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¡¡¡VAYA TÍOS!!!
Cortos relatos para gente muy adulta. Nada de menores...

Archivo: Abril 2008

30/04/2008 GMT 1

FIZGONEANDO

jcqt1213 @ 02:14

el-amigo-preferido.jpg

   Benditos pantalones cinturas anchas…   

   -¿Dónde están?, no veo nada. –gemía Gabriel agitado, asomándose por la dichosa ventanita que daba al baño de las chicas, inclinándose más, con un llamativo y atractivo rubor cubriendo sus mejillas tersas y adorables.  

   -Están ahí. Asómate bien. –jadeaba estrangulado de excitación, por ver a las chicas, claro, Mateo, acercándosele más, dándole indicaciones con la vista clavada.- Inclínate algo más hacia atrás. Así…  

   -A estas horas se cambian las pantaleticas usadas en gimnasia. –arguye Román, rojito, con los ojos clavados también, algo sudoroso y eso que no practicó gimnasia.- Mira con atención… pero ten cuidado y te caes.  

   -Epa…  

   -Sólo estoy ayudándote. Mira bien. –jadeo Román. Con su manota abierta sosteniéndolo por un cachete durito, tan duro como su propio… ánimo.  

   Desde que se supo que Gabriel usaba suspensorios con esos pantalones que se le bajaban tanto, era el amigo preferido a la hora de fisgonear a las chicas. A sus amigos parecía no importarle que fuera el único que miraba. Ellos se conformaban con verlo excitado, a veces mucho, como se notaba al bajar bastante ese pantalón, todo rojito y caliente. Eran sus amigos y su felicidad era algo que los llenaba de gusto, de placer. Muchas veces, encerrados en sus baños, sin pensar, o en sus camas de noche o de mañanita, lo recordaban con afecto y lo tenían en mente mientras se ocupaban de sus propios y duros asuntos.  

   -Oigan… ¿no sienten una brisita caliente? –se alarma Gabriel.  

   -Aquí entra mucho aire… -grazna Mateo, dejando de soplar para verle titilar el ojito. 

Julio César.

29/04/2008 GMT 1

DURANTE EL RECREO

jcqt1213 @ 02:18

un-recreito.jpg

Julio César. 

NOTA: Lo siento, no noté el detalle del color del texto hasta que terminé… y no iba a repetirlo.

27/04/2008 GMT 1

TAN SÓLO TRES MESES

jcqt1213 @ 03:33

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   A veces te extraño tanto que no puedo soportarlo. 

Julio César.

EL ASCENSOR

jcqt1213 @ 03:24

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   Haré lo que diga, señor…   

   Coño, voy llegando tarde otra vez. La recepción de la firma está vacía, todo el mundo está en su cubículo trabajando, como abeja en panal, cada quien en su mundo. Es frustrante sentirse así. Me miro de pasada al espejo de puerta entera y me agrada lo que veo, un tipo joven, fornido, no muy alto pero atlético, de rostro cuadrado, cabello negro algo alzado en cepillo y una sombra perenne de barba en mi mentón cuadrado. El traje, azul oscuro, me sienta bien. Me veo poderoso y próspero. Voy ascendiendo dentro de la firma, aunque el jefe es un coño’e madre que me la tiene dedicada. Pero guardo silencio, ese cuarentón alto, fibroso, de rostro duro y hosco, de cabello ralo y mirada penetrante y dura, con algo de canas en su mentón que aunque limpio en la mañana ya muestra cañones en la tarde, era tan peligroso como enemigo, como lo parecía.   

   Iba retrazado, seguro me formaba un peo, pienso inquieto, pero no tanto, llegar tarde era casi una cuestión cultural en Venezuela. Oprimo el botón del último de los ascensores, ya que todos los otros andan como por el piso veinte, cuando noto la señal de dañado, maldita sea, siempre era igual. Pero, para mi sorpresa, las puertas se abren, y lo que encuentro casi me mata de la impresión. Allí estaba el señor Morean, mi jefe, con su serio traje oscuro, camisa azul y corbata vino tinto, masculino y viril, de pie, con el pantalón abierto y un increíblemente largo y grueso güevo rojizo emergiendo, poco, ya que la boca de Jonás, el chico del ascensor se lo tragaba con gemidos de hambre y gusto, como si nunca en su vida hubiera probado una vaina tan sabrosa. El güevo brillaba de saliva y mamadas cuando esos labios rojos lo tragaban y soltaban, apretándolo, logrando que Morean bufara por lo bajo, medio inclinado sobre el muchacho catirito que está de rodillas, acariciándole las nalgas metiendo su manota bajo una telita mínima, amarilla intensa, barata como sintética, y putona que usa como calzoncillo. Impresionado miré como esa mano tocaba, ávida, avarienta, y como parecía que uno de los dedos frotaba y se metía dentro del culito aun cubierto.   

   -¡Jefe…! -grazné.- ¿Qué haces? –demandé saber lo que ya sabía, sintiendo como mi corazón latía más de prisa, ¡y como mi güevo endurecía por segundos! Vaina que jamás me esperé.   

   -Jonás deseaba un aumento y lo estamos discutiendo, Gutiérrez, y  debo decir que sabe usar buenos argumentos. –sonrió, sin ninguna pena o incomodidad ese tipo tan… macho, mientras la boca tragaba con gemidos su güevo y su mano tocaba con más descaro esas nalgas y ese culito.- Aún estoy considerando su grado de compromiso para con la firma… debo saber qué es capaz de hacer por nosotros. Acérquese, Gutiérrez, y saque ese güevo que ya lo tiene mojándole el pantalón. –ordenó, como siempre hace, altanero.   

   Ese maldito maricón ¡qué se creía!, pensé molesto, agitado… mientras bajaba mi cierre y abría los botones de pantalón, ¡acercándome a ellos! Al librar mi verga, dejándola bamboleándose en el aire, casi tan larga y gruesa como la del jefe, boté aire, feliz, excitado al límite.   

   Algo vanidoso acepté la mirada de aprobación del jefe sobre mi dura barra, mientras la tomaba masajeándola duro, era extraño y rico sentirla apretada así, por la mano de otro tipo, alguien fuerte y viril. Tomándole la nuca a Jonás, el jefe libró su tranca, que parecía una lanza, babeado saliva y jugos, y lo obligó a tragarse la mía. Grité contenido cuando ese carajito bonito abrió su boca golosa y lo tragó, apretándolo, lamiendo y chupándolo con su cálida cavidad. Era una mamada increíble, y con ojos nublados miré al jefe que se abría la camisa, mostrando su tórax fornido, de grandes pectorales cubiertos de pelos ralos, muy bronceado, casi oscuro. Hice lo mismo, y cuando pellizcó mis tetillas, grité otra vez, mientras mi barra estaba en lo más hondo de la garganta del chico del ascensor, que mamando parecía bueno. Yo estaba totalmente loco, fuera de mí, sintiendo mis pezones apretados y mi güevo comido como nunca, soltando ya juguitos de macho.   

   Obligado a salir del pantalón y la tanguita amarilla, Jonás quedó desnudo a excepción de los zapatos negros brillantes y la casaca roja, así como el tonto gorrito que lo obligaban a llevar.  Teniéndolo en cuatro patas, con nuestros trajes puestos pero las camisas abiertas, le cogí duro esa boca mientras el jefe le enterraba el cobrizo güevo, grueso, como mucho para ese botoncito redondo y liso que había resultado el culito del muchacho, macheteándolo duro. Lo enculaba fuerte, embistiéndolo con tal poder que lo estremecía, haciéndolo gemir de puro placer. Su boca resollaba sobre mi tranca, antes de apretar, mamar y tragarlo todo. Era excitante ver a ese tipote atraparle las redondas nalgas, clavando esos dedos fuertes, embistiéndole el chiquito con su porra enorme, clavándolo todo, hasta los pelos crespos de su pubis.   

   La locura se desató dentro de ese ascensor, y a pesar del aire frío del acondicionador del clima, sudo un poco con la espalda apoyada contra las puertas cerradas del ascensor, chocando mis piernas con las del jefe, que está frente a mí, y entre los dos, gritando como una puta loca, sin reparos, apoyándose en nuestros muslos donde caía quedando sentado y por mis manos bajo sus rodillas, el catirito Jonás sube y baja sobre nuestros dos güevos tiesos, gruesos y enormes que queman como el infierno. Lo cogíamos a dúo, y el muchacho luego de adaptarse, parecía estarlo gozando increíblemente, pues gemía, sudaba y babeaba abrazado a mi cuello, pegándose de mí, aullando que se moría, que qué vaina tan rica, que no aguantaba más. Su güevo chocaba de mi panza, su tórax contra el mío era rico, y el jefe estaba allí, pegado a su espalda. Los dos de saco, con el chico desnudo a excepción de zapatos, gorra y casaca, que subía y bajaba más, totalmente fuera de sí, transportado a otro mundo de sensaciones y placer cuando su dilatado, y vicioso culito, subía y bajaba apretando nuestros güevos; mientras nosotros agitábamos como podíamos nuestros muslos, cogiéndolo también, para mí era raro y rico sentir ese culo chupando, pero también la barra tiesa del jefe contra el mío. Fue cuando el jefe me miró directo a los ojos.   

   -Gutiérrez, ¿usted no quería un aumento? Venga esta tarde, al final del día, a mi oficina… y depíleselo antes. –ordenó.   

   -Si, señor Morean… -gemí casi al borde del desmayo.   

   -¿Qué haces, Germán…? -me vuelve a la realidad la voz de Sonia, mi mujer, quien me mira en la entrada del cuarto.- Tienes ese bicho como pata de perro envenenado.   

