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Cortos relatos para gente muy adulta. Nada de menores...

Archivo: Julio 2008

30/07/2008 GMT 1

ADIÓS ENNIS DEL MAR

jcqt1213 @ 03:02

   Esta es una historia publicada el cuatro de mayo del dos mil seis, no sé bien si en el blog EL PUTO JACK TWIST, o en A RAS DEL SUELO, o en UN ANGEL. No estoy seguro. Sólo sé que fue increíblemente buena. Curiosamente, mientras lo releía y lo medio adaptaba a la forma en que veo el mundo (y que me perdone el autor de tan maravillosa historia), me fui encariñando con Ennis del Mar, un tipo al que nunca le he tenido mucha paciencia. Sin embargo, el cuento, me hizo verlo bajo una luz nueva. Y vamos a estar claros, los que vimos la película y nos enamoramos de Jack Twist, debemos entender que para este tipo debió ser el infierno conocerlo, tenerlo, amarlo y perderlo. Por ello me costó incluirlo aquí, perder a Ennis también duele; realmente pensar en eso, me llenó de nostalgia y tristeza. En fin, aquí va el relato; a propósito, en un comentario enviado por el cuento, alguien también hizo una bonita aportación que incluyo aquí.  

   ENNIS DEL MAR HA MUERTO

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     Al fin la paz…   

   Cuando abrí los ojos no sabía lo que había ocurrido, o que hubiera ocurrido algo, simplemente me sentía diferente. Mejor que siempre, mucho mejor a decir verdad: podía erguir la espalda, la pierna dejó de molestarme, la mirada estaba mejor enfocada y sentía la mente despejada, clara, como hacía mucho tiempo que no la tenía. Mi boca estaba limpia, sin el agrio regusto a cerveza o vomito de la noche anterior. Intenté concentrarme porque todo me parecía extraño, no era como despertar de un sueño de repente, o soñar que se está despierto. Ahí estaba yo, de pie, erguido, vestido y mirando al suelo, pero sin saber cómo había hecho todo eso. ¿Desperté en medio de la noche mientras dormía?   

   Lo más curioso es que llevaba mi viejo y apolillado sombrero calado en la frente, uno que tenía años de años sin ponerme. De hecho… creía haberlo perdido, porque la última vez que lo usé sobre mi cabeza, de cierto y lo recuerdo bien, el frío y poderoso viento del Oeste barría unas montañas altas, y alguien, de voz riente, había gritado que tuviera cuidado que el sombrero se me iba. ¡Magia! El sombrero había regresado por arte de magia, y yo creo en ella; en esas montañas hubo un ser de esos, mágico, que hizo de ellas y de mi vida, por un tiempo, un Paraíso en la tierra…   

   “¿De dónde saliste, viejo sombrero?”, me pregunté, quitándomelo de la cabeza y sosteniéndolo contra mi pecho. Por alguna razón mi corazón latía con más fuerza, y eso fue antes de darme cuenta finalmente de la camisa que llevaba puesta. Allí estaban esas conocidas manchas secas, oscuras, de sangre. A mis ojos volvieron las viejas y familiares sensaciones, era como si alguien hubiera dejado caer vinagre en cada una de mis pupilas. Las lágrimas acudieron, como siempre, como años atrás, cuando ella me dijo por teléfono… (¡y aún no cumplía cuarenta años!). El mundo perdió firmeza, volviéndose borroso a mi alrededor, cubierto por ese llanto que volvía con la misma fuerza de siempre, como si el dolor fuera nuevo, como si el dolor acabara de llegar y no pensara marcharse jamás: murió… murió en un estúpido accidente.   

   Estuve un rato así, cubriéndome el rostro con las manos intentando contener todo aquel llanto. ¿Fue un accidente realmente? ¿Sólo eso, amigo mío? ¿O te vigilaban? ¿Sabían ellos de ti, ojos azueles, y te despreciaban demasiado? ¿Te golpeó una palanca en un tonto accidente? ¿O te siguieron a través del campo, con risas, con odio, hacia una cañada, siempre hacia la maldita cañada? ¿Pensaste en mí en ese momento? ¿Sonreías todavía, como siempre hiciste, aún cuando sufrías? No, no debía seguir así, ¿por qué me hacía esto? ¿Por qué me torturaba así? ¿Hasta cuándo duraría esto? Pero no había respuestas. Nunca las había para mí.   

   Al fin me serené un poco y recorrí todo dentro del trailer con mis nuevos y nítidos ojos. Joder, parecía que llevaba años deshabitado. Nadie se había molestado en sacudir todo el polvo y la arena que el viento del desierto colaba a través de cada rendija. Para colmo de males, la ventanilla de la cocinita estaba abierta de par en par y la arena entraba a mares a través de las cortinas que revoloteaban. Poco a poco la arena lo cubría todo, el suelo, los rincones, los muebles, la cama…   

   “La cama… ¡Santo Dios!”   

   Bajo aquella colcha de cuadros, vieja, había un bulto cubierto hasta el cuello, un cuerpo humano con el aspecto delgado y despatarrado de un muñeco roto y abandonado. ¡Soy yo! Si, estaba convencido, pero no sentí tristeza, ni pena, sólo… desconcierto y sorpresa, mucho más de lo que había sentido en los últimos años. Sin duda estaba muerto, la piel tenía un color extraño y parecía haberse encogido en torno a las mandíbulas, mostrando los pocos dientes que me quedaban. Por si aún quedara alguna duda por desvanecer, una mosca grande, azulada, voló irrespetuosamente y se posó en mis labios abiertos, luego sobre mi afilada nariz, donde comenzó a frotarse las patas, divertida, sin que aquel Ennis del Mar hiciera el menor gesto por quitársela de encima.   

   “No hay duda, estoy bien muerto”, me dije sin pasión, sin interés; sin embargo, una poderosa oleada de autocompasión se hizo presente, de forma avasalladora. Allí estaba yo, muerto, solo y abandonado a merced de los insectos. ¿Cuánto tiempo llevaba allí, así? ¿Es qué nadie me había echado de menos en la taberna o en el viejo rancho? ¿Ni siquiera mi hija Alma? ¿Se iba a convertir el maldito trailer en mi gran ataúd metálico por los siglos de los siglos? Y de pronto sentí miedo, ¿y si debía quedarme allí, mirándome abandonado para siempre en ese trailer cerrado… como un castigo? Porque así había vivido mi vida durante las últimas décadas. Solo, siempre solo, sin que me importara nadie más, encerrado en mí mismo con la única compañía de mis recuerdos, unos pocos alegres, muchos no. Viví encerrado dentro de mi dolor, mi tristeza, mis nostalgias por todo el tiempo que perdí durante los mejores veinte años de mi vida. Mi Dios, ¿esta sería mi penitencia por haberme alejado de todos, aún de mi pequeña Alma y de Francine? ¿O era mi castigo por haberlo amado tanto a él, por haberme muerto con él ese día en ese camino?   

   “Que final tan triste, Ennis del Mar. Ni siquiera al final supiste morir con algo de dignidad. Dejaste que toda tu vida pasara y no enmendaste tus errores. No supiste buscarlo y decirle que lo amabas. No te disculpaste con Alma, la que fue tu mujer. No les dijiste a tus hijas cuánto las querías, aunque no pudiste amarlas más o ser un buen abuelo, o uno más feliz, porque estabas triste porque él murió un día en un camino, y estaba solo cuando pasó. No le dije a mi gente que no pude vivir, que no tenía fuerzas para seguir, porque sólo podía llorar al que se fue. Se te fue la vida y no hiciste nada por pactar con el dolor, con la soledad, con la vida. Pudiste seguir queriéndolo, llamándolo cada noche, mojando con tu llanto de viejo tonto y ridículo tu almohada, agradeciéndole a su recuerdo el materializarse como una sombra en los rincones, pero también disfrutar de tu familia, de tus nietos. Pero ahora es tarde”.   

   Esta vez no lloré como un momento antes, tan sólo volví a cerrar los ojos y me pregunte: “¿ahora qué? ¿Debo sentarme y ver pasar la eternidad? ¿Es mi castigo, Dios, por todo lo que lo quise? ¿Ahora debo pagar todavía más por aquel pecado infame? Sí es así, perdóname, Señor, pero tampoco Tú me la hiciste nunca fácil. ¿Puedo pensar en los tiempos felices a su lado, Señor? ¿Me quedarán esos recuerdos por lo menos?”   

   Descubrí, en ese instante, que el tiempo no transcurre igual cuando uno está muerto, porque aunque me había parecido sólo un parpadeo, de pronto la mortecina luz que entraba por el ventanal había desaparecido. Todo estaba a oscuras, había anochecido. Me pareció mejor, la cruda realidad se difuminaba en sombras difíciles de reconocer, y una suave luz plateada que supuse provenía de la Luna hacía parecer todo más hermoso.   

