostro. El chico gemía viéndolo abrir la boca para… explicarle qué tiene. Al entrenador le preocupaban tantas dolencias en el equipo, pero entendía que eran chicos mimados acostumbrados a llamar la atención; y probar esa vida era agradable, él la probaba muchas veces a la semana, llenándose el paladar de ello. Lo probaba de forma repetida, subiendo y bajando sobre el posible problema, que estaba todo crecido y rojito. Si esa oficina hablara, contaría como a veces el hombre debía atender a varios chicos adoloridos el mismo día, saliendo uno y entrándole el otro… en materia; y de tarde en tarde atendía a dos, o hasta tres y cuatro. Pero se daba maña para darle a cada uno lo suyo. 

Julio César.

16/04/2008 GMT 1

LA ARMADA ANDA ARMADA

jcqt1213 @ 04:22

marineros-calientes.JPG

   -Listos para usted, señor…   

   Como la guerra estaba alargándose demasiado, las distintas fuerzas enviaron reclutadores a los campus universitarios. Estos dos, de la naval, llegaron a la Verga-Boca-Mete, a dar su discurso de reclutamiento. Los muchachos, semi atletas, calientes y desordenaos, no le pararon a los discursos: ni locos iban a encerrarse dentro de barracones y vainas así. Los marinos, hombres serios que saben que deben reclutar, como deber patriota, se miran.  

   -La Armada les promete mucha diversión, chicos… -sonrió el catire.  

   Las ropas fueron bajando. Los chicos gritaron y rieron. Los marinos comenzaron a dar lenguas… para convencer, mientras el bajo uniforme casi no les contiene los otros datos. Los chicos, calientes, fueron a unirse. Algunos cayeron bajo la fuerza del marino moreno, y gimieron horrible y escandalosamente mientras les metían, dura y repetidamente… los argumentos. El tipo los sostenía con sus manos mientras se los metía y metía… en las cabezas. El catire, de espaldas en un mesón, abiertote, siente sobre sí mil bocas cuyas lenguas hábiles… preguntaban lo que deseaban saber, metiéndose en sus interioridades… como marino. Pronto estaría él, con rostro rojizo y sonriente de quien sabe que va ganando, recibiendo rítmica y caliente… las ultimas dudas de los chicos. Las fiestas en esa casa de fraternidad, famosas ya, se volvieron legendarias mientras otros chicos, avisados por los amigos corrieron para que uno de esos carajos les metiera muy bien… en la lista de nuevos reclutas. 

Julio César.

07/03/2008 GMT 1

LEY POR PROPIAS MANOS…

jcqt1213 @ 04:47

trabajo-duro.jpg

   Hay gente con inventiva…   

   Muy necesitado de dinero, Germán entró en el taller, sabía que estaría solitario. Ulises desaparecía siempre de una a dos y media de la tarde. Cubriéndose con un pasamontañas, entra. Todo está solitario. Va a la oficina, entra. Abre la caja, y no nota un parpadeo de las luces. Una puerta se abre de pronto y grita cuando siente un carajazo en la cara, mareándolo.  

   -Ah, coño’e madre… -es lo último que oye.  

   Despierta de panza, amarrado con correas, y aterrado pela los ojos viendo un cuarto chico, oscuro, lleno de perolitos raros como bolas rojas unidas por un hilito, toletes de goma, pinzas y demás vainas.  

   -Así que crees que puedes meterte en lo ajeno… -oye tras él mientras le bajan el pantalón.- Ahora yo también voy a entrar…   

   -No, espera…  

   Pero su boca es tapada con otra bolita de goma, roja también, mientras lo soban, lo pellizcan, le hunden dedos en su carne. Recibe varios azotes con una correita. Pica. Arde. Grita. ¿Qué vaina era esa, qué hacia Ulises? Lo azotan y soban, con un aceite caliente. Azote y sobo. Ese sobo era rico, lo espera después de un rato, oye un: “ah, te gusta”. Ahora le dan con una tablita tipo regla, luego con la palma de una mano, pero es otra vaina, larga, gruesa y muy caliente que choca de él, lo que lo tiene mareado. Pronto esa vaina entraría, y recordó que a Ulises le encantaba montar caballo, cabalgando era bueno, pero ahora lo lamentaba por sus monturas. Era rudo, brutal, golpeaba y golpeaba sin tener nada más en cuenta. Cuando termina, todo mojado de sudor, le arrancan la máscara.  