   -Te esperaba, mi amor. –mentí, teniendo la delicadeza de enrojecer de vergüenza al verme pillado soñando despierto con las ganas que tenía de que el jefe me atendiera... 

Julio César. 

NOTA: Pequeña historia de mi otro blog.

ÉL ENTENDÍA A LOS JÓVENES

jcqt1213 @ 03:18

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   Un carajo acostumbrado a que cada rato le pase eso…   

   Rigoberto, distanciándose de la mujer y los hijos, fue a tomar algo de sol alejado de la orilla de la playa. Le encanta sentir el sol de Barlovento sobre su cuerpo, pero también la leve presión de su hilo dental contra el bulto y la raja, era tan suavecita… la tela y la raja. Medio adormilado repara en que unos muchachos, con pintas de liceístas, llevan como media hora viéndolo, babeando todos, y seguro les babeaba también más abajo. ¡Coño!, piensa.  

   -Está bien muchachos. –dice llamándolos, alzando las piernas, con el hilo bien metido en la raja y tocándose el bulto.- Vengan y usen esas lenguas por todas partes… Les doy media hora.  

   Le cayeron como zamuros y cada boca quería lo suyo…  

   -Hummm… -que rico era bajar a la playa, piensa con una de esas lenguas metiéndosele hondo en… la tirita metida, aunque apartada ahora. 

Julio César.

LA LARGA NOCHE

jcqt1213 @ 03:15

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   Los conocidos se han extrañado que no halla contado a mi manera (suena a prejuiciado, ¿verdad? ¡Qué calumnia!) lo ocurrido en el país el pasado diciembre cuando el Gobierno intentó una reforma de la constitución que era de facto cambiarla por otra, una donde se legalizaba una dictadura, y entregaba poderes plenipotenciarios al Ejecutivo, es decir, a Hugo Chávez. Aquí reproduzco lo que recuerdo, fue un día agotador, muchas cosas se olvidan, otras se rememoran con cierta visión, en fin, y aunque no les interese, aquí lo dejo.   

   En la Biblia cuentan de un día cuando el ejército israelita libraba una gran batalla y el caudillo militar, creo que Josué, notó angustiado que la tarde iba cayendo y que al amparo de la noche el enemigo escaparía y se reorganizara. Para impedirlo, Dios hizo detener el Sol y la Tierra en su marcha alargando el día. No entraré en detalles sobre sí Dios pudo o no hacer tal cosa, pero las simbología para mí es lo importante. Hay días que exceden, aparentemente, el largo de veinticuatro horas. O será que la implacable ley de la relatividad nos atrapa a todos. Una hora bebiendo caña y hablando paja con gente a la que se quiere, parecen segundos; y una espera en un pasillo médico, expectante por el final de una intervención quirúrgica parecen días.   

   La República de Venezuela vivió uno de esos días el pasado domingo 2 de diciembre del año pasado. El jornada comenzó horriblemente temprano cuando me arrancaron de un sueño no muy profundo fanfarrias y cornetas del tipo que se oye en los cuarteles, del Comando Zamora llamando a sus partidarios a despertar e ir a tomar los centros de votación para ser todos primeros en las filas, maniobra destinada a llenar todo hueco que quedaran vacante en la conformación de las mesas electorales y copar el cupo de testigos independientes. Por alguna razón (lo atribuyo a simple maldad) el dichoso camión con la fanfarria se estacionó cerca de mi edificio y sonó y sonó de forma continua y horrible. Creo que se había accidentado o algo así. Mucha gente, entre ellos yo, les gritamos los que podían hacer con su camión y un pote de mantequilla, somos gente exquisita.   

   A las siete de la mañana me dirigí a mi centro de votación para luego recorrer todos los de la zona y verificar que las mesas se hubieran instalados. No lo habían hecho y ya había gente esperando en las colas. Pero no eran muchos. Del primer café que llevamos a nuestros testigos, supimos que la gente no estaba acudiendo, que algunos centros marchaban rapidito después del atasco inicial cuando ya había más de cuarenta personas en fila esperando la apertura. Eso me asustó, coño, ¿dónde estaban todos? Siguiendo las cosas por la radio, escuché a la profesora Marta Colomina con una queja parecía, que ella se angustió al ir a votar tempranito, y ver muy poca de la gente que ella estaba acostumbrada a ver allí. ¿Acaso no entendían qué nos jugábamos ese día?   

   De regreso en el ‘comando’, desde las diez de la mañana nos comunicamos con los distintos grupos. Me dieron una lista (en este país todos estamos en una lista), y me tocó llamar a gente que se sabía estaba en contra del Presidente, los del llamado antichavismo medio o suave. La operación era siempre igual: hola, soy fulano, llamo de tal sitio, por esto y esto, ¿ya votó? Y comenzaba el escarceo entre quienes no veían ya salida por la vía electoral, desencantados de tantos desengaños; los abstencionistas grupo al que pertenezco de corazón aunque deba salir a votar; y los que se habían sido convenciendo de que lo mejor era dejar a Chávez en paz o haría las cosas peores (el avestruz y la arena). Me gustaría pensar que convencí a algunos, pero Dios, qué amarga es la impotencia cuando intentas explicar la gravedad o transcendencia de algo.   

   Los nervios no me dejaban comer, tan sólo tomar café y aspirinas. Salí a visitar a los conocidos cuando me sustituyeron al teléfono, y les formé peos a los que yo sabía que eran antis, que odiaban lisamente a Chávez, o los que temían por el futuro de su gente, pero seguían en sus casas. Azucé a muchos a que fueron a votar, creo que regañadientes y hasta molestos conmigo. Un cuñado que amaneció enratonado de tanto tomar el día anterior, no fue, y discutí con él, diciéndole que esperaba nunca más oírlo hablar paja del Gobierno. A lo que respondió que Chávez no llegó gracias a él, que él votó la primera vez por Irene. Con eso me dejó sin argumentos, un día les hablare de mi mea culpa. Aunque, en mi favor, también yo caí en la trampa que adecos y copeyanos montaron y ejecutaron cuando pactaron su supervivencia con Chávez y sacrificaron a sus candidatos. Pero eso lo dejaré para otro día.   

   Mis hermanos, amigos y conocidos me enviaban mil y un mensajitos de texto por celular, todos en sus colas diciendo que marchaba rápido. Ellos cumplían. En las colas vi a gente que yo sabía chavista, como a la señora Ángela, bedel de la oficina donde laboro, y al verme vinieron esos saludos de gente que no tienen igual rango de trabajo, pero que en Venezuela no impide que uno hable y se cuente sus cosas. Bajito ella me dijo algo que me dejó pensativo y hasta esperanzado: que iba a votar por el NO, porque aunque amaba a Chávez, no era bueno darle más poder, que ya tenía bastante. Así, con una simpleza y una claridad que gente más preparada, estudiada y con más que perder si la cubanización llegaba, no veían o no querían enfrentar. Sin embargo no había suficientes personas movilizadas, ¿qué pasaba Dios mío?   

   Ya para la una de la tarde comenzó a hacerse evidente cierta tendencia. Una hermana que vive en La Silsa, zona populosa y chavista, mientras esperaba su turno para votar, allí donde todos la saben antichavista, escuchó a dos coordinadores de centros, vestidos ilegalmente con las franelas rojas, cuando uno, muy preocupado le decía al otro: chamo, está ganando el NO. Inmediatamente ella trasmitió la información que otros se encargaron de regar, corrió la noticia de que en Miranda, la gran Caracas y Carabobo, la cosa parecía, increíblemente, favorable a nuestra causa, aún en regiones muy afectas al presidente, como las cercanas poblaciones de Guarenas, Guatire, Araira y la zona de Barlovento. Pero ni así la cosa era tranquilizante, ¿dónde estaba la gente de la oposición? Por experiencias pasadas sabíamos que el Gobierno en los últimos momentos acarrearía gente en la llamada Operación Galope, cuando los autobuses gobierneros irían a las parroquias a llevar gente casi a rastras a votar.   

   La estrategia se hizo visible pasada las dos y medias de la tarde: los estudiantes, en sus diferentes centros se habían puesto de acuerdo para asistir todos en cambote a las mismas horas, votar y quedarse en el mismo para copar el espacio y presenciar los escrutinios, ya que para endulzar a la gente para que fueran a sufragar, el Consejo Nacional Electoral había prometido que se contaría manualmente el 54% de todas las papeletas electorales depositadas (en el referéndum presidencial se contó el 1%, y al Centro Carter y a la OEA le pareció mucho). La mayoría de las mesas contó con esa fiscalización, fuera de la actuación más respetuosa del Plan República en manos de los militares, atribuido al pronunciamiento que días antes había hecho el ex ministro de la defensa, y ex compañero del alma del presidente Chávez, el general Raúl Isaías Baduel, recordándole a sus hermanos de armas cuál era su deber y el peligro de incumplirlo.    