   -Sal fuera, Ennis del Mar. –me sobresaltó un susurro que venía de mi interior, pero también parecía provenir de todas partes. Por un momento pensé que era mi propia voz, aunque no lo creí del todo, porque el tono era mucho más amable y amigable del que suelo emplear conmigo mismo.   

   Creí percibir un poco de cariño y afecto en aquellas palabras, como si alguien muy bondadoso comprendiese en toda su extensión mi agonía, y mi temor ante un castigo más allá de mi muerte. Esa voz parecía indicarme que era el momento al fin de curar tantas heridas, de encontrar paz, de descansar. Me fue imposible negarme a obedecer aquella suave orden y casi sin mover los pies llegué hasta la puerta, la abría sin ruido y salí al exterior.   

   “Ay, Dios, yo conozco este lugar”, pensé. El suave aroma de los pinos y el aire fresco de la noche golpearon mi rostro de una forma tan real que me resultó difícil aceptar que realmente estaba muerto.   

   -¿Ves la luz, Ennis? Camina hacia la luz.   

   “Mierda”, pensé. “¿Así que todo es así, como lo describen en los programas de la tele? ¿Algunos recuerdos del pasado, un túnel oscuro y un viaje siguiendo la luz? No, coño, no quiero ir hacia la puta luz. No quiero encontrarme con Dios. ¿Qué quiere Dios de mí? ¿Pretende que le confiese mis culpas, mis pecados? ¿No los conoce ya? ¿Qué quiere que diga? ¿Qué pida perdón por aquel a quien amé tanto, o que le de las gracias por este amor, o quiere decirme que todo fue sólo mi culpa? Si le pregunto por su muerte, ¿me dirá por qué coño tuvo que irse así, dejándome atrás para llorarlo cada noche? No, no quiero decirle nada. No quiero asistir a mi juicio; no será justo, Dios no fue justo nunca conmigo. Debo alejarme de aquí. Debo alejarme de la maldita luz”. Todo eso lo pensé con miedo, con rabia, con otro temor aleteando en mi mente: “¿y si en la luz están mamá y papá y me preguntaban qué cochinada hice de mi vida?” Hubo un largo silencio.   

   -Joder, hijo de puta, camina hacia la luz. –rugio una voz, una con un tono nuevo, uno diferente, pero familiar. La verdad y la comprensión por fin estallaron en mi cabeza, y fue como una explosión de luz blanca y pura.   

   -No… no puede ser… -fue todo lo que pude susurrar.   

   Con la respiración agitada, busqué. Miré de un lado a otro hasta encontrarlo: un tenue resplandor anaranjado entre las ramas de los árboles. ¡La luz! Y eché a correr hacia ella como un loco, con miedo de estarme engañando, con miedo de que fuera sólo otra ilusión, una prueba más. El corazón lo tenía en la garganta, impidiéndome respirar, palpitando con fuerza, y las lágrimas, otra vez las malditas lágrimas, me corrían a mares por las mejillas, mientras gimoteaba como un niño que sale de un bosque oscuro donde se creía perdido y condenado para siempre y de pronto ve una vereda y al final de ella a una persona amada esperando, llamándolo a la vida nuevamente. La amargura de tantos años, las penas, las noches de desvelo viendo pasar los fantasmas parecían irse diluyendo, quedando atrás, se me olvidaban. Salí a un claro y me detuve en seco, sin aliento.   

   Vi una tosca construcción tipo un techo sobre cuatro maderos que servían de pilares, donde dos caballos parecían dormitar sobre el heno. Vi una rústica cabaña levantada en medio del claro. Frente a la vivienda había una hoguera que chisporreaba con fuerza. Y allí estaba alguien agachado metiendo leña al fuego, un carajo de espaldas anchas, de camisa azul, con un sombrero tejano. Sentí temblores por todo mi cuerpo porque yo conocía bien aquellos hombros que había tocado a placer, reconocía el lustroso cabello negro que asomaba bajo el sombrero, en una nuca en la que había enterrado mi rostro muchas noches al dormir, en otra vida. Ese sujeto se volvió y vi unos ojos que iluminaron la noche toda y que me miraban con franca sorpresa, con alegría intensa.   

   -Por fin has legado, Ennis del Mar. Ya tenía el culo helado de tanto esperar por ti, vaquero. –sonrió, poniéndose de pie. Joven como lo fue cuando lo conocí. Magnífico como lo fue siempre en mis recuerdos.   

   -¡Jack…! Puto Jack Twist… -sólo pude gruñir, corriendo hacia él, con la mirada difusa otra vez, bañando el camino con mis lágrimas.    

   Lo abracé con fuerza, como jamás creí que podría abrazarlo otra vez. Mis brazos rodearon sus costados, mis manos atraparon su espalda y lo atraje. Nuestras frentes chocaron mientras decíamos mil vainas, y reíamos, y llorábamos. Ahora podía llorar ante él, ya no había miedo, ni al mundo, ni a mí mismo. Enterré mi cara en su hombro, en su cuello, y lloré todavía más, abrazándolo con desesperación, sintiendo su calor, su fuerza. Era el viejo aroma, el aroma que a veces me parecía imaginado y que me esforzaba por recordar. Pero no, era su olor, mis labios podían percibir su sabor. Dios mío, ¡era el Cielo!, ¡estaba en el Cielo! Dios había permitido que llegara, me habían franqueado la entrada. Estaba allí…   

   Y nuevamente me asusté, porque sentí como Jack se movía y temí que se alejara, pero no, sólo buscaba mi boca con la suya. Boca a cuyo encuentro corrí, hundiéndome en ella, sin aliento, sin fuerzas, pero sintiéndome vivo y poderoso al mismo tiempo; notando mis carnes dura, la piel caliente, las ganas a flor de piel. Y entre besos mordelones, miradas y caricias, choques de frentes, narices y de manos que tocaban, Jack me fue contando su historia, y fui enamorándome todavía más, maravillándome de que tal cosa fuera posible; pero claro, ¡estaba el Cielo…!   

   Él se había estado preparando desde cierto tiempo atrás para mi llegada, sabía que pronto estaría ahí y quería estar listo. Estuvo dormido, no recordaba más, despertó y encontró ese paraje hermoso. Y algo le dijo que debía construir un hogar. Desde ese día se dedicó a eso, a nuestra casa, una cabaña humilde pero cómoda, con una chimenea y un gran mueble acogedor, al frente. En los estantes de la cocina no había frijoles. Un solo dormitorio fue levantado, con una gran cama, solo una, donde dos personas podían descansar, pero sobretodo buscar compañía, amor y satisfacción. Era una cama donde yo podría dormir abrazado a él durante toda la eternidad, oliéndolo, tocándolo, besándolo, y cada día sería como el anterior, sin cambios, sin sorpresas, sin sobresaltos, quietos en la tierra de no pasa nada, y el Paraíso duraría para siempre. Los dos caballos habían pasado por ahí, y ahí se quedaron, y él les hizo un cobertizo primitivo, con heno, agua y todo. La cabaña estaba cerca de un cristalino y ancho arroyo, que cantarino, se mostraba lleno de truchas. Había árboles y montañas, coyotes y búhos, praderas, flores y cielos azules e inmensos, pero no hacía frío. Esta vez sin frío, por fin un lugar cálido para vivir juntos.   

   -La espera ha sido larga, vaquero, pero ha valido la pena. –me dijo al final, mirándome con sus ojos grandes, llenos de amor, de picardía, de deseos.- Ven, Ennis, dame esos besos con los que tanto hemos soñado. Tócame como le has pedido al Cielo poder hacer cada noche desde que me fui. Estoy aquí, Ennis, soy yo, tu Jack, el puto Jack Twist… 

Julio César.

……….  

   La historia termina casi con una posdata del autor, y una exhortación final que habla del gran cariño que también él siente por los dos hombres de la historia; aquí la transcribo literalmente: No sé si Dios me fulminará con un rayo divino por esta imagen del Paraíso, porque en este punto en el que acaba el cuento Ennis y Jack están a punto de hacer el amor frente a ese fuego. Pero sí creo que Dios representa precisamente ese Amor, debo creer que todo ocurre de este modo, y que los dos vaqueros al fin juntos se aman por toda una eternidad (o dos, porque tratándose de Amor con mayúscula a veces una eternidad no es suficiente), de manera que… Que Dios los bendiga por siempre… 

NOTA: Esta adaptación la hice en mi otro blog el año pasado, mucho antes del mal momento de la muerte del chico australiano. Este cuento me gusta, como me gustan CABALGATA, FRONTERAS, ANTES DE LA DESPEDIDA Y UN DÍA, MUCHOS AÑOS DESPUÉS, pero ahora me parece más intenso. Debe ser por su partida.