   -Germán… -chilla el jadeante Ulises.- Coño, no te recocí… Discúlpame, hermano, es que ya me han robado varias veces y decidí castigar al que cogiera in fragantti… Qué vaina. No le vamos a contar a mamá, ¿verdad? 

Julio César.

21/02/2008 GMT 1

EL CAPATAZ SABE MOVERLA

jcqt1213 @ 01:46

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   -Trabaja bien y dejaré que pases tu lengua por mi cuerpo…   

   Renato, el capataz, era obedecido por todos sus hombres, pero la llegada del nuevo ingeniero enviado por la alcaldía estaba creando problemas. Renato, práctico, decidió ponerlo de su lado. Dentro de su shortsito jeans, muy corto, sin camisa, con su casco, con ese cuerpo, Renato iba de aquí para allá con el ingeniero, quien sudaba, se mareaba, y a la hora, en las duchas, cayendo de rodilla, todo lloroso, le pidió que lo dejara tocarlo.  

   -Bueno, ingeniero, pase la lengua. –dijo dándole la espalda y bajando el short.- Hágalo bien y luego le llenó la boca de sabor y dulzura en un duro envoltorio, parece necesitar lácteos… Después le lleno todo lo demás y le saco el nepe, pero sólo si se porta como el cachorrito lindo que creo que es, ¿ah? –advierte duro, y el joven entiende, o se porta bien o no hay capataz amoroso, ni lengua en raja o brocha gorda pintando en sus cavidades.  

   -Si, jefe… -jadeó entregado, la boca se abre, la lengua sale y gime enloquecido antes de enterrarse allí, olisqueándolo todo.

   Y le pasó de todo, desde estar de espaldas sobre ropas sucias mientras el mango de una brocha entraba y salía del asunto, hasta la llegada de dos trabajadores más, uno de los cuales trajo una espátula pequeña cuya cacha fue probada también. Renato no era egoísta y compartió el momento con sus trabajadores, grandes y musculosos como él, y entre los tres le dieron bien y fuerte… las indicaciones de cómo actuar al joven ingeniero que casi gateaba de gusto entre ellos, como un bebito que busca no uno sino tres teteros. 

Julio César.

17/02/2008 GMT 1

MARINES EN ACCIÓN

jcqt1213 @ 02:31

un-marine-le-daba-todo-a-otro.JPG

   -No te preocupes, camarada, conmigo la pierdes rapidito…

   La guerra de guerrilla en la que había devenido la ocupación se había intensificado demasiado, y no parecía haber solución política o diplomática capaz de terminar con los atentados terroristas. Caine, un joven campesino de Wyoming, estaba frustrado, a sus diecinueve años, viniendo de una familia metodista, casi puritana, no tuvo ocasión de perder su virginidad. Esa tarde, luego de las duchas, se confió a Nixón, a quien todos tenían por coño’e madre y medio traicionero, sobre su  problema: era virgen aún. Nixón, recorriéndolo con la mirada le dijo que eso se solucionaba, perdía la virginidad y luego saldrían a patrullar.

 

   -¡Qué bien! ¿A dónde vamos? –se agitó Caine.

 

   -Para ningún lado, la perderás aquí mismo, en tu propio catre, es lo mejor, ¿no? –sonrió Nixón, cayéndole encima, besándolo lengüeteado de una forma escandalosa y alarmante. 