   Todo el mundo estaba en ascuas; en los grandes centros, Caracas, Valencia, la misma Maracay, por no hablar de Maracaibo y las pequeñas ciudades mirandinas, se corría ya el rumor del triunfo del NO, pero una cosa era tener esos exit pool, pocos fiables ya que un país que vio como un grupo de venezolanos fueron perseguidos, acosados y destruidos por firmar pidiendo un referéndum, la tristemente celebre Lista Tascón (estoy en esa), no iban a responder realmente por cuál opción se decidieron. Dentro de los Comandos la gente andaba como autómatas, esperanzados; nos decíamos unos a otros que sí, que habíamos ganado, que la reforma sería parada. Luego comenzaron a llegar otros rumores: que se estaba concentrado un gentío a las puertas de Miraflores y ya estaban tomando caña y festejando, que se levantaba una tarima con un muñeco inflable gigante del Presidente desde donde este anunciaría el triunfo del SI, flanqueado por los militares. Dentro de la dirigencia se inició un forcejeo, la gente del Comando de la Resistencia, con Antonio Ledesma, Oscar Pérez y Andrés Velásquez a la cabeza, eran partidarios de romper el pacto de silencio y anunciar las cifras, ya que agencias tarifadas, como REUTER, hacía rato que había violado dicha confidencialidad exponiendo cifras interesadas.   

   Para las seis y media de la tarde todo era nervios, y fue cuando el líder estudiantil, Yon Goicoechea, casi se mete en un problemón; este muchacho enorme, de rostro redondo de luna y sonrisa extraña por un problema dental, llamaba a los jóvenes a permanecer alerta, que pronto se darían los resultados y felicitaba a todos por la tarea realizada, que todos habían cumplido. ¡Prácticamente anunciaba el triunfo del NO!, cosa que aún o se podía hacer legalmente; cosa que fue duramente atacada por la gente del régimen, con Jorge Rodríguez, el desequilibrado y delirante general de la derrota, a la cabeza. Pero las horas pasaban, los rumores hablaban de reuniones en Miraflores y en Fuerte Tiuna, de llamadas a la presidenta del CNE, Tibisay Lucena de parte de la vicepresidencia para que se invirtieran cifras, que los militares habían sido informados de que no se aceptarían esos resultados y que había comenzado un enfrentamiento feo entre civiles y militares que deseaban se respetaran los comicios.   

   El retardo inexplicable e inexcusable para dar los resultados cuatro horas después de finalizados los comicios, con un sistema automatizado que se nos vendió como seguro, fiable, y rápido (fuera de caro, ahora hay más ricos), estaba asustando a todo el mundo. La gente del Comando de la Resistencia llegó al CNE y se quedaron allí, sin importar las malas caras y los chillidos de los seguidores del régimen; cuando intentaron desalojarlos se resistieron con entereza, Andrés Velásquez, chiquito de estatura se enfrentaba con energía a un gorila que lo empujaba. Ismael García, líder del grupo PODEMOS, ese hombre detestable pero valiente, qué dudas caben, se presentó también, a fiscalizar, a prestar más ojos atentos en la defensa del NO, haciendo un llamado a la calma pero a permanece alertas, exigiendo que se dieran los resultados que manejaban todos.   

   Llegaron las ocho de la noche, las nueve, las once; se decía que el Alto Mando había sido llamado nuevamente por el Presidente, fue cuando Raúl Isaías Baduel hizo una nueva aparición pública, recordándole a los uniformados cuál era su deber: acatar la voluntad de las mayorías. Poco después se dijo que el general que coordinaba el plan republica, González Gonzáles, había puesto su cargo a la orden, y que gente relacionada con Baduel dentro del mundo militar dejaron saber claramente que no se anotaban en un golpe contra la voluntad expresada. Se habló de una discusión a gritos, con insultos y groserías incluidas, entre Jorge Rodríguez y Tibisay Lucena, quien hasta lloró, apoyada por Sandra Oblitas, otra rectora del CNE, a quien llamó como testigo y tal vez como apoyo moral para enfrentar al cínico ex vice presidente. A la mujer se le exigía dar ciertos resultados, y por alguna razón, tal vez temor ante lo que pudiera suceder si se violaba el resultado (no todos pueden aceptar que corra sangre sin sentirse moralmente responsable) ésta se negó. Era lo que corría de boca en boca y a través de las mensajerías de textos de los celulares.   

   Para el momento cuando un enérgico Antonio Ledesma hizo su aparición por televisión, exigiendo que se dieran ya los resultados, un sonoro cacerolazo se hacía oír de Este a Oeste en toda Caracas, la gente estaba arrecha, el día había sido largo, la tensión grande, se quería descansar ya, pero no se podía. No había resultados y uno no podía ni considerar el cerrar los ojos y dormir sin saber. Para las doce de la noche, nuevos y feroces comentarios comenzaron a circular, que sí Lina Ron, líder popular chavista, estaba llamando a gritos a su gente para ir hasta la plaza Altamira para desbaratar una concentración opositora allí, pero que nadie le hizo caso. Luego el rumor más sorprendente e inquietante de todos: estaban desmontando la tarima frente a Miraflores. Ese era el grito del triunfo del NO, pero ni así podíamos estar tranquilos, esta gente había demostrado en el pasado tal desprecio por la voluntad popular, apadrinados por el Centro Carter y la OEA, que nadie quería hacerse ilusiones. Y mientras llegaba la una de la madrugada el temor, la depresión y el desencanto comenzó a aflorar: no se daban los resultados porque se estaban maquillando las cifras, no reconocerían el triunfo que se sabía desde tempranas horas de la noche. Y nuevamente el cruce de mensajes de textos comenzó, llamando a los distintos grupos a esperar la señal para salir a la calle. Se esperaba sólo una chispa, y con cierto fatalismo se habló de que no podían matarnos a todos, que en algún momento se detendrían y el Gobierno entraría en crisis.   

   Pasadas la una de la madrugada, Tibisay Lucena, presidenta del CNE, hizo su aparición acompañada del resto de los rectores. Comenzó a leer los formulismos, lentamente, de forma desesperante, con voz tartajeante. En el Comando todo eran nervios, había un silencio de angustia, de esperanzas y de temor. Habían hombres y mujeres, muchachos y no tan muchachos, que miraban como hipnotizados la pantalla, con ojos intensos, deseando, esperando, tal vez rezando, parecían tener esperanzas, aún con los ojos aguados mientras oraban por lo bajo. Otros caminábamos de aquí para allá. Yo, lo confieso, me preparaba para lo peor, para otra bofetada, otra burla. Tibisay seguía, nadie la escuchaba en realidad, a mí, el corazón, mi corazón, no me dejaba oír nada. Comenzaron las cifras: “la opción del NO”, y dijo números que no escuché, “para un total…”. Y allí hubo como un gemido contenido, yo no quería oír, diría que habíamos perdido. Pero terminó: “del cincuenta coma…”. No había terminado de expresarla y  ya gritábamos, saltábamos, la gente se abrazaba, reían, otros lloraban. Yo todavía no podía creerlo, no sé como el corazón no se me detuvo (se me acusó, desde mucho antes, de ser hombre de poca fe). no-no-no-senor.jpg   

   Pero había felicidad, más que eso, alivio. Ese mamotreto de reforma constitucional, que era el cambio por otra, una donde se legalizaban abusos y desplantes, desmanes, arbitrariedades, dejando la puerta franca para confiscaciones, adoctrinamientos y persecuciones, había sido derrotada. El trabajo estaba hecho, la gente había cumplido. Es difícil olvidar la intensidad del llanto de tantos, creo que en el fondo eran personas como yo, que aunque abrigaban esperanzas, y rogaban a Dios, aún sentían miedo, dudas, no del triunfo del NO, sino de que no fuera reconocido. Lo demás fueron las boberías de Hugo Chávez reconociendo su derrota, una ‘pírrica’ derrota que él no habría aceptado, olvidando convenientemente que su Asamblea Nacional había sido electa con el doce por ciento de todos los votantes inscritos y con un tres por ciento de votos nulos. Eso no lo recordó en ese momento ni los adulantes de turno. Luego vino la farsa de las felicitaciones al Presidente de gobiernos extranjeros por aceptar la derrota. Cuánta hipocresía y complicidad criminal de estos gobiernos, ¿acaso no era su deber acatar lo que dijeran las urnas? ¿O pensaban en verdad que estamos en manos de un mandamás que reina y decide por todos y hay que agradecerle portarse bien una vez?   

   En verdad estaban aliviados de que Chávez aceptara su derrota y que no la desconociera y sacara luego el ejército a las calles a cargar contra los manifestantes, porque eso habría sido feo, pero nada habrían dicho o hecho tampoco. Es fácil hablar cuando no hay consecuencias. Yo, como el gobierno español, no habría desperdiciado la oportunidad de quedarme callado. Felicitar al Gobierno, por aceptar un resultado real, es como imaginar que pudo no hacerlo, entonces ¿de qué clase de gobierno hablamos? La tercera imbecilidad que se dijo fue que se había demostrado confianza en el CNE y la independencia de poderes, como si el mismo Chávez no hubiera dicho de su propia boca (no que los venezolanos eran una mierda, eso vendría después), que él había ordenado al CNE no dar ningún resultado hasta que él tuviera todos los cómputos. Él no quería que se conocieran y el resto de Venezuela tuvo que calársela pero aún así, hay independencia. Esa noche se ganó bastante, más de lo que muchos imaginan, pero todavía falta.   

   Hoy el régimen no cuenta con la desidia complicidad del gobierno español en sus delitos, ni con el silencio cómplice y alcahueta del régimen en Colombia, quienes no desearon ver que de este lado el chacal estaba enloquecido de rabia y podía saltar la verja hacia su patio. Hoy, Venezuela está más sola, pero es mejor así para su lucha a tener que enfrentar a tantos gobiernos extranjeros que no hacen más que apadrinar regimenes criminales, como muchos hacen desde hace más de cuarenta años con el de Fidel Castro en la sufrida isla de Cuba. Pero en fin, esa noche celebramos, hubo que hacerlo aunque ya voces agoreras, como Baduel, la Colomina y Rafael poleo alertaban que sin importar lo que expresara la gente, el régimen intentaría introducir los cambios constitucionales, así actúan estas satrapías. Y así está ocurriendo; y desconcierta ver que Bolivia, Ecuador y Argentina van por el mismo camino. 