CAMPISTAS HAMBRIENTOS

jcqt1213 @ 02:54

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   Quién no quiere despertar así…   

   Tengo amigos que se reúnen una o dos veces al año y agarran el camino de las Pailas, en el estado vecino, y se internan por esos montes, para caminar, hablar paja y tomar caña, por el placer de volver a la naturaleza. Cada quien carga sus vainas, se bebe lo que se lleva, se come lo que hay, se duerme donde cae la noche. Me les uní hace dos años bajo protesta, hasta que la primera mañana, Ricardo me despertó con sus gemidos ahogados, mientras se preparaba a tomar leche. Acalambrado, tenso y endurecido… mi cuerpo por dormir en el suelo, lo miré pegado del pico… chupando, pasando ávido la lengua, subiendo y bajando sobre él buscando todo el rico alimento que necesitaba para comenzar bien su día. Era un chico amigo, buena gene, atractivo, agradable y saludable… y daba gusto verlo comiendo, saboreando, goloso, ahogándose con la carne dura… a la hora de las comidas. Pero oír su gemido de gozo, así como ver su manzana de Adán subir y bajar con ansiedad mientras tragaba cada gota, era un poema. Su rostro se veía bonito, algo brillante por el sudor del esfuerzo, con los ojos cerrados, los labios rojos muy abiertos y sus gemidos gozo. Aparentemente tomó un buche grande que no esperaba y algo de leche chorreó por la comisura de sus labios, pero ya lo recogería con su lengua. Le gustaba tanto que no deseaba perder nada. Obvio, desde ese momento me convertí en un paseante entusiasta, es bueno gozar de las cosas naturales. Por cierto, esta foto me la enviaron, me intriga saber quién fue. Creo que debe ser otro amante de la leche que quiere mostrar sus habilidades. Estoy seguro que una noche de esta lo sabré. 

Julio César.

DISCIPLINA CON AMOR

jcqt1213 @ 02:47

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   Ahora debía usar suspensorios…   

   Tony era un muchacho típico de clase media alta, a sus diecinueve años fingía estudiar en una universidad paga, teniendo todos sus gastos cubiertos por unos padres divorciados que se sentían culpables al no estar juntos. El muchacho parrandeaba, se drogaba, preñó a dos amigas a las que hubo que ‘sacar del problema’, no estudiaba ni hacía nada en la casa. Su madre lo consentía mucho y le daba todo, su nuevo marido, Armando, un ex militar dedicado a la seguridad personal, lo miraba feo, pero ella no dejaba que lo tocara.   

   En un viaje que la mujer hizo fuera de Caracas, el joven se fue a casa de su padre, Héctor, para no tener que calarse a Armando. Cuando este salió a trabajar hizo una fiesta que casi destruyó el edificio, fuera de un conato de incendio que costó un realero en las áreas comunes. Héctor tuvo que ir a buscarlo a la comisaría. Lo regañó pero entendió que Tony no le paraba media bola. Angustiado llamó a Amando y le contó todo, no sabía qué hacer. Este llegó casi en seguida.   

   -Mira, tu hijo está fuera de control y terminará mal. Puedo corregirlo pero debes dejarme hacerlo a mi manera, sin interferir, y obedeciéndome cuanto le ordene algo. –habla fuerte, golpeado y decidido.   

   Nervioso, Héctor asiente y se sienta a esperar. Oyen un alegre silbido, es Tony quien duchadito, vistiendo de jeans y franela, se dispone a salir como si nada hubiera pasado. El joven se sorprende al ver a los dos hombres allí. Mira a Armando con resentimiento, altanero, sentado en uno de los pocos sillones que no fue dañado durante la fiesta.   

   -¿Qué haces aquí? ¿Papa te fue con el cuento?   

   -Está vez te pasaste, Tony, y vas a recibir una lección. –es tajante.- Bájate los pantalones y móntate aquí… voy a darte la tunda que mereces. –un silencio glaciar cae en la sala. Héctor se revuelve inquieto, pero un leve parpadeo de Armando le indica que calle.   

   -¿Qué? ¡Te volviste loco, pila de mierda! –casi le grita.   

   -Bájate el pantalón… quiero ese culo aquí… -ordena señalándose entre las piernas.   

   -¡Maricón…! -sentencia como si se fuera a marchar.   

   -Si no haces lo que te digo ya, y si sales por esa puerta, no volverás a entrar, ni aquí ni a mi casa. Te quitaremos la moto, el carro, las tarjetas, tu mesada, el celular y los reales de la universidad. Ni una camisa, una media o un zapato que no hallas comprado con tu plata saldrá de aquí o de allá. –es tajante.- Vas a quedarte sin nada… y no busques ayuda en Héctor, ya lo cansaste con tus mariqueras.   

   -¡No pueden hacerme esto! –grita alarmado, luego eleva el mentón.- Está bien, quédense con todo. Cuando mamá regrese…   

   -Regresará hasta dentro de diez días, y nadie sabe exactamente dónde está; y en el pasillo está mi amigo el inspector González para regresarte a una celda por lo del vandalismo. No moveremos un dedo para ayudarte… Y créeme, aunque salgas mañana o pasado, esta noche no la olvidarás por el resto de tu vida, y ten siempre presente que tú te lo buscaste. Serás la perra de muchos, ojala no te marquen la cara de una navajazo, la tienes muy bonita… -es burlón, sonriendo seco al verlo palidecer y gemir.   

   -No, Armando… yo… -suplicante mira a Héctor.- Papá, ayúdame. No dejes que…   

   -Está cansado de ti. –interrumpe el otro. – Ya esto tardó demasiado, me cansé. No quisiste recibir tu tunda, bien, ahora llamo a González para que…   

   -¡No! No, espera… -jadea asustado, rojo de vergüenza, humillación y confusión al verse expuesto así.    

   Abre su pantalón y Héctor siente vergüenza por su hijo. El muchacho, de buena estampa, lleva un bóxer blanco, no muy largo, algo enrollado en sus muslos marcándole las nalgas y el paquete. Todavía mira suplicante a Armando, luego a su padre, y no ve piedad. Casi como si subiera al caldazo, dudando todavía, va hacia el padrastro y cae de panza sobre sus piernas. Héctor, al frente, mira el extraño cuadro que conforma su joven hijo en piernas del otro sujeto.    

   -Bonitas nalgas, muchacho. –sonríe Armando, mirando los musculosos glúteos que tragan tela. Su mano sube y baja. PLAS. Y el muchacho se estremece, enrojece y aprieta los labios, eso duele y pica. La mano sube y baja, sube y baja dura, con fuerza. PLAS. PLAS, se oyen las secas palmadas.- Si que son duritas, Héctor. Tu hijo tiene buenas nalgas. Seguro que habrían estado de fiesta en la cárcel. –y la mano sube y baja, azotándolo. La enorme palma cae, abierta, sobre el redondo trasero.    

   El muchacho quiso resistir pero dolía, dolía y ardía mucho, se le empañó la vista, meneaba las nalgas y jadeaba. Armando lo azotaba, mirándole el rostro, gruñéndole una y otra vez “chico malo”. Y Héctor quería morirse, un calor extraño lo envolvía y tuvo que cruzar sus piernas. Ver a su joven y musculoso muchacho así, sobre las piernas de Armando, un carajo fornido y bien parecido, que lo azotaba con su manota abierta, lo estaba excitando. En un momento dado, Tony intentó zafarse, pero con una mano, Armando lo retiene, mientras le sube la franela, mostrando esa espalda ancha, bajándole el bóxer, y Héctor contiene un jadeo ante esas nalgas turgentes, redonditas, casi lampiñas, que muestran las marcas enrojecidas de una palma con sus dedos.    

   Esa mano sube y baja duro, y Tony gime y llora, con la cara bañada en lágrimas de dolor. Armando lo nalguea y le dice que eso le duele también a él, pero que era un chico malo y debía aprender. La mano sube y baja, PLAS, y se queda allí sintiendo ese calor, esa carne joven. Héctor tiene la boca abierta, muy seca, y el güevo erecto y muy mojado. Mira esas nalgas, esa raja donde cae la palmada que castiga pero que también soba. Le parece que mientras le dice chico malo, que debe portarse bien, la punta de un dedo se mete más en la raja interglútea, acariciando. La mano sube y baja, lenta pero fuerte. Tony llora a moco tendido que se va a portar bien. Pero Armando sigue y sigue. Ese agitar de cuerpo que se estremece, el llanto, las nalgas… todo eso marea a Héctor. Armando se detiene, jadeando levemente. Con la mano sobre esas nalgas abiertas, con las puntas de dos de sus dedos sobre el culito tierno.   

   -Has hecho sufrir mucho a tu papá con tu conducta, muchacho. Le debes una satisfacción. –le dice como un padre amoroso, indicándole que se pare, cosa que hace, enrojecido, lloroso, avergonzado, con el pantalón bajando más. Mira a Héctor.- Dale unas nalgadas. –le ordena.   