 

   Caine se resistió pero el otro era más fuerte, derribándolo sobre el catre. Ese cuerpo, esa barra caliente, pegándose de él, así como esa boca que lo tragaba, y la manota que ya tanteaba sus zonas restringidas, delicadas, pálidas y vírgenes, lo mareaban. Nixón supo que había ganado cuando el otro gimió, besó, se le puso dura también, y se relajo de piernas dejando abierto el dulce camino a casa. Una vez ese primer dedo se instaló, revolviendo el chocolate, supo que el catirito ya estaba en la olla… o se lo hacía él o el joven saldría a buscar quien le calmara el huequito loco así fuera entre los insurgentes. ¡Mejor se lo hacía él!, pensó como buen compañero, metiendo ya dos, luego tres, viéndolo gritar que sí. Eso y cabalgar de regreso al hogar, que es donde está el corazón, fue una sola cosa, pensó el más joven casi ahogado con la cara en el catre.

    -Uy, ¿qué pasa? –gruñó ronco, Clifford, un carajo negro y grande, entrando con otros dos.- La acción está aquí, muchachos. Yo sigo. –y la tarde apenas comenzaba para el catirito que abría ya la boca. 

 

Julio César.

20/12/2007 GMT 1

EN CASO DE TIPOS MUY CALIENTES...

jcqt1213 @ 02:34

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   -Vamos a darle, pana…   

   El conato de fuego en la residencia masculina del campus universitario se había debido a un enorme vibrador recalentado encontrado por el bombero bajo un colchón. El policía investigó y siete muchachos, jóvenes y musculosos, estaban implicados con la porra de baterías. Ahora la pareja se disponía a repartir manguera y rolo por esos culos. Los muchachos, en cuatro patas sobre una larga y ancha cama, en camisetitas y suspensorios deportivos blancos, esperan su turno, contentos, meciendo sus nalgas en forma invitadora, con sus lampiñas puertitas traseras abiertas, algo inquietos mientras miran como atienden al que está al lado, que gime y se menea en el séptimo cielo. Los dos carajos, fuera de sus buenas porras y mangueras, son cumplidores en sus atenciones, a veces rápidas y duras, otras lentas pero bien llevadas al final, mientras los chicos a los lados sólo repiten: a mí… ahora a mí… Riente, la pareja debe ayudarse un poco metiendo dedos, para calmarlos un poco mientras llegaban a ellos, pero eso sólo parece calentarlos más. Vaya muchachos tremendillos estos estudiantes…

Julio César.

13/10/2007 GMT 1

LECCIONES DE LUCHA

jcqt1213 @ 01:39

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   Fue a ejercitarse para ser más macho…   

   Desde el momento en que entró al gimnasio, Mariano se asombró del tamañote del instructor a quien llamaban Mister Martillo, y mirándolo disimuladamente, creyó entender. El tipo también se quedó mirándolo, y en cuanto comenzaron los primeros ejercicios lo batuqueó, lo arrojó de panza, le atenazó el brazo contra la espalda, halándolo el cabello, montándole su pelvis sobre las nalgas semi cubiertas con la trusa amarilla, donde parecía no haber un martillo sino una dura y enorme mandarria.  

   -Profesor, ¿qué…? –jadea mariano, alarmado.  

   -Esto es así, muchacho, lucha sensual, ¿no lo leíste?  

   -Si, pero creí que era para hacerlo a uno más… sensual a las chicas.  

   -Ya lo eres bastante, pero creo que más con los chicos, tienes un no sé que de calienta braguetas. –gruñó, mientras bajaba las pequeñas prendas.- Esto es lucha de acción, muchacho. Toma…  

   -Ahhh… -gimió ante los primeras flexiones de caderas, encontrándolo sorpresivamente…- Hummm, sí, más rápido, profe, ya siento que mejoro…  

   -Así es, muchacho, yo te mejoro… -jadea mientras suda quemando calorías igual que el otro, mientras piensa: mientras te jodo… 

Julio César.

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