Julio César.

FAVORITAS

jcqt1213 @ 03:07

dia-de-estreno.jpg

   Me encanta porque parecen muchachotes vigorosos y sanotes que gozan lo que hacen. Retratan bien. 

Julio César.

23/04/2008 GMT 1

ESA PISCINA…

jcqt1213 @ 02:18

abriendo-puertas-nuevas.JPG

   -Ufff… -si soplo le tiembla el ojito…   

   -Toma, toma, puta cabrona… -graznó Sebastián mientras azotaba esas nalgotas firmes, haciendo gemir de gusto al catire, ahogadamente porque su boca estaba muy ocupada con el grueso y tieso güevo de Ricardito.   

   -Mira como mama… -jadeaba uno de los asistentes, congelado en el agua a pesar del increíble calor, mirando la boca roja subiendo, dejándolo ver brillante de saliva, y bajando sobre el rojizo tolete que era amasado por esas mejillas.   

   -Dale, Sebastián. Dale nalgadas, enséñale a esa perra que eres un hombre… -invitaba uno, riendo, excitadísimo   

   -Métele un dedo… ábrele ese culito con tus dedos. Cógelo con tres…  

   Sebastián estaba como hipnotizados, esas nalgas calientes lo tenían mareado, y abriéndolas, miraba el rojizo botón, chico, cerrado… invitador. Su pulgar va hacia él, apoyando la yema, quemándose. Y el catire gimió cerrando los ojos saboreando el güevo que le llegaba a la garganta, tenía tanto tiempo deseado eso, saborear la  porra de un buen macho caliente, y aquella era inmensa. Le costaba tragarla, pero lo hacía, sus labios delgados bajaban y subían mientras lamía, mamaba y halaba. Si, lo que las mujeres temieron desde que los maridos comenzaron a festejar los sábados en la tarde después de sus juegos de fútbol y béisbol, tomando caña, había pasado: relajo. Ninguna deseba mirar para allá, lo que era mejor.   

   El dedo de Sebastián frota ese culito, empuja sin meterse, lo mueve circularmente, masajeando la entrada, y el catire parecía enloquecer, subiendo y bajando sus nalgas. Incapaz de soportar más, Sebastián bajó el rostro y sopló un poco, viéndolo titilar, deseoso. Y su lengua caliente cayó sobre él, electrizando a todos que se quedaron con la boca abierta. Eso era más sorprendente que ver a Ricardito, sentado en la orilla de la piscina con su calzoncillo tanguita jugar con la cara del catire, halándolo hacia su barra gruesa hasta que esta emergió y con un jadeo de gusto increíble, de quien mucho lo quería, la bonita cara del catire se enterró allí, mamando. Pero esto… ver esa lengua azotar el ojete, lamerlo, chuparlo, ver como Sebastián iba excitándose más y más, atrapándole las nalgas, enterrando el rostro entre ellas, soltando su aliento en la raja, mamando sin reparos, deseando meterle esa lengua bien hondo, los enloqueció a todos.   

   Mientras el catire saboreaba el cálido y tembloroso güevo que se deslizaba sobre su lengua ávida y golosa que recogía con gemidos ahogados de gusto las gotas acres que deja caer, la lengua de Sebastián bucea dentro de él, excitado como nunca, sintiendo al otro temblar, agitarse, contraer el esfínter y… aguarse todo. Ese culo se abría y cerraba, y su güevo le ardía también. Con un jadeo abandona el rico orificio y se endereza, y la gente queda shock. Su glande, liso y amoratado, se enfila hacia el ojete, se frota, y todos gritan. El catire quiere decir algo verlo, tal vez negarse, pero la manota de Ricardito le atrapa la nuca y lo obliga a seguir tomando de su bebieron que pronto lo dejaría ahíto de leche caliente y espesa. El glande se frota, empuja, hay resistencia, pero un empellón leve lo hunde. Y los tres gritan, como conectados (y lo estaban), y sus mentes quedan en blanco, no piensan. Solo sienten. Y lo que siente es bien rico… 

Julio César.

18/04/2008 GMT 1

ATRACO EN EL ÁVILA

jcqt1213 @ 04:44

dando-como-es.JPG

Julio César.

16/04/2008 GMT 1

NO ME DEJES CAER…

jcqt1213 @ 04:30

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   -No tengo nada, nada es mío... como no seas tú.   

   Ennis le gritó que si sabía que iba a México lo mataría; lo acusó de robarle toda una vida obligándolo a no ser nada. Le gritó que se fuera, que lo dejara... para luego caer mal.   

   -Perdóname, Jack, por favor… -deja escapar al fin, entre jadeos ahogados, él que no sabe llorar, ni explicarse, ni ser débil.   

   -Calma, todo está bien. –tiene que acunarlo al sentirlo temblar y caer, entregarse a su angustia como muy pocas veces ha hecho, y eso no le agrada. El tonto, el llorón era él, no Ennis.   

   -Olvida lo que te dije, nunca podría hacerte daño... nunca me dejes. Eres lo único que tengo al final, lo único que se supo mantener en mi vida; eres el único que siempre estuvo a mi lado, la única persona con la que siempre conté y necesité. Eres... –y se ahoga, ocultando el rostro mojado contra su pecho, percibiendo el corazón amado.   

   -¡Basta! –lo calla con urgencia.- Hablaremos de eso después. Ahora sólo cálmate. –le sonríe lleno de amor pero también de inquietud. Sabía mal al dueño de su corazón, pero también sabía que si Ennis decía algo ahora, dejándose llevar por su dolor, mañana se arrepentirá de todo lo expresado, mortificándose, atormentándose inútilmente; porque así era. Y él, que lo amaba tanto, hasta ese dolor quería evitarselo; media vida la había dedicado a eso, a quererlo, y eso significó sacrificar muchas veces lo que deseaba hacer u oír, por él, por su Ennis del Mar.- Cálmate ya, vaquero… vamos a tomar algo de whisky... todavía nos quedan unas horas para despedirnos. Mira el riachuelo... que azul, la tarde va cayendo, tal vez las truchas se atonten y pesquemos una, al menos una vez antes de partir... 

Julio César.

COSAS DE FIESTAS

jcqt1213 @ 04:26

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   Dios, sabe tan… hummm…   

   Estas fiestas de muchachos siempre terminan igual: bailes, risas, tragos y relajo. Como prueba de intrepidez comenzaron con el juego de quién se atreve a… A Tomás le tocó pegarle la lengua a Simón en la barriga. Entre risas el resto de los chicos lo vieron bajar. A Tomás le parecía, para sus adentros, una barriguita bonita, estaba caliente, olía a limpio, a joven, y pegó su lengua. Lo quemó y se estremeció violentamente con las ganas de lamer de abajo arriba. La punta aleteó, no pudo evitarlo, y Simón lo miró sonriente. Ahora, en una esquina oscura, Tomás, con ansiedad, pasa su lengua ávida, baja el mono y mira el abultamiento salvaje más abajo. Cada centímetro de piel ardiente, salobre y deliciosa que paladeaba lo llevaba al calzón donde ya no podía esperar para caer, sabiendo que cuando la pegara de allí enloquecería. Tenían la edad y  podían probar, y Tomás iba a probarlo todo, bajando hasta el fondo, atragantado, asfixiado, pero gozoso. 

Julio César.

LA ARMADA ANDA ARMADA

jcqt1213 @ 04:22

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   -Listos para usted, señor…   

   Como la guerra estaba alargándose demasiado, las distintas fuerzas enviaron reclutadores a los campus universitarios. Estos dos, de la naval, llegaron a la Verga-Boca-Mete, a dar su discurso de reclutamiento. Los muchachos, semi atletas, calientes y desordenaos, no le pararon a los discursos: ni locos iban a encerrarse dentro de barracones y vainas así. Los marinos, hombres serios que saben que deben reclutar, como deber patriota, se miran.  

   -La Armada les promete mucha diversión, chicos… -sonrió el catire.  

   Las ropas fueron bajando. Los chicos gritaron y rieron. Los marinos comenzaron a dar lenguas… para convencer, mientras el bajo uniforme casi no les contiene los otros datos. Los chicos, calientes, fueron a unirse. Algunos cayeron bajo la fuerza del marino moreno, y gimieron horrible y escandalosamente mientras les metían, dura y repetidamente… los argumentos. El tipo los sostenía con sus manos mientras se los metía y metía… en las cabezas. El catire, de espaldas en un mesón, abiertote, siente sobre sí mil bocas cuyas lenguas hábiles… preguntaban lo que deseaban saber, metiéndose en sus interioridades… como marino. Pronto estaría él, con rostro rojizo y sonriente de quien sabe que va ganando, recibiendo rítmica y caliente… las ultimas dudas de los chicos. Las fiestas en esa casa de fraternidad, famosas ya, se volvieron legendarias mientras otros chicos, avisados por los amigos corrieron para que uno de esos carajos les metiera muy bien… en la lista de nuevos reclutas. 

Julio César.