   -¿Qué…? No, no sé sí… -jadea ronco Héctor, sintiéndose morir de algo poderoso que lo recorre todo.   

   -Es necesario, por su bien, o no aprenderá nada. Todavía puede desoírnos.   

   Tony gime que no, que se portará bien, pero Armando se pone de pie y Héctor repara en su erección, granítica, enorme, que babea un poco bajo la tela del pantalón. Tomando  a Tony de una oreja lo lleva hacia su padre. Y Tony lloroso se tiende sobre las piernas del otro. Héctor lo siente pesado, caliente, joven. Y su güevo se estremece. Mira esas nalgas. Su mano sube y baja. Casi jadea ante el contacto eléctrico y erótico. Sube y baja, azotando más fuerte que Armando, mientras Tony se revuelve, llora, suplica y se frota, dándole un placer increíble sobre su güevo erecto. Nalguea, soba, acaricia, mete los dedos en la raja interglútea, nalguea más… hasta que jadea ahogado, sintiéndose morir, corriéndose allí mismo. Ahora está mal, pero oye a Armando cuando le dice a Tony, quien se pone de pie y se viste, que de ahora en adelante se portará bien o será estrella del Internet… y en el celular le muestra a Tony una fotografía, son su cara llorosa y suplicante, y sus nalgas azotadas. Es todo lo que se ve. Que estudiará y trabajará para pagar lo que dañó. Y que debe obedecer siempre a su padre. El chico lloros asiente y sale. Héctor no puede moverse. Armando lo mira burlón.   

   -De nada.   

   Al día siguiente, Tony fue a estudiar, pasó en la tarde por la oficina de Armando y consiguió un trabajo de medio tiempo. Se le pincho una llanta y llegó pasada la hora de llegada impuesta por los otros dos, ganándose un regaño de Héctor quien no lo dejó explicarse, sentándose en uno de los sillones.   

   -Bájate el pantalón y ven aquí. Voy a enseñarte a ser puntual. –lo miró duro; Tony quería discutir, pelear, gritar que era injusto, pero ya medio lloriqueaba al bajarse el pantalón… instante en el cual Héctor obtuvo la más grande, dolorosa y sabrosa erección de toda su vida. 

Julio César.

PADRES E HIJOS ADOLESCENTES

jcqt1213 @ 02:40

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   Hace unos ocho años atrás, Esperanza, una niña del piso donde vivía para esa época, me dijo con media voz y todo apenada, que deseaba que yo fuera su padrino de bautismo. Me sorprendió saber que aún no lo estaba, y acepté. Era una niña linda y yo me llevaba bien con sus padres, sobretodo con  Nelly, la mamá, mi comadre ahora. La niña se convirtió en una muchacha espigada, toda piernas, y ahora es una joven señorita de catorce años, los quince están a la vuelta de a esquina. Ya no vivo en ese lugar pero de tanto en tanto la visito y la animo a que me llame si tiene algún problema. Hace poco una hermana mía me dijo que hablara con ella porque andaba muy rebelde y contestona, teniendo incluso problemas en el liceo. Todos dicen que está en esa edad de enfrentamientos, no quiere obedecer y se la pasa en la calle con la amigas. Ese problemón, pues.   

   La llamé y hablamos. Nelly, la comadre, se divorció (lo sabía), quedando con tres muchachos, de los cuales Esperanza es la menor. El pequeño apartamento de tres habitaciones mínimas había quedado holgado cuando Marta, la mayor, se casó y se fue; a mí nadie me quita de la cabeza que lo hizo para no vivir más con Nelly, quien ahora salía con un muchacho que a veces se quedaba en el apartamento. Nada del otro mundo. Lo que ahora ocurre es que Marta regresó, divorciada a su vez, con un bebé. Y Esperanza tuvo que dejarle su cuarto e irse con Nelly, ya que con Esteban no podía dormir, un muchacho medio malandroso, de diecisiete años. Es por ello que Esperanza anda rebelde, molesta, inconforme, gritando y discutiendo con todo el mundo, prefiriendo estar más tiempo fuera que dentro de su casa. Y en nuestra cultura eso es peligroso, porque aunque ella me dice que no, que quiere estudiar, ya tiene su cuerpecito y muchos la miran al pasar. Me aterra pensar que alguno pueda prometerle villas y castillas, y que ella se vaya tras él para escapar de su casa en un momento de furia o depresión.   

   Intenté hablar con Nelly, que entendiera que lo que sucedía no eran simplemente malacrianzas de una niña grande, sino algo más complejo. Dentro del pequeño apartamento, Esperanza tenía su cuarto, su lugar, su espacio, su mundo propio, uno donde podía encerrarse a estudiar, leer, hablar por teléfono o hacer lo que le diera la gana. Ahora no. Ahora lo comparte con una madre a quien puede fastidiarle el que hable por teléfono, o que vigila más de cerca la ropa que usa, el maquillaje o sus amistades. Fuera de la mayor carga de parientes. Ya no son solamente los tres, Nelly, Esteban y ella, ahora están Marta, el niño y el novio de la mamá. He comprendido que es difícil que la gente entienda que los muchachos que gritan, son propensos al llanto, al mal humor, las tristezas súbitas e incluso a la agresión, no son simplemente ‘niños’ desafiantes o exagerados frente a la vida; médicamente se habla en la adolescencia de un exceso hormonal, incuso de la adrenalina, que les imposibilita controlarse muchas veces, incapaces como son por falta de experiencia, de asimilar semejantes impulsos cuando se siente atacados o amenazados, llegando a responder con violencia.   

   Una de las quejas más reiteradas de los muchachos es la intromisión de todos en sus vidas, sienten que no tienen descanso ni paz. Pero quien se toma la molestia de oírlos (no me gusta mucho hablar con gente menor de dieciocho, no los entiendo), comprenderán que lo que desean es un momento de tranquilidad, para pensar en lo que desean, lo que quieren. Muchas veces sólo necesitan silencio, no ser vistos ni que les hablen, que se les deje a solas. Es una aspiración normal, tienen mucho en que meditar. Cuando un joven exige a gritos más privacidad simplemente pide calma, un momento de sosiego, tal vez para pensar en qué es lo que le pasa, por qué se siente rabioso, incómodo, poco apto o capacitado, o hasta menos dotado de ‘gracias’. Una aspiración normal de un muchacho es tener su mundo, un cuarto para sí. Es posible que el llanto de un niño moleste, o el que se le deje encargado muchas veces de vigilarlo, o las discusiones con un hermano que toma sin pedirlo sus cosas… Y es aquí donde debe entrar en juego la guía de padres y maestros, a ese adolescente debe explícasele que esa es sólo una faceta de la familia, los problemitas, las incomodidades momentáneas, pero que como núcleo, este es el grupo más importante para él o ella ya que son los únicos, en últimas instancia, a quienes pueden y deben recurrir en momentos de problemas. Y estemos claro, tal vez sean los únicos que realmente se interesen en su suerte, ¿a quién otro le dolería si algo malo les pasa? (punto que debe ser machacado por padre y maestros). A estos muchachos debe hablársele claramente de los aspectos más oscuros de esas tendencias hormonales, cuando están llenos de energías y adrenalinas y no pueden o no quieren ponerse frenos, dejando aflora tendencias vandálicas, desde los muchachos que zarandean con rabia a un bebé, rompen vidrieras, arrancan teléfonos públicos o incendian una zona verde, a los que en grupito salen a cazar gente distinta, otros muchachos, para acosarlos, perseguirlos y agredirlos; sin muchas veces ni saber por qué lo hacen. No todo eso es ‘normal’, o aceptable, y eso debe metérseles en la cabeza cuando tienen seis, siete, nueve u once años de edad.   

   Es obligación de la escuela, y de los padres, qué dudas caben, explicar la ‘naturalidad’ de ciertas conductas, pero también de las responsabilidades individuales que acarrean. No puede simplemente obviarse el ver a muchachos que golpean a otro, generalmente uno que anda solo, o intentan forzar a una muchacha como ‘tremenduras de adolescentes’, porque el día de mañana se tendrá al carajo que golpea a la mujer, con placer, dejando escapar lo que es, o al que va a un sitio público y cree que es su derecho patear en la cara a otro. Padres, escuela y maestros deben trazar claramente una línea que divida lo que es travesura del momento, de la conducta delictiva. Los muchachos, desde los nueve años en adelante, incluso antes, deben entender porque se les explica claramente que hay límites entre conductas naturales y permitidas y las que no, y que estas no pueden cruzarse sin consecuencias, que hay puntos de difícil retorno que pueden acarrear sanciones (correccionales) o consecuencias peligrosas (el chico alcohólico que conduce, manipula un arma u otras). Nadie experimenta o aprende en cabeza ajena, pero por lo menos, en busca de ‘ciudadanos’, debe hacerse un esfuerzo. Y muchas veces los problemas comienzan por cosas sencillas, un adolescente que ‘no soporta’ a su familia que lo asfixia, avergüenza o ridiculiza, obligándolo a tomar medidas extremas, como buscarse quien la o lo resuelva, cambiando un problema por otro. 