FEBRERO-MARZO

jcqt1213 @ 04:19

 lina-ron.jpg  Lo bueno de este planeta es que siempre ocurren cosas que te mantienen pendientes, cuando no sumergido dentro de los acontecimientos, no todos buenos por lo que imagino que a quienes toca en mala suerte padecer, preferirían estar en cualquier otro lugar. El fin de febrero y las tres primeras semanas de marzo han sido así, movidos, ricos en eventos. Unos gratos, otros no tantos. En España ganó el PSOE, lo que en sí no sería malo desde mi punto de vista de no ser por el triunfo de Rodríguez Zapatero. Jamás comulgaré con esa gente, quienes se hacen los locos porque hacen pingüe negocios, en plata, mientras taparean, disimulan y defienden regimenes capaces de encarcelar años y años a una persona porque opina distinto, o que persiguen con toda clase de epítetos a periodistas, cura, estudiantes, empresarios y asociaciones civiles porque no se calan calladitos y sumisos medidas y órdenes aberrantes, donde todo va dirigido no a resolver problemas cotidianos, sino a la acumulación de poder por personas enfermas… Ese señor jamás será de mi agrado. Suerte a los españoles.   

   Al parecer la señora Clinton está acercándose al señor Obama en preferencias candidaturales. Tampoco soy parcial en esto. Me agrada ella, aunque un presidente de ‘color’ en Estados Unidos sería una nota. Pero como expresé por ahí al responder correos electrónicos (y realmente no imaginan cuántas cosas me dijeron, y bastante desagradables), deseos no preñan. Cualquiera puede desear algo, pensar que es justo, que es hora de que ocurra, pero se debe entender que el quererlo no lo hace posible. Las cosas ocurren únicamente cuando las fuerzas que lo hacen posible confluyen todas en esa vía. A mí no me agrada el señor Obama por sus simpatías hacia el régimen cubano, aunque ahora dice que eso no es así, y por las opiniones segregacionistas y racista de gente cercana a él; esa forma de automarginarse ha limitado el crecimiento de la comunidad negra dentro de la sociedad norteamericana, cosa que los latinos logran, de alguna forma, saltarse. No son deseos tontos de mi parte, pero en el futuro habrán más gobernadores, alcaldes y congresistas latinos que negros, y eso no ocurre por magia sino porque las causas, buscadas o no, por las partes lo hace posible. Por eso me alegra el avance de la Clinton, porque en últimas instancias, quién gane allá me tiene sin cuidado, yo lo que no quiero es que ganen los republicanos, la gente que piensa y actúa como Bush. Hace un año esta gente no ganaba ni en una junta de condominio, en noviembre pasado estaban liquidados y preparándose pasa salir del poder por un tiempo, para enero, cuando comenzaron a despuntar Clinton y Obama, y que no se juzgue las palabras, son sólo palabras son, la mujer y el negro, las cuentas republicanas mejoraron. Para febrero se hablaba prácticamente de un empate de preferencia entre los dos partidos, y hay que entender que los partidarios de Clinton, o los de Obama, tal vez no voten por el otro demócrata, aunque uno ‘quiera’ que sí. A eso le temo, esas son las causas, los motivos, las razones que tengo para mi malestar.   

   Lo que curre en el Tíbet es patético, y denuncia esa hipocresía capitalista de parte de los republicanos y buena parte de Europa. Mientras China era un régimen cerrado, y masacraba muchachos en Tian Meng, eran unos monstruos que debían ser condenados y repudiados. Ahora abiertos al mercado, con ese potencial de producción y consumo que les da el representar prácticamente un quinto de toda la humanidad, hace que estos gobiernos se hagan los locos, callen y cierren los ojos y tapen sus oídos mientras la represión, la brutalidad, los encarcelamientos y asesinatos continúan a vista del público (ah, ese Bush…). Imagino que si no los ven ni los oyen, pueden hacerse a la idea de que no ocurre. Mientras esa gente resiste y es acorralada, el mundo entre risas, excepto Bélgica y ahora Francia (imagínense, Francia dando una batalla que Inglaterra escurre), se prepara para la fiesta de las olimpiadas. Creo que un representante del comité, no recuerdo quien, llamó diciendo que no había que confundir una cosa con la otra, que esos muertos no importaban porque no ocurrían cerca de los canchas y que los juegos debían continuar. ¿Entonces? Poderoso amigo es don dinero, lejos están los días del boicot soviético a los juegos por lo de El Salvador, o el boicot norteamericano por lo de Afganistán. El Tibet comprende ahora que no existen naciones amigas, sólo intereses de bolsillo. Todos callan en nombre del mercado, el régimen Bush da señales de que nada se hará y el mundo sigue ese derrotero; desconcertantemente hasta mi país se atiene a lo dictado por el jefe del imperio, y Venezuela que gritaba hasta hace poco por la independencia de Puerto Rico, sostiene que el Tibet debe seguir en manos chinas. Son las compañías de cama que el ciudadano común no entiende.   

   La guerra de los chaflas entre Venezuela, Colombia y Ecuador, o de los Cantinflas, terminó como se sabía, al menos en Venezuela, en pura bulla. ¡Qué vergüenza, Dios mío!, ni siquiera intentamos acercarnos mucho a la frontera mientras amenazábamos con una guerra, no fuera a ser que los colombianos se molestaran de verdad: ¡qué miedo! Próximamente reproduciré aquí un informe de análisis estratégico publicado en el Nuevo País, eso da dolor, al parecer los batallones no habían sido puestos en marcha cuando se dijo porque no tenían a dónde llegar, dónde dormir, o qué comer. Alguien dijo: no hubo guerra porque faltaban las chancletas para bañarse. Y yo me pregunto: y sí de verdad necesitáramos ir a una guerra con Colombia, ¿qué hacemos? ¿Decirles: no, no, esperen que acondicionemos la zona? No había logística ni aparejos. El Gobierno se molestó porque Globovisión lo hizo público, acusándolos de facilitarle información a Colombia, acusándolos de actos de traición, al menos eso dijo el ministro triple cedulado, con tres nombres distintos, Rodríguez Chacín. Y yo me pregunto: ¿declarar una guerra y una movilización durante un programa de televisión que tarda cuatro horas, no fue darle información al enemigo?  De haber estado en guerra de verdad, ¿no le habría dado tiempo a Colombia, mientras terminaba el show, de lanzar su aviación y destruir tanquetas, avioneta y bases venezolanas? Pero no, eso no era facilitar información; creo que en el fondo ni el ministro le para bolas ya al Presidente. Aquí todo era un chiste, al menos para los que no pasaban hambre junto a la frontera; la gente iba a la cafetería y gritaba: apúrate chico, antes de que me manden para la frontera. La gente sería; de verdad hace reír, pero de lo triste… 

Julio César.

MEDIDAS A TOMAR

jcqt1213 @ 04:15

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   Anda, compruébalo midiéndolo en lengua…   

   En el taller mecánico a donde acudo parecen tener una política muy osada para atraer clientela. Hay unos tipos con unos físicos increíbles, y embraguetados… se les notaba unas vainotas ahí. Ayer, en horas del medio día, llegué encontrándolo cerrado aunque la puertica lateral estaba abierta. Entre a preguntar por mi carro (la belleza de los tipos es inversamente proporcional a su destreza, qué torpes); fue cuando oí, bajito, con tonos urgentes y convincentes.  

   -Ande, doctor Gutiérrez. Mírelo de cerca, más cerca… -y asomándome vi a dos de los muchachos, con sus palancas afuera, ¡y qué palancas!, ayudando a uno de los clientes, Gutiérrez, un banquero que conozco, a acercarse a comprobar el grosor y tamaño de las bichas.  

   -Muchachos, son unas palancas enormes, y están tan calientes…  

   -Si, pero ¿cuál es más grande? –insiste uno, sonriéndole, agitando cerca de su rostro la palancota.  

   -Las dos se ven hermosas… -jadea tragando saliva, mirando las lisas superficies a centímetros escasos de su boca.  

   -Ah, no, así no sirve. Mídalas. –ordena uno, atrapándole la nuca para acercarlo más. Y Gutiérrez, gimiendo y cerrando los ojos, choca sus labios de la palanca, mientras la otra se le frota de la frente y las mejillas.- Aquí medimos en lenguas… -y esa boca se abre para contestar, momento que el otro aprovecha, lento, a conciencia, metiéndolo en el asunto.  

   Yo tenía la boca abierta también, así como mi bragueta (odio admitirlo), cuando comenzaron las mediciones en serio, profundas, al ritmo de “Uggg… hummm…” y “Así, toda…”. Presintiendo que no me creerían, tomé esta fotita con mi celular. Qué momento, ¿verdad? 

Julio César.

EL BOXEO

jcqt1213 @ 04:12

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   Perdí, consuélame con un masajito…   

   Jamás he sido un hombre particularmente mano suelta. No soy violento. Soy de los borrachos que se ríen mucho, y hasta me pongo amistoso, hablador y tolerante. No lo entiendo. Bueno y sobrio no lo soy. No lo creerán, pero a la gente le agrada que asista a sus fiestas. Sin embargo, me encanta el boxeo. Para mí el CLUB DE LA PELEA, la cinta, fue energizante, casi estimulante. Las escenas de lucha estaban muy bien hechas. Desde muchacho me interesó. Mi señor padre nos despertaba, a mi hermano menor y a mí, a las cuatro de la mañana para que viéramos con él una pelea en el quinto infierno que transmitían a esa hora en vivo. Y me gustaba. En una navidad nos regaló unos guantes, y nos encantaba darnos con ellos. No por violentos, sino porque era… agradable.   

   Entando al liceo quise practicar box, como le dicen. Era adrenérgico quedarse en calzón, con los guantes puestos, mordiendo con furia el protector, lleno de expectación, de ganas, con deseos de machacar. Mirar a tu oponente, estudiarlo, adivinar sus saltos, su postura, el alerta en sus ojos, e ir contra él, lanzar golpes, agacharte, alejarte; dar y recibir. Todo es parte del juego: competencia entre carajos. Por un momento tienes frente a ti a un rival, un enemigo y cargas contra él, sin analizarlo ni cuestionarte. Solo golpear, empujar contra las cuerdas, y darle, darle y darle. El chiste es resistir, evitar un carajazo que te tumbe, y vencer… Ganar una pelea es algo que te llena de orgullo, de una satisfacción casi sexual.   

   El boxeo tiene muchos enemigos, hablan de salvajadas, de brutalidad, creo que hasta hubo movimientos que quisieron impedirlo como competencia deportiva, tanto escolar como a nivel de olimpiadas y eso. Que dos carajos, consistes de sí, se moten para darse con todo, no debería molestar a alguien que va a sentarse a mirarlos. Si no te gusta, no vayas. Si te parece de salvajes, no te juntes con boxeadores o no permitas que tu hijo, marido o novio lo sea. Lo demás, deja vivir. Hay quienes hablan de sentimientos homo eróticos subyacentes en quienes concurren a mirar a dos hombres atados, sangrando y sudando uno contra el otro, jadeando, dándose carajazos, amarrándose de pronto. No sé si eso halla, pero a mí me parece que algo en la naturaleza del hombre lo obliga a competir, tal vez sea un recuerdo atávico de cuando el simio andaba en la selva y debía joder a sus rivales para tener acceso a las hembras. No lo sé, pero sentarse una tarde, entre cervezas y gritos, a presenciar una pelea de campeonato, es algo que deja un buen sabor de boca. Pelear tú mismo, unos minutos, darte golpes, competir y ver si vences, es mejor. Por cierto, me molesta el boxeo femenino. No sé por qué, pero así es. 

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… (9)

jcqt1213 @ 04:05

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   El chico encontraría, debajo de todo, a un príncipe…   

   -Muchas gracias por esta oportunidad, doctor Caracciolo. Haré todo lo posible para... -recita precipitadamente el joven, en forma cortés.  

   -No me vengas con tonterías. Sabes muy bien que estás aquí porque no encontraban donde ponerte y la vieja Norma quiere que te den algo. Odio a los recomendados. Generalmente no sirven para nada. -nota con placer como el joven palidecía para luego enrojecer, sorprendido ante su ataque.- Pero sí eres el pobre imbécil que sospecho que eres, nada te salvará. Saldrás de aquí como corcho de limonada.  

   -Intentaré... intentaré hacerlo bien, doctor. -dice ronco, ofuscado. Un maldito, iba a trabajar para un maldito coño’e madre. Tenía que ser, dada su mala suerte, se dice el joven.  

   -Hay algo que quiero que atiendas ya por mí. En el pasillo hay una vieja que trabaja coleteando. Deja todo eso peor de lo que estaba antes de trapear. Esta mañana me ensució los zapatos con su mopa. Vieja inútil, no entiendo como la tienen aún aquí. Esos viejos siempre son un problema. Se caen, se parten un hueso y hay que cuidarlos. Y con el tiempo se toman confianzas, como si fueran que se yo... gente a la que se aprecia. -bota aire molesto.- Quiero que vayas a Personal y que me la boten. Que le inventen algo y la despidan sencillo, y que cuando se vaya le digan que es un recuerdo mío y que no me olvide. -lo dice como quien ordena una cena, ojeando unas carpetas. Nicolás se queda estático. No puede creer lo que oyó. Frank levanta la mirada.- ¿Quieres que te lo pase por escrito? -es brutal.  

   -No, señor; pero, ¿botarla por eso? Si es vieja y pasa coleto no creo que lo haga por excéntrica. Debe necesitar el trabajo y sí es mayor no le será fácil encontrar algo más y... -balbucea. Frank lo mira con la boca abierta, incrédulo. Ferozmente incrédulo. No estaba acostumbrado a que nadie intentara razonarle algo en contra de sus deseos. Le grita.  

   -¿Acaso te pedí tu opinión o tu consejo? Te dije que fueras a encargarte de que la echen. No quiero oír nada de lo que tengas que decir, imbécil. -es violentamente grosero.- Haz lo que te digo y no intentes pensar por ti mismo.  

   -Pero, doctor... -Nicolás tiembla de temor, de perder el trabajo antes de comenzar y de temor a ese carajo violento. Frank, casi sin darse cuenta de lo que hace toma un cenicero y se lo arroja, pelándolo por poco.  

   -¡Que la corran! -le grita feamente. Nicolás está en shock, no puede pensar y asiente, casi saliendo a la carrera.- Idiota... -lo llama. Confuso, Nicolás lo mira.- Recoge ese cenicero. Por Dios, ¿acaso vives en una pocilga? No me gusta el desorden.  

   Horriblemente humillado, Nicolás se agacha y lo levanta. Frank sonríe leve, le agradó ese gesto de sumisión. Otro espíritu que aplasta. Y le gustó. Ese muchachito se veía muy altanero. Y se había atrevido a refutarle algo. Poca gente se atrevía a tanto. Ya no volvería a hacerlo. Nota que el joven no lo mira mientras coloca el cenicero en su sitio, con la cara muy roja, se disculpa y sale. Frank arruga la cara; no parecía sumiso todavía. Nicolás no puede entender su furia, pero era simple: el hombre sabía para qué estaba ahí el joven. ¡Para vigilarlo! Norma quería asegurarse de tener un espía cerca de él. Y Aníbal lo había aprobado. Ah, pero ya se encargaría él de hacerle la vida miserable a la ratica esa; lo haría arrepentirse de trabajar para la vieja loba.  

   Por su lado, Nicolás sale jadeando de la oficina. Se siente agotado y cae sobre la silla que se supone será la de su escritorio. Mira hacia la puerta de Frank con un odio terrible. Maldito miserable. Era un grandísimo hijo de puta. ¿Cómo se suponía que debía trabajar para él? Siente unas ganas horribles de entrar, gritarle que se meta su trabajo por el culo, pateárselo también sí se descuidaba, e irse de allí. Pero no puede. Llevaba cuatro meses sin empleo, y casi cuatro años de revolución habían destruido las fuentes de trabajo. Y él no tenía pasta de voceador para salir a vender discos o tostones. Casi siente ganas de gritar, ahora tendría que calarse a ese animal. Coño, ¿sería que su mala suerte no acabaría nunca? Ese carajo le gritó, lo vergajeó, barrió el piso con él  y encima le tiró una vaina que sí le da, lo saca del mundo. Y tuvo que calárselo. Nota un ardor traidor en los ojos; parpadeando, toma aire. Control, Nicolás, control. Nada de lágrimas, coño... no ahí; él podría salir y verlas.

…..   

   Eric duda, viendo a Pedro aún a sus pies, mirándolo anhelante. El joven le pidió que lo cogiera, pero el abogado no sabe qué hacer. Nunca había hecho algo como eso, coger a otro carajo. Y no sabía sí podría hacerlo. No se puede luchar contra toda una vida de prejuicios, y meterle el güevo a otro tipo por el culo era uno de esos asuntos grandes que eran prohibidos.  

   -No te pongas así, es algo rico. Muy rico. -le dice con una mueca libidinoso, levantándose, mirando a Eric a los ojos.- Hummm, un buen güevo en el culo es la gloria, pana. -aprieta los dientes tomando aire.  

  El joven abogado está caliente, lo que más quiere en esta vida es continuar, saber qué se sentiría al fin coger a alguien como Pedro. Soñó tantas noches  con eso; pero ahora, mil prejuicios lo frenaban. Pedro parece entenderlo, con una sonrisa libidinosa le rodea el cuello con sus brazos y casi lo hala. A Eric lo han besado muchas veces, mujeres claro está, pero este halón era fuerte y  exigente, de macho; Pedro atrapa su boca con la suya y no lo deja huir. Eric pela los ojos impactado, sintiéndose enfermo; pero esos labios húmedos, suaves y tibios, aunque firmes, atrapan su labio inferior, lamiéndolo, mordiéndolo, mientras el cuerpo se frota del suyo. Repara en ese cuerpo fuerte, viril y  caliente contra él. Nota como el güevo de Pedro, que escapa de la tanga, choca y se frota del suyo, produciéndole chispazos de placer, de excitación, de desesperación. Con un gemido, Eric abre la boca y la lengua de Pedro, móvil y suave, entra a luchar con la suya. El abogado siente que todo le da vueltas, mientras sus brazos atrapan la espalda del otro, apretándolo más. Su lengua choca y lucha con la de chofer, y cada contacto, cada lamida, cada chupada le produce más deseo y excitación.  

   Se dan un buen jamón, mientras las manos ansiosas de Eric recorren la desnuda espalda del otro, metiendo las dos dentro de la tanga, apretando y amasado esas nalgas, aplastándole más la cadera contra la suya. Es tanta la urgencia de su boca que ahora invade la de Pedro, lamiéndola toda y bebiéndose su saliva con tal avidez que el otro jadea indefenso. Como besaba, coño. Sus bocas se separan del mordelón y babeante ósculo. Se miran respirando agitados. Se separan y Eric se quita el saco, la corbata y comienza a abrirse la camisa, mientras Pedro sonriente, le abre la correa y el pantalón. No pasaron sino segundos antes de que Eric, totalmente desnudo, con ese güevo tieso como una barra de acero, cayera de espaldas sobre la estrecha cama de Pedro, empujado por él, que ríe. Eric se siente tonto, culpable, excitado y feliz. Mira sonriente recostado de la cama como el otro lo mira anhelante, quitándose la tanga.  

   -Eres un carajo bonito, jefe. -dice ronco, Pedro.  