Julio César.

MINI FLOJOS

jcqt1213 @ 02:35

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   Paseando, quien se los encuentre, la pasa bien. Uno es insaciable y el otro goloso…

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   El atraco tomaba mal cariz, mientras sube al estante la mano del pillo le hala lo que queda… ¿qué querría hacerle ese tipo?

Julio César.

TAG ERICSSON, ATIENDE DE NUEVE A CINCO

jcqt1213 @ 02:22

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   -Dime qué quieres… y tal vez lo consigas.   

   Buscando noticias tontas sobre dos preferidos de todos, Cameron Díaz y Justin Timberlake, encontré una más curiosa, y picante, que me hizo reír mucho. Aquí se cumple aquello de crea fama y échate a dormir, ya que esta ayuda. Fredrik Eklund, un muy atractivo catire con pinta de tremendo, un hombre joven todavía, mejor conocido dentro del espectáculo (la farándula, pues), más específicamente en el mundo del cine, el porno gay, como Tag Ericsson, quien pasó de la industria de la diversión audiovisual, y manual en muchos casos, a convertirse en un muy importante agente corredor inmobiliario en la ciudad de Nueva York. El apuesto muchachón continúa en el negocio de las ventas, pero ahora de viviendas y propiedades y no de… fantasías. Y debe reconocérsele que tenía con qué despertarlas, ¿no?   

   Uno imagina que mientras hace sus negocios, inmobiliarios, claro, no muestra semejante credenciales fílmicas, por muy interesante que puedan resultarle a muchos) ¡es bien llamativo!), pero la cosa tomó cuerpo y forma en el 2006, cuando la Díaz y el Timberlake salían juntos, en un plan que parecía serio, y buscaban una propiedad juntos. La también bonita pareja de actores pidió sus servicios… para asesoramiento sobre la compra a realizar en la “gran manzana”. La prensa se enteró, y el catire volvió a la luz pública, afortunadamente cuenta con una bonita sonrisa. Uno imagina que muchos en sus casas o trabajos, al leerlo, se medio atorarían un poco, diciéndose “¡Es él!”, con cierta sonrisa de complicidad, o buscando en su filmoteca para comprobar sí en verdad es él.   

   Sin embargo lo más llamativo de este joven no es su pasado como actor porno, sino sus antecedentes, al parecer viene de una estirpe de gente con talento artístico. Nacido en Estocolmo (Dios, un danés, con razón es tan atractivo), hace 31 años, es hijo de un afamado escritor de economía, hermano de un novelista de fama y nieto del conocido actor Bengt Eklund. De muchacho cursó los estudios de economía en la universidad privada de Estocolmo (me encanta como suena), matando tigres en varios periódicos. Dado sus tendencias sexuales, en un país donde nadie ve nada malo en lo que hace cada quien con su vida, ni le importa y muchos menos se mete a juzgar o atacar, el joven fundó un bar gay con amigos y una empresa de Internet con productos asociados. Más tarde regentaría una conocida empresa de cine porno gay, y recibiría una propuesta para participar como protagonista de sus filmes.   

   Según sus palabras, le llevó tiempo hacerse a la idea y aceptar, pero lo hizo para saciar su curiosidad, y poder luego escribir (deseaba ser escritor), sobre sus experiencias, uno imagina el cuento del chico atrapado por robustos bucaneros y cosas así. Y el estudio le llevó tiempo, ya que participó en American Porn Star, Jet Set Direct (que suena como a uniformados) y Lords II, entre otros. Por lo visto las letras no llamaron finalmente su atención y ahora está en bienes raíces. ¿Imaginan una pareja llegando buscando su primera casa y el sujeto lo mire preguntándole “¿lo conozco de algo? Me parece que sí”,  y luego la mujer sepa de sus aficiones cinematográficas? ¿O que un tipo de esos bien parecidos llegue, hablen en una casa, se sonrían y haya este coqueteo que tanta gente parece exhibir de forma natural? ¿O un sujeto todo enrojecido al conocerlo se le salga: si quiero que me venda una cinta… digo, una casa”? En ventas esas armas son naturales y muy útiles. Es bueno saber que se mantiene ocupado y le va bien. 

Julio César.

PAPITOS

jcqt1213 @ 02:18

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   -Bueno, muchacho, para revisarte a fondo tengo que sacar la macana. No te asuste del tamaño, ¿okay? –informó el rudo policía.

 

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   Los panas admiraban su desarrollo corporal, y lo tocaban bastante…

 

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   -Hummm… dame un masaje, panita… 

Julio César.

RECUERDOS DE PASIÓN

jcqt1213 @ 02:11

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   Ahora son leyendas de amor.   

   Así como en nuestras vidas hay situaciones y personas que jamás podemos olvidar por mucho tiempo que pase, aunque al final evoquemos más nuestros recuerdos que la realidad, así pasa con Ennis del Mar y Jack Twist. Del Secreto en la Montaña el pedazo que me tocó, grande y fuerte, fue el dolor de vidas no vividas a cabalidad, a plenitud. Me dolió y asustó ver lo poco que se permitieron ser felices, aunque lo fueron, y mucho, estando juntos. A otros les encandiló ese amor que lo resistió todo; un amor que no quería pronunciarse ni ponerse nombre, pero ¿qué dudas caben para nosotros que era eso, amor? Siempre quedará el recuerdo de los dos jóvenes que descubrieron en lo alto de un monte que no era necesario estar solos, faltos de compañía o de cariño, que era mejor contar con otra piel, otra mirada, otra sonrisa.   

   También queda el afecto hacia Jake Gyllenhaal, aunque él, viviendo su vida como le guste, nunca llegue a saber de todas estas tonterías, de que hubo un necio en Venezuela que vio la cinta y aprendió a quererlo. Y como yo, muchos otros. No lo sabrá, pero a lo largo de los años uno seguirá alegrándose con sus éxitos, aplaudiéndolos, orgulloso cuando alguien diga lo bueno que es, como actor y como persona; sentiremos pena por sus fracasos, y esperaremos, y ligaremos, siempre por su felicidad. Y recordaremos al chico australiano, con dolor y afecto, con rabia y piedad. ¿Cómo olvidar a Heath Ledger, el hombre que prestó su cuerpo para que naciera Ennis del Mar? Heath siempre será Ennis, el tosco, el serio, el cerrado a la vida que un día descubre que no es necesario vivir sin afectos. Heath-Ennis, es (es, no ‘era’) alguien demasiado parecido a uno, y no únicamente en lo afectivo, por eso vivirá siempre en el recuerdo.    

   En fin, hay gente a la que no se olvida, ¿bien? Chao, amigos… 

Julio César.

ME DESPIDO A LA LLANERA...

jcqt1213 @ 01:55

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   …aunque despedirme no quisiera.   

   Como dice la canción: todo tiene su final. Llevo casi un año escribiendo aquí. Parece más tiempo. Quise expresar algo, y saber si ese algo era de interés. Afortunadamente supe que sí lo era, al menos para tres o cuatro personas. Gracias a todas ellas, dejaron en claro que puedo escribir más o menos bien una oración larga. A pesar de eso, y aunque me gusta escribir, he sopesado si vale la pena o no continuar con este espacio, y creo que no lo vale. Ocho comentarios no justifican mantenerlo, y eso que dos eran míos en contestación a otros, y hay dos que no entiendo. Tal vez sea gente que entra por accidente, leen un poco, se molestan y salen. Pasa eso mucho en el Internet. Es algo deprimente que parece viene desde el principio, he continuado escribiendo a pesar de todo por costumbre, porque es fácil subir las entradas y más fácil todavía accesar las imágenes, y porque me gusta hablar de Brokeback, y de la gente a la que detesto; pero la verdad es que me deprimí. Casi un año es suficiente para saber que se fracasó, como una mala revista que gusta a unos cuantos pero no cubre las expectativas. Se ve patético sentarse una o dos veces por semana para enviar algo que nadie recibe, o no interesa. Voy a cerrar este portal y dedicarme más al otro, uno más cruel donde hablo horrores del gobierno, ese sí sé que lo leen más personas, y eso que no hay sexo, dada la cantidad de correos a favor y en contra que recibo. No se crean, me da algo de vaina terminar esta página, pero es lo mejor. Repito, agradezco los comentarios que llegaron; espero que si alguien se decide e inicia su blog con este grupo, me avise, será divertido echarle un vistazo. Adiós y un abrazo a todos. 