   Se arrodilla a un lado de Eric y su boca golosa cae nuevamente sobre el tolete, tragándosela toda, con un gran esfuerzo bucal, para bajar por la gruesa y cálida barra. Eric, jadeando, mira como eso baja por su garganta, casi ahogándolo. ¿Cómo podía tragarse algo que era más grande que su boca?, se pregunta fascinado. Esa boca viciosa y húmeda, que deja regueros de saliva, sube y baja con ganas del pilón, mientras le abre más las piernas. El joven se lo saca de la boca, pega la lengua de la punta y baja, lamiéndola como a una rica chupeta. El otro gime agónico. Esa lengua lame y chupa los dos testículos, mojándolos de tibia saliva. Atrapa uno y lo mama como quien come mamón. Chupa e increíblemente la otra bola también queda atrapada dentro de la cálida boca. Las degusta, mientras con su mano masturba el tronco de gimiente Eric. Nunca le habían hecho algo así. Esa boca le produce dolorosas cosquillas a sus pelotas. Inclinándose entre sus piernas, Pedro deja las bolas, lo mira anhelante y el otro entiende que es lo que quiere.  

   -Acuéstate... -dice ronco Eric, palmeando la cama a su lado.  

   Con una sonrisa de excitación y expectación, Pedro cae a su lado, boca arriba en la cama. Eric cae sobre él, atrapándole la babilla con una mano y besándolo. Su lengua entra decidida, con ganas, perdido ya todo reparo en besar a otro carajo. Los dos se besan en una lucha de lenguas, frotando cuerpo contra cuerpo, sintiendo el sudor, calor y dureza del cuerpo contrario. Eric lo obliga a volverse. Pedro tiembla todo, gimiendo de ganas por lo que viene, aunque iniciado hace poco en el sexo anal, ahora entiende que le encanta.  

   Eric detalla su nuca, espalda, nalgas y piernas: es un macho. Alguien a quien tenía a su disposición, caliente por lo que él iba a darle. Soba la musculosa espalda, pero sus ojos están fijos sobre ese trasero lampiño. Sus dedos caen sobre esas masas, apretándolas, amasándolas. Pedro gime, casi mordiéndose los labios, esos dedos lo aprisionan y lo enloquecen. La mano se abre camino entre las nalgas, sobándole la raja interglútea, haciendo que Pedro chille en forma anhelante. Esa caricia lo enloquece tanto, haciéndolo querer más, que sus nalgas suben y bajan, girando en forma circular, queriendo frotarse más contra la mano caliente del otro, que sonríe al verlo tan ávido de eso.  

   El abogado jadea muy excitado; ver esas nalgas que suben y bajan, abriéndose y cerrándose sobre su mano, hambrientas, lo vuelve loco. Se inclina un poco frente a las nalgas de Pedro, se las abre exponiéndole el rosado y arrugado culo, que se agita cuando un dedo se frota allí. Pedro chilla. Ese dedo se frota en la entrada de su culo provocándole unas cosquillas, un placer y un deseo sin límites. Eric lo oye gemir, lo ve agitarse todo, nota como suda, y con una sonrisa libidinosa le entierra el dedo lentamente en el culo. El otro jadea casi como en un sollozo, débil, sumiso, entregado al macho.  

   Sintiendo como el güevo le palpita y babea, de lo duro y excitado que está, Eric se tiende sobre el otro, que abre boca y ojos, esperando. Eric levanta sus nalgas, donde la línea del bronceado es un poco más grande que la del otro, y enfila la cabeza de su güevote contra el culito. Lo mira chico, arrugado, cerrado, y por un leve momento vuelve a dudar. Pero era un hombre, un carajo que deseaba su güevo, y él quería ese culo. Había pasado años soñando con algo como eso.  

   La roja cabeza hinchada se frota contra el culito. Pedro gime, asustado y anhelante. El güevo entierra su cabeza, lentamente. Eric siente que se resiste, que roza con fuerza. Pedro jadea más. El güevo es grande. La cabeza se clava dentro del apretado culito. Eric pasa saliva, sintiendo como ese pedazo de güevo es sobado y chupado por ese anillo. Pedro se agita, su culo se estremece de ganas, deseando que le entre más. Miren que está caliente, se dice Eric. Con una sonrisa empuja un poco más y el tolete va entrando. Pedro chilla levantando el rostro sudado. El güevo entra, hondo, profundo, duro, caliente. Entra todo, hasta los pelos púbicos.  

   -Hummm... -jadea Pedro, ocultando el rostro en la cama, sintiendo la barra caliente taladrándolo.  

   El culito resiente la dura entrada. Pedro chilla, eso le quema, le duele, pero al mismo tiempo una rica corriente de calor, de deseo, de placer, lo recorre. Siente como su güevo, sus bolas, sus tetillas y su boca, se calientan más. Eric está sobre él, pesado, viril, totalmente enchufado de ese hueco. Siente que ese culo le amasa el güevo, como ordeñándoselo. Lo siente caliente, como derretido. Y palpitaba, y a cada palpitación le sobaba más el tolete.  

   El güevo del abogado se endurecía más, creciendo. Pedro chilla mordiendo la almohada. Eric levanta las caderas, el güevo sale un poco, y cae, cogiéndolo duro. Sube y baja, frotándose contra el joven, abriéndole el culo, poniéndolo más caliente y cachondo. El güevote sube casi todo, hasta la roja cabeza, para luego meterse con un movimiento rápido, aplastándolo contra la cama. Pedro jadea ya sin reparos. Su cuerpo vibra. Su culo se abre y cierra, tragándose el enorme falo. El güevo va y viene, aplastándolo, clavándolo, cabalgándolo. La cama cruje, el colchón se hunde y Pedro chilla que más, que lo coja duro, que le destroce el culo. Eric se calienta oyéndolo, aprieta los dientes y lo cabalga con furia, abrazado a su espalda y hombros.  

   Si alguien entrara por esa puerta, habría oído los gemidos de gozos, casi putones, de Pedro gimiendo que sí, que lo coja más; habría visto sus piernas muy abiertas, con el güevo aplastado hacia abajo, con sus bolas colgando sobre él. Habría visto las musculosas piernas de Eric sobre las suyas, abiertote también, habría visto su culo abrirse y cerrarse mientras subía y bajaba las caderas contra las nalgas del otro. Habría visto sus bolas colgando, golpeando contra las nalgas del joven a quien enculaba. Habría visto el enorme manduco que salía totalmente, dejando por un segundo el culito abierto como una ‘o’ del otro, para luego caer sobre el mismo, abriéndolo más. Le habría parecido increíble al mirón creer que semejante tolete, largo y grueso, pudiera entrar allí. Pero así era. El culo se abría y cerraba espasmódicamente sobre la tranca. Quería atraparlo dentro de él.  

   Eric suda y jadea, enloquecido de placer y deseo sobre la espalda de Pedro, que gime y se revuelve bajo él. Eric tiene su pecho pegado a la cálida espalda del otro, provocando un punto muy caliente lleno de sudor. Su culo sube y baja, rítmica y vigorosamente, enculando al joven que gruñe. El culito del chofer sube y baja con esfuerzo, buscando más de ese tolete rojizo que se clava hambriento dentro de sus nalgas. Eric le muerde un hombro, le mordisquea una oreja. Lujurioso, Pedro se medio vuelve hacia él, sonriéndole, cachondo, y sus bocas se unen ahora, sin tabú, sin repugnancias. Le lengua de Eric entra en esa boca, atrapando la vibrante lengua del otro, chupándola ruidosamente.  

   Con un alarido de placer exacerbado, Eric se tiende sobre su costado izquierdo, llevándose consigo a Pedro, quien queda igual. Eric obliga al otro a flexionar su pierna derecha, dejándole expuesto el ojo del culo, el cual es taladrado así, desde atrás, por Eric. El güevo sale casi todo y vuelve a meterse, profundo, fuerte, meciendo al chofer con las embestidas. Pedro chilla, débil, sin fuerzas, sintiendo como cada nervio de su cuerpo vibra de placer, su cabeza cae en la almohada, cerrando los ojos. Eric aprieta los dientes, gozando con furia, cogiendo a ese carajo. Su güevote grueso se mete con ganas, quedándose ahí, agitándolo dentro, provocándole alaridos de placer agónico al otro. Cogiendo con ganas, Eric le levanta más la pierna, el güevo de Pedro se ve erecto, sus bolas cuelgan hacia abajo, y más abajo, el dilatado culo echa candela mientras el largo tolete del otro lo penetra. Su boca cae con furia sobre una tetillas erecta de Pedro, mordiéndola con fuerza, mientras lo coge más. Todo su cuerpo se tensa. El güevo parece una barra de acero que comienza a temblar, la mente de Eric queda cesante, inundada por corrientes de placer infinito.  

   El güevo vomita una abundante ración de leche caliente en las entrañas del otro. Eric siente los espasmos y temblores del clímax y todo él se estremece de placer. El güevo aún esta clavado profundamente, sintiéndose húmedo y pegajoso. El ardiente culo chupa esa leche. El culo se abre y cierra, como queriendo sacarle más al otro, mientras se traga el semen; pero es tanta, que algo de esperma sale del dilatado y vicioso agujero. Por otra parte, Pedro grita también, y su güevo erecto tiembla. Eric lo atrapa, codicioso y siente como se estremece, como endurece y escupe su cálida carga sobre su mano. Es tibia y pegajosa. Y de una manera extraña, excitante. Los dos jadean, agotados. Ahítos de sexo y placer. Se miran respirando con esfuerzo.

…..   

   Media hora más tarde, Eric deja el cuartico de Pedro. No estuvo tirando otra vez, acostadote en la cama, dándose lengua con el otro carajo. No. Después del sexo (donde no usó preservativo ni un coño), se sintió culpable. Deprimido. Sucio. Sintió que hizo algo muy malo y asqueroso. Y fue consciente, a esas horas, de que llevaba mucho tiempo allí. Sí su madre volvía... o sí su padre se preguntaba dónde estaba si el carro llevaba un buen tiempo estacionado, se vería metido en un peo grande. Una vez alcanzado el clímax, no resistió la cercanía del otro, por lo que abandonó la cama y entró al baño. Tomó una ducha rara. Se refregó durante un buen rato, casi con rabia. Era una tontería, claro; lo que sentía que hizo no desaparecería con agua y jabón. No podía dejar de sentirse… malo, que había hecho algo muy malo porque no era una persona normal.  

   Una vez vestido, evitó mirar al chofer, o tocarlo. Cuando Pedro se le acercó, tan tranquilo, en calzoncillo, como para abrazarlo o alguna otra mariquera, Eric se alejó. En forma vaga le deseó suerte y qué ya se verían por ahí, y abandonó la pieza casi a la carrera. Era más bien una huida. Pedro lo miró confuso. Y algo herido. Eric lo había tratado como... algo sucio. Halla él, se dice encogiéndose de hombros. Él tenía mucho trabajo con empacar y sacar todo de la pequeña pieza.  

   Eric caminó muy lentamente hacia la casona. Se sentía extraño. Dividido. Intentó recordar algo específico de lo hecho, pero era tan feo y desagradable, que su mente lo bloqueaba. Bueno, lo hizo y ya. No fue tan bueno. No fue tan rico. Era más bien repulsivo. Eso zanjaba la cuestión de la sexualidad. Ahora podía seguir sin pensar más en lo maravillosos que sería estar en la cama con un carajo. Eso se acabó. Pero en eso, el joven se equivocaba. Sufría los remordimientos corrientes de alguien que hizo algo que durante toda su vida oyó que era malo, pecaminoso y sucio. Que los hombres no hacían esas cochinadas. Pero mañana... a solas en su cama, los recuerdos serían otros; la mente depuraría los eventos y sólo recordaría las agradables sensaciones que lo recorrieron cuando Pedro le mamó el güevo, o cuando él se la clavó por el culo. Y más en cuanto despertara nuevamente ese monstruo insaciable que en los hombres era la libido.  

   Entra en la mansión y saluda al pasar a Jaime, el solícito ayudante de su padre. El hombre le indica que Germán está en la biblioteca. Eric le agradece con una sonrisa y sigue su camino. Jaime lo mira y mira hacia la puerta por donde entró. Vaya que tardó bastante el joven en cruzar desde los estacionamientos a la casona. Bota aire, ah, como cambiaban los tiempos, pensar que en sus días ver una pantorrilla de mujer era una locura, y las ganas de caerle encima eran una necesidad. Ahora los hombres... pero en fin, ya la señora se había encargado de Pedro. Meneando la cabeza, sin pensar por un momento en meterse o decir algo, el hombre va hacia la cocina. Seguro que pronto querrían café.  

   La biblioteca era un salón angosto, de paredes altas. Todas cubiertas de libreros. Sentado en un cómodo butacón, Germán lee un diario. Eric lo mira al entrar y siente emociones encontradas. Su padre nunca ha sido un hombre cariñoso, pero tampoco un ser cruel. Sin embargo, ahora lo veía bajo una luz nueva.  

   -Buenas tardes, papá. -le dice fingiendo animación.  

   -Eric, ¿dónde estabas? Hace casi una hora que Jaime me dijo que habías llegado.  

   -Yo... hablaba algo con Sam por teléfono. Y me encontré con Pedro. ¿Sabías que se va de la mansión? -suena algo culpable por mentirle. Siempre ha tenido la sensación de que sus padres podían adivinarle el pensamiento.   

   -Si. Tu madre me lo dijo. Es una pena. Pensé que estaba contento aquí. Pero parece que encontró algo mejor. Espero que le vaya bien. -le indica un sillón frente a él.- ¿Muy difícil la junta? Imagino que ahora Frank es copresidente, ¿no es así? -Eric toma asiento.  

   -¿Sabías que lo harían?  

   -Era lógico. Era eso o... defenestrarte. Y nunca creí que se atrevieran a tanto.  

   -Casi. -dice molesto. Lo mira fijamente.- Papá, ¿por qué siempre te opusiste a que Ricardo Gotta fuera socio? Recuerdo que casi alentaste a Aníbal López para que comprara acciones de La Torre cuando decidieron fraccionarla, pero no a Ricardo. -el otro hace una mueca.  

   -Nunca me gustó Ricardo. Es un hombre que te sonríe y te da la mano mientras piensa cómo apuñalarte por la espalda. Él... tiene sus propios planes. Intenté salir de él hace tiempo, pero ni Aníbal, Norma o los socios minoritarios me creyeron cuando les dije que ese tipo nos traería problemas. No me gustaba la gente que llevaba al bufete. -Eric lo mira duro.  

   -Sin embargo, antes de irte, dejaste que la firma se llenara de basura. -lo acusa.  

   -¿De qué hablas? -se molesta, encarándolo.  

   -Del diputado Guzmán Rojas y del general Bittar. Son poco menos que delincuentes y tú lo sabes bien. Sin embargo son los grandes clientes preferenciales de la firma. Y están ahí desde tus días al frente de todo.  

   -Son negocios, Eric. La firma siempre los ha hecho con el gobierno de turno. Siempre ha habido gente acusada de manejos ilícitos, de corrupción. El deber de una firma de abogados es prestar asistencia legal a la gente que los solicita.  

   -Papá, hablamos de un traficante de armas. De alguien que... entrega pistolas y fusiles a criminales que ahora están armados. -casi alza la voz. Germán lo contiene levantando una mano.  

   -Un presunto traficante de armas. No lo olvides, hijo, un hombre es inocente hasta que se demuestra la contrario. -Eric lo mira impactado.  

   -¡Armas, papá! Con eso matan gente. ¿Quieres a La Torre mezclada en eso? 

CONTINUARÁ… 

Julio César.

TRIBUNA INTERNACIONAL… SÓLO PA’ MÍ

jcqt1213 @ 03:52

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   -Los tipos de la COMEBOLA quedarán contentos…   

   Meses atrás:   

   En cuanto el odiado Bus (así lo pronuncian), anunció su gira por estas casas de menesterosos pedigüeños que muchos gobiernos habían hecho de la región, el enloquecido comandante Takín dijo que iría a Argentina, a protestar y encabezar una gran marcha de rechazo contra el mandatario norteño. Que él lo derrotaría, poniéndolo en fuga. El Führercito Argentino se llevó las manos a la cabeza, pero siendo otro menesteroso pedigüeño, sabía que no podía aparentar dignidad o fortaleza ante el demente Comandante, así que a solas, en su baño, lloró amargamente.   

   -Pero ¿no cree que se verá… feo? –se atrevió a cuestionar un acólito a Takín, evitando mirar su rostro no fuera que su poder divino lo destruyera.- Tal vez el Führercito Argentino se moleste.   

   -Ese me debe hasta el modo de caminar, se meterá la lengua en el culo. –dijo confiadamente, conocía su ganado.- Además, no puede hacer nada. En todo el mundo se aprovecha un evento como estas giras seguidas de mucha prensa, para que los que quieran protestar, lo hagan. –sonríe burlón.- No pueden hacer nada. Llámame a Buenos Aires y comunícate con LAS COÑOS’E MADRES DEL MERCADITO DE JUNIO para que me apoyen. Tú sabes como les gusta a esas viejas un dictador militar y la plata en efectivo. –y echó a reír, creyéndose la Garra de Satán.   

   Ahora (esto fue durante el Venezuela 2007 que ganó injustamente, hay que admitirlo, Brasil. Argentina jugó mejor):  

   -Pero ¿qué hacemos, Comandante? Los estudiantes pretenden valerse de la cobertura de prensa internacional de la Copa para denunciar atropellos y medidas dictatoriales. –gimió el acólito, recibiendo en el acto un manotazo en la cabeza.   

   -¡Nada de eso! –gritó temblando de indignación, Takín.- Estos eventos con cobertura internacional no son para eso. Jamás lo permitiré. ¡Que vagabundería! Esos son unos ridículos, traidores y desestabilizadores. Seguro que Bus está tras todo esto. –chilló desencajado, bañando a todos de saliva.- ¿Dónde se ha visto que un evento así sea aprovechado por grupos que desean protestar? Llámate a la COMEBOLA, los reales que les di para que obviaran lo de las instalaciones no terminadas, los boletos no entregados y para que me aplaudan de pie cuando dé mi discurso, debe servir para más. Que emitan una orden o algo impidiéndole a la gente formar alborotos cerca de los campos de fútbol. ¡Todas esas coimas no son de gratis! Que condenen todo intento de los estudiantes fascistas y desestabilizadores. -calla como extrañado.- ¿Por qué protestan tanto? ¿Por qué no oyen al Pelusilla que canta las bondades del tirano antillano? Ese sí es un ejemplo… 

Julio César.

EL VICIO… DEL JUEGO

jcqt1213 @ 03:48

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Julio César. 

NOTA: Todas las fotografías han sido tomadas de portales gratuitos; que nadie se moleste, por favor…

14/04/2008 GMT 1

A VECES EN LA OFICINA

jcqt1213 @ 03:35

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Julio César.