Julio César.

20/07/2008 GMT 1

EL PERCANCE

jcqt1213 @ 02:41

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   Yo lo habría hecho también… como broma, claro.   

   -Pero ¿qué fue lo que te pasó, Ricardo? –la voz de Susana sonaba agitada.   

   -Cónchale, amiga, eso fue increíble, casi me muero de la impresión. Ahí estaba yo, de bolsa, paseándome por los new yores, más perdido que el hijo de Limber, cuando llegué a esa cancha deportiva. Y de lejitos veo a este tipo que por alguna razón se veía llamativo; no sabía por qué. Pero cuando se vuelve, con su gorrita, su sonrisota, su bermudas bajito en la cintura, sin camisa, lo reconocí… ¡era él! –gime casi histérico. Ella lo mira con la boca abierta, casi jadeante, moviendo la cabeza indicándole que continúe.- Lo llamé, creo que soné todo maricón, grité y salté para llamar su atención. Hice tanto escándalo que me miró, y sonrió más, como un angelote lindo. Dio unos pasos hacia mí. Creo que venía a saludarme, imagínate cómo me vería yo de todo atolondrado que se decidió a calmarme. Fue cuando pasó… -la voz se estrangula.   

   -Sí, sí, cuéntame… -casi grita ella.   

   -Cuando se descuidó, mirándome, ese amigo que siempre anda tras él, el muy maldito… -suena celoso y resentido.- …juguetonamente le haló el bermudas… ¡bajándoselo!   

   -¿Qué…? ¡Dios…! ¿Y qué hiciste, qué viste?   

   -Ay, chica, cuando desperté iba camino a un hospital… -gime terriblemente apesadumbrado.- ¡Me había desmayado! Cuando logré saltar de la ambulancia en plena marcha, casi provocando un choque masivo, y regresé… ¡ya se había ido! –jadea, mientras Susana le palmea la espalda, compadeciéndolo. ¡Qué tragedia! 

Julio César.

ME CANSA ESCRIBIR…

jcqt1213 @ 02:31

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   -Ven, me gusta cuando chorrea sobre mí…

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   -Esto sí está gordo y bello, primo; pero te advierto, si saco el mío lo tengo que meter después…

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   Para qué usar calzones si los amigos vivían metiendo la mano…

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   -¡Coño’e tu madre…! ¡Yo soy todo un macho!

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   -Bueno, muchachos, perdí… ¡cóbrense! 

Julio César.

COLOMBIA, UNA VERDAD QUE MOLESTA

jcqt1213 @ 02:06

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   El señor Álvaro Uribe Vélez nos resultó un demonio total. Ese hombre que prometió la pacificación de Colombia, algo que muchos habían ofrecido, y que todo el mundo dudaba fuera posible, está cumpliendo. La sociedad colombiana parece estar viendo una luz al final del túnel. La destrucción de estos grupos devenidos en hampones y terroristas (mira que mantener gente encadenada durante años, ¿qué diferencia hay con las prácticas nazi?), será sintomática, los paramilitares serán los siguientes. Esto ya se está vieno para angustia de los grupos financiados por el narcotráfico que lanzan desesperadas campañas para intentar enjuiciar y condenar a Uribe. Porque saben que una vez caída la guerrilla y neutralizados los paras, tocará el turno, en serio, de los carteles de las drogas, y estos sí que tienen dolientes. ¿Cómo carrizo podrían hacerle frente a un país en paz, unificado, con el claro objetivo de destruirlos? No hay manera. Por eso aún patalean; los lobbys sostenidos por este dinero (qué mira que han penetrado los sistemas financieros mundiales, al punto de que han logrado el colapso de la cartera crediticia), y los narco políticos, todavía dan la batalla, pero van quedándose solos.   

   Esto es algo que es difícil de apreciar en toda su dimensión fuera de ese país. Hace días, viajando en el horrible y atestado Metro, presencié una discusión feroz entre un señor que hablaba, con acento andino, pestes de nuestro presidente, Hugo Chávez. Dijo tales cosas que hasta yo que lo odio, me incomodé. El punto fue que llegó a comparar a Chávez con Uribe (y que no se moleste el colombiano aunque la comparación ofenda), alegando que “ese sí era un presidente que dejaba a su país en alto”, y lo completó con cosas sobre el nuestro, que de verdad eran duras. Casi en seguida le saltó una gente, eran dos señores y una dama, que no iban juntos. Cada uno alegó que Álvaro Uribe era un delincuente, un criminal que mandaba a matar gente, que controlaba y conspiraba con la oligarquía colombiana para asesinar gente como a Raúl Reyes (el de las computadoras), siendo repudiado por su pueblo. Y aquí tuve que meter cuchara, aunque en verdad tampoco me gustaba lo que decía el anti chavista, porque son este tipo de opiniones expresadas a la ligera una tendencia peligrosa que se ha venido imponiendo desde hace tiempo.   

   Les dije que hasta donde yo sabía, a la muerte de Raúl Reyes, o el asesinato, el brutal asesinato para cobrar la recompensa del otro jefe del Secretariado, Iván Ríos, los colombianos no habían salido a las calle a llorarlos, que no hubo gritos de dolor ni de indignación. Que hasta donde sabía nadie pedía el enjuiciamiento de Uribe por asesino. Rematé diciéndoles “claro, aquí en Caracas podemos decir: es que esos son colombianos, ellos no saben nada de lo que pasa en Colombia, nosotros aquí, y desde aquí, sí sabemos” (hablan como sí en verdad lo creyeran). Hubo gente de acuerdo conmigo, otros no, pero es lo normal. Pero es verdad. Aquí se habla de la guerrilla, de Uribe y de Colombia como sí nosotros tuviéramos la verdad de lo que allí ocurre, no los colombianos. Se habla de dolor en Colombia y de indignación en Colombia por el final de la guerrilla, pero hasta donde puede apreciarse viendo a los colombianos, eso no es verdad.    

   De hecho la popularidad de Uribe, subió todavía más. Pero eso no parece importar, o no convence. Aparentemente la verdad no es la que allí se observa, es la que se desea ver, o creer. Y realmente una persona que confunde lo que imagina, espera o desea, con lo que ocurre, es un idiota; pero eso no es ningún problema. Vivimos (aún) en un mudo libre, uno puede decir las tonterías que quiera (yo lo hago) pero no se puede pretender pelear con los hechos, con la realidad, e intentar que otros crean lo que decimos como si fuera cierto. Que el pueblo colombiano aprueba lo que hace su presidente, o el Gobierno, es un hecho demostrable por el grado de aceptación, pero más aún por los índices de no desaprobación. O por la ausencia de marchas y protestas repudiándolo; pero eso no se quiere ver porque choca con lo que muchos suponen que es la verdad; que Colombia no aprueba lo que se le hace a la guerrilla o que Uribe no es querido porque es un criminal. Claro, la familia de los secuestrados, y el gobierno francés sirviéndole de tontos útiles, se quejan, pero es normal, su gente es cautiva, esclava de esos malditos desgraciados, pero un Gobierno no puede detenerse a pensar en una docena, una centena o aún mil presos, se debe a la seguridad del total de la población, y Colombia jamás será totalmente segura, libre y próspera hasta que la última alimaña sea cazada. Así de simple. Y así lo entienden los colombianos, en la gran casa y en la humilde vivienda.   

   Sin embargo… no estoy de acuerdo con una nueva reelección del señor Álvaro Uribe Vélez. Por muy exitoso que sea, por más sano mentalmente que parezca, por más sensato que de muestras de ser, el riesgo es grande. Fujimori, el hombre a quien el Perú le debe haber liquidado la plaga del Sendero Luminoso, cometió el pecado mortal de intentar mantenerse para siempre en el poder, que es lo que al final buscan todos aquellos que suponen que las constituciones pueden remendarse una y otra vez como colcha vieja. O será que lo creo así ya que en Venezuela nos ha ido bien mal con un Gobierno no solamente corrupto, sino inepto, donde no se detienen ante ninguna irregularidad o delito para intentar eso, gobernar hasta que les de la gana o el cuerpo aguante, como el difunto, y que en el Infierno esté, Fidel Castro.    

   Todo el que permanece mucho tiempo en el poder, siente esa tentación, se acostumbra a mandar, a gobernar sobre vidas y destinos, y mientras más tiempo pasa en ese puesto, peor se pone. Es como el pecado de la soberbia, mientras más se sufre más convencido se está de estar en lo correcto. Los ejemplos de Mugabe, Kadafi y Huseim bastarían para ilustrarlo, por ‘muy buenas intensiones’ que presentaran al inicio. Bueno, si hasta en España se llegó al momento cuando grupos clamaban como en oración: ‘renuncie, señor González, renuncie’. Realmente pocos tienen ese temperamento desprendido como el de José María Aznar, quien en el tope de su popularidad decidió no postularse para un tercer periodo; y sé que dirá el que desea ajustar los hechos a su parecer: ¿y cómo después del atentado del metro? (argumento tonto, con ir a las fuentes como diarios y noticieros se verifica el hecho); no, él declinó mucho antes.   

   Uribe Vélez lo ha hecho bien para su país, por eso muchos se ilusionan con la esperanza de que repita, de que mande hasta que termine con el último de los delincuentes armados que asolan el territorio neogranadino; pero el asunto es delicado, un mismo dedo no debe permanecer siempre sobre ‘el botón’. Hasta donde entiendo ha creado una organización política representativa, los éxitos generales, tal vez no en el detalle, de su gestión le garantizan representatividad y poder político ganado en las urnas; él y su gente, como partido, podría buscar el sucesor, alguien que le garantice a Colombia que no parará hasta lograr la pacificación final, y que si no cumple, se desvía o ‘cambia de parecer’, sea destituido electoralmente. Es simple: cumples o te vas, cambiar de parecer después no es una opción, no se le eligió para eso. Punto. La madurez política de nuestros vecinos les debe garantizar el transitar todo ese camino sin mayores sobresaltos.    

   Por cierto, ya no los llamo hermanos desde que nos dejaron solos frente a los desmanes del chavismo, sobretodo en los seis años pasados, cuando ya se sabía, denunciado por mujeres como Patricia Poleo, Marianella Salazar y Marta Colomina, de los nexos de grupos irregulares de su país con el gobierno de aquí. Pero no les importó mientras pensaron que podían sacar ganancias comerciales. Los únicos que siempre han estado a nuestro lado han sido los peruanos, pero ese parece ser el destino de el Perú; por ahí leí una vez que en la llamada guerra de las Malvinas, fueron los únicos (bueno, también Venezuela intervino) que se pusieron del lado de los argentinos. No apoyaron a Inglaterra, ni se hicieron los locos; gente extraña en el sub continente, ¿verdad? 

Julio César.

DE HOSTAL Y ANATOMÍA

jcqt1213 @ 02:02

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   Por Dios, eran enormes…!!!   

   Sebastián anda en una de viaje por Europa con Mariana, la novia, después de terminar el bachillerato y antes de comenzar la universidad, y en Colonia, Alemania, pernotaron en un tranquilo hostal a las afueras. Mientras tomaba un cálido baño antes del almuerzo, el joven fue sorprendido por otros habitantes del lugar, que luego supo eran estudiantes de medicina. Eran cuatro jóvenes, muy catires y enormes alemanes (le recordaron a los jugadores de la selección durante la Eurocopa), que rieron al verlo, lo señalaban, asentían con la cabezas diciéndose algo unos a otros, desnudándose, dejándolo sorprendido, ¡¡¡eran enormes, rojizos y totalmente envarados!!! Incómodo aunque sin saber por qué los vio entrar, y gimió y entendido cuando cuatro pares de manos lo sobaron, tocaron, recorrieron y acariciaron todo, sus pectorales, abdomen, más abajo, adelante y atrás. Gimió asustado cuando esas bocas le cayeron encima por todos lados, y cada uno sabía usar la lengua y dientes. Luego lo alzaron en peso para explorar mejor. Tal vez era por la hora, pero esos chicos lo comían con ganas, mientras otro le ofrecía un buen trozo de carne, metiéndoselo casi a la fuerza, aunque él saboreaba generalmente otras vainas (de Mariana), pero le encontró el sabor. Lo exploraron a fondo, hondo… y duro. Y los cuatro. Al parecer era una buena clase de anatomía. 

Julio César.

EL NEGOCITO

jcqt1213 @ 01:59

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   Lo tiene bueno, barato y bonito…   

   Nada. En la vidriera enmarcada en colores oscuros no había ningún objeto, ninguna cosa que permitiera descifrar mejor aquel cartel: caballero, pase, descubra y lleve nuestro fascinante y excitante producto. Eso rezaba. Llamativo, exótico. Ambiguo. Los hombre, jóvenes y los no tanto, que se detenían y miraban, sentían la curiosidad correr por sus venas: pornografía, sólo podía tratarse de eso. Y tragaban saliva como los perros de Pavlov. Tan convencidos estaban que al acercarse alguna mujer por el pasillo del Centro Comercial escapaban casi a la carrera, como si temieran verse sorprendidos pagando a una trabajadora de la calle, y con moneditas. Generalmente la mujer que  pasaba miraba el cartel, enfurruñaba la cara, también creía era pornografía y miraba al prófugo intentando descubrir quién era para denunciarlo.   

   Sin embargo, algunos entraban picados por la curiosidad. El lugar era pequeño, tal vez un metro y medio de ancho, por dos de largo ya que una barra alta limitaba el espacio. Detrás había una cortina, cerrada, que atrapaba las miradas calenturientas y desataba las imaginaciones (aunque todas iban camino a la bragueta, sin mucha originalidad), ¿qué habría allí, detrás de esas telas baratas de cuadritos?: pornografía, mucha, nueva y desconcertante pornografía, era la respuesta excitante y embriagadora. Incluso había quienes pensaban, los más desatados, en algún tipo de lugar donde hermosa chicas… La imagen quedaba corroborada por dos detalles. Uno era el vendedor, un joven delgado de sonrisa enigmática, agradable, atractivo a su manera, una que era ambigua también; la clase de sujeto que vende porno y no causa inquietud (o favores sexuales, pensaba mas de uno con ciertas cosquillas). El segundo detalle eran las fotografías en las paredes laterales.   

   Eran de chicas jóvenes, increíblemente pechugonas y cubiertas por mínimas tiritas por sostén, que invitaban a hacer preguntas: ¿Cómo se sostenían? ¿Por qué no reventaban? Las miradas de las chicas eran empañadas, sugerentes, anhelantes, como la de modelos profesionales, esas pobres muchachas muertas de hambre que parecen venir de veranear en Somalia y que se encontraran de pronto ante una hamburguesa con todo, caliente y olorosa. Las otras eran de tipos jóvenes, mazacotudos, lampiños y de miradas que intentaban ser virilmente masculinas, pero que difícilmente hubieran atraído la atención de las mujeres, inquietando únicamente a algunos tipos.   

   -¿Dígame, señor? –pregunta el joven, cortando al cliente, ¿qué iba a decir?   

   -Eh, yo, pasé para ver qué había.   

   -¿Sí…? –y lo mira fijamente, haciéndolo sudar.   

   -Si, me preguntaba… ¿qué venden aquí? –se lanza de sopetón, ¡ahora sabría!   

   -¿Usted qué buscaba? ¿Qué desea encontrar? –responde el chico y lo desconcierta y asusta.   

   -Yo, no lo sé, ¿qué venden…? –insiste, algo histérico, sintiéndose molesto también.   

   -Satisfacción. –responde con una sonrisa tonta, amistosa, como si explicara todo, y no explicaba un coño.- ¿Le interesa?   

   -No lo sé… -angustiado, presintiéndose atrapado en algún macabro juego, insiste.- Cuando dices satisfacción… -se corta y acalora, está molesto y curioso, desea irse, seguro de haberse equivocado, pero atado también. Allí debía haber algo inimaginable, bueno, sorprendente y único (porno del duro).   

   -Eso. Satisfacción. –repite el joven algo impaciente por primera vez, mirando elocuente su reloj.- ¿Le interesa o…? –y el otro se atraganta, quiere preguntar qué carajo es lo que tienen, pero no se anima.   

   -Bueno… -capitula.    

   Lo mira sonreír y entrar a la trastienda. El chico vuelve casi en seguida con una caja grandecita, aparentemente pesada. ¿Alguna muñeca? ¿Una caja de DVDs? ¿Algún libro? ¿Tal vez… (y tiembla de fiebre) algún juguetito exótico? El muchacho tiende la caja en la barra, al tiempo que otra persona, una mujer, sale de detrás de la cortina. El joven saca un libro hermoso, grueso, de apariencia muy costosa.   

   -Esta es nuestra mejor obra. Una Sagrada Biblia finamente encuadernada, para que aproveche sus momentos de ocio y soledad, ilustrada para que los muchachos la disfruten, y tiene hojas en blanco para que trace su árbol genealógico. Será la Biblia familiar, ¿no es hermosa, madre Teresa?   

   -Así es, hijo mío… -responde la monja sonriente, pero mirando al cliente con ojos de halcón.- ¿Se lleva esta sola o desea dos o tres más, para sus amistades?   

……   

   Si yo tuviera dinero para botar, montaría un negocito así por una semana, tan sólo para molestar. De hecho pensé en titularlo: TRAMPA PARA TURISTAS; pero habría sido muy obvio, ¿verdad? 

Julio César.

VISITA AL MÉDICO

jcqt1213 @ 01:51

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Julio César.

17/07/2008 GMT 1

DIME, VAQUERO…

jcqt1213 @ 03:10

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   Balance de toda una vida…   

   Dime, ojos grandes, ¿qué puedes hacer si la persona que tanto te hace sufrir, quien llena tus noches de soledad y amargura, y tu vida de dolor, es también la única capaz de confortarte, levantarte, y brindarte paz y felicidad? Resistir, aguantar y continuar amando, ¿verdad, muchacho de rodeos?, hasta que la marea cambie y las aguas estén a tu favor… Como hemos tenido que hacer todos en algún momento de nuestra vidas, cuando tuvimos suerte. 

Julio César.

PELIGROS DE LA MODA

jcqt1213 @ 03:04

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   Cuando te pide hay que darle…   

   “Coño, mi mujer tenía razón, no debí ponerme esta vaina. El roce, la presión, la forma en que se me mete se siente… Hummm… verga, no debo moverme así, esos dos carajos me están mirando, van a creerme maricón. Pero es que me aprisiona y… Ay, carajo, allá vienen, y parecen muertos de risa”.   

   -¿Se le metió y le pica? Nosotros te lo sacamos y te lo rascamos con estos dos… Los dos son para ti. ¿Te interesa? –pregunta uno, dándose un apretón.   

   -Yo… yo no… ¡Coño, no sé que pasa, pero sí, me pica y me arde…!   

   -Ven, te lo vamos a atender bien. –promete el otro; y mientras se alejan a atender sus asuntos, se presentan entre sí. 

Julio César.

HUGO CHÁVEZ Y LOS SHOWS

jcqt1213 @ 03:01

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   Show el que puedo armar yo en un submarino…   

   No lo entiendo. La verdad es que no sé si ando pediendo facultades mentales, pero no lo entiendo en verdad. La tarde del día miércoles 2 de julio, yo me encadené después de las tres de la tarde a la televisión, estaba ocurriendo la noticia más importante y sensacional de los últimos días: aparecía Ingrid Betancourt; también los otros, pero el reflector estaba montado sobre ella. Yo escuchaba, miraba, casi sentía lo que esa gente estaba contando. Estaba tan contento que medio gimoteaba; buscando más comentarios me di un paseo por todos los canales nacionales y regionales que sintonizo, con y sin el DIRECTV, y todos, todos, estaban enganchados con la noticia. Bueno, no todos, los canales controlados por el Gobierno, que son muchos en su hegemonía mediática que no sirve porque nadie los ve (puro real botado), no se habían enterado, o al menos no lo transmitían. ¿Y cómo, si esa gente había sido arrebatada a la pobre narcoguerrilla por la fuerza, estaban todos vivos (nadie tuvo el detalle de caer del helicóptero), detuvieron a sus dos captores jefes, y Uribe había triunfado? Pobre Chávez, imagino que andaba de cama, igual que Rafael Correa. La mediocridad no tolera la eficiencia, eso hay que recordarlo siempre.   

   Como sea, desde ese  momento quedé enganchado hasta bien pasadas las doce de la noche, me calé hasta los discursos y las ruedas de prensa. Yo mismo creí que me había excedido, pero luego escuché que esa fue una de las noticias más seguidas del país, ganadora de todos las rating, así supe que muchísima gente hizo lo mismo, quedarse despiertos para terminar de conocer cada detalle. Ah, pero no, no a todo el mundo le pareció que la cosa había sido buena y equilibrada. Hubo voces discordantes, gente inteligente y honesta… no eran. Se trataba de nuestra honorable Asamblea Nacional, la que es, dicha con orgullo por ella misma, roja rojita, esa que fue elegida con un ocho por ciento del electorado nacional (de 16 millones de votantes no concurrieron ni dos millones), de los cuales un tres por ciento eran votos nulos (y sin embargo allí se criticó un referéndum en Bolivia porque no había concurrido el cuarenta por ciento; lo dicho, son gente extrema… damente necia). En el honorable parlamento se criticó la forma círquense de dar la noticia, tachando, con una rabia verde, caliente y feroz, todo el rescate de los rehenes como un show televisivo.   

   Dios, ¡cómo les duele! Échense árnica que eso se hincha. Señores honorables parlamentarios rojos rojitos, cuando Chávez y la impía de Piedad iniciaron las conversaciones para la liberación de aquellos rehenes en diciembre, donde Chávez invitó a medio mundo, dio ruedas de prensas a diestra y siniestra, habló de ir a la selva por ellos, se llevó con él a Kirchner, a Sarkozy y a medio mundo porque iban a liberar a esa gente (Uribe no estaba, ese muergano sabía), hablando con lágrimas en los ojos de ese niño que luego le dio nombre a la operación, Enmanuel (¡para necios…!), contando incluso con don Oliver Stone, quien demostraba en la zona que el mundo del espectáculo es sólo eso, circo sin pan; y allí pasaron días en ese vacilón: que si hoy sí los liberan; no, que será mañana; que hoy no porque amaneció nublado; que mañana sí porque las runas dicen que será un buen día; hasta que Uribe, compadeciéndose de esa gente, dijo que no los iban a entregar porque no tenían al niño. Y ahí les cayó la gota fría.    

   Pero al punto, ¿no fue todo eso un circo? ¿No fue un show con bailarines, coro y público de utilería? ¿Por qué la Asamblea Nacional le hace eso a Chávez, por qué lo ponen en evidencia, a él que ya tiene tantas deficiencias? ¿Es justo acaso tanta maldad para con ese pobre hombre acogotado? De gente  bruta pero gritona como Carlos Escarrá, quien decía ser abogado pero sabe de leyes lo que yo de física quántica, uno espera esos exabruptos, ese hombre no piensa, sólo hala mecate (dicho por la gente que lo conoce), pero ¿no había nadie que dijera dejemos eso así y pasemos agachados para que nadie relacione el rescate de esa gente con posibles datos encontrados en las computadoras de Raúl Reyes, o para que no parezca que nos duele que se los quitaran a la guerrilla, o que nos da tibiera que Uribe quedara como un tipo eficiente? ¿Era tan difícil? Sólo bastaba con cerrar la  boca y simular que pensaban en otra cosa, así sólo se estuvieran pasando la lengua por un comillo.   

   Imagino que tuvieron que lanzarse en una de arrojar… caca, porque, como dije, demasiado público siguió la noticia, con esa felicidad desprovista de egoísmo de todo el mundo al saber libre a esa pobre gente, y se notó la diferencia entre un político como Uribe Vélez y uno como… Hugo Chávez; y de un ministro como Santos que puede unir verbo con predicado, en constaste con nuestro Ministro del Interior quien dice que cien muertes semanales no significa necesariamente hampa desatada e incontrolada. Pero debieron pensar en algo mejor, ¿verdad? Que alguien del gobierno de Chávez denuncie un show televisivo montado por otros, es como la mujer que habla de las coqueterías de una vecina díscola… en la cama con el amante mientras el marido anda trabajando. 

Julio César.

SEXO DEL DURO Y SUCIO

jcqt1213 @ 02:57

   Continúa esta historia de sadismo, violencia sexual, masoquismo y sometimiento. En este pedazo hay tortura sicológica y física. Como ya dije antes, es dura pero buena. Si no te atraen estos temas no sigas leyendo. Aún así, felicito al autor, me encantó: CAPRICORNIO 1965. Disfrútenla, a pesar de ser algo lenta:

      EL SUEGRO… (4)

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   Lo tenía prácticamente ya cogido…   

   -Noooghhh, Félix, reacciona, estás cometiendo un error. Félix, nooooghhhhh… -Pablo grita de desesperación sabiendo que se encuentra en una desventajosa batalla en la que no desea perder lo más preciado para un hombre heterosexual, "su virginidad anal", y menos ante un tolete como el que tiene su suegro.   

   El joven siente que las fuerzas empiezan a regresar a su cuerpo, las ligaduras de sus manos empiezan a ceder, poco a poco, aunque aun no puede soltarlas, el forcejeo, lo ha ayudado, quizá si logra defenderse unos minutos más pueda liberarse, aunque era difícil teniendo al otro montado sobre su espalda.   

   Félix se da cuenta de que está venciendo la atadura de sus manos, no puede permitir que se libere, no debe dejar que ese perfecto culo se le vaya de las manos, a como de lugar tiene que someterlo, que dominarlo, que hacerlo suyo. Imaginarse penetrándolo, convirtiéndolo en suyo, lo tiene casi enfermo de calenturas. Pero la furia de Pablo y su afán de defender su hombría lo hace redoblar esfuerzos, hacerlo mas fuerte; la desesperación lo hace enfrentar y defenderse como nunca antes lo había hecho. Logra con un gran esfuerzo, aventar a Félix sólo u